SOMOS FAMILIA Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2010

Auténtico y emocionante testimonio de un padre y de su inmenso amor por su hijo autista, su precioso Principito, y el profundo proceso de transformación interior que su presencia le ha hecho experimentar…

 Por Jaime Jaramillo Llanos

Es de madrugada y mi amado hijo Paulo, mi Principito de casi 5 años, se balancea frenéticamente de un lado para otro para después comenzar a saltar sobre su cama. Aplaude y ríe muy fuerte por el placer que le causa la auto-estimulación.

A mi memoria llegan los recuerdos de innumerables noches en vela porque Paulo salta en cualquier cama, corre de una habitación a otra, emite sonidos ininteligibles, cierra y abre puertas, emite sonoras carcajadas sin algo externo que las justifique, bota saliva a sus manos y, mediante el aplauso, la reparte por todos lados, llora, pues desea otra mamadera después de haber tomado varias o acciona una y otra vez la misma tecla de algún juguete hasta inutilizarla. En las peores noches estuvo haciendo eso desde la 1 de la madrugada hasta el amanecer, sin nada que lograra calmarlo.

Ahora, en esas circunstancias y en otras, miro a Paulo a los ojos y veo en esa mirada esquiva al primer hijo que tanto esperé. En vez de llenarme de angustia, rabia, dolor o impotencia, agradezco por tenerlo conmigo. Dejo que el amor me gobierne y me siento muy feliz de ser el padre de tan bello ser. Enciendo una vela en un lugar seguro, quemo una esencia aromática, me unto las manos con aceite de finas hierbas y pongo música para meditación. Cierro mis ojos y me concentro en la infinitud del universo sintiendo como la energía vital cósmica sanadora, que proviene de lejanos recodos inalcanzables para el ser humano, entra por mi cabeza, por la coronilla, por aquel lugar que viene incluso abierto cuando nacemos, transformándose en un receptor energético sin igual. La energía entra por aquel portal, que imaginariamente adorno con un loto de mil hojas, y desciende por mi cuerpo hasta llegar a mi corazón. En esa maravillosa bomba dadora de vida, el flujo universal se hace uno con mis sentimientos, emociones, anhelos y esperanzas. La energía cósmica sanadora se fusiona en mi corazón con el gran amor que siento por mi hijo Paulo. Le agradezco por ello. Finalmente, ese flujo de amor llega a mis manos, donde es emitido para que mi retoño lo reciba. Puede parecer increíble, pero siento cómo la energía sale de mis manos cual antena parabólica transmisora de señales electromagnéticas.

Al principio, Paulo se resiste, está muy estimulado y quiere seguir en su rutina. Lo tomo en mis brazos y lo acuesto en un lugar cómodo. Pongo mis manos en su corazón para que sienta el flujo curativo de amor que deseo regalarle y lo colmo de bellas palabras y bendiciones. Puede que haya llantos, gritos, leves intentos de agresión o autoagresión, pero de a poco se va entregando. Su expresión se torna serena y veo, por su breve mirada directa a mis ojos, que nuevamente está con nosotros, que ha regresado de su viaje quién sabe dónde. Una vez que Paulo está quieto, comienzo a ubicar mis manos en distintos puntos de su cuerpo, principalmente en sus centros energéticos o chakras, para restablecer el equilibrio en su pequeño ser. Mientras lo hago, Paulo me regala maravillosas caricias y sonrisas. Se dice que la enfermedad aparece cuando la energía que nos constituye está en desequilibrio, y yo busco restituirlo. Al cabo de media hora o un poco más, mi Principito duerme profundamente un reparador sueño que dura toda la noche. Se encuentra navegando en los mares del amor y la felicidad. Acabo de aplicar Reiki a mi hijo, técnica que estoy aprendiendo para involucrarme aún más en el proceso de sanación de Paulo. Reiki es una palabra de origen japonés y denomina a la energía universal vital.

“Mirar esos bellos ojos profundos todavía me emociona. En esa época aún desconocíamos el autismo de Paulo y el camino que recorreríamos para ayudar a nuestro amado primer hijo”, dice Jaime, el papá de Paulo.

Algo andaba mal…

Con mi esposa deseábamos tener hartos hijos, pero por una u otra razón, como los estudios, el hecho que ambos trabajamos, la casa propia, la inestabilidad económica, etc., la venida de este primer hijo se retrasó bastante. Por ello, cuando decidimos que ya era hora, nos ilusionamos mucho con este hijo que venía a darle un nuevo sentido a nuestras vidas. Nació Paulo y, al mirarlo por primera vez, supimos que era la razón de nuestra existencia.

No obstante, algo nos preocupó desde sus primeros días de vida, y es que dormía muy poco, sólo unas 4 ó 5 horas en la noche, y lloraba mucho cuando estaba despierto. Desde esos días no sabemos lo que es dormir bien de noche. A su vez, después de cumplir un año, empezó a enfermarse con frecuencia: fiebres altas, secreción nasal constante, diarreas, otitis, etc. Casi al cumplir dos años, en su sala cuna nos advirtieron que algo andaba mal con Paulo. Nos indicaron que les preocupaba que no mostrara el más mínimo lenguaje, ni parecía entender cuando le hablaban, ni jugaba con sus compañeros, ni usaba los juguetes como correspondía.

Después de varios meses, exámenes y diversos especialistas, a los dos años y medio de edad, tuvimos un diagnóstico lapidario: espectro autista. Nuestro bello Principito, aquel que esperamos con ansias, nuestro primer hijo, era autista. Una condición irreversible, según los entendidos. El mundo se vino al suelo pues la desgracia nos golpeaba con fuerza. Pero, al cabo de unas semanas de duelo, decidimos levantarnos y darle pelea al autismo. No podía ser que nuestro Principito, con esos ojos tan bellos, significativos y profundos, estuviese perdido irremediablemente en las garras de una condición mental considerada incurable. Además, nuestra hermosa hija había nacido hacía unos cuantos meses, por lo que había mucho por qué seguir adelante. Este impulso por seguir avanzando se incrementó con el nacimiento de nuestro tercer hijo, que en este momento tiene un poco más de un año.

“Algún día, cuando yo deje de pedir milagros, estoy seguro que el milagro ocurrirá”… dice Jaime, un papá enamorado de su precioso hijo “diferente”.

Una familia diferente

Han pasado más de dos años desde el diagnóstico, y me recuerdo en ese aciago momento, llorando en privado cuando me convencí que Paulo cumplía con muchas de las características de un niño autista. ¿Qué sería de nosotros? ¿Quién lo cuidaría una vez que no estuviéramos? Antes de aceptar la dura realidad, quería creer que era regalón, que en cualquier momento hablaría, que sólo había que esperar. Una vez que asumimos la realidad que nuestro niño era diferente, pero no menos persona, nos dimos cuenta que nuestra familia también era diferente. Si mi hijo era un niño con necesidades especiales, yo era un padre con necesidades especiales y con mucho orgullo.

La medicina tradicional no nos dio esperanzas, sólo medicamentos para mantenerlo dormido y quieto, opción que nunca quisimos tomar, y numerosas terapias fonoaudiológicas y ocupacionales que no lograrían en ningún caso revertir la situación, sólo palearla dependiendo del grado de autismo que Paulo tuviese. No obstante, tomamos las terapias. Como padres buscamos más respuestas y encontramos que muchas familias en el mundo llevan el mismo calvario.

Se dice que hoy 1 niño de cada 150 en el mundo es diagnosticado dentro del espectro autista, cuando hace 30 ó 40 años era 1 niño de cada 10.000. ¿Qué generó ese explosivo aumento? Muchos padres y algunos profesionales de la salud dan las siguientes causas: el mercurio y/o los múltiples virus sólo atenuados o incluso vivos que llevan las vacunas; el tipo de alimentación moderna plagada de tóxicos; el consumo de leche de vaca, alimento altamente alérgico para el humano; los intestinos inflamados por la alergia, que no son capaces de absorber los nutrientes del alimento, entre otras. Otros más escépticos explican este aumento en que antes no se diagnosticaba el autismo como tal, sino que se adosaba a condiciones como deficiencia mental o esquizofrenia, quitándole toda culpa a las vacunas, a la forma de alimentarse o a la predisposición genética de algunos niños para producir alergias debido al mundo tóxico en el que vivimos actualmente.

Encontramos grupos nacionales e internacionales con interesantes propuestas para combatir el autismo, desde la óptica del mundo alérgico-tóxico-genética y, como familia, decidimos tomarlas en la medida de lo posible. Por ende, no más vacunas para Paulo, alimentación libre de caseína y gluten (leche, trigo y sus derivados), aplicación de suplementos vitamínicos y de otro tipo, y en un futuro cercano, examinar si su organismo tiene altas concentraciones de metales pesados para eliminarlos, entre otras acciones a nuestro alcance. Hay muchos ejemplos de padres espectaculares que rescataron de las garras del autismo a sus hijos utilizando este enfoque, incluso algunos de ellos los conocimos personalmente con mi esposa. También hemos mantenido las terapias fonoaudiológicas y ocupacionales, a lo que sumamos acupuntura, flores de Bach, bio-magnetismo y, por supuesto, Reiki.

“En este camino de ser un padre con necesidades especiales he sentido de todo, desde que la condición de Paulo era una terrible tragedia, lo peor que me pudo haber pasado, hasta que vino a cambiar mi vida para mejor y sentirlo como un regalo de luz que algún ser de energía superior me envió”.

Regalo de luz

Paulo asiste en las mañanas al jardín infantil, al cual ingresó antes que supiéramos su condición, institución que se ha adaptado para acogerlo, pues tanto las tías como sus pequeños compañeros se han comprometido increíblemente en el proceso de recuperación. En las tardes, Paulo asiste a una escuela especializada en espectro autista. Todo lo anterior ha permitido que mi hijo haya mostrado notorios avances en estos más de dos años de travesía, donde nos hemos encontrado con gente hermosa, tanto en el ámbito profesional como en el de la amistad.

En este camino de ser un padre con necesidades especiales he sentido de todo, desde que la condición de Paulo era una terrible tragedia, lo peor que me pudo haber pasado, hasta que vino a cambiar mi vida para mejor y sentirlo como un regalo de luz que algún ser de energía superior me envió. Así como uno decide ser feliz, también decide la interpretación que le da a los sucesos de la existencia humana. Y decidí ver en Paulo uno de los mayores tesoros confiados a mi cuidado, un diamante que vino a remecer mi existencia y la de quienes lo aman.

No tengo formación en el área de la salud, pero decidí transformarme en un activo componente en la recuperación de Paulo, más allá de llevarlo a terapias o darle sus suplementos, por lo que comencé a leer y asistir a diversos cursos y capacitaciones relacionadas con terapias complementarias. Mi maravillosa esposa y madre de mis hijos me ha acompañado incondicionalmente en todas estas búsquedas. Llegué a interesarme en el Reiki debido a que en un curso de desarrollo personal conocí a una maestra del sistema Usui de Sanación Natural, la que después comenzó a aplicar Reiki a mi hijo y más tarde se transformó en mi profesora del nivel 1 y luego del nivel 2. Esta maestra ya se ha convertido en una amiga y está muy pendiente de la evolución de Paulo.

El Reiki

Los principios del Reiki

  1. Sólo por hoy, daré gracias por mis innumerables bendiciones.
  2. Sólo por hoy, dejaré las preocupaciones.
  3. Sólo por hoy, me desharé del odio y del enfado.
  4. Sólo por hoy, haré mi trabajo honestamente.
  5. Sólo por hoy, mostraré respeto hacia todos y hacia todo.

El nivel 1 de Reiki es esencial para aquel que desea aprenderlo, pues se trabaja principalmente en el propio alumno, ya que para poder ser un puente entre la energía universal vital o energía Reiki y una persona que requiere sanación es necesario estar en equilibrio. Se enseña a conocer los propios centros energéticos del cuerpo o chakras, y a sanarlos si se encuentran en desequilibrio mediante la aplicación de auto-Reiki. Se hace un fuerte compromiso, que se renueva todos los días, capaz de cambiar por completo la existencia de quien lo asume. Este compromiso es seguir los principios del Reiki (ver recuadro).

En el nivel 2 de Reiki, se sigue profundizando en uno mismo y se asume un compromiso como terapeuta. Se entregan 3 símbolos de Usui Reiki, poderosas herramientas que ayudan a conectar y enfocar la aplicación de energía Reiki. Por otro lado, los niveles 3 y 4, que no he cursado, profundizan en la maestría de Reiki y habilitan para la enseñanza. Mi propósito para estudiarlo es mi hijo Paulo y mi entorno cercano, pero no descarto seguir cursando los siguientes niveles. Realmente es una disciplina apasionante, tanto para ayudarse a uno mismo como a los demás.

“Y al cambiar yo –dice Jaime-, cambió él, pues ahora lo miro con los ojos del corazón, que tienen un alcance mucho más amplio”.

El que tenía que cambiar era yo…

Si bien en poco tiempo Paulo ha experimentado cambios positivos al recibir Reiki, también yo he sido beneficiado por el poder sanador de la energía universal vital. Ello me ha permitido ver en mi hijo a un silencioso ser de luz que vino a cambiar viejos y anquilosados paradigmas anclados en mí, en mi familia y en aquellos que lo han conocido. Durante mucho tiempo intenté que mi hijo cambiara, que hablara, que jugara ajedrez o que pateara una pelota. Sin embargo, en esa férrea unión que produce traspasar a mi hijo la energía cósmica de sanación a través de mis manos, he llegado al convencimiento que aquel que tenía que cambiar no era él, sino yo.

Y al cambiar yo, cambió él, pues ahora lo miro con los ojos del corazón, que tienen un alcance mucho más amplio. Ahora no me detengo en lo que no hace, sino que agradezco por lo que hace, por su diferencia que lo hace único y especial. Y algún día, cuando yo deje de pedir milagros, cuando se hayan ido por completo los sentimientos de angustia, culpa, ansiedad o miedo por la condición de Paulo, y sean reemplazados por el más completo y puro amor y equilibrio espiritual, estoy seguro que el milagro ocurrirá. En ese momento, tendré la certeza de que el autista era yo y no mi amado hijo Paulo, mi verdadero maestro.

1 Comentario

  1. Un padre con necesidades especiales ….. Es admirable saber de estos padres que viven esa experiencia amando aun mas a sus hijos y dándonos una gran lección de amor y entrega …

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