SOMOS SALUD MENTE-CUERPO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2013

Harold Moskovitz: “La conciencia no está en el cerebro, sino en los chakras”

Revista SOMOS tuvo acceso a este connotado sociólogo y psíquico, que ha dedicado su vida a la sanación mediante el entendimiento de la energía. Conversamos con él sobre conciencia, libre albedrío, educación, ciencia y religión.

Por Eva Débia*

De acuerdo a los colores del aura, el dorado es el más alto nivel de conciencia al que un ser puede llegar, pues implica vivir la divinidad en carne propia. Asimismo, es el color del éxito y la sanación. Estos son los motivos por los que Harold Moskovitz, un norteamericano que ha estudiado más de 40 años la influencia de la energía en todos los planos de la existencia -físico, mental, emocional y espiritual-, decidiera en 1996 crear Desarrollo Luz Dorada.

Niños Dorados 

El jardín infantil Niños Dorados cumple ocho años en julio. El recinto, ubicado en Marchant Pereira, tiene lista de espera para su matrícula, y educa a 60 niños buscando que, como dice Carolina Ortiz, “no se desconecten de su aspecto divino, pues todos tienen la capacidad de ver el aura”.

Harold indica que “el jardín infantil nació de la idea de entender que quedamos enfermos por la programación que recibimos, esta manipulación por amor que coarta tanto el libre albedrío. Hay gente adulta que me ha dicho que siempre ha estado enojado, o miedoso, o culposo, o triste, y que cree que nació así. Buscamos crear un lugar donde evitemos lo más posible programar a nuestros hijos”.

Carolina profundiza en este aspecto: “Los niños en el jardín reconocen quiénes son; no hay manipulación de afectos. Es un espacio donde no les decimos ‘dele un beso a la tía’. No se le obliga por un patrón cultural ‘correcto’ a tener un desempeño en el marco moralista, se le honra constantemente en cuanto a sus decisiones: son muy poco influenciables, se aman tanto a sí mismos que no necesitan de la validación de los adultos, ni de sus pares. Así, tienen muchas más herramientas que los demás niños, ya que son conscientes y se hacen preguntas. Entienden que no están vacíos: su ego está tranquilo”.

De esta forma, cuando los niños entran al colegio poseen una autoestima mucho más alta, porque han desarrollado un amor propio y caen menos en la programación. El recinto goza de muy buena reputación, y han desarrollado un trabajo conjunto con los padres. Moskovitz aclara: “No somos una guardería, pues somos mucho más que un lugar donde dejar a los niños”. Ante la posibilidad de fundar un colegio bajo los mismos parámetros, ambos sonríen y comentan que “es el siguiente paso; primero más jardines, y luego un colegio. Es lo que queremos”.

Carolina remarca que “hoy los colegios son autoritarios y los profesores no honran a los niños sino que, en el fondo, los aplastan”; por eso, Harold complementa que “el sistema educativo de los lamas es a la inversa del sistema educacional convencional. En cualquier universidad, estás frente a tres jueces, los que te hacen preguntas. En el Tíbet, es el estudiante quien realiza las preguntas a los maestros. Y ese es el desafío, qué pregunta hacerle a quienes ya manejan más información que tú”. Así, la pregunta pasa incluso a ser mucho más importante que la respuesta.

La casa tiene un jardín precioso, con un parrón bajo en el que retozan varios gatos. Hay pájaros trinando, y la vegetación es de un verde intenso. Este fue el marco para lo que, hasta el momento, ha sido una de las entrevistas más gratificantes que me ha tocado realizar.

Carolina Ortiz es la representante internacional de Desarrollo Luz Dorada. Harold es el mentor, creador y cara visible de la organización. Ambos trabajan en conjunto, teniendo el centro de operaciones de este organismo desde hace 12 años en Chile, y manteniendo sedes en México, Panamá, Perú, Bolivia, Estados Unidos y Ecuador.

Desarrollo Luz Dorada se define, en palabras de Carolina, como “una entidad de educación”, esencialmente mediante charlas y seminarios, y la entrega de técnicas sobre cómo usar el traspaso de energía para sanar. La idea va mucho más allá del reiki, pues postula que todas las enfermedades son la respuesta física a estados emocionales permanentes como el miedo, la culpa y el enojo. En un ameno español matizado de gringo, Moskovitz accede a responder nuestras preguntas.

– ¿Cuál es la diferencia entre el aura y los chakras?

  • Los chakras son principalmente siete aparatos o conos de energía, ubicados verticalmente en la columna vertebral mirando hacia el frente. Digo principalmente, pues hay chakras en cada articulación, célula y átomo; chakra es sinónimo de vórtice de energía. El aura es la energía que sale a través de estos conos, y ambos elementos sumados son la conciencia. En lo común, mide uno a dos metros alrededor, dos metros hacia arriba, y dos metros hacia abajo.

El séptimo chakra funciona como un embudo, que baja hacia nuestro alrededor, y por eso no está proyectado hacia el frente como los demás; de este modo nos conectamos con el centro de la Tierra. Al momento de nacer, enviamos desde nuestro cuarto chakra un mensaje hacia el centro del universo y hacia el centro de la Tierra, anunciando esta nueva llegada, y la extensión de este ser como espíritu, con su propio rango de vida, avisando de su propio libre albedrío y su particular vibración energética.

No somos el cuerpo, sino el espíritu; el cuerpo solo es el vehículo. Como espíritu, somos capaces de percibir imágenes que nuestra conciencia tiene en su aura. Las palabras describen imágenes, el cúmulo de sensaciones sobre cada cosa, y esto forma parte inherente del aura. Hay mucha gente que tiene la capacidad de percibir estas imágenes en el aura de los demás.

Del mismo modo, tenemos la capacidad de crear con imágenes. Nuestro concepto de manifestación es así; primero lo vemos, luego lo decidimos, y a esa decisión le sumamos emocionalidad. Así, cada imagen es un contenedor energético emocional. La conciencia no está en nuestro cerebro, sino en nuestros chakras, en nuestra aura.

Harold Moskovitz y Carolina Ortiz, fundador y representante internacional, respectivamente, de Desarrollo Luz Dorada. (Fotografía: Eva Débia)

Colores y frecuencias

– ¿Quién puede ver el aura?

-Todos nacemos con esta capacidad, pero la programación externa que recibimos va bloqueando nuestras habilidades; sin embargo, es posible reeducar esta habilidad en todas las personas.

Los colores son indicadores de frecuencia de conciencia, que luego producen emociones. Si bien no hay colores buenos o malos, las emociones como el miedo y la tristeza generan colores más oscuros o bajos en el tono. Lo ideal es el dorado, en todo nivel, pero lo común en nosotros es el blanco, reflejo del miedo; el rojo, indicativo de frustración; y el morado o fucsia, que equivale al juicio.

El aura tiene siete capas; cada capa tiene siete subcapas, y cada subcapa puede tener más de un color.

– ¿Todos los seres poseen aura?

  • El aura y los chakras son una extensión de nosotros mismos, una conciencia de energía y luz. Nuestros recuerdos son imágenes. Todo lo que hacemos se graba, en pedacitos, en nuestros chakras. Hay niveles diferentes de conciencia y rangos de manejo de libre albedrío; los órganos, las células, las moléculas, los átomos: cada uno de ellos es individuo de conciencia, que maneja su propio rango de libre albedrío.

Aun aceptamos la creencia del 1400 de que hay cosas inanimadas, pero todo está vivo, todo tiene aura; sin embargo, no todo posee los matices de nuestra aura. Un gato no sabe que es un gato: es no más, y nos ve a nosotros también como gatos. Tiene conciencia, pero en otro nivel, pues tiene otro propósito de vida.

Hay psíquicos que hablan con las plantas y con los animales. El paganismo tenía relación con esto, entendiendo que toda la naturaleza era parte de la vida misma. Hemos perdido esta conciencia, esta conexión con todo, básicamente por la persecución religiosa. Es necesario empezar a entender más, y aprender a relacionarnos de otra manera con el mundo.

Todos nacemos con la capacidad de ver el aura, pero la programación externa que recibimos va bloqueando nuestras habilidades; sin embargo, es posible reeducar esta habilidad en todas las personas.– ¿Existen partes donde no está presente el aura?

  • Puede ser que, por emociones y a veces por el consumo de ciertas drogas, creemos huecos, fisuras, depresiones o agujeros en nuestra aura. La gente con depresión tiene literalmente gris su cuarto chakra, y las personas esquizofrénicas tienen su séptimo chakra partido en dos.

Para solucionar esto, no es solo cuestión de arreglar los chakras a nivel energético, sino de arreglar la situación a nivel de conciencia. Hay que tomar conciencia de cómo se mueve nuestra energía.

– ¿Qué pasa con la materia?

  • Somos energía en un 98%; no hay bueno ni malo, no hay leyes, no hay correcto o incorrecto. Tenemos una visión bastante estrecha de cómo observar la vida; los médicos han explicado el cómo, pero no han explicado por qué.

Cuando nacemos, nuestra glándula timo es de un cierto tamaño, pero a los 15 años aproximadamente, el timo ha perdido su masa en un 40 a 60%. Los médicos no tienen explicación para esto, salvo un “porque sí”. Es muy extraño, pues en la adolescencia es donde precisamente se estimula más el sistema endocrino; los adolescentes funcionan a un 110% por la secreción de hormonas, creadas por las glándulas pineal, pituitaria, tiroides, timo, etcétera; por lo tanto, es muy poco lógico que precisamente una de estas glándulas, la que gobierna la respuesta inmunológica, se reduzca tanto en su tamaño y su función.

Para mí, esto es pura arrogancia, no es honesto, pues lo cierto es que no sabemos. Las personas aparentemente fuertes de carácter, no saben controlar sus emociones: en el fondo, son débiles. Esto es algo que siempre he buscado entender, intuitivamente; no tiene lógica de fondo, que te digan solo “así es”. Es mucho más asertivo decir “no sé”. Es una enorme responsabilidad pretender enseñar cosas, proyectando saberlo todo. ¡Si ni siquiera Dios lo sabe todo!

Los colores del aura son indicadores de frecuencia de conciencia. En la foto, el aura de Eva Débia, periodista de Somos.

De lo humano y lo divino

– Hablemos sobre las religiones, entonces…

  • La creencia fundamental de las religiones es que lo humano no tiene valor frente a lo divino, y es exactamente opuesto a lo que realmente es. El católico prueba su valor mediante el sufrimiento; el judío, siendo bueno; el hindú, mediante la protección de su casta; la palabra Islam significa someter, te sometes para probar tu valor frente a Alá; el budismo ha sido distorsionado, y solamente tienes valor cuando renuncias al ego y a lo material, apreciación errada ya que el apego y la avaricia nos alejan de dios, no lo material. Es el egoísmo, no el ego.

El problema es que la enseñanza de una creencia sobre otra deshonra nuestro libre albedrío, y baja nuestra autoestima. No hay bueno ni malo, ni correcto, ni incorrecto: si te digo que esta agua es buena, estoy imponiendo mi percepción sobre la tuya; te estoy transmitiendo que, para que sepas mi experiencia, tienes que ser yo, y eso es imposible.

La palabra pecado significa “error de pensamiento”, y el pensamiento erróneo es el que juzga: tal vez, si tú pruebas este líquido, no lo consideres tan buena agua. Pero, como amamos y el amor no tiene condiciones, intentamos comprender a nuestros padres, aun a costa de nuestra propia identidad, valor y autoestima. Y luego, caemos en la ira, la baja autoestima, la frustración.

Así, anulamos nuestros chakras, los bloqueamos energéticamente de forma paulatina. Por esto mismo, el timo se va atrofiando. Es muy triste que la palabra que más escuchamos en nuestra infancia sea “no”.

– ¿Qué pasa con la enseñanza tradicional, entonces?

  • Cuando enseñamos de esta forma en todos los jardines, en todos los colegios, en todas las ciudades, creamos una dinámica de invalidación y de miedo. La respuesta al miedo es el enojo, la tristeza, la duda y finalmente la culpa. Recordemos que esta misma enseñanza queda plasmada en pedacitos, en cada uno de nuestros chakras.

En este marco no solo baja la energía sino que su calidad también, pues es energía de miedo, de enojo, de tristeza. Los chakras están entre los plexos y las glándulas endocrinas; además, manejan los niveles de conciencia. Por ello, se alimentan de agua, fuego, aire y tierra. Todo el planeta se contrasta en base a esto.

Así, el sentimiento de culpa, frustración o miedo puede generar que sobre aire o que falte; puede hacer que un corazón explote en pánico o se congele. Esto hace que los chakras se cierren. Esta falta de aire es falta de crecimiento. Los cuatro elementos son la base del cuerpo; por lo tanto, si estamos repitiendo al ser que su experiencia no vale, que tú no vales, anulamos nuestra propia existencia, y lamentablemente, eso es justo el pie de las religiones.

La palabra educar significa “sacar desde adentro”. La enseñanza del machismo, por ejemplo, es por vergüenza; así se baja la autoestima. Dime qué religión no es machista: dios es hombre, en todas. Y, ojo, es “la” universa, y “la” planeta, y la costilla fue sacada de una mujer, no de un hombre. La menstruación es para las mujeres un recordatorio de esa costilla que les fue sacada.

Seres de conciencia

– ¿Cómo repercute esto en la salud de las personas?

  • Somos seres de conciencia, viviendo creencias. Las emociones son estimulaciones a nuestro cuerpo, y éstas fluyen a través de los nervios a los plexos, estas especies de ramificaciones nerviosas. El más conocido es el plexo solar, pero hay muchos otros, justo donde están los chakras.

Así, las enfermedades son manifestaciones de las emociones, las emociones son productos de las creencias, y las creencias, de las imágenes. Una persona me llamó mucho la atención, pues teniendo un tumor, me dijo: “Gracias, entiendo todo lo que me dices, pero ¿puedes sacarme el tumor, pero dejarme mis sentimientos de culpa?” Así, no se soluciona nada. El cáncer es culpa; no es posible sacar el cáncer sin expulsar la culpa. La diabetes es tristeza por lo que no se pudo hacer. “Estoy enojada porque soy mujer”, y desarrollo quistes en el ovario; “Estoy enojado porque no me dejan ser”, y desarrollo fibrosis quística; “Estoy enojado porque no me dejan hablar”, y desarrollo hipotiroidismo.

Generalmente buscamos enfatizar nuestra comunicación hacia el otro mandando imágenes de “escúchame”; esto genera un cordón energético que tira el chakra, obcecándonos en obligar al otro a hacer algo que no quiere, negando su libre albedrío.

La respuesta es poner tu cuerpo en tensión, y así se generan, por ejemplo, los grandes dolores de cabeza, ubicados entre la cuarta y la quinta lumbar, en el 98% de los casos. Allí está el chakra de las emociones, ya que quiero que tú sientas como yo, para asegurar que hagas lo que yo quiero. Esto es un amor mal entendido, porque el amor es el libre albedrío. Todos tiran cordones; por eso es tan importante trabajar desde uno mismo para recibir lo menos posible estos lazos, que no son sino emociones negativas y que redundan finalmente en enfermedades.

Por esto mismo, la medicina científica es la medicina alternativa, pues fue desarrollada en guerra, y el uso del cuchillo se da en ese contexto. Hoy, muchos médicos nos envían a sus pacientes; iniciamos un trabajo con el Hospital San Borja, por un breve tiempo y en un espacio específico en pediatría, pero hoy quieren expandirlo a todo el recinto, especialmente a pacientes crónicos.

Aun desde antes de Copérnico y Galileo, la ciencia ha estado coja porque no ha incluido el espíritu: si no se incluye el por qué, la explicación del cómo es muy vacía. La religión dice que este campo es suyo; no hay lógica, es un asunto de fe. Esta respuesta del “porque sí” se da para controlar. Dios es autoridad, y no queremos cuestionamientos ante Dios: o lo aceptas o estás en su contra. La ciencia ha comenzado a tener la misma actitud: “Es así porque es así, ten fe en nosotros”.

No somos el cuerpo, sino el espíritu; el cuerpo solo es el vehículo. Como espíritu, somos capaces de percibir imágenes que nuestra conciencia tiene en su aura.

Cuarta dimensión

– ¿Pero existe alguna evolución de conciencia a nivel global?

  • El beneficio del cambio a la cuarta dimensión es precisamente este proceso de apertura del cuarto chakra, de amor íntegro, de cambios sociales; poco a poco, la gente comenzará a sentirse distinta. Este no es un proceso lógico, sino espiritual, no incluye el por qué de algo.
Sanar el aura 

El próximo 25 y 26 de mayo (2013) se realizará un nuevo seminario, llamado “Cambiar y sanar tu aura… y la de alguien más”. Allí, Harold y Carolina enseñarán por qué es tan importante estar en contacto con nuestro interior, entregando herramientas profundas para ayudarte a ti y a las personas que amas.

Para mayor información, escribir a [email protected]

Cada uno es un ser de conciencia; la configuración o condición del planeta Tierra nos da la oportunidad de explorar distintas creencias, por nuestra propia curiosidad, porque queremos, es un gusto de desarrollo. No hay escuelas: “la” universo está creada porque Dios en su curiosidad quiso conocerse más. Tú eres una extensión de esta conciencia y esta curiosidad.

Somos seres divinos encarnados, somos Dios en parte, expresándose por completo; a quienes quieren mantener control y poder no les conviene que entendamos esta realidad. Para mí, lo natural es que nuestro cuerpo viva 500 años como mínimo, que nunca nos enfermemos y nos veamos como mucho de 75 años, y una vez que decidamos partir, nos llevemos nuestro cuerpo con nosotros; en una ascensión. Pero estamos lejanos a este concepto, de acuerdo a las normas acostumbradas.

– ¿Y por qué el ser humano necesita de estas normas, entonces?

  • Creamos los sistemas y las normas porque el ser humano busca esencialmente la respuesta, el por qué. Dependiendo de quién conteste estas preguntas, desde ahí aprendemos a ver cómo relacionarnos. Tenemos leyes por no confiar; decimos que Dios tiene leyes, pero bajo ese criterio, él tampoco confía en nosotros. Y si Dios no confía en nosotros, y tú tienes un Dios distinto al mío, la historia es bastante deprimente. Einstein dijo en algún momento que el patriotismo es una enfermedad; si buscas entender, básicamente todo lo que hacemos en materia de instituciones, es enfermedad. 

*Eva Débia es periodista.

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