HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2010

 

 

 

Adiós a un amigo sanador

En pleno invierno, en la noche del 20 al 21 de Julio, decidió dejar su cuerpo un gran, gran amigo y extraordinario sanador, Iván Taborga Fontena.

Digo “decidió” porque el hombre era brujo y me sorprendería mucho que lo que llamamos “muerte” le hubiera tomado por sorpresa.

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

Nacido en difíciles circunstancias, de un embarazo sumamente accidentado, Iván trajo consigo –como solía decir- cuatro enfermedades terminales, las que debió sobrellevar durante toda su vida. Quizás no le quedó alternativa salvo transformarse en sanador… porque se curó a sí mismo hasta el final, pasados los 60 años. Según sus mismos relatos, casi toda su familia fue muerta por los militares en Septiembre del 73, y fue expulsado de la Escuela de Medicina, donde estaba a punto de titularse. No tuvo una vida fácil. Y sin embargo, como dice el poeta argentino Almafuerte, siguió la máxima “No te des por vencido, aún vencido”, que lo inspiró toda su vida.

Conocí a Iván en 1994, hace casi 18 años, en su consulta del 2º piso del 1922 de la calle San Diego en el barrio Franklin, donde arrendaba prácticamente un edificio completo en que alojaba a su numerosa familia, su mujer y sus 9 niños –hijos cuyos retratos colgaba orgullosamente en la sala de espera- y tenía su laboratorio y consulta. Sus recetas rezaban, “Del escritorio de Iván Taborga Fontena, investigador autodidacta”; y, bajo la firma, “Iriólogo, Homeópata, Investigador Autodidacta”. De entrada me dijo un par de cosas acertadísimas y se dedicó a palanquearme, por lo cual salí bastante irritado de su consulta. Por supuesto, se percató de esto y la vez siguiente se disculpó, cosa que aprendí a apreciar en toda su dimensión en los años que vinieron, puesto que era un hombre que vivía a patadas y combos con todo el mundo. Me dijo que un Maestro sabía reconocer a otro Maestro…, reconocimiento que aprecio como un gran halago, viniendo de quien venía.

En ese primer tratamiento me curó una artrosis en el codo… y desde entonces me “adoptó”, y después también a mi familia. Cuando iba, conversábamos acerca de una gran variedad de temas, me daba remedios que excedían el síntoma del momento para abarcar un enfoque más global, me advertía de personas inescrupulosas a mi alrededor. En esto último creo que nunca le hice caso, sólo para reconocer posteriormente que tenía razón. Tenía sus prejuicios: bastante misógino, homofóbico… y creo que más de alguna vez se equivocó en su apreciación de alguien.

Más allá de cosas como éstas, Iván era un sanador absolutamente extraordinario –y me refiero a nivel mundial-. Llevé a tres personas con cáncer a verlo, y las sanó. De pasada, aprendí muchas cosas del cáncer: por ejemplo, que su sanación es algo que depende en alto grado de la motivación y de la persistencia de quien lo padece, porque es algo recurrente. Puede no haber ninguna seña en un momento determinado y al año siguiente vuelve con plena intensidad. Por lo tanto, quien ha dado señas de cáncer debe chequearse periódicamente.

Gracias por todo, Iván, gracias de corazón. Y que tengas buen viaje, dondequiera que vayas… Y quizás siguió -orgulloso como era- la sugerencia del mismo Almafuerte citado al principio, “¡Y al echarte en la caja de los muertos, menosprecia los llantos de los vivos!”Alguna vez conversé con una de sus pacientes, alguien que había tenido un cáncer de los más complicados –páncreas y/o hígado- años atrás, y se había tratado con Iván. Ahora sólo venía a chequearse de tanto en tanto, y se veía perfectamente bien, el cáncer había desaparecido. Algo que la medicina occidental sólo sueña con lograr… Trabajaba con homeopatía, en diluciones extraordinariamente efectivas, con hierbas y ocasionalmente con acupuntura. Era un mago: cuando veía que se me venía una gripe y tenía que viajar en un par de días más, iba a ver a Iván para que me dejara en un estado que me permitiera viajar y trabajar. Alguna vez se equivocó en su diagnóstico… pero ¿quién no? He aprendido que los médicos que comúnmente vemos están lejos de ser infalibles: su diagnóstico no sólo tiene que ver con sus conocimientos, sino también –en gran medida- con su experiencia e intuición.

Podía fácilmente agarrarse a chuchadas con alguien para que decidiera ser serio con su tratamiento. Pero su nivel de compromiso, de dedicación, de jugársela por uno era total. Hace unos años tuve una caída muy fea, y toda mi pierna izquierda, desde el pie hasta la rodilla, quedó negra e hinchadísima. Después de la visita al traumatólogo tradicional, Iván me hizo ir a visitarlo y me trató de ahí en adelante, con compresas de barro y acupuntura… hasta salvarme la pierna, la que fácilmente habría perdido producto de la gangrena si no hubiese sido por sus cuidados… que ni siquiera le había solicitado, porque creí que éste no era su terreno.

Cuando tuvimos a nuestra hija, mi pareja tuvo serias complicaciones en el parto. En ningún momento creí que podría morirse, pero Iván me mandó recado con una amiga de que lo llamara. Me planteó que ella sí podía irse, y me dio algunas instrucciones que podía seguir para inclinar la balanza favorablemente…, instrucciones que seguí al pie de la letra.

Un hombre que marcó su paso por esta Tierra… Su vida está llena de anécdotas de la enorme cantidad de personas que trató y curó. Podía ser una bestia y al minuto siguiente mostrar incomparable ternura y cuidado. Fui testigo de su dedicación incansable a sus hijos; me arriesgo a suponer que quizás ellos hubieran esperado otro trato de su parte –más suavidad, quizás- pero su dedicación fue total, así como con sus pacientes. Un hombre que supo hacerse odiar y también amar, con igual intensidad. Y lo imagino riéndose de esta descripción –estaría de acuerdo-. Gracias por todo, Iván, gracias de corazón. Y que tengas buen viaje, dondequiera que vayas… Y quizás siguió -orgulloso como era- la sugerencia del mismo Almafuerte citado al principio, “¡Y al echarte en la caja de los muertos, menosprecia los llantos de los vivos!”

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1 COMENTARIO

  1. SR.CELIS HE LEIDO SUS ARTICULOS EN LA REVISTA SOMOS..MUY BUENOS INTERESANTES Y TANTO QUE SE APRENDE…QUISIERA PREGUNTARLE QUE PUEDO HACER POR UN HIJO DE 28 AÑOS..ESTA METIDO EN DROGA Y ALCOHOL…QUE SE PUEDE HACER..POR LO PRONTO TENEMOS HORA PARA EL 4 DE ABRIL..CON UN PSIQUIATRA..APARTE ES NECESARIO PSICOLOGO”UD..DONDE ATIENDE Y CUAL ES EL VALOR DE LA CONSULTTA..TIENE ISAPRE MAS VIDA..OJALA ME PUEDA CONTESTAR SI FUERA TAN AMABLE..ESTOY VIVIENDO MOMENTOS MUY TRISTE..MI ALMA ESTA SUFRIENDO MUCHO., UD., SABE DE ESTOS PROBLEMAS

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