NUESTROS CUENTOS Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2011

 

 

Desata la Vaca

Paseaban cierto día el Maestro y su discípulo cuando, saliendo de un recodo del camino, se toparon con una familia que habitaba en una choza muy precaria. Ambos pararon a hablar con ellos y la familia les contó que el único recurso del que disponían era una vaca que tenían atada detrás de la casa. Luego de un rato de charla, Maestro y discípulo se despiden y siguen su camino.

A poco de andar, el Maestro le dice a su acompañante: “Vuélvete y cuando no te vean, desata la vaca y échala lejos de modo que nunca la encuentren”.

El discípulo, sin discutir pero de mala gana, hizo lo que el Maestro le pidió. Pasaron los años y aquel niño se convirtió en hombre y con él fue creciendo también el sentimiento de culpa por haber privado a aquella familia de su preciado recurso.

Entonces, decidió regresar y confesarles su culpa, pero he aquí que al salir del recodo del camino, en lugar de una modesta choza se encontró con una mansión.

Golpeó la puerta y cuando salió el sirviente le preguntó por la familia que antiguamente viviera en ese lugar. “Esta es aquella familia” le explicó el sirviente. Incrédulo, el monje pidió hablar con los moradores y su sorpresa fue muy grande cuando vio que los dueños de la mansión eran los mismos de aquella vaca.

Cuando les preguntó cómo habían hecho para revertir tan difícil situación, ellos le comentaron: “Un día, no sabemos cómo, la vaca logró desatarse y se marchó. Nunca más pudimos dar con ella. Fue entonces cuando tuvimos que recurrir a nuestra creatividad y descubrimos que teníamos muchos valores y habilidades que desconocíamos. ¡Bendita suerte la nuestra de haber perdido la vaca!”

Luego de despedirse de la familia, marchóse el discípulo y comprendió entonces el porqué su maestro le había ordenado esa aparente “innoble” acción.

Fuente: www.psicanica.com

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