SOMOS VÍNCULOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Enero de 2011

 

Familia: Herencia de Vida

Indudablemente, la familia es nuestra primera escuela en la vida. Y los padres somos modelos y agentes de socialización para nuestros hijos. ¿Cómo vamos modelando estos roles? Una especialista nos orienta.

Por Jessica Riveri C. *

Es un saber compartido que los padres tenemos un impacto en la forma de ser de nuestros hijos que va más allá de la información genética. Esto es especialmente notorio en familias en que los hijos son adoptivos. Es muy frecuente escuchar: “Son igualitos”. Es curioso constatar que los hijos se mimetizan con los padres en lo físico, en sus actitudes y en su comportamiento. Los padres somos modelos y agentes de socialización en estilos de vida.

La familia es nuestra primera escuela en la vida. Konrad Lorenz, padre de la Etología y Premio Nobel de Medicina, estudió la creación de vínculos en gansos, cisnes y patos, los que cuando salen de su cascarón, se acoplan inmediatamente a lo primero que se mueve a su alrededor- que generalmente es su madre-. Establecen una primera forma de comunicación, la siguen y la modelan en su comportamiento.

Para nosotros, la familia es el primer sistema social del cual somos parte y donde ocurren nuestros primeros vínculos significativos. Y como un sistema de personas organizadas en torno a un fin, mediado por vínculos indisolubles -como el que se crea entre padres e hijos-, la familia tiene su propia cultura. Posee valores que guían la manera de relacionarse y comportarse, creencias y conductas específicas de quienes son sus integrantes. Crea un mundo presente, que estimula determinados futuros.

Son legados de vida, que se educan mediante la comunicación e interacción de sus integrantes. Son normas y patrones de comportamientos que se internalizan como un manera cotidiana de vida, una gran herencia de saberes y valores.

“Ondas” que siguen activas…

El trabajo de Constelaciones Familiares desarrollado por Bert Hellinger, y del cual hoy día existe un vasto desarrollo, plantea una mirada en torno a la familia, como sistema emocional – relacional, en base a lo cual nos permite precisar otros legados que también están implícitos en la vida familiar. Como enfoque terapéutico, se focaliza en hechos ocurridos en distintas generaciones y su impacto en el presente, situaciones como: separaciones, muertes tempranas, guerras, migraciones, abortos, abuso, accidentes, traumas en la historia familiar. Y en base a la observación de muchas familias, se constata que los efectos de esas situaciones se heredan a las nuevas generaciones. Coincidentemente con lo que plantea Peter Levine, psicólogo experto en traumas, son hechos que, cual piedra lanzada en el charco, generan ondas que siguen activas en el tiempo, afectando a generaciones futuras.

– ¿Cuál es tu visión de familia? ¿Qué huella quisieras hacer a través de tu propia familia?

– ¿Qué deseas que tus hijos recuerden de ti, como padre o madre?

– ¿Cómo deseas que los amigos de tus hijos los recuerden como familia?

– ¿Qué valores son esenciales en la dinámica de relación entre sus integrantes?

– ¿Cuáles son los comportamientos deseables como padres, esposos, hijos y hermanos?

Veamos un ejemplo. Existe un hecho que surge recurrentemente en la generación de los años 30 en Chile, cuando uno de cada cinco niños moría en su primer año de vida. Entonces, son muchas las familias que entre sus ancestros tienen niños muertos: familias con 6, 8, 10, 12 niños muertos. Es un núcleo de dolor, rabia y duelo intenso. Y a la generación actual, sus nietos, en la medida que estén implicados en algún enredo familiar, le puede generar un apego al dolor, la rabia y la vivencia de duelo. Al vivir su pena, se les une un campo sistémico familiar de pena, que desborda la capacidad de liderazgo emocional y la vivencia que se reporta es de inundación emocional. La emoción coge completamente a la persona y ésta pierde su balance.

Hoy en día, lo que se manifiesta como distintivo de nuestra generación son los altos índices de divorcios y el desafío de las familias ensambladas, familias monoparentales, separación de hermanos, hermanastros, “los míos, los tuyos y los nuestros”, la pareja de mamá o papá. El trabajo de Constelaciones busca diluir el impacto de esos hechos en la vida presente y, por consiguiente, en las generaciones futuras. Nos permite trabajar en un legado integral para nuestros hijos, de manera de crear soluciones nuevas que promuevan la integridad y bienestar de todos sus miembros.

Para ello es importante considerar algunas de las identidades propias a la matriz sistémica familiar que, como padres, es beneficioso cultivar en nuestras familias, y que son la manera de transformar enredos en la dinámica familiar:

  • Los padres somos más grandes en relación a los hijos, es decir, la salud familiar supone un respeto a la jerarquía en la familia, donde los padres son quienes fundaron la familia y en ello tienen una posición de poder e influencia ante su descendencia. Desviación de esto es cuando un hijo se parentaliza, se hace cargo de alguno de sus progenitores, o bien, asume el rol de unir a sus padres y mantener la familia unida.

Los hijos somos más pequeños en relación a los padres. De manera complementaria a la identidad de padres, todos somos hijos de una mujer y un hombre, y en esa relación nuestra posición es de quien recibe la vida de ellos, desde la vulnerabilidad del pequeño. Los padres dan, los hijos reciben la vida en gratitud. Una desviación de ello sucede cuando un hijo asume el rol de cambiar a sus padres, los enjuicia, se cree más que ellos, mejor o con más criterio para saber lo correcto. O bien, se asume como el salvador de sus dolores y experiencias traumáticas vividas.

Los hijos se benefician de la seguridad que da la jerarquía padres- hijos, si cuentan con límites claros y los padres asumen la responsabilidad de su cuidado y crianza. Cualquier desviación debilita al sistema.

En la medida que los padres, complementariamente, se asumen como pequeños en relación a sus propios padres, eso también es beneficioso para la familia. Todos nosotros tenemos un límite de bits de información que nuestra consciencia puede manejar en sus procesos de atención; algunos estudios precisan que son casi medio millón de bits por hora. Si ponemos nuestro foco en el pasado, en nuestros padres, en su historia y sus carencias, tendremos una menor disponibilidad hacia nuestra familia actual.

Respeto a la historia

Esto de manera alguna implica indolencia hacia quienes nos dieron la vida, todo lo contrario. Supone un respeto profundo a la historia, las decisiones, acciones y consecuencias de la vida de los antepasados, sólo que la invitación es a recibir esa vida desde el propio lugar, donde uno es el hijo, no el padre, ni el juez de tus padres. Uno los acompaña como hijo; habiendo recibido mucho o poco en relación a los propios deseos, ellos han dado lo más preciado que un ser humano puede darle a otro, la vida. Todo el resto es aprendizaje y nuestro camino de evolución. Y comprender esto nos da fuerza para situarnos como padres ante quienes sí somos padres, nuestros hijos.

Así, los propios hijos se sitúan en su rol, pues perciben la fuerza y congruencia de sus padres. Los padres se muestran como modelos en la relación padre- hijo.

Mis padres nos decían que lo más importante que nos podían legar como hijos era nuestra educación, esa era su herencia más preciada. Quizás ahora se suma otra dimensión para esta nueva generación: “Un legado sistémico de calidad de vida.”

* Jessica Riveri: Psicologa UC. Trainer en PNL, NLP University. Especialista en Hipnosis y Sistemas Familiares. www.gestorpnl.cl

 

 

 

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