REINVENTARSE Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2011

 

 

Ignacio Fernández

Director Magíster en Psicología de las Organizaciones Universidad Adolfo Ibáñez

www.ignaciofernandez.cl

La mayoría de las personas supone que ser feliz es un proceso complejo, difícil y tortuoso, donde hay que padecer largas noches oscuras del alma o enfrentar demonios atemorizantes, para recién ahí poder ver algo de luz y conquistar tras larga batalla un espacio de solaz, calma y felicidad. Se asume que las estrategias para ser feliz son sesudas, racionalmente alambicadas y que requieren una voluntad de semidiós para ser alcanzadas.

La evidencia muestra que eso no es así. La felicidad es simple. A ratos tan simple que parece cursi. La ciencia de la felicidad ha investigado a las personas que se declaran felices y satisfechas con sus vidas y ha indagado qué actividades y hechos son los que permiten que su experiencia de alegría y bienestar sea sostenida, constituyendo un estado de ánimo.

La gente feliz valora lo sencillo. La luz del sol, la sonrisa de un niño, el abrazo de un ser querido, una comida rica, una conversación cálida, la cordillera nevada, los contrastes de colores del desierto, el crepitar de los leños en la chimenea, la contemplación de una puesta de sol, la paz del mar, el viento en la cara, los latidos del corazón, el olor a humedad, el brillo en los ojos de quien amas, una caricia precisa, el dar las gracias por los detalles más pequeños, el olor de las comidas que te conectan con los recuerdos inenarrables de tu infancia, sonreír a un desconocido, el cariño de una mascota, la inocencia de los niños, gritar un gol de tu equipo, comer juntos, sentirte cómodo con tu propio cuerpo, decir cuánto queremos a los que queremos, el placer de agradecer porque sí, orar en la noche, reír, simplemente reír.

La felicidad es desde adentro hacia afuera, porque no depende de las circunstancias sino de la forma en que encaramos, miramos y valoramos nuestro vivir individual y colectivo.

Cada uno tiene su colección de hechos simples y sencillos que lo conectan con la felicidad. La vida de los felices es un elogio a la simplicidad. En síntesis, gratitud, optimismo, amabilidad, relaciones nutritivas, saborear lo simple de la vida, sentir más que pensar y ocuparse del propio cuerpo.

La gente feliz vive en el presente, quiere su vida actual y no fantasea con el futuro ni se queda pegada en el pasado. Decir que todo tiempo pasado fue mejor es una señal de infelicidad que te saca de tu conciencia presente. O imaginar obsesivamente un mejor futuro también te impide apreciar y valorar lo bello que vives hoy. Carpe diem. Vive, valora, aprecia y quiere tu presente. Es lo único que en realidad poseemos: este momento.

La gente feliz valora lo que es y lo que tiene, lo aprecia, es consciente de la sencillez y de que finalmente se puede vivir bien y ser feliz con poco. La felicidad no está en el tener, está en cómo yo miro el mundo y cuáles son mis estándares mentales de la felicidad. Por eso hay que luchar contra la comparación social que nos pone casi siempre en el lado perdedor y envidioso. Una característica de los felices es el desapego material. Les gusta lo bello, el tener cosas y vivir experiencias estéticas. Pero si no las tienen, su felicidad no depende de ello. Los felices son autónomos del poseer material como fuente de felicidad y cada uno conoce su estándar mínimo de vida. Usualmente las personas felices viven de manera austera, aunque tengan mucho dinero.

 

Credidos fotografia: Pink Sherbet Photography

La gente feliz es consciente de todo lo que hemos dicho. Su felicidad está en valorar y ser cotidianamente consciente de estas pequeñas claves que hacen toda la diferencia para ser feliz. Por eso decimos que la felicidad es desde adentro hacia afuera, porque no depende de las circunstancias sino de la forma en que encaramos, miramos y valoramos nuestro vivir individual y colectivo. La felicidad está en tus ojos, en tu forma de entender y mirar el mundo y las relaciones. La sacralidad de la vida está en la conciencia y el amor depositado en los actos y detalles simples. Quien no es feliz está ciego, funciona en piloto automático y se enreda en demasiados pensamientos.

Por eso, parece cursi la felicidad. Porque es tan sencilla, está tan a la mano, es tan afectivamente cercana y cotidiana que parece cursi.

1 COMENTARIO

Responder al comentario