HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2011

 

La empatía ausente
Desde Junio 2011 tenemos en Chile un espectáculo que da para mucha reflexión. Más allá del ejemplo particular –políticos y movimientos sociales-, se puede hacer un paralelo con otros países, a la relación entre grupos y también entre personas. Imagine por un momento que usted fue criado en una familia que tuvo dos hijos, usted y su hermano(a). Imagine que a su hermano lo trataron como príncipe: lo enviaron a un estupendo colegio, le daban regalos, los mejores juguetes, lo llevaban al cine, lo paseaban… y usted fue a una escuela donde tuvo una educación mediocre y compañeros violentos, lo presionaban continuamente a hacer sus tareas, le encargaban labores domésticas y no tuvo ninguna de las regalías de que disfrutó su hermano. Cuando estaban todos juntos en la mesa familiar, cualquier cosa que usted dijera era ignorada y descalificada, mientras las opiniones de su hermano producían sonrisas, cercanía y apoyo.

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

Ejemplo que parece poco probable, pero no dudo que se da en algunas familias. ¿Cómo cree que se habría sentido y se sentiría usted actualmente? No es necesario ser genio para imaginarlo. Hagamos un pequeño paralelo.

Esto es algo que todos admiten: la distribución de la riqueza en Chile es una vergüenza nacional. Lo que sí es sorprendente, sin embargo, es que todo el mundo parece esperar que los menos favorecidos se queden de brazos cruzados esperando que las cosas cambien…, trabajando, sin “alterar el orden”, escuchando una promesa tras otra, manteniendo inalterable una situación que ya por décadas no les ha permitido cambiar las cosas.

La violencia no surge de la nada. No es que haya personas “violentas” y otras no, “porque sí”. La violencia surge primordialmente desde la frustración. Haga la prueba de amarrar o limitar los movimientos a un niño pequeño: va a ver que se pone violento. Lo mismo se hace para convertir a un cachorro de perro en un animal violento: se le tiene amarrado todo el día. La imposibilidad de moverse libremente genera frustración, al igual que muchas otras formas de insatisfacción de necesidades.

Entonces, muchas miradas miopes atribuyen la delincuencia y la violencia a un tipo especial de persona, al “lumpen violento”. No es que me guste ese tipo de actos, pero los entiendo desde esa perspectiva; y claro, por supuesto que hay que controlar los actos violentos –en la delincuencia, en los estadios, en las manifestaciones- pero paralelamente habría que tomar otras medidas, ¿no le parece? Medidas que apunten a mejorar la situación de esas personas con frustración acumulada por toda su vida –económicas, de vivienda, educacionales, de alimentación y, más que nada, consideración seria de su situación-.

Como todos parecen entender, al menos en sus discursos, la ciudadanía se ha “empoderado”… es cierto, pero eso implica que hay que ESCUCHARLA y responder a sus demandas de fondo.Ya es hora que desde todos los sectores se admita que el modelo económico que tenemos en Chile genera, mantiene y ahonda diferencias económico-sociales. Obviamente, quienes han sido favorecidos por él querrán mantenerlo, pero si tienen algo de inteligencia se darán cuenta de que están sentados sobre una bomba de tiempo. La situación no da para más, y ya hemos visto que es una situación planetaria, no sólo de Chile: España, Finlandia, Grecia, los países árabes…

En la Escuela de Psicología me familiaricé con un autor realmente extraordinario, quien tuvo influencia no sólo en la psicología, sino en una variedad de otros ámbitos: Carl Rogers. Entre sus muchos aportes, Rogers destacó la importancia de la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar de otro, viendo las cosas “como si” uno fuese ese otro. Una cualidad tremendamente importante en la psicoterapia… pero no sólo allí. Rogers y otros que le siguieron concluyeron que la capacidad de ser empático con otros se halla presente en las personas más sanas, y totalmente ausente en psicópatas y personas emocionalmente inmaduras.

¿Qué concluye usted si examina a los políticos actuales en relación a esta capacidad? ¿Logran empatizar unos con otros o se echan la culpa mutuamente de todos los males del país? Y –más importante-,¿percibe usted en ellos algún asomo de auténtica empatía con la situación de los más necesitados? O –dicho sea de paso- ¿respecto a las víctimas de la dictadura, por las reacciones que se ha visto a la serie de TVN “Los Archivos del Cardenal”? La gran oportunidad que tuvo el gobierno de Piñera fue –porque al parecer ya la desperdició, manteniendo inalterable el curso de su gobierno- captar y satisfacer las necesidades que los sucesivos cuatro gobiernos de la Concertación no vieron, quizás engolosinados con los beneficios que ellos mismos recibieron de la economía imperante.

No sé si él se dio cuenta de esto –creo que no- pero Piñera fue elegido, más que por sus méritos propios o los del sector que representa, por el hastío de la gente con sucesivos gobiernos que no supieron interpretarlos. Este hastío se arrastra hace mucho, no es que haya surgido “contra” Piñera. Un verdadero estadista habría entendido esto. Por su parte, Bachelet es presentada por sus partidarios como una “mami” empática y compadecida de las necesidades de los más pobres. Enternecedor. Pero dígame usted, ¿se “mojó el trasero” lanzando con audacia iniciativas tendientes a lograr cambios de fondo en el sistema? ¿Reaccionó como era debido a la “revolución de los pingüinos”, por ejemplo? Su tono maternal fue calificado por Tomás Mosciatti, de CNN Chile y radio Bío Bío, como “falso y peligroso”.

Como todos parecen entender, al menos en sus discursos, la ciudadanía se ha “empoderado”… es cierto, pero eso implica que hay que ESCUCHARLA y responder a sus demandas de fondo. Y no intentar aprovecharse –como un patético ex Ministro de Hacienda- del río revuelto…

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