SOMOS PROPUESTAS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2012

Para sacarle brillo a los años dorados

La población mundial envejece, y para convertir esta situación en un hecho positivo hay que aprender a ser adulto mayor. ¿Cómo? El doctor Fernando Lolas nos señala el camino.

Por Ximena González Bosque

Muchos de los mayores de 60 años no saben por qué se llama “años dorados” a esta última etapa de sus vidas, en la que – si bien es cierto, hay experiencia y sabiduría acumuladas -se pierden capacidades físicas y aptitudes cognitivas, lo que está lejos de ser una etapa brillante. Como si esto fuera poco, las sociedades, en distintos grados, no están preparadas para acoger en forma adecuada al creciente porcentaje de adultos mayores en relación al volumen total de la población mundial. ¿Cómo afrontar este complejo panorama?

La respuesta básica reside en cada uno de nosotros. Así como en nuestros hogares se nos prepara para que aprendamos a caminar, a hablar, a controlar las funciones básicas del organismo; así como hay una etapa formativa en los colegios para integrarnos gradualmente como seres plenos a la sociedad en que vivimos; así también debemos prepararnos para ser adultos mayores.

Gerogogía

El doctor Fernando Lolas, director del Centro Interdisciplinario de Bioética de la Universidad de Chile, enseña a los adultos a enfrentar el mundo de la tercera edad. El ha bautizado como “gerogogía” la preparación de las personas para que aprendan a envejecer, a conocer sus limitaciones y cómo enfrentarlas; a tomar conciencia de que la responsabilidad de cuidarse es de ellos mismos; que con la asistencia oportuna de los especialistas adecuados pueden tener una mejor calidad de vida en lo físico y emocional. Y este aprendizaje empieza ahora.

La población mundial de personas mayores de 65 años está aumentando a un ritmo sin precedentes. Hoy son 506 millones, pero para 2040 serán mil 300 millones, según estudios demográficos de instituciones internacionales.Con los años sobrevienen enfermedades que se convierten en crónicas –la diabetes o la hipertensión, por ejemplo -pero que son consecuencia de una alimentación inadecuada o malos hábitos practicados desde la juventud.

Situaciones propias del adulto mayor -la jubilación, la pérdida de familiares y amigos que terminan su ciclo de vida, algunas discapacidades físicas que aparecen o se acentúan -requieren del apoyo profesional que contenga los cambios emocionales que sobrevienen.

En Chile, desde hace unos años existe el Servicio Nacional del Adulto Mayor, institución encargada de fomentar el envejecimiento activo y el desarrollo de servicios sociales para las personas mayores, cualquiera sea su condición, fortaleciendo su participación y valoración en la sociedad, promoviendo su autocuidado y autonomía, y favoreciendo el reconocimiento y ejercicio de sus derechos, por medio de la coordinación intersectorial, el diseño, implementación y evaluación de políticas, planes y programas.

Así mismo, las universidades han implementado cursos de diversas materias especialmente diseñados para el aprendizaje de adultos mayores, y casi todas las Municipalidades lideran la organización de clubes que agrupan a este sector poblacional y donde se realizan actividades que fomenta la asociatividad y promueven la solidaridad, la capacitación física y la recreación, con el objetivo de mantener a las personas de la tercera edad activas, integradas, interesadas en la vida.

Doctor Fernando Lolas, director del Centro Interdisciplinario de Bioética de la Universidad de Chile, creador del término “gerogogía” para denominar el aprender a envejecer.
Doctor Fernando Lolas, director del Centro Interdisciplinario de Bioética de la Universidad de Chile, creador del término “gerogogía” para denominar el aprender a envejecer.

Como contraparte de esta repuesta social positiva para acoger a los adultos mayores, persiste la incapacidad de nuestra estructura económica para facilitar condiciones de vida dignas a quienes abandonan el sector activo y, sobre todo, prevalece la actitud social de excluir a los más viejos del mundo del trabajo, de las actividades sociales e, incluso, del entorno familiar, en donde se les tiene casi como una molestia. No se sopesa a nivel de colectivo social la urgencia que el país tiene de hacer proyecciones en su estructura económica para equilibrar las fuerzas de trabajo activas con las necesidades de un sector pasivo.

Reflexión histórica

Apasionado por el tema y ante la urgencia de que las sociedades se preparen para un cambio que impone la naturaleza misma, un cambio que se está produciendo y que obedece al progreso de la ciencia, que permite controlar la natalidad y alargar las expectativas de vida, el Dr. Fernando Lolas entregó su reflexión, que implica una mirada histórica al tema de la vejez:El Centro Interdisciplinario de Estudios en Bioética de la Universidad de Chile, dirigido por el doctor Fernando Lolas, creó el Programa de Estudios Gerontológicos, que hoy está adscrito al Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la misma universidad.

“Pocas son las obras literarias o técnicas en Occidente que celebren la vejez, como estadio vital, o el envejecimiento, como proceso biográfico. La mayoría describe los achaques y limitaciones de la edad, la dependencia, la pérdida de capacidades y poder. Es, en todo, un venir a menos.

Hay que hacer notar que la mayoría de los escritos sobre la vejez provienen de personas jóvenes o en la edad media de la vida. La imagen que transmiten es todo menos estimulante para lo que entran en la senescencia. Cuando se interroga a los ancianos y a las ancianas, sin embargo, no todos sienten que sea una edad nefasta.

Entre los escritores clásicos, quien mejor describió y alabó la vejez fue Marco Tulio Cicerón. El tribuno, filósofo y escritor, que siempre hizo mala elección del bando político al cual seguir, presenta su escrito “De Senectute” como un elogio de la vejez. En esta obra, Catón el Viejo, personaje histórico transformado en leyenda y modelo, presenta a los jóvenes su idea de una vejez digna y feliz.

Dice, por ejemplo, que la buena vejez es el resultado y el fruto de una vida buena. Que ha de aprenderse a cultivar el espíritu y la amistad, grandes consuelos de los años solitarios. Agrega que la Naturaleza es sabia, pues aunque nos quita placeres, también nos quita el deseo de tener placeres. Recomienda el trabajo del campo, las compañías agradables y la vida pacífica.

Baltasar Gracián, aquel agudo jesuita del siglo XVII español, una de las glorias literarias de España, cuando habla de la vejez en su obra “El Criticón” anota que es época “de honores o de horrores”. Andrenio y Critilo, cuando llegan al reino de Vejezía, como allí se indica, tienen esta bifurcación ante sí. Por un lado, los honores bien ganados o merecidos. Por otro, los horrores de las pérdidas de poder, prestigio y dinero.


En “Diario de la guerra del cerdo”, Adolfo Bioy Casares describe una ciudad en la que se intenta eliminar a los viejos. El inconsciente colectivo que habla por su pluma no es muy diferente del consciente de abandono que las sociedades modernas manifiestan.

La vejez como destino y plenitud parece estar ausente de los textos científicos. Comprueban reiteradamente que decaen las fuerzas, se debilita la memoria, se aumenta la vulnerabilidad. Sin embargo, cuando se examinan los rendimientos a lo largo del ciclo vital de una misma persona o grupo, las aparentes pérdidas son menores que las que aparecen al comparar grupos de personas jóvenes con viejas.

Ante estas realidades, construidas en el imaginario social, es esencial que -siguiendo la huella de los clásicos- las personas aprendan a envejecer. Es un trabajo al que podemos llamar “gerogogía”, para establecer una relación complementaria con la pedagogía, la enseñanza de los niños y jóvenes.

La gerogogía incluye informaciones, conocimientos y actitudes. Con esfuerzo se logra superar la idea de un “venir a menos” que todos temen, al punto de convertir en tabú el tema de envejecer.”

1 Comentario

  1. Soy una persona de 60 años que “debió ” acogerse a jubilación y por más que busco no veo ofertas decentes en las que ocupar mis capacidades que tengo instaladas. Nadie piensa en eso, un adulto de 60 años tiene un potencial que debiera ser aprovechado por el estado porque en esa persona hay una fuerte inversión de años, falta intteligencia…

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