SOMOS ENCUENTROS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Julio de 2011

 

 

José María Vigar, profesor senior de Yoga Iyengar: “El ser humano es luz, amor y opciones”

El conocimiento enigmático y sagrado de la India se llena de luz y sentido en la sencillez de sus palabras. En su enseñanza, cada asana se transforma en alimento para el espíritu, experiencia vital, orgánica y meditativa.

Por Olga Madariaga De La Barra 

Fue uno de los inviernos más crudos de los últimos años. Buganvilias, paltos y jacarandás no resistieron el rigor del frío. Tanto fue así que por mucho tiempo no florecieron con la fuerza de antaño.

Todo se congeló en ese invierno del 2007, año en que José María Vigar conoció Santiago de Chile. Desde el clima templado y las tibias aguas mediterráneas de Málaga, España, llegaba por primera vez un profesor senior del método a impartir el curso para acceder al título de profesor de Yoga Iyengar. Y para su sorpresa, no sólo se encontró con la dureza del clima; en lugar de los diez alumnos que esperaba hallar, encontró apenas a la mitad de ellos.

Viajar a un lugar situado a más de diez mil kilómetros de su ciudad, para impartir un curso intensivo de casi cuatro meses -repartido en dos años-, teniendo que dejar durante largos periodos a su familia y a los alumnos de su escuela, consolidada y respetada en Europa, fue sin duda alguna un gran reto. Pero en su mente y en su corazón estaban la experiencia de su Maestro y la suya propia.

“En aquel momento, mi gran inspiración fue el hecho de que Guruji nunca desistiese de enseñar, aún a pesar de tener muy pocos alumnos en sus comienzos. Es sabido que en su primera clase en Londres sólo hubo seis alumnos. Por otro lado, mi propia experiencia, al haber sido ayudado en mi iniciación en el método por profesores senior de Londres, algunos de los cuales vinieron periódicamente a Málaga a instruirme, me guió para afrontar aquella situación. Empecé a trabajar con devoción, sabiendo que la enseñanza del Maestro obraría el milagro, y en apenas una semana llegamos a los diez alumnos, que hoy son la primera promoción de profesores de Yoga Iyengar formados en Chile”, menciona.

Ahora el panorama es muy distinto. Numerosos practicantes de Yoga Iyengar se están formando como profesores del método, en Santiago, bajo su guía exigente, pero compasiva. Es tan grande su convocatoria que en uno de los seminarios que realizó recientemente en la capital, se reunieron más de un centenar de practicantes para acercarse a este método que rompe la inercia y la mecanicidad, y que hace del yoga lo que el yoga es: un rito y una experiencia devocional.

– ¿Cómo llegó el yoga a su vida?

  • “Tenía dieciséis años cuando surgió en mí la necesidad de buscar aquello que le diera sentido a mi existencia. Lo encontré en el yoga y a través de su filosofía pude responder a mis inquietudes: quién era, de dónde venía, hacia dónde iba, y cuál era el papel que me había tocado desempeñar en esta escuela planetaria que es la Tierra”, cuenta.

Se inició en el yoga de forma autodidacta. En 1975 no había profesores de yoga en Málaga y el único recurso era buscar en los pocos libros sobre el tema que se habían publicado hasta entonces.
“A partir de esos textos empecé a practicar, y con el tiempo se dio una confluencia con otras personas que estaban en la misma búsqueda. Establecimos grupos de trabajo donde no solamente practicábamos asanas (nombre sánscrito que designa a las posturas yóguicas), sino que también estudiábamos sus aspectos científicos, históricos y filosóficos”, señala.

Con el devenir del tiempo llegaron los primeros profesores de yoga a su ciudad, formados en la tradición de Sivananda. Fue profundizando en esa línea y conociendo otras, pero sentía que el horizonte estaba aún muy lejano y debía volver a su búsqueda personal. Sólo tenía una certeza: “Ser original significa volver a los orígenes y eso, en yoga, implica el respeto por la tradición del yoga clásico de Patañjali”, afirma.

(Fotografía: Dovrila Sapag.)

“Quedé absorto…”

– ¿Y cómo conoció el Yoga Iyengar?

  • “Inmerso en este proceso, el año 1989, una de las personas de nuestro grupo tuvo la oportunidad de ir a Zinal, una convención de yoga que se celebraba anualmente en Valais, Suiza. Allí se congregaban profesores de distintos métodos. Una de las clases fue impartida por una profesora senior de Yoga Iyengar, inglesa, de nombre Genie Hammond. Y sucedió que esta compañera quedó tan impactada por la claridad, la rotundidad y la pureza del método, que decidió organizar un seminario en Málaga, para que el resto del grupo lo conociese”, comenta.

El método Iyengar rompe la inercia y la mecanicidad, y hace del yoga lo que el yoga es: un rito y una experiencia devocional.“Yo asistí y quedé absorto”, añade. Atendía a todo lo que se le explicaba y hacía todo lo que se le pedía, con una inocencia y una apertura hacia el método que le permitían no compararlo con lo que había hecho antes, sino estar abierto a todo lo que comenzaba a sentir.

Al finalizar el seminario, Genie Hammond, intuyendo su fortaleza, decisión y capacidad para en un día no muy lejano difundir el método, le ofreció ir a conocer al maestro B.K.S. Iyengar a Inglaterra, donde al mes siguiente iba a impartir una serie de clases magistrales y a dictar varias conferencias.

“Para mi sorpresa, no sólo me ofrecieron la posibilidad de estar en aquellos actos que Guruji impartió en Londres, Gales y Manchester, para los cuales había largas listas de espera, sino que, gracias a Silva Mehta, mi otra profesora del alma, que en paz descanse, tuve la fortuna de viajar y convivir con el Maestro en aquellas jornadas inolvidables. Fue una experiencia maravillosa. Me decía a mí mismo: Esto es un regalo de Dios, ¡pero no soy digno de él! En su presencia sentí, por primera vez, la imponente dignidad de un Gurú. Vislumbré su alma iluminada por medio de una vida ejemplar y una obra incomparable.”, dice con emoción.

En aquel momento, se le reveló no sólo la grandeza del Maestro, sino la profundidad y complejidad de su método, desarrollado durante décadas.

“Descubrí que Guruji me estaba enseñando a buscar la pureza en ese acto supremo del ser humano que es la acción. A partir de un miembro eminentemente práctico del yoga, como es asana, que él me exigía que sustentara en los principios éticos (yamas) y en los preceptos de la disciplina (niyamas), me estaba enseñando a volverme hacia mi postura, a concentrarme en ella y a expandir esa concentración de manera gradual hasta abarcarla en su totalidad y hacerme uno con ella, y eso es pureza en la acción, meditación en la acción. Y entroncaba con la descripción del yoga que yo había leído en la Bhagavad Gita: El yoga es destreza en la acción, y en los Yoga Sutras de Patañjali: Las acciones del común de la
humanidad son blancas, negras o grises, pero las acciones de un practicante de yoga han de ser puras”, enfatiza.

– ¿Y en qué se diferencia el Yoga Iyengar de otros métodos?

“Guruji ha reelaborado dos de las disciplinas del yoga, que habían ido perdiendo su precisión desde la época de Patañjali. Ha realizado un estudio sistemático de asana (posturas) y pranayama (técnicas respiratorias), les ha dado una precisión científica y ha establecido un patrón para medir cualquier práctica. En su método ambas son la base sólida de la meditación y de la vida espiritual. Asana es acción y esa búsqueda de la pureza en la acción, ese empeño por la destreza en la práctica, a través de la alineación precisa, a la que te lleva una técnica depurada, que Guruji ha desarrollado, así como la integración de las diferentes disciplinas del yoga en asana, no lo había encontrado hasta entonces”, afirma.

El domingo 7 de julio (2011), el Maestro Senior de Yoga Iyengar, José María Vigar, realizará en Santiago un Seminario Intensivo del método.El dirige el Sadhana de Yoga Iyengar de Málaga, España, una de las escuelas más reconocidas en Europa; y por más de 20 años se ha formado al lado de Guruji BKS Iyengar y sus hijos Prashant y Geeta.

Jose María dicta periódicamente seminarios en España, Inglaterra, México y Argentina, y desde hace 4 años dirige la formación de profesores de Método Iyengar en nuestro país.

Las inscripciones están abiertas a practicantes de todos los niveles.

Contacto: Tel 9-462 78 62 y [email protected]

José María tuvo la certeza de que la práctica y el compromiso que Yogacharya Sri B.K.S. Iyengar exigía a sus discípulos distaban mucho de lo que se le había pedido hasta entonces, pero tantos años de búsqueda le habían dado la suficiente base para comprender la grandeza del método que tenía ante sí y la fortaleza para seguir al Maestro.

“El encuentro con el Maestro es la consecuencia de tu búsqueda. El maestro siempre aparece cuando el discípulo está preparado para comprenderlo, porque si no lo estás, pasará por tu lado sin que lo notes”, manifiesta. “Cuando uno da un salto de fe y se dice a sí mismo: tengo que intentarlo y ver si puedo llevar esto adelante, parece como si las manos de Dios te protegiesen, y su voz te dijese: “No voy a dejarte caer en el vacío, voy a ayudarte por haber sido valiente”, concluye.

El Maestro le encomendó que refinase y consolidase su práctica, a la manera de Iyengar, con sus mentores ingleses, durante dos años, antes de ponerse en sus manos y en las de sus hijos Geeta y Prashant.

Transcurridos esos dos años, en 1992, viajó a la ciudad india de Pune, donde está el Instituto del Maestro Iyengar, el Ramamani Iyengar Memorial Yoga Institute.

“A la conclusión del intensivo del grupo inglés, al que me había agregado, tras un mes de práctica exhaustiva, el Maestro me dijo: “A partir de ahora, quiero construirte yo mismo, como profesor”. En ese momento, se convirtió en mi Guruji”, enfatiza.

Desde entonces hasta hoy, José María viaja cada año para aprender bajo la guía de su Gurú y de sus hijos, e incorpora estos conocimientos a su práctica y a su enseñanza.

José María Vigar, profesor senior de Yoga Iyengar. (Fotografía: Yorka Zúñiga)

Experimentar lo sagrado

José María Vigar enfatiza que el yoga constituye una vivencia de lo sagrado, porque es una disciplina que traza el camino para encontrar aquello que es lo esencial en uno mismo.

“Desde un punto de vista filosófico, algo no puede provenir de la nada. Desde ese mismo punto de vista, la conciencia no puede brotar de la inconsciencia. Por tanto, la filosofía yóguica considera que existe un principio consciente eterno que, actuando sobre la materia (energía), que también es eterna, despliega el Universo. Hoy día aceptamos la ley de conservación de la energía, en la que los físicos postulan que la energía ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma y, por tanto, es eterna.”

“Pero para muchos es difícil aceptar la existencia de un principio consciente eterno, al que la filosofía del yoga considera como Dios, porque no lo ven. Pero, ¿acaso no son evidentes sus manifestaciones? Nadie ha visto la electricidad y, sin embargo, creemos en su existencia, porque se manifiesta en luz en una bombilla, en aire en un ventilador, o en calor en un radiador eléctrico. Dios se manifiesta en cada aspecto de la Creación y cada ser de este planeta, y cada uno de nosotros es una expresión de ese principio consciente eterno, una chispa de divinidad atrapada en las cualidades de la materia a la que va unida.”

“El Yoga nos enseña a encontrar lo sagrado en uno mismo y por tanto, podemos decir que el yoga es una vivencia de lo sagrado en nosotros, pues nos lleva a descubrir a Dios en uno mismo, a descubrir el alma, que es la conciencia universal, encarnada” explica.

– ¿Y cómo entiende, desde la profundidad de su acercamiento al Yoga, la aproximación superficial que está sufriendo esta disciplina hoy en día, hasta el punto de casi verse convertida en otra actividad de gimnasio?

– “Muchas de las personas que se acercan al yoga vienen buscando una disciplina que les lleve a descubrir lo eterno, lo sagrado, lo esencial que hay en ellos, y para eso, necesitan que sus profesores les guíen en la comprensión de lo que es el yoga en realidad.”

“Otras personas llegan a las escuelas de yoga buscando aspectos más superficiales de esta disciplina. Hay muchas puertas de entrada para los alumnos de una escuela de yoga, aunque la escuela sólo tenga una puerta.”

“El profesor debe respetar todas las opciones, porque incluso habiendo entrado buscando lo más superficial, muchos alumnos acaban descubriendo la profundidad del yoga, si sus profesores les guían en la comprensión de lo que el yoga es en su integridad. Mi pena es ver cómo se va diluyendo su profundidad por falta de conocimiento o de compromiso de los profesores”, aclara.

José María Vigar enfatiza que el yoga constituye una vivencia de lo sagrado, porque es una disciplina que traza el camino para encontrar aquello que es lo esencial en uno mismo.


– ¿Cómo se concilia la búsqueda de nuestro Ser interno, del sentido de la vida y de la verdad, con la práctica de asanas?“Nada nos acerca tanto a Dios como la búsqueda de la perfección, porque es la cualidad de nuestro Padre. La perfección nos elude, pero hay que buscarla. Con la práctica precisa de asanas, a la manera en la que Guruji nos enseña, conseguimos transformar la naturaleza de nuestro cuerpo y de nuestra mente, y elevarlas al nivel de perfección que ya somos esencialmente”, aclara.

– ¿De qué manera el yoga, al ser considerado un arte, no debe ser reducido a sus elementos constitutivos, como la práctica de asanas, por ejemplo?

– “Asana es uno de los órganos del yoga, que ha alcanzado tal auge en la actualidad que si Patañjali volviese a bajar a La Tierra y viese como la parte ha usurpado al todo (y aquí me estoy refiriendo a una práctica superficial de asanas), probablemente se volvería otra vez a los cielos, frustrado. Por lo tanto, cuando en la parte no está incluido el todo, reducir el yoga a uno de sus elementos constitutivos, por ejemplo, asana, es un sacrilegio.”

“Guruji ha cuestionado en forma abierta, desde su punto de vista de practicante, la premisa de que la vía del yoga clásico de Patañjali sea una secuencia de ocho pasos, uno tras otro. Al contrario, sostiene que únicamente “todos ellos juntos”, tomados como una unidad, constituyen el yoga. Sí esa vía es un todo indivisible en sus estadios, asana lo contiene en su totalidad.”

“Así pues, cuando practicas asanas aplicando la ética y la disciplina (yama y niyama), observando la respiración natural de ese momento (pranayama), volviendo los sentidos y concentrándote en ella (pratyahara y dharana), puedes llegar a ser uno con la postura, alcanzando la meditación en la acción (dhyana). Practicando de este modo, la parte no usurpa al todo, sino que lo contiene. Esta es otra de las grandes aportaciones de Guruji al yoga: la reinterpretación del mensaje de Patañjali.”

(Fotografía: Dovrila Sapag.)

Tesón y conocimiento

– ¿Por qué afirma en sus clases que la práctica debe ser devocional?

“Como te dije antes, cuando uno conjuga tesón y conocimiento en una materia determinada, se convierte en un devoto de esa materia, porque la comprende en su integridad. Estas tres cualidades no son ajenas al Yoga, son sus tres piedras angulares: karma (el celo en la acción), jñana (la sabiduría) y bhakti (la devoción). Bhakti no es practicar y decirse: practico, luego soy un devoto. La devoción se consigue paso a paso y es la tercera cualidad en la práctica del yoga. La acción y el conocimiento deben haber madurado previamente.”

“El cuerpo es el templo, y las asanas, las plegarias que nos llevan hacia nuestro “sancta sanctorum”, que es el alma. Por tanto, practicad las asanas con esta actitud devota y no con la finalidad de buscar el efecto físico y la tranquilidad mental, que es el resultado superficial de la práctica. Entonces descubriremos que, más allá de lo que diga nuestro carnet de identidad, somos luz, amor y opciones (acciones)”, concluye.

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