SOMOS PROPUESTAS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Agosto de 2012

ESPECIAL MUJER

 

 

Masaje infantil Shantala: Nutrición afectiva desde la matriz

Todo lo que sentimos, pensamos y decimos se transformará eventualmente en información, en fuente de aprendizaje para las nuevas generaciones. Al no estar conscientes de esto, estaríamos jugando con el futuro de la humanidad. Es así como el masaje infantil emerge como una práctica esencial para acompañar el proceso de crianza.

Por Mariell Olavarría Bustos

El vientre de la madre acuna a su bebé intrauterino, le aporta calidez y lo retiene amorosamente por cuarenta semanas, convirtiéndose en el armazón que lo sostiene y le entrega seguridad. Como el primer sentido en aparecer en el niño en-útero es el tacto, éste ya comienza a recibir estímulo a las pocas semanas luego de haber sido concebido, familiarizándose así con la sensación de regocijo que este sentido genera.

Antes de comenzar con el masaje:- Es importante comprender que el masaje es un medio que transmite sensaciones, por lo que es importante encontrarse en un estado emocional estable para no alterar el estado del bebé. Hay que partir por observarse.

– Al tomar consciencia de nuestro estado emocional, podemos partir por relajarnos y así enfocarnos mejor en la práctica.

– Antes de comenzar, se le pide permiso al bebé, se le pregunta si está disponible para el masaje, la respuesta vendrá por medio de gestos y movimientos.

– El bebé manda en el momento del masaje; es su instancia de relajación, encuentro, desahogo, y también es posible que éste llore como resultado de la liberación de tensiones.

– El masaje, además, alivia los cólicos y gases, ayuda al desarrollo del sistema digestivo que aún se encuentra inmaduro, al igual que a la coordinación muscular y al fortalecimiento del sistema inmunológico.

El trabajo de parto y las contracciones que experimenta la madre momentos antes de dar a luz aportan un sentido de continuidad táctil en el bebé, quien debe pasar por un sendero estrecho, y trabajar al unísono junto a su progenitora para recorrer el canal del parto hasta su nacimiento.

El bebé nace al mundo extrauterino y, junto a éste, a la novedad de sensaciones abrumadoras. Establecer contacto piel a piel (bonding), ser tocado por su madre tan pronto nazca será una experiencia que le devolverá la sensación de seguridad, regulando así su temperatura y escuchando el latido del corazón materno, ahora desde el mundo externo.

La piel del bebé, al igual que el estómago, demanda alimento. Así, las caricias y el masaje serán la nutrición que le permitirá facilitar el vínculo afectivo con su madre, a través de la tan placentera cercanía física que genera el tacto nutritivo.

De Oriente a Occidente

El masaje infantil es una de las más antiguas prácticas de crianza. En India todas las madres ponen a sus bebés sobre sus piernas y les dan cuidadosos masajes, mientras les hablan o cantan alguna canción de cuna, aprovechando estos momentos para trasmitir mucho afecto y establecer una total comunicación materno-filial.

En los años 70’ una joven norteamericana llamada Vimala McClure viajó a India y conoció esta técnica. Ella quedó totalmente conmovida al ver cómo los niños desde pequeños eran tocados por el corazón de sus madres a través del masaje Shantala. También ella se dio cuenta que los niños replicaban la misma práctica con sus hermanos más pequeños, transmitiéndola así de generación en generación.

Vimala experimentó en carne propia cómo las caricias del masaje le transmitían sensaciones de calma, seguridad y cariño. Mientras estuvo enferma de malaria, vivió la impresionante experiencia de recibir masaje de parte de algunas mujeres de la comunidad, que se turnaban para cuidarla.

Tan pronto se recuperó, regresó a Estados Unidos, donde -sin pensarlo- comenzó a dar clases de masaje a padres y a formar educadoras que propagaran esta práctica. McClure fundó la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM), una organización sin fines de lucro que por años se ha encargado de transmitir este poderoso conocimiento.

El masaje infantil se transforma en una experiencia que ya es familiar para el bebé, y es que desde el primer mes de vida, él/ella ya está disponible para recibir las bondades del tacto nutridor. Desde la vida intrauterina ya había comenzado a percibir este estímulo; por lo tanto, su sensación primaria es de seguridad, disfrute y conexión con quien le entrega estos cálidos movimientos.

El bebé se conecta con su cuerpo de forma positiva, experimenta un contacto afectivo con sus padres, se relaja, interactúa con sus cuidadores por medio del lenguaje no verbal – los gestos y las miradas-, motivo por el cual comienza a sentir que ocupa un lugar importante para quienes lo cuidan, forjándose así una relación vincular sana en el tiempo.

En su experiencia a través de la práctica del masaje Shantala, Vimala decía que no es una técnica, sino el principio del tacto nutridor entre seres humanos.

Tacto, comunicación y masaje

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, y el tacto, el primer sentido en aparecer; por ello, a través de la piel se produce la conexión más importante del ser humano con el mundo. El correcto estímulo de la piel en los primeros años de vida será clave en cómo el infante se relacionará consigo mismo y con los otros.

Desde el embarazo y durante los primeros tres años de vida, el ser humano comienza no tan solo a almacenar sino, además, a procesar la mayor cantidad de información. Esta “traducción” de nuevos aprendizajes se convierte por lo tanto en la etapa más vulnerable de la vida.

Estando aún inmaduros sus sistemas, el desarrollo físico y emocional del niño depende de esta etapa y de las experiencias que tenga, las que serán la pauta para su desarrollo subsecuente.

El bebé está continuamente expuesto a nuevos estímulos; cada día es un océano de experiencias, razón por la cual también se agota y acumula tensión, liberando así algunas hormonas como el cortisol, que podrían poner en riesgo su desarrollo físico y emocional si no es correctamente atendido durante una situación de estrés.

Así, es fundamental contar con una práctica que reduzca estos efectos estresantes, como lo es el masaje infantil, el que puede transformarse en un factor protector porque fomenta las relaciones afectivas sanas desde el inicio, favoreciendo una crianza más respetuosa y consciente.

Si quedara alguna duda respecto a la importancia del masaje en la primera infancia, basta observar cómo, ahora que somos adultos, podemos regular nuestro estado emocional, por ejemplo conversando con alguna persona significativa para desahogarnos contando nuestros problemas y así sentirnos comprendidos y escuchados.

El bebé solicita el mismo espacio; también experimenta angustia y miedo, pero tiene menos posibilidades de ser capaz de generar por sí solo un espacio contenedor, por lo que al proveerle una instancia tan cálida y respetuosa como el masaje, no sólo lo estamos ayudando a que aprenda a regular sus emociones sino, además, le estamos manifestando el amor incondicional que sentimos por él/ella, el espacio que ocupa en nuestras vidas y el valor que le damos a su existencia.

Un beneficio incalculable

El masaje infantil, más que una técnica, es una práctica que nos permite comunicarnos afectivamente con los bebés, conocerlos mejor, homenajear su presencia desde su nacimiento, fomentar un vínculo sano y ayudar a su desarrollo físico y emocional.

Los cursos están dirigido a padres, cuidadores y sus bebés de 0 a 12 meses, ya que es muy importante que la práctica del masaje empiece lo más cerca a su nacimiento, para que el pequeño pueda conectarse así con su vivencia intrauterina y resguardar su salud por medio de los beneficios del tacto afectivo.

El masaje infantil puede transformarse en un factor protector porque fomenta las relaciones afectivas sanas desde el inicio, favoreciendo una crianza más respetuosa y consciente.Todo bebé puede recibir un masaje, sea cual sea su necesidad, ya que el tacto y los movimientos aportan a su crecimiento y desarrollo sano. Las investigaciones sugieren que en bebés prematuros, esta práctica favorece el aumento de peso, además de regular los ciclos de sueño, calmar situaciones de gases y cólicos y aportar al desarrollo de la coordinación muscular.

El masaje también está muy indicado en los casos de bebés adoptados, con alguna discapacidad y bebés que han sufrido algún tipo de maltrato, ya que les permite una mejor relación con ellos mismos y con el entorno donde viven.

El programa de masajes de la Asociación Internacional de Masaje Infantil comprende, además, temáticas relacionadas con los primeros meses de vida. Entre éstas se encuentran las de conocer los estados de consciencia del bebé, las razones de los distintos tipos de llanto, los efectos terapéuticos en situaciones de gases y cólicos, como así también los aportes de los principios del masaje infantil Shantala, también del masaje sueco, la reflexología y el yoga.

El masaje como factor protector

La práctica del tacto nutritivo es además un factor protector en la primera infancia, puesto que invita a que las madres, padres y/o cuidadores puedan empoderarse en su rol de crianza a partir de los beneficios que genera.

Desarrollar una conexión emocional con el bebé a través del masaje otorga sentido a los padres, quienes se conectan con sus hijos en un espacio íntimo y de cuidado donde el bebé responde a esa sensación de amor, entregándose al masaje y comunicándose por medio de gestos, balbuceos y miradas, potenciando así el desarrollo de la seguridad, la atención y del sistema de confianza con sus pares.

En su experiencia a través de esta práctica, Vimala decía que no es una técnica, sino el principio del tacto nutridor entre seres humanos, porque los niños son seres sensibles que merecen respeto, cariño y disponibilidad, que se les escuche desde el corazón.

Si queremos forjar generaciones más conscientes y amorosas, debemos partir por observar nuestros pensamientos y ser gentiles con nosotros mismos; sólo así podremos entregar palabras que acaricien tanto el corazón como el cuerpo de nuestros hijos. De esta manera, facilitaremos el continuo táctil a través de las etapas del desarrollo humano desde el vientre materno hasta los primeros años de vida y posterior vida adulta.

(*) Mariell Olavarría Bustos. Psicóloga especializándose en Apego y primera infancia, es educadora de masaje infantil (IAIM), interesada en promover un embarazo consciente y una crianza parental positiva. Más información http://www.facebook.com/arrurru.perinatal e-mail [email protected]

 

 

 

 

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