SOMOS HALLAZGOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo de 2011

Desde Sri Lanka: Magia y mito de una danza ancestral

Un relato mítico, que a través del arte y la belleza de la música y el movimiento, nos conecta con los elementos naturales de los que la civilización nos ha separado…

Por Catalina Vidales

Fotografías de Natalia Dintrans

Sri Lanka, antes llamado Ceilán, es una isla que ha recibido a muchos conquistadores. El relato cingalés más antiguo que existe es el de Rama, quien construye un puente con rocas para cruzar de India a Sri Lanka en busca de su amada Sita, raptada por Ravana, el rey de los demonios.

Más adelante en el siglo V a.C, el Príncipe Vijaya llega desde India en un barco con 700 hombres y establece el primer reinado de Sri Lanka, gracias a la ayuda de Kuveni, una princesa yakka. Los yakkas, llamados demonios o espíritus del bosque, son los seres nativos de esta isla y, al parecer, tienen una conexión muy poderosa con la naturaleza. Kuveni, enamorada de Vijaya, lo defiende de los demás yakkas, se casa con él, y juntos construyen un reino, tienen dos hijos y durante mucho tiempo viven felices, en plena y pacífica armonía.

Un día, Vijaya despierta con un extraño anhelo de sus tierras natales y decide casarse con una princesa de su país según sus propias costumbres, olvidándose por completo de Kuveni, quien se enfurece tanto que arroja una maldición sobre Vijaya y su futuro linaje de reyes. Esta maldición comienza con su sobrino Panduvadev, quien, siendo rey, cae en estado de demencia y paranoia. Los más sabios del reino no logran cura alguna para esta extraña enfermedad, pero a través del oráculo reciben la siguiente información: “El único capaz de sanar al rey es el que ha nacido de una flor de loto.”

Catalina Vidales, bailarina de Danza Tradicional de Sri Lanka, especialista en composición y arreglos musicales.

Mensaje de supervivencia

Este relato ancestral, pero al mismo tiempo de una vigencia extraordinaria, contiene en su interpretación una información tan valiosa que no la podemos pasar por alto. Se podría decir que es un comunicado de supervivencia para la humanidad entera. Los hombres de los tiempos antiguos tenían con la naturaleza una conexión de supervivencia intuitiva; por esto, vivían en plena armonía con lo que los rodeaba, tal como Vijaya y Kuveni.

El anhelo que Vijaya experimenta al querer realizar sus ritos según sus propias costumbres nos habla de un proceso de la humanidad que tiene que ver con la individuación. Esto quiere decir, inevitablemente, sufrir una desconexión con la naturaleza a tal punto de sentirse aterrorizado ante ésta, dejar de sentir el llamado del instinto, percibirse totalmente solo y desprotegido. Este es el motivo por el cual en el relato Kuveni se siente traicionada por Vijaya.

En cada presentación, Francisco Campos acompaña con sus sones la renovación del mito eterno.

Los seres humanos nos obsesionamos tanto con la individuación que nos desconectamos totalmente de la naturaleza, fragmentándonos infinitas veces, olvidándonos de que formamos parte de un todo, de un planeta vivo que nos acoge de manera incondicional, de un universo del cual somos creadores. Este sentimiento de desconfianza para con el entorno ha hecho entrar poco a poco a toda la humanidad en un estado de miedo y paranoia, la misma enfermedad que luego comienza a aquejar al Rey Panduvadev y no le permite llevar a cabo su reinado.

Al compás de los tambores, en cuerpo y alma, Catalina expresa el mito universal del encuentro con la naturaleza.

Tambores que sanan

El Rey Malaya, quien nació de una flor de loto, fue quien sanó al rey de esta enfermedad a través de la realización del “Kohomba Kankariya”, ritual que consiste en bailar, cantar y tocar el tambor, vestidos con atuendos resplandecientes durante siete días y siete noches seguidas, dedicando toda esta energía a los dioses del kohomba, árbol medicinal muy conocido en Asia por sus propiedades desinfectantes.

Esta desconexión que afecta a la humanidad generándonos miedo y conductas muchas veces demenciales (guerras, agresividad, hambre, pobreza) es la que este ritual sagrado ayuda a sanar. Se dice que el sonido de los tambores, de los pies descalzos golpeando el suelo y de los sonajeros colgando de los tobillos, “despiertan” de su letargo e inconsciencia al rey, el que es capaz de comprender que para reinar debe establecer un vínculo armónico con la naturaleza.

Hermosos atuendos, tambores, canto, danza… ¿Qué significan? Esto significa Arte, la energía que produce el arte volcada a las entidades que nos permiten estar con vida: la tierra, el sol, el agua, las plantas, los animales, el aire…

La compañía Kali completa, en un emocionante encuentro con la belleza y el arte.

El equilibrio perdido

Más allá de la Danza Kandyan y del ritual específico, este es un mensaje universal que nos dice claramente que en el Arte encontramos el equilibrio para reinarnos a nosotros mismos en armonía, tanto en lo individual como grupalmente.

Este relato ancestral, pero al mismo tiempo de una vigencia extraordinaria, contiene en su interpretación una información tan valiosa que no la podemos pasar por alto.Es importante destacar que este ritual se ha tenido que realizar en Sri Lanka para cada sucesor del trono con la finalidad de mantener sano el linaje de reyes, y esta es la razón por la cual el arte de la Danza Kandyan ha perdurado en el tiempo hasta nuestros días. Es una conexión directa con el mito, con lo ancestral, con el “no tiempo”.

Sin duda, esta antiquísima danza tiene hoy en día una vigencia extraordinaria. Si nos encontramos en desconexión con lo esencial de nosotros mismos y de la vida, no es raro que nuestras emociones prevalentes sean el miedo y la agresividad. Sentimos que todo nos ataca y nos llenamos de sistemas de protección, seguros de vida y salud, remedios preventivos y todo lo que nos quieran vender para aplacar un poco este miedo que nos gobierna y nos destruye. Ya no es secreto para nadie que estamos entrando en una nueva era, una época de cambios, de una necesaria ampliación de la conciencia para poder sanar nuestro planeta, para intentar encontrar un equilibrio con este gran ser vivo al que hemos agredido durante tanto tiempo.

Sri Lanka se encuentra exactamente al otro lado del mundo. La razón por la cual ha llegado este conocimiento a Chile es una historia muy larga llena de “casualidades” y coincidencias. Lo importante es que por algo ha llegado; tenemos en estas tierras un conocimiento ancestral, milenario y a la vez actual. Es importante, entonces, darlo a conocer, informar a la humanidad de que existe esta herramienta llena de sabiduría y que todos podemos acercarnos a ella en cualquier momento. 

La Compañía Kali 

Catalina Vidales ingresa a estudiar la carrera de Especialista en Arreglos y Composición de Música Popular en 1999, y un año después inicia paralelamente sus estudios de danza Kandyan (danza tradicional de Sri Lanka) en la Escuela “Udenetum” dirigida por Meintje Orsel, bailarina holandesa radicada en Chile. Meintje Orsel fue la primera persona que trajo el conocimiento de la Danza Tradicional de Sri Lanka a nuestro país. Gracias a ella y a sus sucesoras, los chilenos tenemos el privilegio de acceder a este complejo, ancestral y lejano arte.

Luego de titularse de Especialista en Arreglos y Composición de Música Popular, Catalina decide dedicarse completamente a la danza Kandyan como bailarina, coreógrafa y profesora, asociándose con Lucía Tobar para formar en 2006 la Compañía Kali. Con el objetivo de llevar a la Compañía por un camino profesional, en 2007 ambas creadoras viajan a Sri Lanka a perfeccionar la técnica tomando un curso intensivo en Chitrasena School of Dance, en Colombo.

En su calidad de compositora musical, para Catalina era muy importante, además, hacer un estudio y un registro de la música de Sri Lanka en todos sus ámbitos, aprender a tocar el tambor tradicional “Geta Beraya”, estudiar las melodías, las letras y sus significados, pero sobre todo, la escritura musical y la comprensión rítmica, totalmente diferentes a los de la escritura occidental.

El objetivo principal era, a su regreso a Chile, enseñar y transmitir este lenguaje a los músicos que serían los nuevos integrantes de la Compañía Kali: Geraldine Compagnon, cantante, y Francisco Campos, percusionista, a los que más tarde se unieron nuevas bailarinas, entre ellas Constanza Yáñez y María Eugenia Vallejos.

El año pasado (2010), Catalina Vidales, Lucía Tobar y Constanza Yáñez formaron un equipo de producción y gestión cultural y presentaron al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes el proyecto “Difusión de la Danza Tradicional de Sri Lanka”, el que fue seleccionado y se llevará a cabo durante el segundo semestre de este año. El proyecto consiste en realizar trece funciones de la Compañía Kali totalmente gratuitas, en distintos lugares de la Región Metropolitana, desde octubre en adelante, difundiendo este hermoso legado cultural.

Contacto e informaciones acerca de clases y funciones: Catalina Vidales, tel: 9 8226114, [email protected]

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