ELIGIENDO EL AMOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Agosto de 2011

 

De crisis y estrés
En estos tiempos, la palabra “crisis” es aplicada a todo. Nos sugestionamos y somos afectados cada día por lo que sucede a nuestro alrededor. Entramos en crisis de pánico, sentimos la tensión en el cuerpo, en nuestro pecho, en nuestras relaciones: miedo a perder nuestra seguridad. Tal vez estamos tomando medicamentos para alivianar lo que sucede o tenemos alguna adicción. Muchas veces, lo que vivimos se magnifica, pues nos obsesionamos percibiendo lo peor, y esto nos anula la flexibilidad que necesitamos para cambiar.

Isha

Maestra espiritual y embajadora de paz,
autora de ¿Por qué caminar si puedes volar? y Vivir para volar

www.isha.com

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Cada uno de nosotros proyecta, en su entorno, todo lo que siente adentro. A menudo, los conflictos que tenemos en casa tienen este disparador, al igual que el estrés ocasionado por el estudio o el trabajo. Por esta razón, la solución de nuestro estrés no va a depender de que las cosas cambien afuera, de que las crisis se solucionen, pues nunca lo harán: cuando una crisis pasa, otra aparece. De modo que la solución tiene que venir desde adentro.

De acuerdo a nuestro temperamento o a nuestra posición dentro de la empresa, podría ser que diéramos rienda suelta a alguna expresión: una explosión de rabia, una discusión, un grito, un golpe en la mesa, o tal vez simplemente lo reprimamos, intentando no llevar los problemas personales al trabajo. Ninguna de las dos actitudes es la solución óptima. La carga emocional que no expresamos se acumula en nuestro sistema nervioso, el cuerpo la siente, y esto suele desembocar en enfermedades. Y si volcamos nuestro estrés en los otros, no contribuimos con el funcionamiento laboral. ¿Qué haremos entonces con esa carga emocional?

En el trabajo, hay acciones que puedes tomar que son más constructivas que el simplemente quedarte pasivo fingiendo que todo está bien. El enojo y la tristeza tienen formas muy específicas de descargarse. El enojo se descarga gritando o golpeando, y la tristeza, llorando. Mas, vas a hacerlo en forma inocua, sin perjudicar a nadie. Yo te preguntaría, ¿sentiste rabia? Pues, entonces, ve al baño, enrolla una toalla, mueve la intensidad de un grito de rabieta allí. ¿Te sientes frustrado, con ganas de llorar? ¡No te tragues las lágrimas, déjalas fluir ya! Que se limpie, y así no se transformará en resentimiento guardado en tu pecho, y tu corazón será libre de sentir de nuevo, en cada momento.

También hay otras acciones que te pueden ayudar a descargar esa energía de frustración: en cuanto puedas, si lo sucedido te agobia, ve a caminar rápido o da una vuelta a la manzana corriendo, o por los pasillos, o baja o sube las escaleras en lugar de quedarte pasivo sentado o parado frente el ascensor. Si quieres fumar o comer algo, espera y pregúntate: ¿qué siento? y conéctate. Y si luego fumas o comes, que no sea un acto para evadir lo que sientes, sino tu elección en ese momento.

La carga emocional que no expresamos se acumula en nuestro sistema nervioso, el cuerpo la siente, y esto suele desembocar en enfermedades.Si lo que nos tensiona viene de los sentimientos que tenemos con algunos miembros de nuestra familia, tenemos que acercarnos a ellos en lugar de alejarnos, y hablar nuestra verdad. Acercarnos al otro y soltar el pasado. Expresarle lo que la situación nos hizo sentir, mover la carga que eso nos genera, y luego soltarla.

Por temor a herir a alguien, muchas veces creemos que no debemos expresar lo que sentimos: “¡Hola! ¿Cómo estás…?” (Por dentro pensamos: “Lo odio…, lo odio…, pero es mi hermano”.) La mamá y el papá me están mirando, así que sonrío y le pregunto… “¿Estás bien? ¡Qué bueno…!” (Y siento… grrrrrrrrrrrrrr).

El ser agradable, el ser amable sin sentirlo, no es real; es falso, es frágil, y no hay conexión. ¿Por qué? Porque viene de la cabeza, es solo intelectual, desconectado, el corazón no está presente sintiendo, y el otro se da cuenta. Por dentro está esa ira, y la conexión es superficial. Pero si lo expresaras y soltaras la carga… ¿qué sucedería? Te reunirías con el amor. Porque el amor estuvo siempre allí.

Realmente es imposible odiar a nadie. ¡Si soltaras la carga amarías a todos! Tal vez esa persona no sería tu mejor amigo, no irían juntos de fiesta, pero no tendrías ni carga ni resentimiento con ella. Porque donde sea que veas eso externamente, en realidad es una parte tuya que no estás amando. Cuando logras ver tus juicios, aquellos que son grandes, intensos, en un momento los encontrarás dentro de ti, y te vas a sorprender: “¡Ah! ¡Eso que juzgaba tanto era yo!” Y sí, siempre has sido tú, eso que veías afuera como malo, como inadecuado, siempre has sido tú.

Esto es muy importante, pues lo que hacemos generalmente es ignorar toda emoción, y fingimos que todo está bien. Así, todo va suave y nos sentimos cerca de los otros o nos comportamos como creemos que tendríamos que ser, pero por debajo está todo ese resentimiento o toda esa ira, muy a menudo con los que están más cerca de nosotros. Hay que expresarse con claridad y ser real, pues si no, uno comienza a odiarse a uno mismo. Y de inmediato pensamos: “¡Ah! ¡Tengo miedo, voy a herir a alguien!” Pero mira, ya estás lastimando a alguien, te estás lastimando a ti mismo.

La verdad vuela más alto, y causa unidad, siempre. La protección aumenta el miedo y nos separa.

De modo que sigue vaciando, expresando la carga de esos juicios, y anda soltándolos hasta que todo el resentimiento se haya ido y lo único que quede sea la unidad. De esta forma comienzas a sanar tu vida en todos los ámbitos. Al verte libre de miedos, de juicios y resentimientos, la relación con tu familia y con tu entorno laboral comienza a cambiar.

Cada situación será para estar más presente en tu vida, para poder ser, en el momento, todo lo que puedes ser, cambiando y creciendo: un ser humano en permanente evolución.

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