SOMOS SOCIEDAD Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Junio de 2011

Finalmente, hasta los más obstinados aceptaron la ruda realidad: Tenemos una crisis ambiental global, y algunos comienzan a tomar medidas al respecto. Una de las soluciones planteadas, derivadas del Protocolo de Kioto en el año 1997, es la idea de los bonos de carbono. Aquí, una explicación del sistema y un análisis de sus ventajas y desventajas

Por Juan Cristóbal Juffe V.

En la Conferencia por el Medio Ambiente de Estocolmo en el año 1972, realizada por la ONU y todos los países que la constituían, se llegó a una grave conclusión: No se podía seguir manteniendo el nivel de producción, consumo y contaminación que tenían los países primermundistas en ese momento sin provocar una catástrofe a nivel planetario. ¡Había que detenerlo ya!

Sin embargo, pasaron 25 años sin que se pudiera implementar una forma práctica para salvar la vida en el planeta sin dañar el mercado. La mágica solución que permite mantener nuestro cómodo sistema de vida de consumo ilimitado llegó con el nombre de “Negociación de emisiones” (También conocido en inglés como “Cap And Trade”).

Calculando la contaminación

La forma más conocida de negociación de emisiones son los bonos de carbono. ¿En qué consisten? Básicamente el mecanismo es el siguiente: Cada país del mundo que ha firmado el protocolo de Kioto fija límites de emisión de CO2, que comienzan con una disminución del crecimiento para luego realizar una reducción real de las emisiones año a año. Para respetar estos límites autoimpuestos, cada país calcula la cantidad de toneladas métricas de carbono que emite a la atmósfera cada año y los convierte en “bonos de carbono”, representando cada bono el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono o equivalente.

Dióxido de carbono en Chile y en el mundo 

Nuestro país ha experimentado un gran crecimiento en sus emisiones de carbono, lo que se puede observar en los siguientes datos.

Emisión total de CO2 en millones de toneladas:

Lo que significa que Chile en 17 años aumentó sus emisiones en un 108%, mientras que en el mundo (en su totalidad) solo aumentó en un 36%, por lo que nuestro país pasó de emitir un 0,15% del CO2 mundial al 0,23%.

Emisiones de CO2 per cápita (toneladas métricas por persona):

El índice de aumento de las emisiones per cápita es alarmante, ya que a nivel mundial el crecimiento ha sido del 8% y países como EEUU, a pesar de no haber firmado el protocolo, han logrado mantener sus emisiones por habitante, pero Chile ha aumentado su nivel de emisiones (solo de CO2) en un 63% en 17 años. Lo que nos muestra que las medidas adoptadas en nuestro país claramente no están funcionando.

La venta de los desechos

Estos bonos de carbono pueden poseerse por la distribución inicial que se hizo de ellos (que explicaré pronto) o producirse a través de mecanismos de “captura” de carbono, como plantar un bosque o reducir emisiones contaminantes a través de un cambio de tecnología de producción, por ejemplo.

Cada poseedor de un bono de carbono puede venderlo, de manera que aquel que quiera contaminar tiene que comprar uno de estos bonos, que son negociables dentro de cada país o a nivel mundial, motivo por el cual muchas veces los países más desarrollados compran bonos de carbono a los países pobres donde la producción de bonos de carbono es más económica debido a las características clásicas del mercado mundial: Mano de obra más barata, menor costo de los suelos de producción y de las materias primas. De esta manera, los bonos están disponibles en los mercados mundiales al igual que cualquier otro bien o servicio.

Además, la idea es que cada año se vaya reduciendo la cantidad de bonos de carbono disponibles, y así “el precio de contaminar” tendería a aumentar a la vez que se reducirían los niveles de emisión de CO2 en cada país y, por lo tanto, en el mundo.

Protocolo de Kioto

Si bien el mercado de negociación de emisiones comenzó a desarrollarse en 1996, no fue hasta el protocolo de Kioto, al año siguiente, cuando la medida tomó más fuerza.

Pese a que el protocolo fue inicialmente adoptado en 1997, no entró en vigor hasta el año 2005, ya que requería como condición ser ratificado por los países industrializados responsables de a lo menos el 55% de las emisiones mundiales de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, gas metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre). Por lo tanto, fue solo después de que Rusia ratificara el protocolo en noviembre del 2004 que éste pudo entrar en rigor, principalmente porque Estados Unidos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, no había ratificado el protocolo y a la fecha aún no lo ha hecho.

El protocolo básicamente compromete a los países a reducir, entre 2008 y 2012, las emisiones de los gases mencionados a lo menos en un 5% respecto a la emisión del país en el año 1990.

Entonces, a partir de la ratificación del protocolo de Kioto, el mercado de la negociación de emisiones comienza realmente a tomar fuerza y se establece como una alternativa viable para reducir las emisiones sin dañar el “crecimiento económico” de los países.

Las ventajas

La gran “gracia” de esta solución es que es sencilla: No daña ni altera los modos de vida de los países desarrollados ni de los que aspiran a serlo. No involucra grandes cambios en políticas ambientales, no requiere de la concientización de la población respecto al problema de la contaminación, ya que todo queda en manos del mercado, y por lo tanto -desde la mirada neoliberal- el problema se regulará solo, ya que si bien significará el aumento de algunos costos de producción, éste será traspasado a los precios de venta, lo que a la larga provocaría la disminución de los precios de los productos “verdes”, que en la actualidad son más costosos.

Las desventajas

La principal desventaja es que se ha comprobado que el sistema no funciona. ¿Por qué? Básicamente por la premisa de que no se puede resolver un problema con los mismos mecanismos que lo generamos. El gran causante de los problemas ambientales es nuestra mirada parcializada y dividida sobre el mundo; nuestra incapacidad de ver el planeta como un todo y de hacernos responsables de nuestros actos. Y, por lo tanto, el sistema de negociación de emisiones cae nuevamente en el mismo problema: Reduce la crisis ambiental a pequeñas porciones, a mínimas partes, como si el sistema no estuviera interrelacionado, lo que ha provocado serias deficiencias que no permiten que el mecanismo funcione como se planeó en un principio.

¿Cuáles son las principales deficiencias del mecanismo?*

¿Qué puedes hacer? 

Algunas cosas prácticas que tú puedes hacer para reducir la huella de carbono:

  • Prefiere el transporte público o bicicleta para movilizarte.
  • Reduce el consumo de agua en tu hogar, optimizando su uso y mediante dispositivos ahorradores.
  • Minimiza el uso de electricidad en tu casa, con electrodomésticos de alta eficiencia, desenchufando los artefactos cuando no estén en uso y ojalá cambiando gradualmente a energías autónomas y renovables (solar – eólica).
  • Disminuye el uso del gas y combustibles fósiles para calefacción eliminando las filtraciones de frío y ojalá utilizando al máximo la luz solar.
  • Compra alimentos que hayan sido producidos con procesos limpios y preferentemente dentro de un radio de 200 kilómetros.
  • Prefiere los productos naturales y a granel frente a los envasados.
  • Opta por los productos hechos a través de procesos respetuosos con el medio ambiente.

- La inconsistencia: Como señalé anteriormente, muchos de estos bonos se pueden obtener de manera gratuita. ¿Cómo? Los gobiernos los regalan. ¿A quiénes? ¡A los que contaminan! Justamente los gobiernos les regalan los bonos de carbono a aquellas industrian que han creado el problema del calentamiento global a través de no innovar en energías limpias. ¿Por qué? El asunto tiene una lógica, que dice que para reducir las emisiones, primero tenemos que contar y controlar las existentes para luego comenzar con la disminución gradual. Por lo tanto, las empresas que actualmente producen las miles de toneladas de CO2 reciben estos bonos y, a medida que reducen sus emisiones, pueden vender estos bonos, generando ganancias. Sin embargo, es una seria inconsistencia, ya que le estamos regalando productos vendibles muy valiosos justamente a aquellos que han generado el problema, en vez de usar ese dinero en subvencionar las energías verdes o a limpiar los espacios que han sido contaminados por estas mismas industrias.

- La compensación: Otra forma de obtener bonos de carbono es generándolos, y una de las maneras de generarlos es la compensación, que básicamente plantea que si tú reduces tus emisiones o generas un foco de “captura” de emisiones, entonces puedes venderle tus bonos a otras personas para que contaminen en forma libre, porque lo importante para el sistema no es quien contamina, sino que el nivel global se reduzca. ¿Cuál es el problema? La compensación se presta para todo tipo de estafas, engaños o simplemente para crear problemas conceptuales. Por ejemplo, si una empresa planeaba ampliarse un 25% durante los próximos dos años y decide “detener” ese crecimiento, puede optar por recibir bonos de carbono equivalentes a la expansión que no realizó, como si fuera una forma de reducir sus emisiones, a pesar de no haber hecho nada.

En nuestro propio país se considera una reducción de emisiones un proyecto que cambia 500 hornos de panadería a electricidad, lo que podría ser considerado una reducción de emisiones, pero no lo es, ya que en Chile una gran parte de la generación eléctrica sigue realizándose a través de centrales termoeléctricas altamente contaminantes.

- Distracción: La última y más grave deficiencia del mecanismo es su capacidad de distraernos de buscar soluciones reales para el problema, ya que la negociación de emisiones no está funcionando, pero las empresas y los gobiernos actúan como si esto fuera realmente una solución. Mientras tanto, las emisiones siguen aumentando (o manteniéndose al menos), el planeta se sigue calentando y el clima de diversas partes del globo sigue cambiando, dificultando más la vida humana y poniendo en riesgo a miles de especies animales y vegetales.

La solución

Lamentablemente no existe una solución, aunque sí muchas pequeñas medidas que cada uno de nosotros puede realizar para reducir nuestra huella de carbono y nuestra contaminación en general (ver recuadro). Estas acciones tienen que ver con la forma en que actuamos en nuestro hogar pero también tiene que ver con la elección de los productos que consumimos, a qué empresas se los compramos y con las acciones directas que tomamos para hacernos responsables de nuestro entorno. Porque para un problema de esta magnitud no existen soluciones mágicas: Tenemos que hacernos cargo y exigir a nuestros gobiernos que tomen medidas reales al respecto. 

 *Algunos de estos elementos están basados en el video “The History of Cap And Trade” de Annie Leonard, disponible en www.storyofstuff.com

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