ELIGIENDO EL AMOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2012

 

 

¿Comodidad o motivación?

Hoy veremos hasta qué punto, muchas veces, elegimos la comodidad y no asumimos completamente la responsabilidad de cada acto y de cada decisión que tomamos.

Isha

Maestra espiritual y embajadora de paz,
autora de ¿Por qué caminar si puedes volar?, Vivir para volar y El amor sobre todas las cosas, de Editorial AguilarFontanar.

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En tu vida, ¿es la comodidad la que manda? Cuando es necesario decidir por un proyecto, un trabajo, una acción, una oportunidad, ¿la medida de ello es cuán cómodo estarás allí? ¿Eliges lo que no te satisface, pero que por lo menos no te incomoda, en lugar de enfrentarte con lo desconocido, con desafíos, con lo nuevo? La oportunidad de un negocio fácil, en el que haciendo poco puedas sacar una tajada importante, ¿te tienta más que el crecer paso a paso en un proyecto, poniendo tanto tu foco como tu esfuerzo allí?

La ironía es que en la vida todos los desafíos nos hacen más fuertes. En nuestra sociedad la gente se rige por el nivel de comodidad que va a lograr. Cualquier cosa que haga la vida más fácil y requiera de menos esfuerzo se valora. Hemos aprendido a abstenernos de hablar nuestra verdad por temor a los conflictos y para evitar, mientras sea posible, confrontar nuestros miedos. Hemos llegado a valorar más la rutina que lo desconocido, la seguridad que la espontaneidad.

Sin embargo, a menudo, lo que nos hace sentir incómodos -los golpes, las decepciones, las pérdidas -son los desafíos que aparecen en nuestra vida. Nos gustaría no tener que enfrentar esas tormentas y, sin embargo, es lo que nos fortalece. Nos dan madurez y responsabilidad. Después de todo, ¿qué mejor maestro que nuestra propia experiencia?

La vida se estanca cuando eliminamos o evitamos sus desafíos. Si un niño es consentido, y sus padres o quienes lo cuidan hacen todo por él, cuando finalmente tenga que enfrentarse al mundo, se encontrará sin las habilidades necesarias para desenvolverse y madurar. Del mismo modo, si nos protegemos demasiado intentando eludir los inevitables conflictos de la vida, podremos encontrar cierto alivio momentáneo, pero no desarrollaremos las habilidades que nos ayudan a crecer. Podremos encontrar distracción, pero no auto-realización.

Los extremos del mundo son parte de la vida, y al proteger exageradamente a nuestros niños de estas realidades no les estamos haciendo ningún favor. ¿Cómo pasaste tú de niño a adulto responsable? ¿Acaso fue no cometiendo ningún error? ¿O fue a través del aprendizaje por las consecuencias de tus acciones?

La auto-realización no significa vivir en un estado de encanto permanente en el que nunca se siente ninguna emoción. Es abrazar los contrastes de la vida plenamente y sin miedo.¿Cómo salimos definitivamente de esa inercia que elige la comodidad?

La comodidad brota del temor a lo desconocido y del miedo al fracaso. Nos sentimos seguros dentro de sus límites, pero, en realidad, es como una jaula dorada que nos protege de nuestra verdadera grandeza. Cuando no nos empujamos a ser más, nos conformamos con la mediocridad. Nos quejamos de lo que falta en nuestras vidas, pero no tomamos acción para cambiar eso. El miedo al fracaso nubla nuestra percepción respecto a nuestro potencial. La mente nos convence de que no somos capaces de más, y así, nos vamos quedando siempre en el mismo punto.

Nos aferramos a la comodidad porque le tenemos miedo a nuestra grandeza. Es más seguro quedarse en las sombras que estar a plena luz siendo el centro de atención: allí nos arriesgamos a ser criticados y juzgados. La grandeza requiere de la valentía de pararse solo y no transigir con nuestra verdad. Provoca cambio y causa evolución. La grandeza diseña su juego y no se limita a lo establecido. Confiar en uno mismo, ser íntegro sin abandonarse para complacer a los demás, eso es grandeza.

Hay un cierto nivel de complacencia colectiva en la sociedad. Romper con eso y ser uno mismo requiere valor, pero si realmente queremos ser libres de nuestra propia inercia, debemos arriesgarnos y dejar de preocuparnos por lo que la gente pueda pensar. Debemos estar dispuestos, incluso, a cometer errores, a probar cosas nuevas y a tener nuevas experiencias, a mostrarnos y expresarnos.

En última instancia somos nosotros los que tenemos que atravesar las situaciones para poder comprenderlas completamente. Para prosperar y crecer como individuos, debemos enfrentar el mundo aceptando las pérdidas y las decepciones que la vida nos trae. Entonces, en lugar de percibir las situaciones difíciles como obstáculos en nuestro camino, podemos utilizarlas como oportunidades para crecer, para atravesar nuestros límites y ampliar nuestros horizontes.

Es natural que la vida tenga altibajos. Estamos teniendo una experiencia humana que implica vivir una amplia gama de sentimientos y situaciones. Cuando comenzamos a nutrir un espacio interno de seguridad y amor incondicional a través de la expansión del amor-conciencia, experimentamos estos extremos de forma más libre. Comenzamos a abrazar los contrastes de la vida, viviéndola como una aventura frente a los cambios y las incertidumbres.

La auto-realización no significa vivir en un estado de encanto permanente en el que nunca se siente ninguna emoción. Es abrazar los contrastes de la vida plenamente y sin miedo. Cuando estamos anclados en nuestra libertad interior, la necesidad de controlar nuestras circunstancias desaparece, y podemos danzar sin restricciones al compás de las armonías variadas de la sinfonía de la vida.

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