SOMOS CONSCIENCIA Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Julio de 2013

Vicente Merlo en Chile:   Espiritualidad comprometida con lo social

No sólo la meditación, la oración, los rituales y los discursos positivos son espirituales. El templo hoy en día es la naturaleza toda… Así lo manifiesta en esta entrevista exclusiva para Somos el filósofo español Vicente Merlo, quien durante el mes de agosto visitará nuestro país.

Por Cecilia Montero

Vicente Merlo, filósofo español, especialista en budismo e hinduismo, es un pensador comprometido con los nuevos movimientos espirituales. Su obra incluye libros sobre ética, meditación, misticismo y el pensamiento filosófico de Oriente.

En su libro La llamada (de la) Nueva Era, presenta un cuadro muy completo de las corrientes espirituales y religiosas influyentes en el s. XX y XXI, con particular interés en las dimensiones esotéricas y psico-espirituales de los movimientos espirituales.

Es socio-fundador de la Sociedad de Estudios Índicos y Orientales, así como de la Asociación Transpersonal Española. Ha sido miembro del Consejo Asesor del Parlamento de las Religiones del Mundo y coordinador y profesor del Máster en Historia de las Religiones en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Si bien el despertar de los nuevos movimientos espirituales hacia fines del s. XX coincide con el resurgir de los fundamentalismos e integrismos de las grandes religiones (Islam, judaísmo y cristianismo), el espíritu de la New Age se ubica en las antípodas de los mismos. Pero no suele entenderse así, tanta es la confusión entre lo que es una religión y un movimiento espiritual.

Su interés por presentar en forma seria y documentada la riqueza de la New Age es a la vez teórico y práctico, intelectual y existencial, pues parte por reconocer que ha bebido de su fuente, una fuente esotérica y psico-espiritual en torno a la cual existe mucha descalificación.

Su postura no es neutra, pues si bien recorre en forma bastante exhaustiva las diversas corrientes citando a los principales maestros y pensadores, sus preferencias quedan claras. Y estas van por el lado de valorar el camino de liberación del budismo en sus versiones menos dogmáticas y ritualistas y por el neo-hinduismo y, en particular, el rescate de la tradición hindú que realiza el también filósofo y místico Sri Aurobindo, figura que antecede e inspira a la psicología transpersonal.

Filósofo español Vicente Merlo.
Filósofo español Vicente Merlo.

Un nuevo ser humano

La síntesis que nos ofrece Vicente Merlo es el fruto de su formación académica en Filosofía Occidental, de su conocimiento y estudio de la tradición oriental budista e hinduista y de su propia búsqueda espiritual. De ahí su optimismo respecto de la influencia que puede tener el pensamiento integral de Aurobindo en la formación de un nuevo humano. Porque justamente de eso se trata, de difundir una mirada espiritual evolutiva que puede ser la alternativa al desmoronamiento del orden social y económico en que está debatiéndose el mundo.

De su propia trayectoria podemos extraer cuáles son las exigencias de la transformación personal a la que estamos enfrentados en esta ya tardía Nueva Era. “Cada vez más personas están iniciando una búsqueda intensa que no se limita a la narcisista satisfacción afectiva personal, al compromiso social y político más o menos ciego, limitado o fanático, o a la investigación científica filosófica meramente teórica, mental, intelectual. Porque de lo que se trata es de integrar el desarrollo espiritual con el trabajo psicológico, única vía para la realización del Ser, del Yo profundo”, manifiesta en La llamada (de la) Nueva Era.

Pensadores y místicos de diversas tradiciones, tales como Rudolf Steiner y Sri Aurobindo, vislumbraron el umbral que, al parecer, la humanidad tendrá que atravesar en forma imperativa. Cambios profundos que nos exigen un salto evolutivo en todos los niveles de nuestro ser.

Se trata de integrar el desarrollo espiritual con el trabajo psicológico, única vía para la realización del Ser, del Yo profundo…Y a eso está abocado Vicente, a darle contenido a una espiritualidad integral y planetaria que esté a la altura de los tiempos que corren. Tiempos de violencia y destrucción y tiempos en que comienzan a brotar las nuevas semillas. Movimientos sociales que desplazan a las guerras de antaño y que golpean en forma tenaz las bases de las instituciones. La gran pregunta que surge es dónde encontrará el ser humano las herramientas espirituales para tener la fuerza y el temple de atravesar el umbral. De esto y de lo que viene conversamos con Vicente Merlo.

– Tú ves en el budismo una verdadera terapia ante el desbordamiento de una razón desconectada de la Fuente, un budismo que desconfía de las especulaciones metafísicas, de rituales y dogmas rígidos y que en forma simplificada ofrece un camino de liberación, de paz y silencio interior. ¿Será este camino adecuado para la vida cotidiana de los millones de seres humanos que viven en un tiempo y una velocidad muy diferentes a las que experimentaba un budista hace 2000 años?

  • En primer lugar, me gustaría recordar que la tradición budista abarca un amplio abanico de escuelas y corrientes, desde el Theravada y la meditación Vipassana hasta el budismo tibetano, Vajrayana, pasando por las variadas escuelas del Mahayana, entre las cuales la que más ha cuajado en Occidente es el Zen.

Por otra parte, preferiría no hablar de “terapia” en sentido estricto, para referirme al budismo, sino más bien de un “camino de sabiduría y compasión”, a menos que entendamos “terapia” no en su sentido técnico, sino como metáfora de la sanación de ese sufrimiento, esa angustia, esa sensación de carencia que caracteriza a la existencia humana.

Pues bien, tal como el budismo indio tuvo que adaptarse a las condiciones culturales reinantes en los países por los que se propagó (China, Japón, sudeste asiático, Tíbet, etc.), actualmente asistimos a la necesidad de adaptarse a las condiciones culturales del Occidente moderno y de ahí el lento surgimiento de un “budismo occidental” que pueda integrar las preocupaciones “terapéuticas”, así como el compromiso social y político, que el llamado “budismo comprometido” está realizando. Thich Nath Hahn o David Loy son dos ejemplos de ello.

Vicente Merlo en Chile:   Espiritualidad comprometida con lo social

Los tres venenos

– La globalización ha llevado el ideal de la sociedad de consumo a todo el planeta. Has dicho que “El mayor tirano es el propio deseo cuando se queda sujeto a él” y que “el mejor guerrero es el que se vence a sí mismo”, pero ¿cómo lidiar con la fábrica de creación de deseos que es el capitalismo actual?

  • Efectivamente, el budismo original se centró muy especialmente en la transformación de la mente y en la trascendencia del “deseo” y el “apego”, en la liberación de ambas dimensiones del ser humano. Y quizás ahí siga estando su más destacado aporte.

Ahora bien, eso no elimina la posibilidad de un budismo socio-políticamente informado y comprometido que muestre cómo los tres venenos señalados por el Buda (codicia, odio, ilusión ignorante) poseen también una dimensión social y su dinámica rige no sólo los procesos psicológicos individuales, sino también los procesos históricos y sociales.

La acumulación capitalista es un caso de codicia, así como el terrorismo desesperado es un caso de odio, generado por la codicia de otros, y ambos se enquistan en una espiral de ignorancia y egoísmo.

– El ritmo de cambio se acelera y muchos somos los que queremos ser partícipes y no meros espectadores del proceso. El budismo conjuga la aceptación de lo que es con la compasión del bodhisattva. ¿Qué parte hay de lucha y qué parte de aceptación?

  • Efectivamente, si bien la concepción de “sabiduría” (prajña) propia del budismo es cuestionada en muchas ocasiones -por visiones distintas de la budista, claro está-, su “ética de la compasión” (karuna) , característica del bodhisattva -el ser que se ha tomado en serio recorrer el camino de la iluminación, del despertar, no sólo para sí mismo, sino también y en la misma medida para todos los seres sufrientes-, creo que merece una admiración y un apoyo totalmente necesarios en nuestros días. El Dalai Lama ha venido ilustrando de manera ejemplar esta actitud.

El budismo diría que la lucha ha de centrarse en la propia mente, nuestro principal enemigo, y a partir de ahí nuestra sabiduría espontánea, armonizada con el dharma, indicará el modo de acción más adecuado en cada situación.

Un nuevo ritmo

– Si el desafío es el desarrollo de un nuevo humano y la construcción de un nuevo mundo, ¿qué relación puede establecerse entre la espiritualidad y los movimientos sociales que participan en la construcción de un nuevo orden? ¿Ves tú algo de sentido trascendente en las manifestaciones de los “indignados” (España, Grecia, Turquía, Santiago)?

Algunos de los libros de Vicente Merlo:

  • Las Enseñanzas de Sri Aurobindo, Barcelona, Kairós, 1997;
  • La Fascinación de Oriente, Barcelona, Kairós, 2002;
  • La llamada (de la) Nueva Era: hacia una espiritualidad mística y esotérica, Barcelona, Kairós, 2007;
  • La Reencarnación, clave para entender el sentido de la vida, Màlaga, Sirio, 2007;
  • La pasión filosófica: semillas filosóficas de Oriente y de Occidente, Barcelona, Fundación Sri Aurobindo, 2008;
  • Plenitud radiante – Meditando juntos –, Barcelona, Obelisco, 2009;
  • Meditar–con el hinduismo y el budismo-, Barcelona, Kairós, 2013.
  • Sin duda. Aunque los actores del drama social sean inconscientes muchas veces del alcance de su lucha, me inclino a interpretar que esas manifestaciones son indicios de un clamor popular por más justicia, más libertad, más igualdad, más solidaridad, más transparencia, más honestidad.

 

Y ello, no cabe duda, apunta en la dirección de un nuevo mundo y un nuevo ser humano comprometido con todas esas cualidades y dispuesto a luchar por la eliminación de aquello que obstaculiza su emergencia.

No sólo la meditación, la oración, los rituales y los discursos positivos son espirituales. El templo hoy en día es la naturaleza toda; sus puertas están abiertas a toda la comunidad planetaria, y la lucha contra la opresión y la injusticia puede ser un sacramento tan digno como otros, si la intención del corazón es pura y los medios adecuados.

La realidad entera pulsa con un nuevo ritmo, con una nueva frecuencia vibratoria, más allá incluso de la consciencia humana, y presiona para que las cosas cambien. Unos se sincronizan más con el nuevo ritmo, la nueva vibración, la nueva consciencia. Otros tratan de permanecer aferrados al viejo mundo, a la codicia, el odio, los privilegios, el dominio del otro y la voluntad de poder. Todo esto es lo que está derrumbándose irremisiblemente.

– Aprovechando tu expertise, quisiera hacerte la misma pregunta pero recurriendo ya no a las escuelas budistas sino a la tradición de la India. En la cosmología hindú, y en particular Advaita, se busca la liberación en la gnosis sublime lejos de la temporalidad, de la manifestación, de la sociedad, del propio cuerpo. En cambio, en el neo-hinduismo al cual te has dedicado tenemos a un yogui –Sri Aurobindo- que, basándose en la tradición hindú (el Vedanta, la Gîta y las Upanishads), propone una cosmovisión espiritual que integra la experiencia, el cuerpo y las etapas de la consciencia en una propuesta de transformación no solo personal sino colectiva. El propio Aurobindo participó en su juventud de las luchas sociales en India. ¿Cómo se incorpora en el yoga integral esta doble dimensión: la contemplación y la transformación?

  • Efectivamente, también en el hinduismo clásico una corriente importante de la tradición ha valorado unilateralmente la renuncia al mundo, la contemplación, la ascesis, la fuga mundi que decían los latinos. Tendencia que percibimos en todas las tradiciones espirituales del mundo, aunque en ocasiones equilibrada con otros enfoques.

Es cierto que el Vedanta no-dualista (Advaita) de Shankara a Ramana Maharshi ha mostrado una tendencia a considerar que el mundo es “maya”, una especie de ilusión cósmica, y por tanto, el despertar implica abandonar todas las preocupaciones mundanas. Sin embargo, el neohinduismo, desde comienzos del XIX, con Ram Mohan Roy y hasta nuestros días, integró la preocupación social (por todas las clases sociales y especialmente los descastados, por la mujer, por las viudas, etc.) y la recuperación del sentido de la historia, sin por ello perder su sentido espiritual.

Y Sri Aurobindo constituye un caso especialmente destacado por su originalidad, por su creatividad, por su amplitud de miras, por la altura de su visión espiritual y la sofisticación de su discurso, así como de su obra práctica. En efecto, en su juventud estuvo seriamente comprometido en lo político, en la liberación de la India respecto del imperialismo colonialista británico. Más tarde se centró en el trabajo espiritual, yóguico, filosófico y poético, pero nunca olvidó la importancia de lo social, lo político y lo histórico.

En él, la contemplación y la realización espiritual es un primer paso, a modo de camino ascendente, que ha de continuar en la transformación, a modo de camino descendente, no sólo psicológica, anímica y espiritual, sino también social y política. Transformación que él describió como un proceso de supramentalización que abarca todos los niveles de nuestro ser y de la realidad.

Redimir la materia

– La labor del rishi contemporáneo sería la de redimir la Tierra, la materia, en donde se encuentra escondido el espíritu. Es en cierto sentido la “bajada” y no la ascensión a la que están acostumbradas las religiones cristianas. La crisis que se vive en el planeta (económica, ecológica, social) nos muestra más oscuridad que luz. ¿Qué señales percibes tú de que la humanidad está en un camino de evolución de la consciencia?

  • Me gusta mucho esa expresión de “redimir la materia”. Podría hablarse de una especie de transmutación alquímica, que no sería muy distinta de la transformación integral de la que antes hablábamos, solo que ahora no tenemos por qué ceñirnos al lenguaje aurobindiano y podemos hablar de un cambio de frecuencia vibratoria en todo el planeta, de una presión de los tiempos, de una alineamiento con el centro de la galaxia, de una iniciación planetaria, de un salto cuántico evolutivo, que no busca liberarse-de-la materia, sino de liberarse-en-la materia, liberando, de algún modo, el potencial de la propia materia. Espiritualizar la materia, si se quiere, al mismo tiempo que se materializa el espíritu. Encarnar el espíritu, hacer descender el cielo a la tierra.

Y, sin embargo, es cierto que la crisis en la que nos hallamos inmersos nos muestra más oscuridad que luz. Sabido es, no obstante, que una intensificación de la luminosidad nos hace ver lo que antes, en la penumbra, no era posible ver. Y al mismo tiempo, la presión de los tiempos, la presión de la Luz, la presión de la consciencia, produce una apertura y estallido de los quistes, a menudo putrefactos, que arrastra la humanidad, en su enfermedad, desde hace siglos.

Creo que no es ingenua una lectura positiva, optimista, de la historia, que nos permita admitir que los dolores del parto anuncian el nacimiento de un nuevo ser, una nueva especie, una nueva humanidad, un nuevo mundo, una nueva era de luz, sabiduría y amor. Esto obviamente, no es cuestión de décadas, como el amanecer no es instantáneo, si bien puede haber momentos históricos en especial relevantes, como cuando el sol asoma radiante por el horizonte. Acaso estemos en uno de esos momentos. Así lo creo.

Dimensiones de la Nueva Era

– En tu libro La llamada (de la) Nueva Era presentas un cuadro bastante exhaustivo de las influencias del orientalismo en las escuelas espirituales y esotéricas que surgen con tanta fuerza en Occidente a mediados del siglo pasado, influencias que se integran bastante bien en la cultura post-moderna. La psicología integral o transpersonal pretende ser una suerte de síntesis de psicoterapia y espiritualidad. Afirmas que las figuras más destacadas de la escuela transpersonal se inspiraron directamente en el pensamiento de Aurobindo, como p. ej. Ken Wilber. ¿Qué te parece la forma en que Wilber y sus seguidores han interpretado el legado de Aurobindo? ¿No hay en cierta medida un hiperdesarrollo de las taxonomías intelectuales en detrimento del trabajo de transformación de la consciencia propiamente tal?

  • En la obra que citas distingo tres dimensiones de la Nueva Era: la psicoterapéutica, la oriental y la esotérica, y afirmo que las tres son importantes para entender eso que se ha venido llamando New Age, pero que la dimensión esotérica constituye su corazón oculto, su clave más profunda, a cuya luz cobra sentido todo el desarrollo reciente.
El profesor Vicente Merlo dictará talleres y charlas en Espacio Indigo los días lunes 12 y miércoles 14 de agosto 2013 (Teléfono 2 3265787).

Si buena parte de mis libros anteriores se habían centrado en Oriente, y especialmente en el hinduismo, en este exploro también lo que podemos llamar las “enseñanzas esotéricas contemporáneas”, desde mediados del siglo XIX a nuestros días, entendiéndolas como el fundamento y la clave explicativa del movimiento de la Nueva Era.

 

Es cierto que en la dimensión psicológica y psicoterapéutica desemboco en la relación (indirecta y no siempre reconocida, ni muchas veces aceptada) de la psicología transpersonal con la sensibilidad “nueva era”, aunque muchos de sus representantes hayan querido poner distancia respecto a su concepción de la misma –que quizás no sea la misma que la mía-.

Pero, en lo que respecta concretamente o Wilber y Grof, dos de sus principales teóricos, no cabe duda que ambos reconocen la importancia e influencia de Sri Aurobindo en la síntesis Oriente-Occidente que también ellos llevan a cabo, medio siglo después; pero en ninguno de los dos casos debe exagerarse esta influencia en su propia obra; se trata de una influencia entre otras muchas. Por tanto, yo no diría que ellos son “seguidores” de Sri Aurobindo (como sí podría decirse de Satprem, Haridas Chauduri o, en menor medida, Michael Murphy, uno de los dos fundadores de Esalen) ni que hayan tratado de interpretar su legado.

Es cierto que tanto Wilber como Grof son dos teóricos importantes, y que en ambos, especialmente en el primero, las taxonomías intelectuales abundan, cumpliendo una tarea de clarificación intelectual. Pero yo no diría que esto se ha producido en detrimento del trabajo de transformación de la consciencia. En ambos casos hay muestras claras e importantes de tomarse en serio el trabajo de transformación de la consciencia, tanto propia como ajena. Yo no dudo que tanto uno como otro han sido y siguen siendo focos creativos y transformadores de la nueva consciencia. 

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