NUESTRO CIELO INTERIOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo del 2011

 

El verdadero Halloween

María Luisa Valdovinos  

Astróloga y tarotista

Debo contarles algo: el Halloween que hemos estado celebrando durante estos últimos años en Chile, con disfraces, decoración naranja y negra, la víspera del 1 de noviembre, con dulce entusiasmo de parte de los niños y diversos grados de resistencia de parte de los adultos, no es el verdadero Halloween. No el que nos corresponde a nosotros, que vivimos en el Hemisferio Sur, al menos. Esta antiquísima fiesta del mundo pagano, bien conocida por los celtas, llamada Samhain (se pronuncia soh-wein), es una de las más antiguas y difundidas en diversas culturas y tiempos, desde los caldeos a los aztecas, convertida luego en la católica celebración de Todos los Santos con su correspondiente visita al cementerio. Al ubicarse entre el Equinoccio de Otoño (21 de Marzo en nuestro hemisferio) y el Solsticio de Invierno (21 de Junio), este periodo
del año se caracteriza por la notoria disminución de la luz solar, por el decaimiento o muerte de

buena parte del reino vegetal y por la progresiva llegada del frío, evocando en el alma humana imágenes de fantasmas, misterios, ancestros y magia, invitando a la vida hogareña, a la introspección y a cierto ánimo nublado, como el clima. En este sector del planeta, por lo tanto, la celebración que recuerda a los antepasados, a los que ya cruzaron la frontera de la muerte y están “al otro lado”, se realiza los primeros días de mayo. Encontramos vestigios de este ritual en la celebración de la Cruz de Mayo, tradición sureña, rural, que consiste en recolectar alimentos y licores en las casas de los vecinos, con canciones y rimas, versión local del treat-or-trick de los anglosajones, para terminar en un festejo solidario, brindando por la tierra y los antepasados, pidiendo abundancia para el próximo ciclo agrícola.

El velo entre los mundos

Dice la tradición mágica que durante esta fecha la separación entre lo visible y lo invisible se hace más tenue que nunca. Tiene fama de ser tiempo de espectros y duendes, además de ser el mejor período del año para consultar los oráculos. Otras tradiciones incluyen la creación de altares para recordar a los miembros de la familia que ya no están; ceremonias con escobas e inciensos purificadores, para quemar el pasado; saltar la fogata y comer manzanas, para sanarse y revitalizarse; siembra ritual de semillas, con deseos para el año, y muchas otras. Pero lo fundamental de esta fiesta es el acercamiento al Misterio y a lo invisible, el agradecimiento a las fuerzas espirituales que nos protegen al atravesar el duro invierno, climático o del alma. En estos tiempos de transformación, pidamos fuerza y luz; ahora es el momento.

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