REINVENTARSE Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2012

 

 

El cerebro diseña y el corazón realiza
Todas las personas que han meditado con alguna regularidad tienen la comprobación experiencial del poder de la armonía en sus afectos. Es frecuente que para explicar parte de sus buenos resultados o de su alegría de vivir, esas personas digan “lo hice de corazón”. En alguna esquina todos sabemos que cuando alineamos nuestras convicciones cognitivas con la certeza emocional de nuestro deseo, los hechos tienen alta posibilidad de ocurrencia.

Ignacio Fernández

Director Magíster en Psicología de las Organizaciones Universidad Adolfo Ibáñez

www.ignaciofernandez.cl

Estas certezas subjetivamente sentidas se han confirmado en parte con los hallazgos del Institute of HeartMath que desde la década del ’90 se ha dedicado a estudiar la conexión mente-corazón en busca de evidencias científicas. Entre sus descubrimientos, comprobaron que la fuerza eléctrica de las señales del corazón (ECG) es 60 veces más fuerte que la señal eléctrica del cerebro (EEG) y que el campo magnético del corazón es 5.000 veces mayor que el del cerebro.

Es decir, el poder de acción y realización del corazón es cientos de veces más poderoso que el del cerebro. Lo interesante no es la comparación de si el cerebro o el corazón tienen más poder, sino la constatación de la necesidad de que trabajen conectados y alineados para lograr resultados.

El cerebro es el que diseña. Los pensamientos son los que conducen nuestro actuar, trazan nuestros caminos, visualizan las posibilidades y condicionan nuestros límites. Es interesante darse cuenta que el alcance de nuestros pensamientos depende directamente de nuestras convicciones y creencias, algo así como el cerco de nuestro propio campo. Si nuestras creencias son estrechas y nuestras convicciones muy limitadas, nuestro campo será pequeño y nuestra capacidad de acción e influencia estarán reducidas.

Si nuestras creencias derivan del análisis de la experiencia concreta más que de las creencias no necesariamente comprobadas que tomamos de la enseñanza de nuestro padres o de la educación, la posibilidad de ampliar las creencias de niño son muy altas, corriéndose el cerco de nuestro campo, ampliando el terreno a explorar y mejorando sustancialmente las posibilidades de arribar a una consciencia ampliada de la realidad.

Son los sentimientos los que hacen realidad nuestros pensamientos, los traducen en acción concreta con otros.Independientemente de si mis creencias y convicciones son amplias o estrechas, el impacto es el mismo: determinan mis pensamientos y, por ende, mis espacios de posibilidad y de acción. Como dice el escritor alemán Pierre Franckh, siempre hemos de buscar el origen de nuestra realidad en la fuerza causal de nuestros pensamientos. Ese territorio de realidad que recortan mis creencias es mi espacio de influencia.

¿Cómo hago para que lo que visualizo en mi pensamiento y diseño en mi mente se transforme en manifestación concreta? Mediante el corazón. Es la persistencia de los afectos sobre un deseo específico lo que hace que se concrete en acción observable. Ese deseo particular es resultado de un proceso cognitivo, de un pensamiento que lo creó y lo moldeó.

El mecanismo es estéticamente simple. El cerebro (mente y pensamiento) es el que diseña el molde de lo que se va a crear. Igual que un artista que quiere hacer una figura de yeso, un pastelero que quiere crear una torta o un tornero que quiere diseñar una pieza nueva, lo primero es crear el molde. Aquí es donde interviene toda la potencia de nuestro pensamiento. Es necesario que imaginemos y visualicemos el molde hasta en sus más mínimos detalles, y que lo construyamos completamente en nuestra mente.

Una vez terminado el molde de lo que queremos crear, tenemos que vaciar la materia prima de la que estará hecha nuestra creación, ya sea masa de pastelería, fierro fundido, yeso o lo que sea. La pregunta es cuál es la materia prima de lo humano, aquella que debemos vaciar en el molde mental de lo que queremos crear. Esa materia prima es nuestro sentimiento. Derramando el sentimiento sobre el molde cognitivo se hace realidad nuestra creación. Y ese sentimiento es lo que hemos llamado el corazón.

Son los sentimientos los que hacen realidad nuestros pensamientos, los traducen en acción concreta con otros. Recuerda que su poder de irradiación es 5.000 veces mayor que el de nuestro cerebro, por lo que para concretar lo que queremos hacer el mecanismo de activación son los sentimientos de nuestro corazón, en estrecha conexión con el poder diseñador de nuestro pensamiento.

Pensamiento sin corazón genera especulación y no produce creaciones constructivas ni perdurables. Corazón sin pensamiento produce desorden y formas no moldeadas. Para ser feliz, efectivo e influyente con otros el matrimonio mente-corazón es imprescindible. Separados funcionan de modo errático e inefectivo.

Como estamos culturalmente mejor entrenados en la razón que en los sentimientos, nuestras dos grandes tareas evolutivas son aceptar el enorme poder de manifestación que está en el corazón y trabajar activamente para que cada decisión de nuestra vida nazca de la conexión mente-corazón. El cerebro diseña y el corazón realiza.

Como dice Drúnvalo, en el espacio sagrado del corazón, el amor es la luz.

1 Comentario

  1. Interesante articulo pero no me gusta que se diga que el corazon manda al cerebro de hecho me genera miedo lo unico que se cuando yo me relajo mi corazon se relaja yo tambien lo puedo controlar osea mi cerebro yo tambien puedo controlar mis emociones el corazon no me manda a mi .

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