HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Octubre de 2010

Bendita de los dioses (la Adrianita de Malloco)

En la zona central de Chile, más o menos a unos tres cuartos de hora de Santiago por la Carretera del Sol, se halla el pueblito de Malloco. Allá fui a conocer a quien llamaban la compositora (al parecer porque, entre otras cosas, componía huesos), en la dirección Arica 100, el 19 de Junio de 1986, con mi pareja de ese tiempo, quien había oído hablar de ella. Me encontré con una mujer de unos 50-60 años, maciza, vestida con un delantal blanco, con unos ojos preciosos y extraordinariamente penetrantes. Nos dijo varias cosas, dándonos a entender -juguetonamente y por diversos datos- que no seguiríamos juntos, lo que ocurrió a principios del año siguiente. Entre medio me mencionó un dolor que seguía abierto respecto a un enamoramiento de muchos años atrás que tenía raíces en vidas pasadas…

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

Quedé absolutamente dado vuelta, entré en un estado alterado de consciencia que me trasladó a esos años en que había tocado fondo en el ámbito del sufrimiento humano, en cuanto a amar y no recibir respuesta. Al cabo de cinco días, volví solo. Me recibió muy risueña y nada sorprendida de que hubiese vuelto. En ésa y otras ocasiones la sentí juguetona, produciéndome amorosamente “estados” que me ayudaba posteriormente a desentrañar. Me habló en detalle de esa mujer de quien me había enamorado en mi adolescencia –sin verme correspondido-, y de las raíces de ese contacto, ¡en el año 1125! Había tenido hasta entonces esbozos de recuerdos de vidas anteriores, pero esto sobrepasaba cualquier intento de imaginar nada. No sólo de ella me habló, sino también de amigos y amigas cercanas que le mencioné, a veces trayéndole fotos… Era absolutamente impresionante cómo podía describir personas que yo conocía, con total autoridad y como si las conociera tanto como yo, pero aportándome una perspectiva clarificadora.

Adriana fue conmigo muy amorosa, protectora y casi maternal. En ese año 86 la visité varias veces más en Malloco. Había que llegar temprano en la mañana porque atendía por orden de llegada, y casi siempre la salita de espera estaba llena. En esta salita se oía la radio El Conquistador y se hallaba tapizada de fotos de Jesús y otros maestros, incluyendo un retrato canalizado de Jesús, como lo identifiqué años después. La llené de preguntas… Yo acababa de regresar de la Comunidad del maestro Osho Rajneesh de Alemania, y me hallaba desorientado, sin trabajo, sin dinero y ya prácticamente sin pareja…, deprimido, en resumen.

Me encontré con una mujer de unos 50-60 años, maciza, vestida con un delantal blanco, con unos ojos preciosos y extraordinariamente penetrantes. Nos dijo varias cosas, dándonos a entender -juguetonamente y por diversos datos- que no seguiríamos juntos, lo que ocurrió a principios del año siguiente.

Fue un tremendo apoyo. Nunca perdió la paciencia conmigo, a pesar de mis frecuentes visitas y mi escaso pago (le llevaba música para pagarle). Dada mi situación, en ese tiempo consultaba casi compulsivamente las runas, el I Ching, el Tarot…, lo que fuera que pudiera aclararme, y chequeaba una y otra vez las mismas cosas. Me hizo darme cuenta de que esto obedecía a un exceso de cautela, a un no hacerme responsable de lo que quería hacer, a un intento de “ir a la segura”. Me sugirió comprometerme con la pregunta y de veras aceptar la respuesta, aunque no me gustara… y aunque no fuera lo que quisiera oír.

En esos años comencé a trabajar en el Colegio Aconcagua (el mismo grupo dueño del Pre-universitario Pedro de Valdivia y ahora de la Universidad del mismo nombre). Muchas promesas, muchas luces de colores –pero debajo de eso, mucha ambición, mucha inescrupulosidad y desquiciamiento-. A poco andar me di cuenta de que el proyecto era puro bluff, con las cosas que se suelen decir desde que la educación es un estupendo negocio: “educación personalizada”, “compromiso con el estudiante”, “excelencia académica” (lento para aprender, trabajé hasta hace muy poco en Salud Natural de esa Universidad, encontrándome con idéntico panorama: muy buen marketing pero cero sustancia e integridad). En ese tiempo, Adriana me sugirió mantener bajo perfil en ese lugar y mantener mi trabajo… No logré hacerlo.

A fines de 1993 tuve un problema físico importante, un “espolón calcáreo” (una protuberancia filosa del hueso del talón), que en mi caso surgió por haberme quitado las plantillas de pie plano demasiado pronto. Cojeaba y tenía bastante dolor. Consulté con un traumatólogo bastante conocido –que atendió a la selección chilena de fútbol- y su sugerencia fue aprovisionarme de analgésicos y comprarme plantillas de espuma, para aliviar el dolor… porque el asunto no tenía cura, una cirugía tenía demasiados riesgos, y “pronto iba a aparecer en el otro pie” (¡!).

Había visto a Adriana recibir a pacientes aquejados de problemas físicos, así que fui a verla una vez más. Me recibió con su habitual jovialidad –nos reíamos mucho juntos- y me dijo, “Ah, sí, yo he tratado muchas de estas cosas”. Me pidió que me quitara zapatos y calcetines y pidió que le trajeran algo que parecía una gelatina… Me masajeó con ella muy brevemente (dos o tres minutos) cada uno de los pies, y luego, muy sonriente, me dijo “¡Ya está!”. “¿Ya está?”, le dije, incrédulo, “¿Se acabó?”. “Así es”, me dijo, divertida con mi sorpresa. Nunca volví a tener molestias. Luego, en una entrevista que le hice en el 2003, titulada “La fe mueve montañas”, me dijo que ella “no hacía milagros”… (¿?)

Adriana dejó su cuerpo -muy desgastado ya- el jueves 12 de agosto de 2010 en la noche. Sólo me cabe para ella una enorme gratitud y pena de no verla más… Una mujer extraordinaria, desinteresada, generosa y llena de amor.

La Adrianita de Malloco.

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