EN EL CAMINO DE ACUARIO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2011

 

Jaime Hales 

Escritor, tarotista, abogado.

www.syncronia.cl

En los días previos al 27 de septiembre circuló con fuerza un rumor en la mayoría de los medios de comunicación y a través de internet, provocado por noticias originadas en el exterior pero replicadas en Chile: que el mundo podía terminar ese día como resultado de la aproximación de un enorme cometa, que sería además el causante de tan grandes desastres en el planeta como los sucedidos en los últimos años: desde el maremoto de Indonesia, Tailandia y todo el sudeste asiático y hasta el terremoto del 27 de febrero de 2010 en Chile, pasando por otros desastres como huracanes, tifones, erupciones volcánicas. Incluso se empezó a hacer juegos numéricos con coincidencias tales como que un terremoto era día 27 y este anunciado fin de mundo sería también un 27.

Por cierto nada pasó. Entonces los mismos que habían anunciado el desastre dijeron que no era que ese día fuera el fin del mundo, sino que ese día comenzaba un “acercamiento” del cometa y que el plazo para el evento catastrófico se posterga para noviembre. Y dan dos fechas: el 11 y el 21. El 11, porque sería el 11 del 11 (noviembre) del año 2011. El 21, probablemente por si acaso…

Jugamos con los números, faltando no sólo el respeto a la numerología y las disciplinas esotéricas en general, sino sobre todo a las personas a quienes se engaña de modo burdo y ridículo.

Lo importante es que la población se mantenga aterrada.

¿Alguien goza u obtiene beneficios provocando terrores entre los más crédulos?

Todo falso, no sólo acreditado por los acontecimientos (escribo varios días después del fin del mundo) sino porque nunca hubo fundamentos para tales afirmaciones, salvo en las torcidas mentes de quienes las formularon.

El cometa Elenin es un cuerpo pequeño con una órbita que excede los 10 mil años y que puede llegar a los 11.800. Suponer que el terremoto de hace 20 meses en Chile – o el de Japón después – fue provocado por este cometa es, por lo menos, una liviandad.

No hay relación alguna de los cuerpos que pasan por el espacio –ya sean éstos cometas, asteroides, planetas u otros -con los terremotos u otras manifestaciones tan propias de la vida del planeta, salvo que impacten sobre él, lo que si bien es posible, resulta poco probable.

De hecho, tanto la ciencia como los conocimientos transmitidos por otras vías sostienen que el último acercamiento de un planeta con efectos sobre la Tierra – que incluso pudo haber sido un gran impacto planetario – habría sucedido hace 4.100 millones de años, es decir, en las épocas del nacimiento de la Tierra.

Lo demás son eventuales caídas de meteoritos, como la que podría haber sucedido hace 70 millones de años, época descrita como la de la desaparición de los grandes animales y de muchas especies sobre el planeta.

Estas falsedades circulan más profusamente gracias a las nuevas comunicaciones, particularmente internet, pues todo se difunde con tanta velocidad que lo que alguien dice como conjetura se transforma en verdad al correr de un par de semanas en las que los correos electrónicos se reproducen por miles.

Hasta el año 2010 el rumor que se repitió por muchos años era que el 27 de agosto de ese año (tienen obsesiones con el 27) el planeta Marte se acercaría tanto a la Tierra que se vería del tamaño de la luna llena. Lo increíble no es que algunos lo digan, pues de mentirosos el mundo abunda, sino que año tras año se repita lo mismo, que por cierto no sucede, pero los medios de comunicación vuelven a tomar la misma “noticia” y hacen programas, reportajes y entrevistas esperando que ello sea verdad. ¿Ingenuidad? ¿Engaño deliberado? ¿Mero negocio?

Y lo peor es que sigue habiendo gente que lo cree.

Ninguna predicción seria anuncia el fin del mundo. En los últimos 20 ó 25 años hemos tenido muchos anuncios catastróficos acerca de la eventual destrucción del planeta, todos los cuales, como es evidente, han fallado.

Hemos tenido catástrofes, ninguna de las cuales está relacionada con eventos astronómicos. Hemos tenido predicciones serias, no de terremotos propiamente, sino de dolores humanos que pueden relacionarse, a posteriori, con los hechos sucedidos. Por ejemplo, dijimos que al terminar el año astrológico 2009, es decir, cerca de marzo de 2010, Chile lloraría. Nadie podía decir con certeza que sería un terremoto o maremoto, pero así fue. Y Chile lloró. Porque las predicciones pueden tener que ver con la energía humana y la conciencia cósmica, sin olvidar que, aunque sea en un pequeño porcentaje, los seres humanos tenemos la capacidad de modificar los acontecimientos con nuestras propias decisiones.

No se acabó el mundo: tenemos mucho por delante, sobre todo la responsabilidad de hacer de nuestro planeta un lugar cada vez más amable, más amoroso, más justo. Menos terrorífico, más abierto a lo positivo que a lo negativo.

Más humano y más divino.

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