EL ARTE DE SOÑAR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2011

 

Francisco Alcoholado Rodrigo.Médico y terapeuta.

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Una mujer de 36 años sueña: “Mi hija menor ha muerto. No estoy triste. Pienso que ahora todos me van a prestar atención. Entonces me acuerdo de que tengo que avisarle a Fernando, mi pinche. En eso, veo que mi hija se levanta del féretro. ¡No estaba muerta! Entonces, me digo frustrada: “Puchas, ¿cómo hago ahora para que Fernando venga a verme…?”

Jung descubrió que en nuestros inconscientes existe un área que denominó “la sombra”. A medida que crecemos nos vamos adaptando a nuestros padres, a la familia y a la sociedad. Si un padre, ante las lágrimas de su hijo de 4 años, le dice: “Los hombres no lloran” y le comunica también desde su corporalidad que le desprecia o no lo ama cuando llora, el niño adaptativamente comprenderá que es más aceptado por el padre cuando se traga las penas y no expresa sus sentimientos de tristeza y dolor. ¿Qué hace el niño con el llanto y la vulnerabilidad? Desde ese momento comienza a bloquearlos, haciéndolos inconscientes y relegándolos al área de la sombra.

Si una niña se saca buenas notas en el colegio, y sus padres reaccionan con “Tú puedes más”, o, “Es tu deber”, la niña nunca va a sentir que hace las cosas completamente bien, y es probable que, ya adulta, sea muy buena trabajadora pero un tanto ansiosa con los problemas y asuntos laborales. ¿Qué hace la niña con el ocio, con aceptarse de manera incondicional, con la satisfacción de las metas cumplidas? Pues, que los guarda y los manda al inconsciente. Cuando grande sentirá entonces que nunca lo hace suficientemente bien.

Como adultos siempre nos definimos: soy hombre, mujer, trabajador, racional, resistente al dolor, me gusta el orden y las cosas por su nombre, por ej. En esta definición, ¿dónde entra fragilidad, desorden, flojera, sentimiento, la dosis de hipnótico caos cotidiano…? En la parte del inconsciente rotulada con “la sombra”. Todo lo que no acepto de mí y es socialmente inapropiado yace allí agazapado.

El consciente se levanta frente a la sombra como la luz ante la oscuridad. A la máscara civilizada que le mostramos al mundo se le opone un ser deforme, jorobado y siniestro: Dr. Jekill versus Mr. Hyde. Era éste, en el Londres industrializado y con pocos derechos laborales del siglo XIX, un abnegado médico que se preocupaba de sanar a los necesitados y a los pobres, cuando la tuberculosis campeaba. Un ser bueno el Dr. Jekill, que nunca expresaba su lado sombrío, sus rabias, sus frustraciones. ¿Qué ocurrió? Que en la noche se transformaba en un asesino que daba expresión sin freno a su sombra.

En la sombra caen los contenidos no aceptados en lo social, pero también aquellos que familiarmente fueron rechazados y debimos bloquear.

Es peligroso definirnos como buenos o abnegados o limpios o puros, porque de inmediato rechazamos el polo contrario, creamos el pecado y lo mandamos al inconsciente. ¡Cuántas historias de curas y pedofilia y escándalos en las últimas décadas! Instituciones en las que hay que usar la máscara del bueno, que no dice nada sobre el individuo entero. Pero, ¿qué hace un ser humano con su sexualidad, con la falta de fe que a veces ataca, con el deseo, con la imperfección que no puede mostrar en público? Los manda a las sombras del inconsciente, donde asuntos normales como la sexualidad humana son vividos de manera torcida. En otras instituciones, como las militares, se usa la máscara del fuerte. Por compensación, en el inconsciente se crea la imagen del coronel poeta, o la del miedo.

Somos ciegos a la sombra y la proyectamos sobre los demás. ¿Por qué alguien se indigna cuando le tocan algún tema X…? “¡Me cargan los homosexuales!” exclama golpeando con fuerza la mesa. Sabemos de inmediato que su inconsciente es gay. “¡He venido a salvar a este país de la dictadura comunista!”, gritaba a los 4 vientos Pinochet. ¿Y como nos salvó…? Creando una dictadura fascista. Proyectamos la sombra, vemos en los otros intenciones que son nuestras. “¡Saddam tiene armas de destrucción masiva!” le decían a Bush que repitiera, cuando EEUU tiene el arsenal nuclear/químico/biológico más grande de la humanidad.

Es fácil ver el mal en los demás, acusar con el dedo índice al mentiroso, al infiel, al mal padre, e ignorar la sombra propia. “No soporto a los mentirosos” dice ella, poniéndose roja de rabia. ¿Yaa? ¿Y con qué más te indignas…? Ante el mal, la mejor actitud era la de Goethe: “No he oído hablar nunca de un crimen que yo no puede también ser capaz de cometer”.

El problema del mal es el problema de la sombra. ¿Quiénes son los delincuentes…? ¿Aquellos que están en Colina 2…? Recordemos que hay malvados de chaqueta y corbata, de sotana, de uniforme, que llevan títulos de senador, doctor, licenciado, presidente, etc.

En la sombra caen los contenidos no aceptados en lo social, pero también aquellos que familiarmente fueron rechazados y debimos bloquear.

Volvamos al sueño. La soñante tiene varios hijos y lleva separada menos de un año. La separación no es fácil, y ha comenzado algunos breves acercamientos a los hombres. Fernando es un tipo atractivo, con el cual ha tenido ya un par de encuentros cercanos, pero que no la toma muy en serio. Ella está más interesada en él que él en ella.

Nuestra soñante es una supermamá. Muy preocupada, no les falla nunca a sus hijos, y los lleva al colegio, fiestas, dentistas, mall, clases particulares, etc. La separación ha provocado que se vuelque aún más sobre ellos para que no sufran. Pero también se ha planteado el tema: ¿Podré volver a tener una pareja si tengo varios hijos? Duda, y aquí, subliminalmente, los hijos son una carga.

¿Qué ocurre cuando se es supermamá? ¿Dónde queda el ocio, el mandar a los cabros a la cresta a veces, el preocuparme de mí, el egoísmo, el sentir a veces que los hijos abusan de uno y que dan ganas de acogotarlos? Esos sentimientos se van cascando al inconsciente, prohibidos, pues son impropios de una gran madre, y quedan bloqueados.

Pero los sueños destapan todo. Ella sueña que su hija menor ha muerto. Y está tranquila. No hay llanto ni drama. ¡Una menos que criar! Además, que la más pequeña es la que más demorará su paso del arquetipo de madre al de amante. Entonces, cuando ve que está muerta, piensa: “Ahora los demás me van a prestar atención”. No va a ser ella la que se sacrifica todo el día, sino que será el centro nuevamente. ¡Voy a llamar a Fernando!, es lo primero que se le viene a la cabeza. Quiere pololear el día de la muerte de su hija. Y cuando al final la hija resucita, se frustra y egoístamente piensa: “Puchas, qué lata y ahora, ¿cómo lo hago pa’ que Fernando me venga a ver?” El sueño muestra lo oscuro que ella bloquea en el inconsciente. Aquí es despreocupada con los hijos, piensa primero en pololear como una chica de 15 años, y quiere ser florero. Aquí se permite ser irresponsable ya que de sol a sol no puede.

Los sueños como función compensan, intentan equilibrarnos, disminuir la brecha entre nuestro Dr Jekill y Mr. Hyde. Mientras más buenos pretendamos ser, más obedientes, calladitos, pagando las tarjetas y las cuentas mes a mes y sin atrasos, más grande será la brecha con la sombra y más poder ella detentará. Conocer la sombra, entablar conversaciones con ella y ver sus intenciones tiende a quitarle influencia sobre nosotros.

La Sombra. Fotografía: mattwi1s0n

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