HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Julio de 2011

 

Ya tuvimos un Informe Especial (TVN, abril 2010) respecto a los “pecadillos” del cura Karadima -por la meritoria periodista Paulina de Allende-, pero la entrevista en marzo al médico gastroenterólogo James Hamilton (Tolerancia Cero, Chilevisión) no dejó títere con cabeza. Su impacto reside en la verdad, la falta de filtro. “La verdad no se enjuicia: es”, dijo Hamilton. Podemos estar o no cómodos con ella, pero nos remece porque es poco frecuente, sobre todo en nuestra cosmética y farandulera TV. “Si uno calla estas cosas, ¿quién las dice? ¿Cómo proteges a tus hijos?”

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

En las últimas décadas, la Iglesia ha enfrentado una avalancha de denuncias de pedofilia, incluyendo al fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, cuya culpa recién fue reconocida por ellos el 2010. En Chile, uno de los casos más bullados fue el del cura “Tato”, condenado en el 2005 a 12 años de prisión, acusado de nueve abusos sexuales contra menores. Una madre denunció que en Semana Santa 1999 el párroco abusó de sus tres hijas: “El hecho me horrorizó y se lo comenté de inmediato al obispo Sergio Valech; sin embargo, éste me recomendó guardar silencio”.

El abuso de Karadima a jóvenes varones fue encubierto durante casi una década por las autoridades de la Iglesia Católica chilena. Cruz denunció extorsión: “Me amenazaba con contar cosas que le había dicho en confesión”. Murillo afirmó: “Hablé muchas veces con la jerarquía eclesiástica: nunca me escucharon”.

Hamilton mostró la confusión ética generada por el sacerdote: para las víctimas era su guía espiritual, y por tanto, cualquier culpa era de ellos. “A veces se adelantaba y tiraba la mano hacia atrás a tocarnos los genitales… Si la persona no reaccionaba, lo sentía un ejemplo de templanza, de incorruptibilidad”. Debió readecuar su sistema valórico para entender que “cuando les habían agarrado los genitales, no era una prueba de templanza como sacerdotes, sino un abuso”. Esto ocurre, de hecho, en cualquier instancia en que una persona corrupta o enferma tiene algún poder sobre nosotros, más aún si el poder que le atribuimos es espiritual. Ocurre en agrupaciones cristianas y de otros credos. En esa instancia somos especialmente vulnerables a la manipulación, porque le atribuimos a esta persona virtudes especiales y nada menos que el poder de ser un puente entre nosotros y la divinidad, lo trascendente.

En ese contexto, justificaremos cualquier conducta de este “guía” como una “prueba de fe”, de “templanza”, de “compromiso” –porque ni siquiera consideramos la posibilidad de que esta persona cometa un error o una inmoralidad-… Y los que rodean al desquiciado suelen contribuir a ocultar la verdad. En 1984 el Cardenal Francisco Fresno (sucesor de Silva Henríquez) recibió una carta-denuncia: se dice que la tiró a la basura. Como sea, nunca tuvo algún efecto. Sigue Hamilton: “Monseñor Errázuriz (sucesor de Fresno) es un criminal… El 2004 tuvo denuncias, las hizo estudiar con el rigor de ellos: humillaciones de repetir todas las brutalidades… Te atreves a denunciar con la esperanza de que la Iglesia lo frene. Transcurren 5 años sin noticias, tiempo en que prescriben los delitos civiles”. Según un especialista en Derecho Canónico -en Informe Especial-, una investigación inicial de algo así no puede durar más de 6 meses. “Errázuriz cometió un crimen: no sólo no nos escuchó sino que no frenó lo que estaba pasando. Tiene en su consciencia muchos abusos: es un encubridor criminal. Si hay alguien que a mí me gustaría que pagara es él”.

Hamilton concluye: “Hay gran cantidad (un buen porcentaje) de obispos y sacerdotes homosexuales, hipócritas y abusadores en la Iglesia. Esto lleva siglos. Todos conocen gente de 50, 60 años que estuvo en colegios católicos: la mitad te va a decir –sobre todo en los internados- que el 20% de los cabros eran abusados. Karadima es un enfermo; pero nuestros pastores saben lo que pasa, no lo frenan y nos tratan a patadas. Eso me da rabia. Espero que mis hijos tengan un futuro mejor”. Debido a su irrestricto apoyo a Karadima, el Obispo Andrés Arteaga debió renunciar en marzo 2011 a su cargo de Vice Gran Canciller de la UC.

Karadima tuvo enorme influencia en gran parte de la Iglesia y en los grandes poderes económicos de Santiago. “Creo –dice Hamilton- que el problema no está en un tema de clases sociales: creo que es gente que –como ha sido en toda la historia de la Iglesia- dentro de su poder, su dinero, tienen mucho de qué arrepentirse y necesitan tener un cura cerca que los libere de culpa, para poder seguir manteniendo lo que tienen. Y ahí se empiezan a generar nexos, amistades, dependencias: ¿quién te absuelve?”

Militares y curas exigen trato especial: justicia (militar o canónica), lugares de reclusión, misericordia… Para el indigente que comete igual crimen, vaya usted a salvarlo de la cárcel y de las peores experiencias en el encierro.

Esto trajo recuerdos de la dictadura militar y de años posteriores, en que militares y extrema derecha mintieron descaradamente para protegerse unos a otros. Según “Cascabel 40” en YouTube, Juan Pablo Bulnes, abogado de Karadima, es hermano de Luis Bulnes, quien junto a otro extremista de derecha, Alan Cooper, asesinó en 1970 al Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider: obvio, ni un día en la cárcel. Militares y curas exigen trato especial: justicia (militar o canónica), lugares de reclusión, misericordia… Para el indigente que comete igual crimen, vaya usted a salvarlo de la cárcel y de las peores experiencias en el encierro.

Extraña época, de Kafka. ¿Una experiencia conocida? A veces, las calles se hallan atestadas de carabineros (pagados por todos nosotros), acechando la menor infracción del tránsito. Mientras, traficantes de pasta base, ladrones a gran escala, asaltantes y golpeadores de mujeres se dan la gran vida.

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