SOMOS VÍNCULOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Agosto de 2011

Cada familia tiene sus propias dinámicas, sus propias historias, sus propias heridas… que las nuevas generaciones siguen repitiendo y actualizando de manera inconsciente, perpetuando dolores y dramas. Las Constelaciones Familiares constituyen una forma de reconocer estos lazos invisibles y sanarlos, haciéndose cargo cada uno de su propia vida.

Por Maite Troncoso

Una de las más poderosas comprensiones que estamos teniendo como humanidad en estos tiempos es que no somos individuos aislados en busca del logro y la felicidad. Más allá de lo que nuestra mente entiende, formamos parte de una conciencia colectiva que nos une en un destino común a todos y cada uno de los seres vivientes de este planeta.

Desde esta óptica, somos corresponsables de lo que ocurre y ocurrirá en nuestro mundo, y nuestras decisiones personales, desde las más pequeñas hasta las más trascendentes, influyen en el acontecer del orbe.

Este mismo principio se encuentra en la base de las Constelaciones Familiares, en las que existe una conciencia mayor que viene desde nuestra familia de origen e incluye a los antepasados de muchas generaciones hacia atrás. Lo que nos ocurre como individuos está fuertemente influenciado por esta conciencia o alma familiar. Muchos de los grandes temas a los que nos enfrentamos en nuestra vida tienen que ver con esto. Para bien o para mal, nuestro destino se encuentra imbricado con el de nuestros familiares y ancestros.

A través de las sensaciones, sentimientos y emociones que los representantes perciben, comienza a aflorar lo que está oculto. El campo se transforma en un “campo de sabiduría”…

Nos atan a ellos lazos invisibles de amor y lealtad, que pueden llevarnos a repetir inconscientemente sus historias, a hacer nuestras sus promesas, a tomar sus culpas, a reparar sus faltas. La conciencia familiar traspasa a las siguientes generaciones los asuntos que quedaron sin resolver. Y estos pueden manifestarse en distintos bloqueos, incapacidades, nudos ciegos y hasta enfermedades que la constelación permite abordar y sanar.

También es cierto que el legado incluye fuerzas positivas que podemos tomar para resolver lo pendiente, dejar atrás los vínculos disfuncionales, hacernos cargo de nuestras vidas y… hacer “algo bueno” con ellas, en el decir de Bert Hellinger, el psicoterapeuta alemán que creó el método.

Bert Hellinger

Bert Hellinger

Múltiples y variadas son las influencias que convergen en la propuesta terapéutica de Bert Hellinger. Sus primeros enfrentamientos con las creencias de la Alemania nazi forjaron desde muy joven en él un temple singular y una orientación inamovible hacia “la verdad que resuena en el alma del ser humano”.

Antes de los 20 años ya había experimentado la realidad de la guerra con toda su crudeza. Fue clasificado por la Gestapo como “sospechoso de ser enemigo del pueblo”, luego reclutado por el ejército alemán y, finalmente, preso en un campo de concentración de las fuerzas aliadas.

A los 20 años ingresó en una orden religiosa católica y se hizo sacerdote. Estudió filosofía, teología y pedagogía. Luego viajó a Suráfrica como misionero de los zulúes, consagrando 16 años de su vida a compenetrarse con la cultura local. Con un profundo respeto por sus costumbres y valores, contempló las formas en que ellos se relacionaban y participó en todos sus rituales. De allí proviene mucha de la influencia chamánica que tienen las Constelaciones Familiares.

De vuelta en Europa participó en un entrenamiento interracial ecuménico dirigido por clérigos anglicanos. En esa época también comenzó a interesarse por la fenomenología y, luego de un proceso de honda meditación en torno a su llamada vocacional, dejó la orden religiosa.

Durante los años siguientes estudió psicoanálisis, se formó con Artur Janov en Terapia Primal, con Eric Berne en Análisis Transaccional, y con Ruth McClendon en Terapia Familiar. Otras influencias importantes en su formación fueron la Terapia Gestáltica y la Programación Neurolingüística. Todas estas corrientes configuran el sólido entramado a partir del cual fluyen la intuición y la habilidad para hacer visible lo que está oculto, que caracterizan a las Constelaciones Familiares.

En su trabajo con pacientes, él descubrió que todos los sucesos significativos para un sistema familiar están registrados en la conciencia común, que opera como un verdadero “campo de información” del cual se retroalimentan constantemente todos los miembros. De ahí que un niño pueda, por ejemplo, hacer una leucemia a temprana edad como consecuencia de un antepasado que no llegó a nacer por causa de un aborto inducido. El niño de hoy se encuentra inconscientemente implicado con el nonato y está siendo fiel a un vínculo de amor que lo amarra a su destino trágico.

Durante la constelación, lo que está oculto se hace visible. “Algo profundo es traído a la superficie en una forma muy simple. Entonces se pueden encontrar soluciones con el amor que se ha hecho visible, soluciones que pueden tener un efecto sanador en el alma, simplemente porque ahora una realidad se ha hecho visible”, señala Hellinger en su libro “No hay olas sin el océano”.

Imágenes que solucionan

De acuerdo con la experiencia acumulada a partir de 1980 alrededor del mundo, esta herramienta terapéutica permite encontrar respuestas y resolver dificultades en las relaciones familiares y en los vínculos afectivos importantes, sanar el daño psicológico asociado al abuso o traumas significativos, soltar adicciones, sanar enfermedades graves, superar repetidas experiencias de infortunio y también problemas para generar abundancia material, entre muchos otros.

Para ello, se puede trabajar de dos maneras, que son igualmente efectivas y sanadoras. Una es la constelación grupal, en la cual el consultante escoge a personas, de entre un grupo que no conoce, para que representen a los miembros de su familia involucrados en el tema. El único requisito es que los representantes trabajen desde “sentimientos interiores centrados” y con actitud de servicio.

Como Hellinger recalca en su libro, “deben sentirse centrados para permitirse abrazar el dolor y la pena, y los desafíos que este trabajo presenta”, ya que muy rápido comienzan a sentir lo mismo que las personas a quienes están representando. “En ocasiones esto ocurre en forma bastante dramática, cuando por ejemplo pueden sentir las sensaciones corporales de esa persona. Así que se requiere una cierta dosis de coraje para abrirse a esto”.

A través de las sensaciones, sentimientos y emociones que los representantes perciben, comienza a aflorar lo que está oculto. El campo se transforma en un “campo de sabiduría” y las mismas fuerzas que han mantenido al consultante atrapado en redes inconscientes de destrucción, ahora se movilizan hacia la vida. El constelador es un testigo activo de lo que se despliega ante sus ojos y sigue el movimiento que aparece. El sólo acompaña y facilita lo que se va desplegando por sí mismo hacia la reparación o la sanación.

“Uso mi propia alma como mi guía. Chequeo cuál sería la acción correcta, de acuerdo con los efectos que siento en mi alma. Aplicar reglas fijas no le hace justicia a la riqueza de lo que se revela en una constelación”, precisa Bert Hellinger.

Siguiendo este movimiento, el constelador propone una imagen sanadora para lo que ha emergido y reconfigura el campo de acuerdo con ella. Esto quiere decir que reubica a los representantes en consonancia con los “órdenes del amor” y los sitúa en el lugar donde pueden tomar su fuerza y hacerse responsables por su destino. Mediante frases sanadoras, se dejan atrás las promesas, las lealtades malentendidas y los encadenamientos negativos.

El consultante queda listo para abrirse a nuevos horizontes en su vida. Durante los meses siguientes los efectos se profundizan, sobre todo si la persona se compromete verdaderamente con lo que observó, declaró y sanó durante la constelación. La imagen final queda reverberando en su conciencia y se irá desplegando en el tiempo hacia la solución definitiva.

El método individual funciona de la misma manera. Sólo que en vez de representantes, es la misma persona que consulta quien va desplazándose en distintos lugares del campo de información, conectándose uno a uno con los familiares y ancestros implicados. Esta modalidad es especialmente útil para quienes desean tener privacidad. Y provee de información de “primera mano” sobre lo que ha estado ocurriendo en el alma común que vincula a todos los afectados.

De izquierda a derecha: Marilú Krebs, Bert Hellinger, Tiiu Bolzmann y Patricio Asenjo, todos consteladores.
Patricio Asenjo González y Marilú Krebs Merino, de Icalma Chile, ofrecen talleres de Constelaciones Familiares los días 6, 9 y 20 de agosto, 3 y 13 de septiembre, 1 de octubre (Trauma), 8 y 26 de noviembre, y 13 de diciembre.  Más información: www.constelacionesfamiliares.cl

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