CONSCIENCIA Y TRANSFORMACIÓN Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2012

 

Rabia transformadora

Sí, leyó bien el título de la columna: rabia transformadora.

Podrá sonar contracultural, provocador o raro, pero lo declaro con certeza: ¡Bienvenida la rabia! Esta emoción, generalmente tan desprestigiada y descalificada en nuestra cultura, muchas veces catalogada con los juicios de emoción “negativa” o “destructiva”, tiene mucho que decir y aportar.

Felipe Landaeta Farizo

Psicólogo, Prof. Escuela de Psicología Univ. Adolfo Ibáñez. Mag. en Psicología de las Organizaciones (U.Adolfo Ibáñez). Facilitador de Respiración Holotrópica certificado por el Grof Transpersonal Training (USA). Focusing Trainer, certificado por el Focusing Institute de New York (USA). Diplomado en Constelaciones Familiares en el IFTI (Chile).

Quizás por nuestra historia y herencia religiosa católica-cristiana, se cree que la rabia es una emoción que lleva a realizar actos con tonalidad pecaminosa, egoístas y contrarios al “ama a tu prójimo”. El budismo también ha señalado, durante los últimos 2500 años, que las emociones provocan una distorsión en la mente, la percepción, la propia experiencia, los actos y generan karma positivo o negativo.

Hoy, la Psicología Positiva habla sobre las emociones positivas y negativas, considerando que las primeras expanden y llevan al florecer, mientras que las segundas contraen y llevan al languidecimiento. El libro “Emociones Destructivas” es un ícono de esta mirada, libro en el que el mismo Dalai Lama participa en diálogos con científicos y psicólogos.

Cuando una persona común y corriente lee o escucha esto, pareciera haber años luz entre la experiencia y asuntos cotidianos frente a la mirada más tradicional: enojarse con la pareja, manejar al trabajo y enojarse por el taco, enojarse al sentirse pasado a llevar, etc. Entonces, pareciera existir una brecha gigante entre el ser humano común y corriente frente a la propuesta religiosa y lo que la ciencia indica como funcionamiento óptimo. Se evidencia una brecha entre lo que se es y lo que se debería ser.

Este conocimiento y esta mirada sobre las emociones deben ser adaptados e interpretados al nivel y situación particular de cada ser humano. Un ejemplo de esto es la emoción de la rabia, supuestamente una emoción negativa, pero que puede traer muchos beneficios e incluso transformaciones vitales increíbles.

La rabia es energía disponible para actuar (…) Aprender a gestionar la energía de la rabia es un proceso de vida.En primer lugar, es importante saber que la rabia es una emoción básica. Todos los seres humanos la sentimos. Junto al miedo, la pena, la alegría y el amor, es considerada una emoción básica sobre la cual se construyen otras emociones como la vergüenza, los celos, la envidia, etc. El que en nuestra cultura se haga el juicio que se hace con respecto a ella habla de cómo somos nosotros como sociedad, el cómo se ha expresado la emoción en nuestra historia y las atribuciones e interpretaciones que hacemos de ella. Pero todo eso no habla de cómo es la emoción, cómo se siente y cómo afecta a cada persona particular.

La rabia es energía disponible para actuar. Tal como indica Norberto Levy en su maravilloso libro “La sabiduría de las emociones”, la rabia es energía para actuar en el mundo y resolver situaciones. Cuando esta emoción es canalizada de una forma constructiva, puede ser un gran motor para llevar a cabo acciones en el mundo exterior.

La rabia es parte de la energía yang, complemento del yin, y tiene relación con el actuar en el mundo de forma efectiva; es la capacidad penetrativa, el fuego interno que se manifiesta hacia afuera. La rabia es energía movilizadora para conquistar nuevos territorios.

Otro aspecto de la rabia es que puede ser un movilizador de la creatividad cuando permite salir del estancamiento o frustración. Es como cuando en el deporte se dice “mejor mantener el partido en 0-0, pues si les metemos un gol se enojarán y nos pasarán por encima”.

Hace unas semanas recibí una “mala noticia” que cambió mis expectativas de estudiar fuera de Chile y cumplir uno de mis sueños. Al conectar con la frustración y la rabia que sentí, me hice la pregunta: “¿Esto que estoy sintiendo puede movilizarme a hacer algo?”, a lo que siguió otra pregunta: “¿Puede surgir algo nuevo de esto?” Ahí se abrió una puerta nunca explorada y comencé a moverme para buscar nuevas opciones; entonces, la rabia sirvió como energía aliada de la capacidad creativa al ayudar a salir del estancamiento y frustración del momento.

Otro aspecto positivo de la rabia es que puede ayudar a salir del ensimismamiento. En los últimos años me ha tocado trabajar con algunas personas con una historia de experiencias de frustración, con baja autoestima, con síntomas depresivos y con tendencia a la evitación del conflicto. En todos ellos la característica común ha sido la dificultad para sacar la propia voz, para plantarse en el mundo y decir “yo soy esto” o “esto es lo que siento/pienso”.

Cuando la capacidad para sentir la rabia y expresarla está disminuida o bloqueada, la rabia no deja de existir sino más bien busca otro camino de expresión. Uno de los caminos es la autocrítica destructiva, que se manifiesta en los síntomas ya mencionados. La persona comienza a empobrecerse frente a este aspecto rabioso que grita. Esto es lo que conocemos como el “crítico interno” que ahoga a los demás aspectos de la persona.

Lo que solemos ver en los procesos de transformación de la consciencia -por ejemplo en la Respiración Holotrópica, en las terapias experienciales y en procesos de acompañamiento de personas- es que cuando la rabia deja de dirigirse hacia el interior y comienza a dirigirse hacia el exterior pueden ocurrir transformaciones extraordinarias en la personalidad.

Se pueden dejar atrás la autocrítica destructiva, el miedo al juicio externo, parte de los síntomas depresivos o incluso puede ocurrir la remisión completa de un episodio depresivo. He visto personas abusadas psicológica, física y sexualmente, y parte de su proceso de curación ha sido identificarse con la parte agresiva, con el victimario, y así han sido capaces de salir de la exclusiva identificación con la víctima, algo que para algunos ha sido una tendencia marcada en sus vidas.

La rabia contenida, es decir reprimida o controlada, tiende a envenenar la mente y el organismo, y tendemos a somatizar por algún lado. Internamente, el bruxismo, las jaquecas, el colon irritable, la gastritis y otras reacciones psicosomáticas suelen tener ramas de rabia contenida.

En lo relacional, las conductas pasivo-agresivas, la ironía, el sarcasmo, la venganza, las descalificaciones y los juicios destructivos son solo algunas maneras en que la rabia aparece en “cómodas cuotas”. Aunque ni tan cómodas, pues si algo de esto nos suena conocido, podemos reconocer esos momentos en que una gota “rebalsó el vaso” y explotamos, dejando heridos a nuestro paso.

Aprender a gestionar la energía de la rabia es un proceso de vida. Puede que necesitemos aprender a sentirla, canalizarla hacia un cojín, descargar físicamente de alguna manera la energía residual y aprender a evitar lanzar la ira contra otras personas. El esfuerzo y el camino valen la pena.

Al comenzar a dirigir la rabia hacia el exterior, empieza a hacerse disponible una energía renovadora que permite, por ejemplo, marcar los límites que antes no marcaba. Puede que antes me callara y me dejaba pasar a llevar: con esta nueva energía soy capaz de decir “no”, “basta”, “nunca más”, “eso es tuyo y esto es mío”, “yo pienso/siento distinto a ti” o similares. Puede que al principio andemos “a los codazos” y “a los combos”, por lo que es importante recordar que ningún maestro nació siéndolo.

La rabia, finalmente, me permite plantar mi bandera en el mundo. Este proceso de expresión de la rabia, desde una dirección desde adentro hacia afuera en el mundo, cuando es vivenciado como parte de un proceso de transformación, puede dirigir a la persona hacia una especie de renacimiento y al establecimiento de un nuevo yo para actuar más efectivamente en el mundo.

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