HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2013

 

Chile, enfermo del alma

Como psicólogo, puedo afirmar que Chile padece varios males del alma: uno de los peores es que aún necesita amos, porque no se respeta de verdad a sí mismo.

Entonces, busca en EEUU y Europa un modelo, una autoridad a quien idolatrar y a quien copiar, buscando aprobación y palmaditas en la espalda.

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

Otro gran mal es la búsqueda de imagen, a través del consumismo desatado, que nos lleva a endeudarnos y a no vivir de acuerdo a lo que tenemos. La imagen tiene un precio, y se paga muy cara. Es nuestra búsqueda de imagen la que hizo tan fácil, en realidad, vendernos la economía neoliberal: días después del Golpe ya se hablaba de “ejecutivos” –de maletín y corbata-, de “almuerzo ejecutivo”, y se hicieron accesibles y valorados todos los juguetitos que daban status. ¿Qué hacer para obtenerlos? Pedir un crédito, claro. Nuestro Presidente aportó su cuota con las tarjetas de crédito. Todo el mundo contento, todo el mundo endeudado… Ya nada era gratis, todo tenía un precio.

Uno de los peores males es, sin embargo, la descalificación de la diferencia desde el arribismo: toda salida de madre tiene como consecuencia murmullos y ceños fruncidos. Para qué hablar de los olores corporales o de ropa o modales no acordes a ciertos estándares –en esto, hasta algunos europeos tienen fama de “hediondos”-. Hay un patrón rígido y extremadamente conservador de lo que es o no es aceptable. De otro modo, la UDI, RN o la DC no tendrían la votación que tienen, habiendo obstaculizado históricamente cualquier reforma que amplíe los márgenes de libertad del “perraje” –o sea, del 90% de los ciudadanos-. Recuérdese lo difícil que fue aprobar una ley de divorcio…

Si los chilenos con esas características miran a su alrededor en Latinoamérica, ¿qué ven? En Venezuela, “monos” –según un diputado UDI-… y ya conocemos el trato dado a peruanos y bolivianos por décadas. Y a los mapuche… y a los indígenas de otros países… y a los negros… y a los mestizos… y a los pobres… y a los de piel más morena. ¿Común denominador? Tienen rasgos faciales o aspecto diferente. No son “como nosotros”… ¿Qué es ese “nosotros”? No se trata de como “somos”, sino de como “queremos” ser. Queremos ser seguros de nosotros mismos, hermosos, elegantes, cultos, ricos… y somos inseguros, gordos, depresivos, endeudados, arrogantes, ignorantes, superficiales y mentirosos… Ni siquiera hablamos un buen español, a diferencia de todos nuestros vecinos.

Uno de los peores males del alma de Chile es que aún necesita amos, porque no se respeta de verdad a sí mismo

La verdadera seguridad en sí mismo aprecia la diferencia, porque no la siente como una amenaza. Apreciaría la expresividad y el colorido de los caribeños y de Chávez -¡qué importa si es diferente, si entre sus logros está haber alfabetizado a 2 millones de niños!-; apreciaría las culturas indígenas como formas de vida diferentes y respetables, de las que siempre podemos aprender algo –para empezar, el respeto por la naturaleza-.

He oído que a ese ser humano extraordinario que es el presidente uruguayo Pepe Mujica, algunos chilenos lo hallan “poco elegante y falto de prestancia”… ¡Qué pena! Un hombre con el que se puede o no estar de acuerdo, pero que es íntegro, generoso y totalmente despreocupado de su imagen. Un hombre que habla de objetivos como la felicidad de su pueblo, no de logros económicos…, demasiado diferente al Chile actual. ¿Cómo no aprecia las cenas de gala, los cócteles, la ropa de marca, los automóviles y casas fastuosas que podría proporcionarse? ¿Cómo no se deja corromper –como nosotros- por el dinero? Dicho sea de paso, dice que “le pudre” su mote de “el presidente más pobre del mundo”, porque “hace 30 años vivía como vivo hoy y nadie se preocupaba. Yo no soy pobre, soy austero”, explicó, admitiendo además que “la austeridad no da patente de sabiduría a un gobernante”.

Para qué hablar de Evo Morales… Seguramente esta gente tan fina está indignada con que este “indiecito” tenga el atrevimiento de insistir con su demanda marítima. Cómo no entiende que somos moralmente superiores –y también en armamento, claro- y que “la soberanía no se vende” como dijo en forma tan hipócrita Piñera en la Celac. Suena bonito, pero la verdad es que sí se vende el mar, la pesca, la educación, la salud, el litio, el agua, la salud de comunidades como Puchuncaví y las demás “zonas de sacrificio”… Cualquiera podría creer que estamos más que dispuestos a transar la tan cacareada soberanía a cambio del gas boliviano, porque Chile se vende al mejor postor… pero no a un “indiecito”, claro, sino a multinacionales gringas o europeas. O, en el peor de los casos, a grandes capitalistas chilenos (peor es nada).

La triste realidad es que antes del Golpe éramos un pueblo bastante más culto y sensible que ahora. Había gente pobre, por supuesto, pero su pobreza tenía dignidad. A fines de los 60 tuve compañeros en la Universidad que eran pobrísimos… pero a la vez muy cultos, habían leído a autores que yo apenas había oído mencionar. Si usted ve escenas del Mundial de Fútbol de 1962 en Chile, verá gente pobre en las tribunas, pero arreglada y bien educada… ¿Qué ve ahora? Verdaderos mandriles, hablando y comportándose como tales, agrediéndose mutuamente por cualquier motivo. ¡Pero qué importa!, ¡hay más televisores a color y automóviles por cápita! ¿Somos más felices que entonces? Claro que no: más obesos y depresivos, claro que sí.

Tenemos mucho que aprender de los demás pueblos de Latinoamérica, pero mientras sigamos creyéndonos mejores que ellos… seguiremos enfermos de una “superioridad” que no tiene fundamento… y de una abismante y vergonzosa inseguridad. 

3 Comentarios

  1. De acuerdo, sin embargo pienso que nuestros grandes males son el egoísmo y la falta de compasión. Egoísmo que se traduce en codicia. Uno se pregunta ¿para qué ganar tanto? ¿Cuándo se van a detener? Aprendemos que la ambición de status, poder, riqueza, es algo positivo. Si ya tenemos riqueza, queremos más, de lo contrario aparece esta otra enfermedad, el “resentimiento”.
    Además está nuestro individualismo y la falta de compasión. Definitivamente la “compasión” está subvalorada como bien social y relegada me parece, al ámbito religioso. Qué diferente sería nuestra convivencia si como sociedad fuéramos capaces de ponernos con amor en el lugar del otro, del que está conmigo, del prójimo y actuar en coherencia con su bienestar.
    Necesitamos un cambio de conciencia.

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