HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Julio de 2013

 

La salud mental en un país diferente

 

Tal como en el caso de la educación, la salud parece ser un tema sin solución en el Chile de hoy. De vez en cuando aparece un nuevo hospital o se repara uno antiguo, pero sigue habiendo “anécdotas” de personas que fallecen sin atención en el pasillo de algún hospital público o víctimas de algún grueso error de diagnóstico o tratamiento.

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

Twitter: @alecelish

www.transformacion.cl

Existen varios países en el mundo donde la salud es prácticamente gratuita –Canadá, Francia, Cuba e Inglaterra, entre otros- y otros donde es un grosero negocio, como EEUU y Chile. Las dos posturas surgen de concepciones radicalmente diferentes. ¿En qué consisten? Como gobierno, ¿vamos a tratar a nuestros ciudadanos como “consumidores” –de los cuales se pueden obtener ganancias económicas en todos los planos- o vamos a tratarlos como seres humanos a los que ayudaremos a desarrollarse? Obviamente, la primera concepción es la que rige en nuestro país y, al parecer, buena parte de la población ya encuentra que esa forma de pensar es “natural” –mientras puedan pagar, claro, y no despierten de esa pesadilla neoliberal-.

Esto genera el tremendo conflicto que ha habido con la educación, en que las dos posturas se han enfrentado con dientes y muelas. El gobierno de Piñera –que felizmente pronto llegará a su fin- se ha negado a escuchar las demandas de los estudiantes –apoyados en forma mayoritaria por la población- e insiste en “suavizar” el modelo neoliberal con becas y rebajas. Los estudiantes llevan casi tres años de férrea oposición a esa concepción. Y el próximo gobierno no la tendrá fácil si no los escucha.

El promedio de inequidad en la distribución económica de los países de la OECD (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) es de 0.34; Chile es el país con la peor distribución de todos, con un índice de 0.50. Hay al menos dos candidatos -Marcel Claude y Marco Enríquez-Ominami- que hablan de educación gratuita para todos: Marco postula que la educación no debiera discriminar por ingresos –que son de los padres- y que tanto el niño rico como el pobre debieran educarse en forma gratuita e integrada. Hasta antes de la dictadura, al menos la Universidad era efectivamente integrada: pobres y ricos estudiaban codo a codo, y el efecto de eso era abrir los horizontes de ambos, un efecto profundamente formativo, quizás más que lo que se enseñaba en clases.

Von Appen –uno de los potentados dueños del holding Ultramar- dijo que a los chilenos “les había crecido el hambre” y que para que eso se detuviera, “necesitábamos una crisis”.¿Es lógico acaso que en estos años, en que Chile tiene quizás la mejor situación económica de su historia, la educación y la salud sean pagadas, cuando en los años 60 –época en que las universidades y médicos chilenos tenían prestigio internacional- no lo eran? No es para nada lógico, pero ha habido un continuo lavado de cerebro ya por décadas, de políticos y prensa totalmente vendidos a los grupos económicos que se benefician de esta aberración.

Hace poco conversaba con una persona ligada a Marcel Claude respecto a una política de salud mental. Llegamos a la conclusión –que para algunos puede ser obvia- que no hay forma de mejorar la situación de la salud mental en Chile sin modificar el modelo económico imperante –el que a su vez implica, como vimos, una concepción del ser humano-.

La actual situación de la salud mental en el país es desastrosa -según índices de la OMS, no por la apreciación de algún afiebrado revolucionario-: suicidio, depresión, angustia… Es fácil descubrir por qué: una cotidianeidad llena de presiones –lograr un trabajo digno, soportar condiciones laborales abusivas por un sueldo que apenas alcanza para lo básico, intentar hacer calzar ese presupuesto estrechísimo con las necesidades de la familia, desplazarse en horas peak como sardinas en buses escasos y ultracongestionados, ver basura en la TV en las escasas horas de ocio, soportar continua discriminación debido a los escasos medios económicos, vivir en hacinamiento en sectores ruidosos, cada vez más carentes de áreas verdes, donde impera la delincuencia y frecuentemente hay tiroteos que cobran víctimas inocentes… Nada de esto se lo imaginan siquiera los sectores acomodados; y si lo hacen, lo atribuyen a las condiciones de vida “naturales” para “esos pobrecitos” (¡!), pasando por alto que es la sociedad toda la que genera esas condiciones de vida.

La salud mental en un país diferente

Entonces, ¿tendría algún efecto ostensible llenar los consultorios de psicólogos y psiquiatras? Ninguno, sólo sería un paliativo, un anestésico más para soportar una situación inhumana.

Recientes declaraciones de un potentado llamado Von Appen –uno de los dueños del holding Ultramar- tuvieron la virtud de mostrar al desnudo la concepción que este tipo de gente tiene de los menos afortunados: dijo que a los chilenos “les había crecido el hambre” y que para que eso se detuviera, “necesitábamos una crisis”. Me pregunto, ¿es acaso tan extraño que personas que viven en las condiciones descritas más arriba “les crezca el hambre”? ¿O acaso –según este Von Appen- debieran aceptar vivir en esas condiciones porque es a eso a lo que pueden aspirar? ¿Tendrá alguna noción este individuo de lo que es vivir así? ¿O las comodidades le habrán nublado el cerebro? Según su familia –de pasado nazi, tal como la familia Paulmann, dueña de Cencosud- “es la edad” la que lo hizo hablar así. Creo que más bien su deterioro –si lo hay- le facilitó decir las cosas tal como las piensa, lo que por cierto es refrescante y ayuda a entender el pensamiento del sector más derechista y conservador de nuestra sociedad, y no dejarse engañar por cantos de sirena de políticos y partidos que se presentan como “populares” y genuinamente interesados en el bienestar de los más pobres… Ja já… 

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