SOMOS ENCUENTROS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo de 2011

La psiquiatra Adriana Schnake nos entrega su visión sobre la mejor forma de superar los difíciles momentos que hemos vivido en Chile y en el planeta.

Por Ximena González Bosque.

Antes que el ruido fue el silencio. La quietud interior que nos da el equilibrio orgánico que, en armonía con la mente y el entorno, nos permite enfrentar con integridad las situaciones difíciles.

La peor de las experienciasLa Dra. Schnake perdió a su hijo mayor el año pasado y tuvo que imponerse a sí misma el silencio que pregona. “Cómo médico y cómo prácticante de la visión gestáltica, me mantuve a su lado cumpliendo sólo mi papel de madre. Aún cuando no estuviera de acuerdo con el tratamiento, respeté sus decisiones y no opiné sobre la labor que realizaban los médicos en los que él confiaba (entre ellos, su propio hijo). Tuve que mantenerme conectada conmigo misma, dándome cuenta que era algo que le pasaba a él; a él que me dio tantas alegrías; a él que fue el primero en cambiar mi manera de sentir cuando me convertí en madre. Esta experiencia, en extremo dolorosa, me permitió usar todas mis armas gestálticas, y aquí estoy nuevamente.”

2010 fue un año de crisis. El tigre esperó agazapado y a poco de comenzar su periodo nos dio un feroz zarpazo el 27 de febrero. Y de ahí no paró. Ni en el pequeño ámbito de nuestra nación ni en el gran escenario planetario. Su rugido movilizó fundamentalmente a la naturaleza e, inmersos en ella, los pequeños cuerpos humanos fueron sacudidos por terremotos, inundaciones, incendios de magnitudes increíbles, accidentes conmovedores para todo el mundo. La necesidad de resistir y rearmarnos se convirtió en tema principal y puso de manifiesto la gran diferencia que existe entre quienes enfrentan el desastre, ya sea en la intimidad de sus cuerpos o sus familias, ya sea en la dimensión comunitaria de la incontrolable naturaleza.

Como todos nosotros, la psiquiatra Adriana Schnake también fue remecida por la experiencia telúrica, pero además fue sacudida fuertemente en el ámbito personal. Por eso, conversamos con ella sobre la resiliencia, para descubrir claves que nos permitan comprender la entereza y las debilidades de los seres humanos para sobreponernos al dolor.

Lo que no mata nos fortalece

¿Por qué, frente a un mismo sufrimiento, reaccionamos de distinta maneras? ¿Por qué el mismo dolor afecta de manera distinta a las personas?

La muerte, las catástrofes, el sufrimiento desorganizan la homeostasis normal del ser humano. El equilibrio en que funciona el organismo se desestructura y la mente y el cuerpo se enferman. Pero el organismo lucha por mantener el equilibrio a cómo dé lugar. El corazón continúa latiendo y la sangre circula; el aire infla los pulmones y oxigena todo el cuerpo: la mayoría de los órganos tienden a seguir con su función. Esta tendencia interna es la que ha salvado a la humanidad. Por eso, para los individuos que han aprendido a estar siempre en contacto con su organismo, dándose cuenta de cómo funcionan sus órganos, tomando conciencia de que están vivos y concentrándose en reestablecer o mantener el equilibrio de su existencia, la recuperación es más fácil.

La psiquiatra Adriana (Nana) Schnake, una pionera de la gestalt en Chile y en Latinoamérica, continúa entregando sus valiosos conocimientos a las nuevas generaciones. (Fotografía: Ricardo Aliaga Bascopé)

Con la experiencia del reciente terremoto en Chile- en donde la desesperación, el llanto, las quejas, la falta de organización fueron exhibidas en forma pública antes de dar paso a la estadística de las secuelas que la catástrofe dejó en la salud – nos ha llamado poderosamente la atención la actitud del pueblo japonés: fuerte, organizado, con una capacidad de resiliencia increíble. ¿A qué lo atribuye?

Desde el inicio de sus vidas, los orientales aprenden el valor del silencio. Se les enseña a observar, a aprender de los movimientos de los seres y la naturaleza que los rodean, se les motiva a practicar la meditación. Y en ese marco, cuando están frente a un gran dolor o a una catástrofe, son capaces de conectarse consigo mismos, aceptar lo que está pasando, comprender que no es algo que les pasa a ellos personalmente sino que las cosas suceden aún cuando no las deseemos.

En Occidente, en cambio, llenamos a los niños de palabras desde que nacen, le damos nombre a todas las cosas y valoramos que los pequeños aprendan a hablar lo antes posible, apreciamos su desarrollo por cuántas palabras manejan, le damos una jerarquía muy grande a la palabra. Así, en los momentos de crisis tenemos en la cabeza miles de voces hablándonos, dándonos órdenes contradictorias.

Salta a la vista, entonces, que mientras en Occidente las catástrofes nos confunden y atemorizan hasta el extremo de paralizarnos, en Oriente el silencio interior permite a los individuos observar, mantenerse alerta y apreciar que aún cuando hubo una catástrofe, sus organismos siguen funcionando y están vivos.

Es esta capacidad de hacer silencio total en nuestro interior la que facilita recobrar el equilibrio, porque es más fácil lograrlo en este estado que en medio de la confusión de voces que se chocan en busca de un diálogo que no se produce.

Es justamente en el silencio y la aceptación en donde se producen aquellos hechos que bautizamos como milagros: personas que permanecen más allá de un tiempo razonable bajo los escombros, sin poder satisfacer sus necesidades más básicas. Son personas que permanecen en espacios mínimos, en posiciones inconfortables, muchas veces con dolor, conscientes solamente de que están vivos y esforzándose por respirar y mantener su organismo funcionando hasta que llegue la ayuda que los salvará.

La visión diferente

La doctora Schnake lleva décadas desarrollando y enseñando a sus pacientes y a profesionales de la salud –médicos, psicólogos, terapeutas – la visión gestáltica de la salud. Ella misma es un ejemplo vivo de sus enseñanzas: aún cuando pasan los años cronológicos, su mente y su cuerpo siguen alertas, con lucidez y energía envidiables. Sin duda ella sabe quién es y cómo mantener la integridad de su organismo. Consciente y apasionada, realiza en su comunidad de Anchimalén, en Chiloé, reuniones terapéuticas para todo aquel que busque conocerse mejor y hacerse cargo de su vida y también imparte un diplomado para profesionales de la salud que buscan mejorar su condición personal y traspasar a sus pacientes una atención integral, diferente al ejercicio de la medicina en nuestro país, ante el cual ella mantiene una visión crítica. Año a año, desde distintos puntos de América y Europa, llegan a la idílica Bahía de Manaos decenas de personas en busca de su sabiduría. Sin embargo, ella no se queda sólo allí. Su vida está llena de actividad. Hoy la encontramos en Santiago inaugurando el Magister en Gestalt que imparte el Centro de Terapia Gestáltica junto con la Universidad Mayor; la semana siguiente viaja a Perú a una mesa redonda y luego participará en el Congreso Internacional de Gestalt que se efectuará en Uruguay. Para todos ha preparado trabajos.

A los alumnos del Magister les definió así su ruta: “Ustedes empiezan un camino en el que se conectarán con lo más esencial del ser humano: la capacidad de mantener la integridad del organismo que somos, frente a las devastadoras catástrofes y desafíos de la vida”.

Advirtiéndoles sobre el riesgo de su tarea y de las fortalezas que deben adquirir, les dijo: “Nuestro organismo necesita del entorno para mantener su autorregulación, su homeostasis, y cuando el medio nos desestructura y nada parece conservar continuidad o fijeza, el riesgo es máximo. Sin embargo, el ser humano que aprendió a conectarse profundamente con la vivencia y las necesidades básicas de su organismo puede recuperar su equilibrio homeostático en condiciones mínimas, y desde allí salir fortalecido”.  

Una visión crítica 

A partir del conocimiento que le da su permanente tarea de promover el conocimiento del cuerpo y sus funciones y la necesidad de que cada cual se responsabilice de su salud, la Dra. Schnake se plantea decididamente crítica de la forma cómo hoy se ejerce la medicina.

“Me ha tocado ver la diferencia de cómo se trata el cáncer en los servicios de Salud Pública y en la Salud Privada. En la primera, se utilizan los elementos que existen, se hace todo lo que se puede y hasta donde se puede; pero en la salud privada he visto con horror cómo se realizan procedimientos que son imposibles”. Relata que una mujer joven llegó a la comunidad terapéutica de Chiloé padeciendo un cáncer que en el Instituto del Cáncer habían tratado con radioterapia y le habían señalado que era todo lo que podía hacerse. Pero como tenía una buena cobertura en su seguro de salud, acudió a una clínica privada en la que le propusieron hacerle quimioterapia, aún cuando sus exámenes de sangre decían que no era lo indicado. Ahí comenzó un proceso sin sentido: la estabilizaban para que recibiera la quimioterapia y después de recibirla volvía a descompensarse. “Yo vi sus exámenes, conversé con ella, le dije que debía trabajar sus órganos afectados, confiar en su organismo, recuperar energía y aceptar que cuando no puede hacerse nada más, no tiene sentido someterse a procedimientos terriblemente dolorosos para ella y toda su familia.”

Aunque es crítica del sistema, Adriana afirma que no puede juzgar a los médicos que en su lucha contra la muerte hacen lo que no se puede hacer. “El problema es que no se puede luchar contra la muerte, porque ella es parte inevitable de la vida y, por lo tanto, el objetivo de la medicina no es luchar contra la muerte.” La verdadera batalla es por la prevención, por el conocimiento para alejar la enfermedad, por evitar que la muerte ocurra en circunstancias imprevistas o absurdas.

En esta óptica, en los años 90, la Dra. Schnake presentó junto a otros colegas un trabajo en un Congreso Médico en Cuba, en el que propusieron, como Política de Salud Pública, que el conocimiento del cuerpo y su funcionamiento se entregara a partir de los niveles más básicos de la educación para que, a través de este conocimiento, se pudiera prevenir la enfermedad. La enseñanza era con cuentos y dramatizaciones en que los niños representaban a algún órgano e interactuaban entre ellos. Aprendían así a cuidarse, a saber cómo funciona cada órgano, cómo reacciona frente al medio o frente a las otras partes del cuerpo. “Pero todavía falta mucho para que esta visión se imponga. Nadie niega su valor, pero la actual empresa médica ha elegido otro camino y es muy difícil cambiarlo” nos señala.

3 Comentarios

  1. Admiro mucho a la Dra.SCHNAKE,de muchos años y espero que nos acompañe con su dedicación ,amor y conocimiento por muchos……años……Deberiamos conocer nuestro cuerpo,sentir cuando algo esta en desequilibrio,para asi poder ayudar en buscar la solucion para sañarlo. .. Pertenezco, a una familia numerosa de diez hijos marcada por muchas tragedias.

  2. Agradezco haber vivido un taller en Chiloé con la Nana, aprendí mucho de mí, me hizo conversar con mi colón, dado que me había operado de un carcinoma, yo no sabía que decirle a mi colon, era algo extraño, cómo si no me perteneciera. Desde ese moménto le doy gracias a todo mi cuerpo por acompañarme y en lo posible trato de no agredirlo, no malas comidas, ni golpes emocionales.
    Solo le doy lo mejor de mí, han pasado 17 años y nunca más tuve una enfermedad.
    Gracias Nana, hasta pronto, lamento lo de tu hijo.
    liliana sturla (70 años)

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