SOMOS SALUD MENTE-CUERPO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Febrero del 2012

El cáncer, cual imagen de la muerte con su guadaña en la mano, anda rondando el vecindario. Pareciera que cada vez está más cerca. Las estadísticas lo avalan: en nuestro mundo actual a uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres se les diagnosticará cáncer en algún momento de su vida.

Por J. Cristóbal Juffe V.

Cuando era pequeño, parecía una enfermedad lejana, un riesgo que ni siquiera se mostraba en los envases de los cigarrillos. Una vez me enteré que un niño de mi escuela tenía leucemia. El niño “se salvó”. Yo no lo conocía. A mis 25 años, a un amigo le encontraron un tumor maligno; a los pocos meses se durmió en un sueño eterno de morfina. Ahora, hacia donde miro hay amigos, sus familiares y conocidos que están “luchando” contra algún tipo de cáncer. ¿Por qué?

¿Culpa o responsabilidad?

“Hace un tiempo atrás, fui invitada a escuchar a una psicóloga que dio una charla para pacientes de cáncer. Todo iba bien hasta que apareció el último cuadro de su presentación, que decía: “Ud. no es responsable de su enfermedad ni de los resultados de su tratamiento”. Me pareció increíble, gravísimo y aberrante. Me acordé de las eternas discusiones y críticas donde se sostiene que yo hago sentirse “culpables” a los pacientes; que además de tener la enfermedad, ahora tienen que castigarse por habérsela provocado.

Las culpas tienen una connotación moral que nada tienen que ver con mi postura. En ninguno de mis libros o artículos, he manifestado que haya que sentirse culpable por la enfermedad. Lo que he dicho y reitero es que somos responsables por nuestra salud. Creo que nadie se enferma porque quiere enfermarse, al menos en forma consciente. Sin embargo, con frecuencia parece que ignoramos lo que nos puede enfermar y lo hacemos en forma reiterada. Por ejemplo, no descansamos adecuadamente, fumamos demasiado, nos autopostergamos hasta quedar exhaustos y sin ganas de nada, nos alimentamos en forma deficiente, nos estresamos, no hacemos ejercicio, etc. etc.

En esto somos responsables consciente o inconscientemente del maltrato que nos damos; no somos culpables, pero sí responsables. ¿Acaso podemos evadir nuestra responsabilidad si hemos fumado por años una cajetilla diaria? ¿De quién es la responsabilidad? ¿Del vecino? ¿De la compañía de tabaco? ¿Del médico que no nos advirtió?

En nuestra cultura parece ser casi deportivo evadir responsabilidades. Es casi chistoso escuchar que un accidente se produce “por la niebla”. Perdón, la niebla no iba manejando. El accidente se produjo porque la persona a cargo no fue lo suficientemente cuidadosa en la niebla. Y así, o cuando un niño pequeño se expone en la calle, lo retamos a él, sin tomar en cuenta que es nuestra responsabilidad que a ese niño no lo atropellen.

En medicina china, se sostiene que no debe tratarse a un enfermo que no se cuida. Cuando asumimos la responsabilidad por nuestra salud, tenemos la oportunidad de rectificar los errores o los descuidos del pasado. Nuestra energía estará invertida en el futuro y no vamos a malgastarla pensando en lo que hicimos o dejamos de hacer. Toda nuestra energía estará puesta en poner lo mejor de nosotros en cuidarnos, en colaborar de todas las formas posibles para que los tratamientos sí sean efectivos, en ser los gestores de nuestra recuperación y en procurar no volver a enfermarnos.

Los psicólogos a veces no dimensionan la influencia que tienen sobre las personas y los riesgos que conlleva el no tomarse esto con rigurosidad. Desde la sabiduría popular hasta los más serios estudios de medicina han mostrado que es fundamental la participación personal en los resultados de un tratamiento. No somos robots o máquinas a quienes se les realizan intervenciones; somos partícipes de todo lo que ocurre. Eso es lo que ha redescubierto la ciencia moderna.

Entonces ¿con qué derecho esa psicóloga interviene erradamente y en forma tan irresponsable en hechos tan determinantes para la vida de una persona?

Esto también me lo pregunto”.

Extracto del libro “Yo (no) quiero tener cáncer” (Editorial Grijalbo), de la psicóloga Jennifer Middleton

Es una pregunta en una caverna oscura, donde solo se puede escuchar el eco y de la que no se espera ninguna respuesta certera. ¿Qué estamos haciendo? Lamentablemente no podemos empuñar nuestra mano y mirar al cielo para decir: ¿Por qué a mí? ¡No me merezco esto!

Independencia celular

Una célula cancerígena no es algo que se adquiera, es algo que se crea. Es simplemente una célula que cambia, que muta: Deja de servir al sistema en que se encuentra inserta, cualquiera que sea: una glándula mamaria, una estructura ósea, un músculo o la piel. Pasa de vivir una “conciencia comunitaria” a una individual. Una mañana cualquiera, la célula mira a su alrededor y decide que no va a trabajar más por el sistema: Opta por ser independiente.

Todos tenemos células cancerígenas en el cuerpo. Cientos o miles. Al igual que otras células, a diario nacen, se reproducen y mueren. Pero son “casos aislados”. Lo que marca la diferencia es si nuestro cuerpo va a ser o no un ambiente propicio para que ese cáncer se reproduzca y prolifere.

Señales

Pero antes de seguir con el cáncer, volvamos a lo básico: ¿Qué es la enfermedad? ¿Qué es la salud? ¿Se puede plantear la salud como simplemente la ausencia de enfermedad? Me parece que no. La salud no es un elemento estático sino un proceso de movimiento hacia la plenitud.

En el libro “La enfermedad como camino” (ver recuadro) que ya tiene dos décadas de antigüedad, se plantea una visión muy interesante: La enfermedad es tomada como síntoma, es una luz que ilumina nuestro camino hacia la salud, hacia la plenitud.

Hay muchas señales, en nosotros mismos, que nos pueden guiar hacia una vida cada vez más sana: Raciocinio, emoción y síntoma físico. Pareciera que el pensamiento es lo primero: Nuestro intelecto es perfectamente capaz de reconocer cuáles son las cosas que nos hacen bien y cuáles nos hacen daño. No es necesario ser oncólogo para saber que fumar 30 cigarrillos diarios es una conducta autodestructiva. Es simple.

Luego viene la emoción. Cuando algo nos está haciendo mal y no realizamos los cambios obvios para nuestro bienestar, el estado emocional se altera. Nos deprimimos o nos llenamos de rabia, perdemos interés por las cosas que antes nos atraían o nuestra vida se transforma en un cálculo constante de suma y resta de horas, para ver cuánto falta para que se acabe la semana o el día, porque lo único que queremos es dormir, y cuando vamos a dormir no podemos.

Ahí comienza el síntoma físico. Cuando ya hemos ignorado las otras señales, se manifiesta de forma evidente. La enfermedad es el faro que nos muestra lo irrebatible que estamos ignorando. Claramente, la enfermedad enseña más que la salud.

Revolución

En el caso del cáncer no es solo una enfermedad, es una guerra entre dos individuos a distintos niveles. En un nivel estoy yo, el ser humano, y en otro nivel está la célula que decide ser autónoma.

Por un lado, estoy yo pensando que todas las partes que me constituyen están al servicio de lo que yo quiero. Es decir, todas mis células deben servir humildemente a este plan que tengo para mí cuerpo, que en la mayoría de los casos es regido por el cerebro, el que muchas veces funciona en un sistema dictatorial que desea cumplir sus objetivos y en el cual el resto del cuerpo solo debe obedecer.

Pero un día cualquiera, una célula se hastía, siente que este sistema no está bien, que la maltrata, que le exige mucho y le entrega poco. Básicamente se siente indignada. Y comienza un paro: decide no hacer lo que “debe” hacer. Deja de funcionar para el sistema, y en vez de reproducirse de manera programada según los planes del cuerpo, comienza a reproducirse en forma indiscriminada, sin respetar ningún tipo de frontera fisiológica (tumor); luego, comienza a expandirse, suelta células revolucionarias al torrente sanguíneo buscando otros sectores del cuerpo donde el descontento permita la proliferación de la revolución (metástasis) y comienza a hacer valer sus necesidades más allá de las capacidades corporales.

Cuando la sangre no le entrega suficiente oxígeno -que es la forma sistémica de alimentación-, la célula comienza a tomar energía de fermentación, un mecanismo primitivo que usan los seres unicelulares. La célula ha creado su propio gobierno, su propio cuerpo, sin considerar que es parte de un ser finito y limitado: Tú.

La guerra se ha declarado, el enfermo de cáncer comienza un tratamiento consistente en quimioterapia, que ataca tanto células cancerígenas como sanas y suprime su sistema inmunológico: El cuerpo se encuentra en estado de sitio.

Para esta batalla existen dos posibles desenlaces: puede ganar el individuo humano o puede ganar el individuo cáncer. Lo que el cáncer no sabe, no logra ver, es que si gana también pierde.

¿Qué nos recuerda este comportamiento celular? ¿Es extraño que los cánceres proliferen cada día más?

Lo que es afuera es adentro

El ser humano ha dejado de funcionar para el sistema en que vive. Ha dejado de ver la relación entre sus acciones y el sistema que llamamos Tierra. Nos hemos reproducido indiscriminadamente, sin respetar ninguna barrera natural; al igual que un tumor, nuestras ciudades arrasan con bosques, montañas, campos y océanos.

También como una metástasis, nos hemos esparcido por cada rincón del planeta, devastando a las comunidades que viven en sistemas integrales para imponer sistemas individuales, en los que cada día, cada uno de nosotros necesita más y más, y cuando ya la tierra no puede entregarnos “materias primas”, comenzamos a tomarlas a la fuerza, desertificando, socavando las entrañas del planeta, contaminando las aguas y expulsando tal nivel de toxinas al medioambiente que incluso hemos subido la temperatura del planeta (fiebre).

Estamos en medio de una batalla, en la que no logramos ver que si ganamos también perdemos.

Vivir

Una mujer recuperada de un cáncer cuenta su experiencia: “No se trata de luchar contra la muerte, de destruir la enfermedad; lo difícil es dejar de lado la idea de ‘después todo estará mejor’. Tuve que aprender a aceptar el ahora, a querer la vida que estoy viviendo, aunque la estoy viviendo con cáncer. El asunto no es luchar contra la muerte, es aprender a vivir”.

Y si tienes cáncer, y tienes miedo ante esta gigantesca y terrorífica palabra, quizás lo primero que deberías plantearte es ¿Quiero vivir? Y no se trata de buscar en nuestra conciencia o en nuestra emoción, porque el mamífero que somos posiblemente hará todo por sobrevivir; consiste en mirar nuestras conductas, nuestra vida. Mis actos ¿van dirigidos hacia la vida o hacia la muerte?

Consecuencias

“En la naturaleza no hay premios ni castigos, hay consecuencias”

— Robert G. Ingersoll,

Veo a una persona, hombre o mujer, da lo mismo. La veo con miedo a morir. La veo levantándose cada día a hacer un trabajo que detesta para conseguir más dinero, que solo usa para comprar cosas que no quiere simplemente para impresionar a gente que odia.

Lo miro cada noche tomando medicamentos para dormir, otro contra la ansiedad, otro para la presión. Antes de una comida -que sabe que será excesiva- se toma una pastilla para que no le caiga mal el exceso. Lo veo comer en tal cantidad que tiene que comprar productos con menos calorías para no engordar demasiado. Lo veo comer alimentos llenos de agrotoxinas, de químicos cancerígenos que no son asimilables por el organismo.

Me veo comer productos que son el resultado de la miseria humana, de temporeros con trabajos dañinos, expuestos a pesticidas. Devoro cadáveres de animales torturados, que han sido criados sin ver la luz del día ni conocer una pradera y que han muerto desangrados lentamente sin piedad.

Me distraigo en ése que podría ser mi único momento de reflexión o soledad, con un pequeño aparato construido con minerales cuya explotación minera contamina las aguas, financia guerras entre personas e impone la miseria como forma de vida en gran parte del planeta.

No hay que vencer el cáncer, sólo hay que comprenderlo, para poder comprendernos a nosotros mismos. ¡Pero los seres humanos siempre tratan de romper el espejo cuando no les gusta su cara! Los seres humanos tienen cáncer porque son cáncer.

Tomado de: “La enfermedad como camino” de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke

Te veo usando tu poco tiempo libre para intoxicarte, con alcohol, humo o lo que sea, para olvidar la semana. Veo tu sexualidad herida, desgastada, desenamorada: Ya no funciona y hay que tomar pastillas para hacer una gimnasia que se parece a ese acto de amar, y que algunas veces pareciera serlo, pero que sabemos que no es.

Te veo conduciendo un vehículo con combustibles fósiles que nos intoxican a todos, tanto en la extracción como cuando lo quemas para avanzar unos metros, en vez de la caminata que necesitas tanto.

Cuando llega el momento de cuidarte, te rocías la piel con cremas hechas con petróleo que intoxica tus células.

Nos veo acostados en la misma cama, sin saber qué nos pasa, con la vista y la atención fijas en una pantalla para no mirarnos. Nos veo encerrados con nuestras maquinitas, para no saber nada de mí y nada de ti. Sé cuánto ganan los otros por el auto que conducen; sé qué teléfono tienes, pero no conozco tus sueños. Cada vez sé menos de ti y menos de mí.

Hago como que estoy vivo, pero evito la vida en cada segundo del día.

El cáncer no es el problema; es la oportunidad, es la pregunta: ¿Quieres vivir?

El cáncer es la elección, que te dice: Nosotros, el pueblo de las células que forma tu cuerpo, ya no podemos vivir más como zombies: ¿Hacemos algo juntos, entre todos, o nos separamos?

¿Vivir o morir?

Si tu respuesta es la vida, recuerda que no se puede curar una enfermedad haciendo lo mismo que hiciste para crearla.

3 Comentarios

  1. buen reportaje ,,creo que es necesario este tipo de informacion para sacar el velo que tenemos todos y no nos deja ver …hasta que llegamos a una situacion limite y nos cambia la vida , y en verdad empezamos a ver todo de otra perspectiva .- todo aquello que en su momento no tenia valides ahora es muy valioso ,,que increible la seguera del ser ……………
    un abrazo NAMASTE …..

  2. …Y es que es facilísimo pagar lo que sea para que otro te quite el dolor y así otro tiene la responsabilidad de tu bienestar, creer en drogas milagrosas, sedantes que te hacen olvidar y cada vez mas te alejas con la comunicación con tu propio ser……. es muy difícil cambiar las ideas, los parámetros creados en tu entorno, y seria de locos hacerlo diferente por el que dirán y mantener una coraza externa bella y lo interno esté podrido para obtener ganancias de lo que sea que para ese individuo tenga importancia.

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