| SOMOS PAREJA | Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Enero de 2011 |
Durante las últimas décadas ha comenzado a aumentar el número de parejas que deciden no tener hijos, una posibilidad ni siquiera imaginable en el mundo de nuestros abuelos. Para tomar esa opción existen múltiples motivos, a la vez que también otras formas de vivir la maternidad o paternidad sin la necesidad de traer otra persona al mundo.

Casi ochenta años han pasado desde que García Lorca escribiera “Yerma”, obra cuyo drama central es la imposibilidad de la protagonista de tener hijos en una época en que todo el sentido de vida de las mujeres se centraba en la crianza. Pese a que la infertilidad no ha dejado de ser un problema, durante las últimas décadas ha surgido como una verdadera opción una alternativa que antes no había sido posible, ya fuera por principios religiosos, morales o simplemente por no tener las herramientas técnicas para realizarlo: La decisión de las parejas de no tener hijos.
Estos cambios comenzaron con la aparición de la píldora anticonceptiva y se reflejaron primero en la cultura europea, pero ya se han situado en las bases de nuestra sociedad, lo que se observa tanto en las concepciones sociales y legislativas de la familia como en el comportamiento de chilenos y chilenas. La nueva ley de matrimonio civil del año 2004 eliminó a los hijos (y la concepción de estos) como base del matrimonio, centrándose en el contrato de unión entre dos personas adultas y las obligaciones entre ellas. De igual manera, las estadísticas muestran que entre los años 1960 y 62, el promedio de hijos por mujer era de 5,4, mientras que en 2006 este promedio llegó a menos de dos niños por mujer, lo que representa una reducción cercana al 60%. Esto significaría que, de mantenerse esta tendencia, la población de nuestro país podría comenzar a reducirse.
¿Por qué no tener hijos?
“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no le vuelve pianista”
- Michael Levine.
Sin contar la infertilidad, al profundizar sobre el tema se reconocen múltiples razones que llevan a las personas a tomar la decisión de no tener hijos, las que se pueden resumir en tres grupos: Por mantener la libertad, por no sentirse capaces o por intereses altruistas.
El deseo de libertad
Este grupo principalmente se centra en sus intereses personales y en la mantención de las condiciones que ofrece la vida en pareja sin hijos, ya sea porque simplemente les desagradan los niños o porque no están dispuestos a aceptar las pérdidas asociadas a su crianza, que van desde la disminución (casi absoluta) de la privacidad -tanto en el aspecto emocional como físico- con la pareja, hasta la inversión del tiempo y la energía que significa cuidar a un niño o una niña.
| Movimiento por la extinción humana voluntaria
Este movimiento surge a inicios de los años ’90 y tiene como base los principios de la ecología profunda, planteando que los seres humanos y nuestro estilo de vida estamos poniendo en riesgo la biosfera y que, por lo tanto, la única manera de salvarla es la extinción de la raza humana de forma voluntaria. Este movimiento no está de acuerdo con ninguna acción agresiva, motivo por el cual está en contra del aborto, el asesinato y el suicidio, planteando dejar de reproducirse para así generar la desaparición de nuestra raza. También hay simpatizantes que han decidido dejar de tener hijos pero que abogan por la idea de una reducción radical del número de humanos en el mundo para mantener el equilibrio planetario, pero no por la desaparición total. |
Como es obvio, esta tarea implica el uso de una gran cantidad de recursos económicos y tiempo de la vida diaria. En la actualidad, la psicología ha acuñado el término de “inversión parental” refiriéndose al porcentaje del total de tiempo y recursos que implica la adecuada crianza de un niño, y en general se dice que la crianza óptima requiere un 70% de inversión por parte de los padres. Es decir, más de dos tercios del tiempo libre y del dinero de los progenitores irá destinado a ese nuevo ser vivo.
Muchas veces las parejas desean conservar una relación que ya es confortable, que podría ponerse en riesgo con la llegada de un hijo; otra veces son las características competitivas del mundo actual las que llevan a tomar la decisión, porque tener un niño o una niña implica reducir las posibilidades laborales, tanto por la carencia de tiempo para especializarse como por las eventuales licencias y faltas al trabajo que se producen.
Los defensores de la procreación como función elemental de la familia cuestionan a este grupo principalmente por considerarlos egoístas, hedonistas y sólo pensar en sí mismos (ver recuadro sobre las familias DINK). Sin embargo, son muchas las parejas sin hijos que consideran que justamente son los que sí tienen hijos quienes se comportan de forma egoísta, indicando que gran parte del deseo de tener hijos proviene de la autosatisfacción de sentirse útil, de ocupar su tiempo, de dar estabilidad a la pareja, de tener un sentido de trascendencia (la sensación de que algo quedará de uno después de la muerte) o simplemente la realización de verse reflejado, como lo gráfica Joan Manuel Serrat en su canción <Esos locos bajitos>: “A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción”.
Percepción de incapacidad
Entre quienes deciden no tener hijos hay un gran número que lo hace basándose en la idea de que no serán capaces de tenerlos, cuidarlos y entregarles todo lo que un ser humano en formación requiere. En este grupo se cuentan las parejas que sienten que no pueden tener hijos porque no se encuentran en las condiciones económicas adecuadas, porque se perciben a sí mismos como incapaces de tolerar el comportamiento de un niño o porque sienten que no tienen el “instinto” de madre o de padre requerido.
Por otra parte, en este conjunto también existen parejas con miedos profundos, tanto a la posibilidad de morir durante el embarazo o a la misma idea de la mortalidad infantil, al igual que hay personas que deciden no concebir frente a la probabilidad de transmitir algún tipo de enfermedad hereditaria a sus hijos. Hay quienes niegan radicalmente la viabilidad de tener hijos frente a la posibilidad de que estos sean maltratados o vulnerados sexualmente por alguna persona cercana de la que desconfían pero de la cual no logran desvincularse.
Generalmente, las personas de este grupo perciben la maternidad o la paternidad como una tarea muy intensa y no se sienten a la altura, lo que finalmente se puede ver como una contradicción, ya que muchas veces esa misma mirada de compromiso sobre la paternidad los podría llevar a ser muy buenos padres, incluso mejores que aquellos que tienen hijos sin cuestionárselo y muy baja autoexigencia al respecto.
Altruismo
El concepto de altruismo justamente se refiere a procurar el bien ajeno a costa del propio, y es la motivación que lleva a muchas parejas a tomar la decisión de no tener hijos. Quienes pertenecen a este grupo tienden a tener una visión global sobre los problemas que actualmente afectan a la humanidad, reconociendo las catástrofes ecológicas que están ocurriendo, la sobrepoblación y las dificultades que acarrea: escasez de bienes y alimentos, guerras interminables, epidemias y un nivel de vida cada vez más destructivo y precario.
| Parejas DINK: Doble sueldo y sin hijos
La sigla en inglés DINK (double income, no kids) se refiere a las parejas, generalmente de profesionales, en las que ambos trabajan y han decidido no tener hijos -o aplazarlos lo máximo posible- para mantener un holgado estilo de vida, tanto desde el punto de vista económico como por la posibilidad de contar con más tiempo libre y para la pareja. Este grupo es actualmente público objetivo de múltiples productos, especialmente aquellos de lujo, ya que cuentan con alrededor de un 20% más de ingresos que las familias con hijos y tiempo para realizar este tipo de gastos, que incluyen tecnología de última generación, viajes de placer y accesorios de lujo. |
Es esta visión “desilusionada” sobre el mundo la que los lleva a la opción de no traer a la existencia a un nuevo ser humano, tanto para evitarle a ese niño o niña el sufrimiento que acarrea la sobrevivencia bajo estas condiciones (con el claro pronóstico de que en un par de décadas el escenario será implacablemente catastrófico) como para disminuir el impacto ambiental que conlleva la sobrepoblación humana (ver recuadro: Movimiento por la extinción humana voluntaria). Desde este punto de vista, las parejas de este grupo tienden a considerar como egoísta la opción de tener hijos, ya que lo harían solo por sentirse realizados pero no tomarían en cuenta la calidad de vida de ese niño ni las consecuencias globales de traer una persona más a este mundo.
Otras formas de ser padre y madre
Sin embargo, existen otras formas de sentir realizado el deseo de maternidad o de paternidad sin necesidad de engendrar un nuevo ser. En primer lugar, se encuentra la alternativa más obvia: La adopción. Pero esta opción solo sirve para los pertenecientes al grupo de los “altruistas”, ya que un niño o niña adoptado genera las mismas (o más) responsabilidades que un hijo biológico, por lo que no sería una alternativa viable para las personas que no son padres por mantener su libertad o por la percepción de incapacidad frente al rol.
Por otra parte, se puede vivir una co-maternidad o una co-paternidad, es decir, involucrarse activamente en la crianza de un niño sin la necesidad de ser el progenitor, ya sea como tío(a) o como amigo(a) de la familia, de manera de ayudar a que los padres biológicos conserven algo de su libertad, disminuir el nivel de “inversión parental” que deben realizar y a la vez permitir a las personas que no tienen hijos propios expresar su rol materno o paterno. Este rol es bastante poco usual en nuestra sociedad, pero existen claros ejemplos dentro de las culturas tribales comunitarias, donde la tarea de cuidar y enseñar a los más pequeños era una tarea conjunta de toda la tribu.
Más allá de todo lo anterior, se puede reconocer que en la actualidad existen múltiples posibilidades para las parejas respecto a su forma de enfrentar la vida en familia, opciones que hasta hace muy pocos años eran impensables, permitiendo la posibilidad de que la vida familiar no sea una cárcel forjada por las tradiciones, sino una fuente de cariño y prosperidad generada por decisiones pensadas y sentidas por todos sus miembros. Para mí, un punto queda muy claro: el tener un hijo o una hija significa una gran responsabilidad y un gran cambio en la vida, y es una decisión que en ningún caso debe darse por sentada (por mandato u obligación) o ser dejada simplemente en manos del azar. ![]()










