SOMOS VÍNCULOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2011

¿Cómo se llevará mi nueva pareja con mi hijo? ¿Cómo me llevaré con el hijo de mi nueva pareja? Incluso plantearlo parece un laberinto con muros de entendimiento que nos confunden, sea cual sea su posición. Y es que cada vez que emprendemos una relación, nuestros roles se mueven en escenarios inciertos, que aumentan su complejidad cuando hay niños de por medio. Familias con integrantes diferentes dan paso a dinámicas que exigen energía y capacidad de adaptación, pues no están exentos de violencia y de malos entendidos.

Por Carolina Montiel

Lejos de cualquier tabú, nuestra sociedad ha demostrado avances en la comprensión de lo que entiende por “familia”. No es difícil encontrar algunas muy numerosas, compuestas por hijos de diferentes matrimonios.

Hablar de padrastros, madrastras e hijastros es aceptado y normal. Armar un núcleo luego de la muerte de uno de los cónyuges o un fracaso matrimonial es parte de la vida cotidiana. Así lo demuestran, por ejemplo, datos aportados por el portal Separados Chile: durante el primer trimestre del 2011 se separaron 400 mil personas, mientras que 300 mil se divorciaron cerrando cualquier puerta a una reconciliación formal.

Una base de buena comunicación

Padres atentos y facilitadores 

  • Potenciar una muy buena comunicación.
  • Conversar con los hijos acerca de esta nueva pareja antes de presentarla y facilitar la interrelación desde el principio.
  • La nueva pareja debe actuar con naturalidad y mostrarse tal como es. El peor error es “comprar afecto” a través de regalos costosos.
  • Es muy importante que los padres tengan espacios donde compartan a solas con sus hijos.
  • Evitar que el padre o la madre hable mal de la nueva pareja del otro a sus hijos. Genera una mala disposición del menor.
  • Hablarles a los niños del amor y la diferencia entre el amor de pareja y el amor de padre/madre.
  • Con la pareja: dejar las cosas claras y establecer límites respecto de la educación de los hijos y el trato que le gustaría para ellos.
  • No favorecer a nadie y tratar de ser equitativo e imparcial frente a los conflictos entre padrastros, madrastras e hijastros.
  • Siempre se debe expresar, comunicar y contener, con amor.

Iniciar una relación teniendo hijos conlleva una doble preocupación: integrar adecuadamente a las niñas y a los niños a una nueva etapa familiar. Pero, no todo es felicidad, ya que una de las principales dificultades que alteran una nueva conformación familiar es la falta de comunicación entre padres e hijos.

Para el psiquiatra Hernán Elzo, lo recomendable es “explicar a los hijos lo que está sucediendo en la familia”, como la búsqueda de una nueva pareja tras una separación o luego del deceso de su progenitor(a).

Una buena información, desde la mirada del especialista de Vidaintegra, “reduce la angustia, las inseguridades y los temores”. Ello permite dejar en claro a los hijos que “no se descuidará el afecto y preocupación hacia ellos” aunque llegue un nuevo integrante al grupo familiar.

Por otra parte, es muy importante estar alerta a las señales que dan los niños luego de los encuentros con la pareja o en el marco de la convivencia. La forma en que se estableció la nueva relación de pareja es clave. La psicóloga de la Clínica Vespucio, Jéssica Piña, comenta al respecto que “si la pareja está establecida desde antes con ciertos grados de agresividad en torno a los hijos del otro, u hostilidad acentuada hacia uno de ellos, es muy probable que esa situación se vea aumentada cuando la pareja ya establezca una relación formal y una convivencia real”.

Asimismo, es importante dar crédito a los hijos cuando comentan los roces que tienen con las nuevas parejas, especialmente en casos en los que se les ha respondido mal o agredido de manera violenta. Lo peor que se puede hacer es “pensar que el niño sólo quiere manipular e impedir que este padre o madre rehaga su vida por celos u otro motivo, como si se le imprimiera un grado de maldad a la actitud”.

Considerar sus sensaciones para contenerlo y poder explicarle la situación de una forma en que pueda entender lo ocurrido, según su etapa evolutiva, es esencial para establecer relaciones basadas en la comunicación efectiva y la confianza. El objetivo es que se sienta considerado y entendido.

Límites claros

Respetar la fase de acostumbramiento 

El Doctor Hernán Elzo dice que “muchas veces los hijos, especialmente los más pequeños, podrían sentir que están traicionando a su progenitor y por ese motivo no le entregan afecto a esta nueva pareja. Esta situación se da con más frecuencia cuando ha ocurrido el fallecimiento del padre o de la madre. Por este motivo, se debe tener paciencia, conceder a los niños el tiempo que requieran y dejarles claro que esta nueva pareja no viene a reemplazar al padre o la madre. El rol de crianza sigue en manos del progenitor”.

En otros casos ocurre que los hijos logran una muy buena relación con la nueva pareja y que con el paso del tiempo se produce un buen vínculo, entendiendo que los hijos también quieren que sus padres sean felices. Sin embargo, según el especialista, “a veces se produce el quiebre de la madre o del padre con su nueva pareja y los hijos viven un duelo. Nuevamente es importante informar bien a los hijos lo que sucede en la familia, ya que están en presencia de una nueva separación”.

Este tiempo de adaptación debe ser respetado por los padres y sus parejas. Es muy necesario que sean pacientes.

Uno de los factores que puede provocar problemas es la sensación de incapacidad y de poca autoridad respecto del cónyuge que aparece en esta familia. Al no ser el padre o la madre biológica, es probable que el hijo no le conceda autoridad y que en reiteradas ocasiones lo devalúe.

La psicóloga sugiere que los adultos dejen claro “de antemano” el tipo de relación que se debe establecer con los hijos. “En caso de dificultades, conversar con ambas partes y ser mediador de la situación con calma. Aunque sea difícil ser imparcial, se debe tratar de no perder la calma y no autorizar ni desautorizar a nadie, todo de manera equilibrada”.

Otro factor involucrado son los celos que puedan sentir los niños, pero según la especialista, éstos no se dirigen hacia la nueva pareja del padre o la madre, sino que se relacionan al miedo de perder importancia en la vida de su progenitor. Para los niños y adolescentes generalmente es difícil entender que se trata de amores diferentes.

Con todo, es primordial llegar a acuerdos con la nueva pareja, aunque sea difícil evitar la competencia con los hijos en algunas ocasiones. Lo que importa en estos casos es desarrollarse dentro de un margen de comunicación que permita la expresión de ideas, emociones y apreciaciones, principalmente al inicio de ésta. Así se podrán evitar dificultades posteriores.

“Los límites deben estar claros. Entendiendo la necesidad del padre o de la madre de rehacer su vida, la primera prioridad corresponde al bienestar físico y psicológico de los hijos. Los padres deben ser activos en anticipar y evitar que el padrastro o la madrastra lleguen a episodios de violencia física o psicológica. En caso de que esto ocurriera y si, además, fuera aceptado, se llega inmediatamente al quiebre familiar, ya que los padres han abandonado su rol protector”, añade en esta línea el Doctor Elzo.

Cuando llega la violencia

Para Jéssica Piña, los padres deben creer en los relatos de los hijos y estar alertas, y “bajo ningún punto de vista se debe entregar autoridad inadecuada a alguien que no la tiene sobre los niños”, pensando en situaciones donde hay mala relación entre hijos y padrastros o madrastras.

Una situación de violencia “nunca se debe dejar pasar”, por lo que es necesario aclarar a la pareja que ese tipo de situaciones no pueden volver a ocurrir por ningún motivo. De lo contrario se entregaría “un mensaje de autoridad equivocado”.

El primer signo es la agresividad verbal, por lo que es necesario estar atentos a esas conductas y poner límites, para que los hijos no perciban desprotección y poco apoyo de parte del progenitor, situación que, según Piña, puede transformarse en conflictos posteriores importantes durante el crecimiento de los niños.

Según un informe sobre violencia intrafamiliar del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) un 72,3% de niños de 11 a 17 años ha sufrido violencia física o psicológica por parte de alguno de sus padres. La más recurrente es la violencia psicológica (58,9%), seguida por violencia física leve (51,33%), violencia física grave (32,75%) y abuso sexual (6,96%).

En Chile, la ley de violencia intrafamiliar abarca todo maltrato que afecte la vida o la integridad física o psicológica, sea por un cónyuge, pariente por consanguinidad o por afinidad hasta el tercer grado, su actual conviviente, entre los padres de un hijo en común o sobre un menor de edad, adulto mayor o discapacitado que se encuentre bajo el cuidado de cualquier integrante del grupo familiar. Así, se crea el delito de maltrato habitual, que conlleva castigo con cárcel y entrega mayores garantías de protección a los denunciantes.

Cuando los actos de violencia no constituyen delito, son los Tribunales de Familia los que se ocupan del caso. Cuando sí lo constituye, es el Ministerio Público el que da curso a la investigación pertinente. Asimismo, Carabineros tiene a disposición de los afectados el “fono familia”: 149.

¿Cómo lo enfrentamos?

Cuando se trata de reconstruir la vida afectiva, suelen ocurrir situaciones emocionales que complican. De este modo, si sentimos que la situación se escapa de nuestras manos, es recomendable buscar ayuda profesional. Una opción son las terapias –psicológicas o psiquiátricas-, que pueden ser de corto o mediano plazo, para orientar o contener.

Jéssica Piña asegura que “cuando la nueva situación familiar se transforma en algo agobiante o se tiene la sensación de no poder controlar el entorno, el padre o la madre deben ser atendidos individualmente”. En cambio, “en aquellos casos donde existe una familia multiproblemática, lo que se recomienda es una terapia familiar, que es diferente a la de grupos, debido a que en la terapia familiar existen lazos consanguíneos entre sus integrantes y una vida en común”.

Por otra parte, cuando los hijos no logran adaptarse a la presencia de una nueva pareja, tomando en consideración que se trata de una relación estable, es necesario comenzar una terapia, añade el Doctor Hernán Elzo.

“Inicialmente los hijos requieren una evaluación individual, debido a que puede existir una vulnerabilidad especial o la presencia de alguna patología. De esa forma, los hijos cuentan con una instancia personal para poder abrirse ante temas y situaciones que no se atreverían a expresar en una situación grupal. En caso de haber una patología o un compromiso psicológico importante, se debe llegar a una estabilidad antes de iniciar un proceso grupal”, concluye.

Alternativas para los pequeños 

Por medio de asanas o posturas, lectura de cuentos que relajan y cantos que estimulan la concentración, el yoga para niños mejora diversas capacidades y su disposición ante los cambios que ven en sus núcleos familiares.

El reiki, en tanto, también es una vía que requiere la participación de los padres, al menos en la iniciación, pues se vislumbra como un proceso que sirve para estrechar vínculos y mejorar las conexiones familiares.

Otros confían en la terapia floral. Estudios demuestran que es efectiva para el tratamiento de personas que han sufrido secuelas psicológicas derivadas de la violencia intrafamiliar. Se recomienda frente a cambios importantes y para recibir situaciones nuevas.

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