SOMOS SOCIEDAD Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2012

¿Cómo es posible que la simple acción de presionar sobre el botón de “Me Gusta” en Facebook por parte de un ciudadano chileno provoque la entrega de ayuda humanitaria en Siria? Una breve mirada al activismo por Internet y sus formas de funcionamiento.

Por J. Cristóbal Juffe V.

"Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo" -- Eduardo Galeano

Los masivos movimientos sociales que hemos presenciado durante los últimos años, tanto a nivel nacional como internacional, son un claro síntoma de que estamos lejos de vivir en la sociedad que la mayoría de las personas deseamos, y si bien los motivos de fondo no han cambiado, podemos ver que las formas en que estos movimientos actúan se están transformando, que nuevas herramientas informáticas han sido apropiadas por gran parte de la población, y han dado pie a algo que pocos habían previsto: Las redes sociales a través de Internet han permitido una articulación social como nunca antes habíamos visto en el planeta, traspasando límites etarios, raciales, ideológicos y geográficos.

¿Soluciones?

El tema no es sencillo, ya que al igual que todos los avances históricos en medios de comunicación, la “capa” social de Internet también tiene sus pros y sus contras.

Recuerdo una viñeta, de humor bastante negro, que mostraba un dibujo de dos niños hambrientos africanos, donde uno le pregunta al otro “¿Qué estarán haciendo ahora en el primer mundo?”, a lo que el otro contesta “grupos de Facebook”.

Si realizo 30 o 40 clicks no es porque tenga una compulsión por presionar, sino porque existe una gran brecha entre el mundo en que vivo y el que deseo, y esa es la brecha que la mayoría de los movimientos sociales busca reducir.Y la referencia no es gratuita, porque una de las primeras cosas que me llamó la atención de esta red social era que existía la posibilidad de crear y unirse a grupos o causas con múltiples motivos humanitarios; sin embargo, la pregunta que inevitablemente surge frente a esta situación es: ¿Le sirve realmente de algo a niños hambrientos al otro lado del planeta que yo me una a un grupo llamado “terminemos con el hambre en África”?

Lamentable -o afortunadamente, no estoy seguro-, la respuesta no se puede resumir en un simple “sí o no”, porque está llena de matices.

Ciberactivismo

De las múltiples posibilidades que despierna el activismo por Internet, existe un punto que pareciera ser el más criticable, que se refiere a que muchas personas dejan de realizar acciones en el mundo real, para cambiarlas por un activismo “de salón”, donde con solo hacer “un par de clicks” durante el mes y firmar algunas peticiones, pueden sentir que ya han cumplido con su deber moral o su llamado a la consciencia.

Asimismo, el miedo se despierta al pensar en que las nuevas generaciones podrían acostumbrarse a una participación “protegida” detrás de una pantalla y mediada por redes sociales -que finalmente son controladas por grandes corporaciones-, de manera que cuando llegue una oportunidad (o una necesidad) de actuar en el mundo “real” no cuenten con las habilidades o experiencias necesarias para enfrentarse a estos problemas, hacer valer sus derechos y deseos.

Por suerte, la realidad ha demostrado que gran parte de estos temores son infundados, y no necesitaré argumentar demasiado para validar el punto: Todos hemos visto a las nuevas generaciones en nuestro país reclamando por sus derechos, llevando el activismo a niveles a los que los mayores no hubieran podido imaginar, ya que ni siquiera tienen la necesidad de agruparse detrás de una bandera política. Ya no requieren unirse a un conjunto mayor con el que estén de acuerdo en todo; simplemente se hace una unión funcional para luchar por derechos específicos.

Matar al intermediario

En este sentido, toda la historia política moderna de nuestro mundo “occidental” se basa principalmente en un funcionamiento partidista, donde requeríamos ponernos de acuerdo entre muchos para poder plantear una postura única en nuestro limitado sistema democrático.

Con el cambio en nuestras herramientas de comunicación y, por lo tanto, de nuestras posibilidades de organización, los partidos políticos comienzan a perder fuerza, justamente porque son solo intermediarios de la democracia frente a la imposibilidad histórica de una democracia directa: En la actualidad pareciera que ya no los necesitamos. No se requiere que estemos de acuerdo en todo para exigir cambios; las herramientas nos permiten ejercer una ciudadanía efectiva, dejando de lado a los intermediarios.

Al igual que ha pasado en la industria editorial, en la de la música y en muchas otras áreas, las herramientas de comunicación masivas y sociales nos permiten saltarnos a los intermediarios. Por ello vemos a las grandes empresas discográficas y editoriales aferrándose a un modelo antiguo para salvarse, pero están destinadas a la desaparición, y esta es la misma pelea que están cursando los partidos políticos clásicos.

Luces de un nuevo modelo: El caso de Avaaz

Cómo unirse a Avaaz 

Simplemente visita la página Web www.avaaz.org e inscríbete. Es gratis.

Recibirás correos con las campañas más importantes para firmar tu apoyo, pero también puedes realizar donaciones únicas o mensuales para apoyar dichas causas.

La tendencia natural es a creer que se necesita mantener a las “masas” organizadas por una cabeza o un líder, ya que existe el miedo básico de que las grandes multitudes solo generarán el caos. Sin embargo, las redes sociales han mostrado de forma práctica que es posible generar movimientos descentralizados y acéfalos con resultados espectaculares (ver artículo “El modelo Wikipedia: Masas que crean” Revista Somos Nº 002, Octubre 2010).

Un caso ejemplar en el área del ciberactivismo es el caso de la organización ciudadana descentralizada Avaaz, que se define a sí misma como “la comunidad global de movilización online que integra la acción política impulsada por la ciudadanía dentro de los procesos de toma de decisiones globales”.

El funcionamiento de esta comunidad es extremadamente sencillo y transparente; sin embargo, sus resultados han llegado mucho más allá de lo imaginable.

En el momento que escribo este artículo, Avaaz reúne a 13 millones y medio de personas de 192 países diferentes que desde el año 2007 han impulsado y llevado a cabo cientos de campañas con resultados positivos.

El listado de logros de esta comunidad es gigantesco, pero pongo algunos ejemplos relevantes de lo realizado durante el 2011:

  • Ruptura del bloqueo comunicacional en Siria: Capacitación y entrega de tecnología para enviar información e imágenes desde Siria al mundo, junto con el ingreso de ayuda humanitaria para las personas perseguidas por el régimen. A la vez, se ejerció una gran presión en otros países para que los gobiernos tomaran cartas sobre el asunto, lo que logró, por ejemplo, que la Unión Europea y la Liga Árabe impusieran sanciones al petróleo de Siria.

  • Cancelación de la construcción de una autopista por la Amazonía boliviana: Medio millón de personas marchando junto a los centenares de indígenas evitaron la construcción de una autopista que atravesara el corazón de la Amazonía. Junto con las marchas se ejerció presión política a través de los representantes del gobierno boliviano, lo que provocó que Evo Morales cediera, revocando los permisos del proyecto.

  • Prohibición de las bombas de racimo: Ya anteriormente la presión de Avaaz había logrado la prohibición mundial de estas armas, pero durante el año 2011 el gobierno de EE.UU había comenzado a presionar silenciosamente para que se aprobara de nuevo su uso. Sin embargo, la participación ciudadana surgió su efecto y la iniciativa norteamericana falló.

  • Cambio climático: Cuando grandes países en alianza con las petroleras comenzaron a ejercer sus influencias para eliminar el protocolo de Kioto, cerca de un millón de activistas de Avaaz se movilizaron y presionaron -incluso a través de publicidad en grandes medios- para salvar este protocolo, posibilitando que las negociaciones sobre el clima siguieran abiertas.

Estos son solo algunas de las cientos de campañas que han sido realizadas por Avaaz, que indudablemente marcan una nueva forma de activismo ciudadano.

Un “click” de apoyo a una iniciativa o movimiento puede parecer un acto insignificante, pero cuando las personas se reúnen y comienzan a ser millones, el asunto comienza a interesar a los políticos y/o a las corporaciones.

Niveles de participación

Cuando hablamos de ciberactivismo podemos diferenciar varios niveles de participación. En primer lugar tenemos el sencillo y básico “click” de apoyo a una iniciativa o movimiento. Esto puede parecer un acto insignificante, pero cuando las personas se reúnen y comienzan a ser millones, el asunto comienza a interesar a los políticos y/o a las corporaciones.

Después está la posibilidad de hacer aportes económicos, que aunque sean insignificantes en términos individuales (5 o 10 dólares), cuando se suman millones de ciudadanos estas cifras comienzan a ser importantes, y justamente es lo que ha financiado las campañas de Avaaz, que no solo se caracteriza por ejercer presión ciudadana, sino que también ha realizado gastos efectivos, como lobby pagado, compra de medicamentos y/o equipos tecnológicos para el desarrollo estratégico de algunas campañas. Como el funcionamiento de Avaaz es por completo transparente, se realizan sondeos para identificar las prioridades para los gastos, y los detalles contables se encuentran publicados en el sitio, donde cualquiera los puede revisar libremente.

Y por último, puedes pararte de la silla: Las organizaciones dan la posibilidad de integrarse en comunidades de acción, para realizar actividades concretas, como marchas, llamados telefónicos y envío de correos a líderes políticos o mediáticos, gestión y organización de los recursos de ayuda, difusión de las campañas en la red o en la vía pública.

Esto es lo que sorprende. Es que el activismo por Internet no solo se basa en hacer un click y compartir tus deseos, sino que en la medida que comenzamos a conectarnos con otros que comparten nuestra visión de un mundo mejor, nos sentimos llamados a la acción, percibimos que no estamos solos en esta lucha, y así se comienza a obtener resultados que, a la vez, refuerzan nuestros valores y nos llaman a seguir en esto.

Peligros

Kony 2012 

A principios de marzo de este año comenzó a circular en la red un video llamado “Kony 2012”, donde una campaña viral busca un propósito humanitario: Detener a Joseph Kony, un hombre que ha reclutado a miles de niños y niñas para hacer un ejército sin sentido que busca difundir los “10 mandamientos de la Biblia” en África. Para formar este ejército ha raptado a más de 20.000 niños, asesinando a sus padres y utilizado a las niñas como esclavas sexuales.

Este video ha sido (hasta el momento de escribir la nota) el que ha tenido una más amplia difusión en Internet en menos tiempo (más de 100 millones de visualizaciones en seis días) y junto con contar la terrible historia de Kony, llama a la acción: Hay que hacer que todo el mundo ubique a Joseph Kony para que los líderes políticos, mediáticos y el planeta en general lo conozcan y se tomen acciones al respecto. Se puede “comprar” un kit de acción para que el día 20 de abril en la noche, en todo el mundo, se tapicen las calles con la cara de Kony, de manera que al amanecer del día 21 se hará la más grande campaña ciudadana jamás realizada.

Por suerte la campaña tiene un buen objetivo. Sin embargo, un video como este, tan bien realizado y con objetivos tan claros, nos demuestra el poder de las redes sociales, que como todo poder, puede ser usado en pro del bien común o para el beneficio de unos pocos.

Sería inocente de mi parte plantear este tema de una manera que sugiera que el ciberactivismo es la solución a todos los males de la humanidad, ya que existen peligros reales en el uso de estos medios.

En primer lugar, está el hecho de que todas estas redes sociales por Internet pertenecen a grandes compañías, que pueden acceder a y mediar la información que compartimos. Estos mismos datos que son usados para luchar contra grandes regímenes pueden ser usados para perseguir a los ciudadanos, facilitando la tarea de los perseguidores, que ya no necesitaran torturar a nadie para obtener información; solo requieren ingresar a una cuenta de Facebook para identificar a todos los participantes de un grupo o movimiento.

En segundo lugar, se encuentra el riesgo de la “liviandad” que tenemos la mayoría de las personas para presionar “me gusta” o “compartir” alguna campaña, ya que la gran parte de los usuarios comparte y apoya la información sin profundizar en el trasfondo de la situación. En el caso de Avaaz no hay problema, porque las campañas son decididas por los mismos usuarios; sin embargo, una buena campaña acompañada de video y difusión puede perfectamente manipular al público para que termine apoyando algo con lo que quizás ni siquiera esté de acuerdo (ver recuadro sobre Kony 2012)

Cambio de mentalidad

Una amiga me decía: “Pero, ¿cuántos “me gusta” pone una persona al día?”, refiriéndose a que el acto mismo puede ser algo liviano por su cantidad. Sin embargo, tenemos que cambiar nuestra mentalidad. En el mundo “real”, tenemos que seleccionar concienzudamente la forma en que gastamos nuestro tiempo, ya que es limitado. En cambio, en la red, la simple acción de presionar sobre el botón “me gusta” o firmar un petitorio es muy sencilla, pero no por ello carente de peso.

Si cada día le doy mi apoyo a 20 acciones diferentes, esto no significa que este apoyo sea menor a que si solo se lo diera a 10. Si realizo 30 o 40 acciones no es porque tenga una compulsión por presionar, sino porque existe una gran brecha entre el mundo en que vivo y aquel en que deseo vivir, y esa es la brecha que la mayoría de los movimientos sociales busca reducir.

Utilizando las propias palabras de Luis Morago, Director de Campañas de Avaaz, en una columna escrita por él en el periódico “El país” de España: “No sabemos lo que nos va a deparar el futuro. Pero lo importante es no caer en el fatalismo que nos lleva a creer que el mundo no puede cambiar y que no hay nada que podamos hacer al respecto. No debemos pensar que el activismo por Internet será esa varita mágica que necesitamos para construir un mundo mejor y más justo, pero empieza a demostrarnos que, junto a las incertidumbres y retos por las que navegaremos durante los próximos años, también existe un enorme universo de posibilidades. ¡Aprovechémoslas!”

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