EL ARTE DE SOÑAR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2011

 

 

Años atrás tuve dos gatos. El Sandro, un gato romano grisecito hallado en el parque O´Higgins, y la Leyla, una gata barcina, de tres colores, blanco, negro y colorín. Bien andaluces los nombres.

Francisco Alcoholado Rodrigo.

Médico y psicoterapeuta

www.manualparadespabilarse.com

Bueno, el caso es que la Leyla se embarazó por primera vez del Sandro, y me tocó asistir en el parto, sobre una frazada en el piso del clóset del dormitorio. Es una delicia ayudar a parir gatos, y la Leyla se dejaba atender, fascinada con los retoños que iban saliendo y que finalmente fueron cuatro. Hasta le tenía cortado el pelo alrededor de sus tetitas para que la camada mamara a voluntad. Que ni el Auge gatuno.

El drama se inicia como a las 24 horas, cuando las narices de los gatitos comienzan a llenarse de moco, y ellos estornudaban y dejaron de mamar. Así que rápido se llamó al veterinario, y este diagnostica que los gatitos tenían una severa rinitis viral, propia de gatos recién nacidos, que les quitaba el olfato, los dejaba sin comer, y que irremediablemente se morirían.

Así que lo que hicimos fue instalar una UTI en el dormitorio, a ver si sobrevivían lo inevitable. Puestos en caja de zapatos cubiertas de un paño, me dediqué a darles leche con gotario cada dos horas, para no quedarme de brazos cruzados.

Pero se fueron muriendo y, a las 48 horas, todo estaba consumado. Decidí cavar un pequeño hoyo en la tierra del jardín y enterrarlos ahí. Cuando estuvo todo preparado, fui a buscar un papel de diario para envolverlos, y como era domingo le saqué una hoja completa cualquiera al grueso Mercurio de ese día.

Cuando voy poniendo a los gatitos uno por uno sobre el diario extendido en la tierra, me doy cuenta que es una hoja del cuerpo E, Arte y Cultura, y que el artículo impreso en ambas páginas trata sobre los dioses gatos en la cultura del antiguo Egipto. Una imagen de la diosa gata Bast ilustraba el texto.

Bast es una diosa felina que en sus comienzos era representada con cabeza de león, y que posteriormente en el Imperio Medio y  Nuevo, luce una cabeza de gato. Cuando se excavó en el templo de Bast también llamada Bastet, fueron encontrados 300.000 gatos momificados.

Ella era una diosa madre protectora. Los gatos eran muy útiles y valorados en el Egipto de ese entonces, pues, a su habilidad de control de plagas se le sumaba su ya famosa ternura. Muchas veces Bast era dibujada rodeada de numerosos gatitos. Como buena diosa madre, o sea asociada a la naturaleza, tenía un lado amoroso y otro cruel, caso este último en que era representada con cabeza de león. Era una madre lunar, que tanto presidía los nacimientos como los destruía.

El hecho corresponde a una sincronía, que se da cuando dos eventos sin relación aparente, por extrañas coincidencias, se equiparan. Lo impreso en ese diario de domingo no tiene relación con la muerte de los gatos; sin embargo, cuando mi mano escoge al azar una página, ambos hechos de inmediato se emparejan y relacionan.

Cuando Jung se encontró con estos eventos en la terapia con sus pacientes y en los sueños propios que registraba, como buen científico se acercó a ellos con cautela y desde la razón. Con la ciencia en la mano, se percató que ciertas leyes, fundamentales desde Newton, se quebraban y no explicaban ciertos hechos en la vida psíquica de las personas. En psicología no sólo ocurrían hechos causales.

Sin embargo, lo que hizo Jung no es nada tan importante. El reconoce, valora y le pone un nombre desde la ciencia a un hecho conocido desde siempre por la humanidad al que llamamos magia. Las religiones tienen un sustento mágico donde sus iluminados tienen poderes. El chamán logra leer el estado emotivo colectivo de la tribu y representarlo en un evento de la naturaleza. Si andamos de ojos abiertos, la mayoría tiene eventos sincrónicos/mágicos que relatar.

El poder de ellos es que traen una emoción de revelación, numinosa se le llama, como si viniese de los dioses. Hay un descubrimiento y un contacto con algo superior, como si se estableciera una comunicación en lenguaje de símbolos con valiosos significados. Y esos significados son maná, son alimento y poder para aquel que “vio”. Ellos enderezan, corrigen, inspiran y señalan direcciones.

-Es que a mí no me pasa nunca ná-. Porque algunos se andan mirando el ombligo todo el santo día. Se dan vuelta entre dos obsesiones.

Por eso, en el Zen, el maestro le pega un tremendo palo en la cabeza al discípulo cuando éste se pone a pensar mucho.

Antes de la era industrial, el ser humano vivía en un mundo semimágico, rodeado de misterios. Con la modernidad, el OMO, y las telepizzas, nos quedó casi todo claro. Lo que importa es trabajar para tener la casa propia, tal vez una segunda propiedad en la playa y consumir como malos de la cabeza. El ser humano ahora es un cliente, así que lo que era noche y magia se retiró a los bajos fondos de su inconsciente. Cree en el mall, mientras vigila mes a mes la UF pa’que no le suban el dividendo.

Pero para romper con ese maleficio hipnótico es que nos rondan los gatos. Hay que seguirles el maullido nomá, que de seguro a alguna parte interesante te llevan. 

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