HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Junio de 2012

 

Lecciones del 2011, año de los indignados

 

El espectáculo que tenemos este 2012 en los diferentes establecimientos educacionales –colegios y universidades- es un alto nivel de inquietud ante la posibilidad de que las tomas y marchas del 2011 se repitan. Varios colegios –sobre todo en Providencia, donde el alcalde perteneció a la Dina- han intentado expulsar a los alumnos más revoltosos, con escaso éxito ante los tribunales. Las Universidades, por su parte, intentan frenar por todos los medios –nuevas normas, más vigilancia- que los hechos se repitan.

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

En este momento estoy en una Universidad en el norte del país, y simpatizo viendo los carteles que anuncian las actividades características de un funcionamiento “normal”. Es cierto: a todos nos gusta cierta estabilidad en la vida, no nos gusta alterar nuestras rutinas. No nos gustaría que nuestra cama fuera trasladada de un lugar a otro, tener formas y horarios de alimentación diferentes en cada minuto o amanecer cada día en un país diferente. Excitante por un rato… pero no como norma de vida. Aceptémoslo: la estabilidad –o el conservadurismo, por llamarlo de algún modo- tiene su función y su atracción en nuestra psique.

Ahora bien, ¿hasta dónde?

Cada cierto tiempo, por lo general son los más jóvenes de la sociedad quienes comienzan a agitarse, negándose a la resignación, la comodidad y al sometimiento al status quo en que caemos fácilmente los más adultos, quizás cansados y más dispuestos a renunciar al llamado de la situación presente. La situación presente, cualquiera sea, nos entrega un mensaje a cada instante, y si lo escuchamos sin filtro, ese mensaje nos llevará a actuar de diferentes formas: seguiremos el curso que lleva esta situación o diremos “¡No! Deseo modificar ese curso”.

La situación con la que se encontró la Humanidad el 2011 llevó a muchos, en muchos países, a rebelarse, a decir “¡No! ¡No más!” ¿A qué? A un sistema político o económico opresivo, a una sociedad injusta en la que algunos se dan vida de reyes y la mayoría trabaja como esclavos en condiciones de escasez o franca pobreza, a una sociedad que se niega a reaccionar frente a las alarmantes señales de catástrofe ecológica, como el evidente cambio climático. ¿Una revolución necesaria? Absolutamente necesaria, si no pregúnteselo a los países que participaron en la “primavera árabe”: dictadores que por décadas habían subsistido a costa de su pueblo. Aquí, sin embargo, tenemos que tener cuidado con nuestros prejuicios: si justificamos los levantamientos en esos países pero los condenamos en EEUU –que también los hubo…- entonces algo anda mal. Los norteamericanos, expertos en publicidad retorcida, siempre nos quieren hacer creer que ellos son los “campeones de la libertad”, y que las protestas en su suelo no se justifican. Sí, por supuesto, en Cuba, Rusia y cualquier país cuyo gobierno no les simpatice.

De veras espero que los nuevos votantes muestren un poco más de inteligencia, y que apoyen alternativas que respondan al clamor y necesidades de la gente común y corriente.

Aquí, los indignados levantaron todas las banderas que ya por décadas guardaron en el cajón: educación gratuita y de calidad, mejor distribución del ingreso, una sociedad más justa, asamblea constituyente para desarmar una Constitución muy poco democrática, re-nacionalización de riquezas básicas como el cobre y el agua (“re” porque esto ya se hizo con el cobre en 1971, en el Congreso y por unanimidad), energías limpias. Ninguna de estas cosas fueron escuchadas en su fondo, y el gobierno –que vive en otro planeta que el común de la gente- se dedicó a dilatar, ignorar y dar soluciones de parche.

Los dos grandes bloques políticos –así como prácticamente toda la prensa- siguen demostrando una sordera crónica grave. A pesar de que las encuestas demuestran, una tras otra, que el atractivo de estos bloques entre la gente es ridículamente bajo, tanto unos como otros insisten en presentar candidatos con cero convocatoria y –peor aún- ni una sola propuesta nueva, como si todo lo que ocurrió en el 2011 fuera un mal sueño (para ellos). A juzgar por las encuestas, la gran masa se ha dejado llevar por esta grotesca manipulación, dividiendo sus preferencias entre una opción que es más de lo mismo –Bachelet, elevada a la categoría de santa y cuyos numerosos errores durante su anterior gobierno parecen dispuestos a olvidar-, versus un exponente claro del modelo que ha producido las protestas en todo el globo –el ex funcionario de Cencosud, Golborne-. ¿Alguno de ellos –u otros de los mismos bloques- ha mencionado siquiera que van a tocar el inhumano modelo neo-liberal? ¿Han ofrecido de verdad cambios radicales en la educación, la vergonzosa distribución del ingreso, el sistema binominal, la nacionalización de recursos como el agua –aún más fundamental que el cobre-? Los dos apoyan a Hidroaysén, y ¿los ha oído decir que van a apoyar de verdad las “otras” energías limpias? Golborne hasta apoyó un acuerdo nuclear con EEUU después de la catástrofe de Fukushima (que sigue presente…) En el plano ecológico –cada vez más urgente-, no he oído nada nuevo desde ninguno de los dos bloques o de sus exponentes.

¿Cuántos nuevos votantes pueden potencialmente aparecer en las siguientes elecciones? Se dice que son millones. Ya lo dije: el poder del hábito, de la costumbre, del pasado, es grande. Si nos comportamos como los borregos que los políticos y la prensa parecen creer que somos, toda la agitación del 2011 quedará en nada y volveremos a elegir individuos que sólo velan por sus propios intereses y que no tienen el coraje de iniciar los cambios de fondo que la gente pide a gritos. De veras espero que los nuevos votantes muestren un poco más de inteligencia, y que apoyen alternativas que respondan al clamor y necesidades de la gente común y corriente.

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