SOMOS MEDIOAMBIENTE Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2011

Rosa Pertierra: Cosechar energía del sol

La sustentabilidad comienza por el propio cuerpo, y por lo tanto, debe practicarse en nuestra vida diaria. Es el planteamiento de Rosa, quien dejó un trabajo que la consumía para dedicarse a cosechar energía del sol y enseñar a otras personas a hacerlo. En esta entrevista nos cuenta cómo se decidió a dar ese paso y qué ha aprendido en el camino.

Por J. Cristóbal Juffe V.

En el comedor de la casa de Rosa Pertierra en Chillán -diseñada y construida por ella misma- me recibe una bella flor de maravilla. Sobre la mesa hay leves rastros de polen, el cual, me entero, fue dejado ahí a propósito para demostrar que no es una flor de mentira, ya que su hijo me dice: “A mi mamá no le gustan las flores de plástico”.

Y esa búsqueda de autenticidad es la que se ve plasmada en el recorrido de Rosa: ingeniera agrónoma con un doctorado en fisiología de post cosecha cursado en la universidad de Bonn en Alemania, mientras trabajaba como docente en la Universidad de Concepción, decide dejar todo lo conocido para emprender su propia empresa:

- ¿Cómo fue que dejaste tu trabajo en la universidad?

– Después de 5 años, me di cuenta de que yo producía billetes, pero mis investigaciones no daban ningún resultado, se quedaban en un cajón o se publicaban en una revista, no llegaban a los agricultores. Ningún agricultor -por lo menos hortícola- lee una revista de ciencia para saber lo que tiene que hacer en el campo y mejorar su producción; no va por ahí la cosa.

La universidad tenía una estación experimental bastante grande, pero todo el manejo era tradicional: se quemaban los rastrojos -¡un desastre!-, se aplicaban pesticidas muy asiduamente, no había ninguna consciencia ecológica. Yo trataba de introducir estos temas, pero no eran bien recibidos por los colegas.

Era mucho esfuerzo invertido en algo que no daba fruto concreto ni positivo. Además, estaba dejando de lado mi vida personal y me había alejado de los estudiantes. Todo eso se fue juntando y me empezó a hacer ruido. Yo ya tenía una consciencia bien desarrollada respecto al tema orgánico y de protección al ambiente.

- ¿Cómo tomaste la decisión?

– Teniendo claro que tenía que irme, me dije: “No puedo esperar que se abra una puerta para cerrar esta otra; si lo hiciera, puedo quedarme aquí eternamente”. Salté a la piscina vacía. Y fue duro: dos años cesante, teniendo claro que no iba a aceptar un trabajo que no estuviera en la línea sustentable, y eso dificultaba aún más el panorama.

Después me di cuenta que mentalmente estaba todo el rato en la escasez, esperando que alguien viniera a darme una respuesta, o que me llamaran y me ofrecieran algo. Llegó un momento en que dije: “¡No!, ¿qué es lo que quiero? Yo sé que soy capaz, tengo todas las habilidades y las herramientas, tengo que confiar”. Y ahí pedí; en ese momento hice por primera vez un acto de petición al universo. Pasaron dos días y me ofrecieron un trabajo por horas, y dos semanas después que ese trabajo terminó, sonó el teléfono con otra oferta. Con esa experiencia, de ahí en adelante, ¡me lancé a pedir…!

Reverdeciendo sitios eriazos a través de cursos móviles: Taller de huerta orgánica con pobladores en una comuna de Santiago.

Todos cultivamos…

- ¿Cómo surgió la idea de cosechar energía?

– Después de ese año, me di cuenta que no necesitaba que nadie me contratara. Entonces creé Ecoprisma, una empresa hidropónica primero. Ahí estuve casi un año y cuando comprobé que no era rentable, cerré el giro. Cuando busqué esa alternativa, me acoté a lo agrícola; cuando quebré, di otro paso y me pregunté: “¿Por qué me limito a lo agrícola?, ¿qué es lo que realmente quiero desarrollar?”, e inmediatamente surgió la palabra energía.

Siempre soñé con hacer algo con la energía, pero me puse el techo yo misma. Ahí me di la libertad. ¡Me costó, eso sí! Fui derivando al tema de la cosecha de la energía, y ése es ahora mi concepto: cosecho energía. Y cada semana que pasa me doy cuenta que ese concepto es inmenso: todos cosechamos energía, todos somos agricultores, todos cultivamos y, por lo tanto, todos cosechamos.

- ¿Y cómo se concretó esto en una empresa?

Empecé nuevamente Ecoprisma. Me asocié con dos personas; partimos teniendo claro que lo mío era enseñar y quería seguir en eso, pero no en lo formal, ya no quería volver a la universidad, no quería el powerpoint… Así que nos dedicamos a enseñar al aire libre, bajo un árbol, con rotafolios a la antigua y con la gente cosechando energía, o sea, sol y viento.

Como conozco el sistema oficial, en que todo es a largo plazo, donde hay que estar meses o años estudiando, la idea era revertir todo eso, decirle a alguien: “Usted, dueña de casa, no necesita saber nada, solo tener las ganas de aprender a hacer su lámpara led o su colector en un día”. Pero la gente decía: “No, yo no tengo conocimientos previos…” ¡No necesita nada!, venga con un bloc, un lápiz y nada más. Y así, todos salieron con sus cosas hechas.

La idea era que la gente abandonara el miedo de “yo no sé”, “yo no puedo”, las mismas limitaciones que yo había tenido antes. Entonces, si yo, profesional universitaria, me pongo un techo, cómo no voy a entender que una dueña de casa, que a lo mejor tiene cuarto básico, se ponga un techo… Lo primero que le explicamos a la gente es eso: no necesita tener miedo, esto lo puede aplicar de inmediato y multiplicarlo. Mucha gente que hizo el taller con nosotros ahora enseña. La idea es que se vaya difundiendo y multiplicando, para que la gente acceda a la tecnología a los más bajos precios. Que todos cosechen energía.

“Nos dedicamos a enseñar al aire libre, bajo un árbol, con rotafolios a la antigua y con la gente cosechando energía, o sea, sol y viento”.- ¿De dónde surge el nombre Ecoprisma?

– Aunque un poco manoseado, “eco” es por lo ecológico, y “prisma” porque el que algo sea o no sustentable depende del prisma con que uno mire. Alguien me puede criticar –como pasa con la hidroponía, que no es orgánica y usa insumos químicos-, pero si una persona vive en un edificio y muere por tener sus hortalizas, no le puedo negar la posibilidad de conectarse con las plantas por no tener un terreno. Para mi es válido cualquier elemento que sirva para conectarse con la naturaleza, con la Madre Tierra, con los animales, con la energía.

Me llama la atención que la gente lucha. Antes, yo también tenía el concepto de que la vida es dura y que hay que luchar. Eliminé ese concepto, porque la vida es simple, lo que pasa es que uno se la hace complicada. Si alguien dice: “Es que yo vivo en un departamento”, o “mi patio está tapado con cemento”, “Bueno -le digo-, entonces, haga una pared verde comestible, un techo verde”. Ya no hay excusas para no tener plantas en el patio. Y ahí vienen los fundamentalistas: “No, entonces eso sería hidropónico”. ¡No importa!, si la persona se conecta tanto y se enamora de esto, existe la posibilidad que venda esa casa y se vaya a vivir a otro lado donde tenga un patio. No frenar el impulso, porque si no, nos quedamos en “no tengo terreno”, “no tengo tierra” y no avanzamos.

Autosustento alimentario: mediagua con pared verde comestible; experimentando con sistemas comerciales y de autoconstrucción. Al extremo izquierdo, sistema de la empresa Verde 360º, disponible en Chile desde el 2010.

Transformar en verde

- Y en términos prácticos, ¿qué temas aborda Ecoprisma?

– Actualmente tenemos dos divisiones, la tecnológica y la agrícola. En la primera, tenemos eficiencia y ahorro energético, partiendo por los led, el uso de dispositivos de ahorro de agua y todo lo que es solar -fotovoltaico, eólico y térmico (ver recuadro)-, y en lo que es agrícola, todo lo que es agricultura orgánica y huerta urbana.

Tipos de energía solar 

Existen diferentes formas de extraer energía solar para nuestro uso doméstico:

- Fotovoltaica: Transformando la luz solar en energía eléctrica, la que puede ser utilizada en la iluminación del hogar y en los electrodomésticos. Lo más común son los paneles fotovoltaicos.

- Térmica: utiliza directamente el calor del sol para calentar agua o aire para sistemas de calefacción doméstica, ya sea para el ambiente o para el agua de uso en el hogar (ducha, lavamanos, etc.).

- Eólica: Si bien no es directamente solar, el viento es generado por el aire calentado por el sol. La tecnología eólica se puede usar para generar electricidad o aprovechando el movimiento generado en el molino por el viento.

- ¿Puedes contarnos tu experiencia con las huertas urbanas, especialmente en el ámbito comunitario, con la idea de ganar espacio verde en las ciudades grises?

– La idea es colonizar y transformar en verde todo lo que se pueda; luego en comestible, porque necesitamos comer. Cuando la situación se ponga difícil, mis 20 m2 en el patio van a valer oro.

Por ejemplo, en la Villa Portales estamos colonizando sitios eriazos. Se generó un comité ecológico que trabaja activamente, se reparten las tareas y ellos son los beneficiarios de la cosecha. ¡Imagínate, nunca habían hecho una huerta! Partimos el año pasado y quedaron tan entusiasmados con la idea que ahora ya tienen proyecciones de varios sitios; la idea es tener su propia tienda orgánica y procesar su propia basura orgánica en contenedores especiales. Entre ellos, hay quienes viven en departamentos sin patio; entonces, aprovechan toda su energía y su deseo de hacerlo en estos lugares. Y hay otros que tienen patio, pero también trabajan comunitariamente en este sistema.

- ¿Y cuáles son los beneficios, además del alimento, que los participantes han obtenido de este proceso?

– Al final del taller, le consulté a cada uno qué habían logrado, tanto a nivel personal como de grupo, y coincidían en que las barreras habían disminuido, había más integración, más admiración por el vecino, que a lo mejor en otro momento sentía distante, pero al ver el compromiso de esa persona y lo que es capaz de hacer con la tierra, se van valorando las diferencias.

Además, habían logrado conectarse con cosas que habían olvidado hace mucho tiempo. Les había generado una enorme alegría el ver cómo brotaban las plantas, cómo germinaban. Yo les mostraba las semillas, partes de la planta, la floración; eso los había vuelto a la niñez. Mucha gente se emocionó con eso, y bueno, yo también, porque los testimonios eran muy profundos.

A nivel personal lo que más se repetía era alegría interna y paz, porque también les voy entregando sutilmente herramientas más allá de lo técnico, para irse conectando con la tierra y con las plantas. En los talleres hacemos conexión con la Madre Tierra, purificación. Y una siesta guiada, porque la sustentabilidad empieza por el cuerpo, y si voy a comer y me voy a poner a escuchar una cosa tecnológica y a soldar, lo más probable es que a la media hora me esté quedando dormida, entonces tengo que darle al cuerpo su tiempo de reposo y por eso hacemos una siesta guiada que dura quince minutos.

Conexión profunda

- ¿Cómo es hoy tu relación con la tierra, las plantas y la energía?

– Estoy recién empezando… Cuando trabajaba oficialmente con las plantas, no tenía ninguna conexión con ellas; eran un medio, un objeto. Recién el año pasado logré conectarme profundamente. Cuando me preguntan qué hago y cómo pago las cuentas, digo: “Trabajo para la Madre Tierra, ¡y ella me retornará lo que tenga que retornar…!” En todo mi accionar soy una herramienta del plan divino, que es vida.

Para vivir de la tierra

Con la tecnología del biocultivo intensivo, que aprovecha al máximo cada metro de tierra, se requieren 10 m2 de huerta para cultivar todas las hortalizas necesarias para alimentar a una persona por un año.

Asimismo, se requieren 500 m2 de huerta de biocultivo intensivo para generar todo el alimento vegetal (incluidos los cereales para la elaboración de masas como el pan) suficiente para nutrir a una persona adulta.

Las plantas me ayudan a entrar de lleno en el camino espiritual, entendiéndolo como crearme a mí misma como una con el Todo. A través de la capacitación, especialmente de la creación de huertas orgánicas, el cultivo o la contemplación, llego a una comprensión más profunda de la vida, de los seres vivientes y sintientes y de las interrelaciones entre todos nosotros. Una vez que te has enraizado en la tierra, la vida cambia. Para mí apareció la confianza, la conexión con los ancestros –la tribu- y el saborear extensos periodos de tranquilidad, una impagable sensación, largamente añorada.

Así, mientras escucho hablar a Rosa, no puedo dejar de pensar en la relación que existe entre lo que ella describe y lo que enseña en sus talleres, donde los distintos elementos (tierra, microorganismos, luz, agua, nutrientes) se juntan y se entregan para sacar adelante una planta. Una unión que no es para siempre, pero que dura justo lo necesario para obtener… una cosecha de energía.

Contacto:

ECOPRISMA, www.ecoprisma.cl

Area comercial: ventas@ecoprisma.cl

Area capacitación (cursos moviles en todo Chile): contacto@ecoprisma.cl (Cel: 78913425)

 

 

 

 

 

 

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