SOMOS MOVIMIENTO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Agosto de 2013

Psicodrama:  Sanar desde la acción

Este tipo de terapia, que combina las dinámicas de grupo con el teatro, la psicología y la sociología, gana adeptos entre los especialistas como eficiente herramienta de sanación para los grandes dolores del espíritu.

Por Eva Débia

Hacia 1920, el psiquiatra rumano Jacob Levi Moreno, gran estudioso de filosofía, teología y literatura, creó el llamado “teatro de la espontaneidad”. Mediante esta dinámica, de carácter esencialmente grupal, se ayuda a una persona protagonista a explorar las dimensiones de sus conflictos pasados, gracias a la representación en el aquí y el ahora. Nació de este modo el psicodrama, cuyos tópicos principales son las situaciones inconclusas o pendientes del pasado, presente, o bien las proyecciones al futuro respecto de algún tema.

Antes de Moreno, las terapias se realizaban individualmente; por ende, su legado sentó las bases de una serie de prácticas complementarias, como la sociometría, la terapia familiar y la psicología social, entre otras.

Verdades del alma

El psicodrama es una técnica de sanación terapéutica que combina tres elementos: el teatro, la psicología y la sociología. Consiste en dramatizar y representar el mundo interno de una manera integral, pues no sólo implica aspectos cognitivos sino también información corporal y desde los afectos, recreando colateralmente los elementos bloqueados por el inconsciente, dando la posibilidad de resignificar o ampliar la perspectiva de un hecho concreto.

En esta técnica, el acento se deposita más en el proceso de dramatización que en los contenidos de ésta, lo que aliviana las ansiedades del grupo y las posibles inhibiciones al tener que exponer conflictos o situaciones personales muy arraigadas frente a los demás participantes de la dinámica.

La palabra “drama” proviene del griego, y significa hacer o actuar. A raíz de esto, para Moreno el psicodrama es definible como el sondeo a fondo de las verdades del alma, a través de la acción.

Karin Romero, especialista en psicodrama,  orientadora familiar y psicoterapeuta. (Fotografía: Pascale Prenafeta)
Karin Romero, especialista en psicodrama, orientadora familiar y psicoterapeuta. (Fotografía: Pascale Prenafeta)

Heridas internas

Karin Romero, especialista en psicodrama, es orientadora familiar y psicoterapeuta. Hace más de ocho años que estudia y trabaja esta disciplina, y comenta que si bien es un tipo de metodología de psicoterapia esencialmente grupal, también es trabajable en todo ámbito social: en el psicodrama “se recrea el mundo interno y externo, como un juego permanente, en el que hay temas de la vida o experiencias que uno trabaja en relación a diversas heridas internas”.

Según lo que comenta Karin, en el desarrollo de esta técnica Moreno se habría inspirado en los juegos infantiles, espontáneos y libres. Por eso, decidió ayudar colectivamente a sus pacientes a través del teatro, mediante el juego de roles. De esta forma, de acuerdo a lo planteado por Romero, “en el psicodrama se une lo físico, lo intelectual, lo cultural, lo social, todo el contexto del ser”.

La especialista indica que si bien muchas corrientes tradicionales de la psicoterapia no aprueban el psicodrama, éste “no es sólo una técnica, que incluye role play y muchas otras estructuras efectivamente usadas en la psicología tradicional; también ofrece la oportunidad de dar una segunda lectura a estos dramas internos, entendidos como procesos de acción”. Romero explica que esta disciplina “busca, mediante la dinámica de roles, determinar cómo son los vínculos más profundos de la persona y cómo se relaciona desde su núcleo interno hacia afuera, con los demás. Por eso es tan bueno y nutritivo realizar sesiones de grupo, ya que uno se identifica con distintas personas y situaciones”.

Karin indica que hay una diferencia esencial entre el sociodrama y el psicodrama: mientras el primero permite trabajar temáticas más bien colectivas, el psicodrama es esencialmente más individual, aunque de igual forma se trabaja en grupos. Pese a que “todos participan, cada uno de los miembros del elenco pone su experiencia a disposición de un protagonista, que ofrece su drama, su dolor, en escena; se le pide al protagonista que describa su propia escena, pudiendo generar mutaciones e incluso abstrayéndose de esta, para resignificar”.

Glosario

La psicoterapeuta nos explicó que el trabajo de esta técnica consta de una serie de elementos y herramientas, definibles de la siguiente forma:

Público o elenco: Corresponde a los integrantes del grupo. Su proceso de observación activa de la dramatización, que tiene una labor doble, genera por una parte un espacio de contención y facilitación para el protagonista, y además es portador de lo que ocurre en la dramatización.

Escenario: Es el espacio físico en donde ocurre la escena determinada; puede identificarse con un momento o un tiempo, y posee en sí mismo objetos, personajes y el entramado de vínculos que el protagonista considere necesario.

Protagonista: Se define como el miembro único, elegido por el mismo grupo, que representa su propia escena. Pese a lo anterior, a la vez actualiza el conflicto y la acción dramática esencial del grupo en el contexto discursivo.

Escena: La escena se refiere al conjunto de elementos, al todo puesto sobre el escenario, y pasa desde los personajes en sí, las cosas y la planta de movimiento, hasta las sensaciones, como el olor o la temperatura.

Director: Es el nombre que recibe el terapeuta, quien debe conducir la escena para que ésta se reproduzca de acuerdo a la actualización espontánea de la fantasía desarrollada por el protagonista o bien de la creación colectiva.

En resumen, “el director psicodramático dirige la escena; el protagonista entrega la experiencia, el drama o la vivencia; el elenco la recrea; el espacio escénico corresponde a lo que se determine en el minuto; la escena en sí es el desarrollo de la terapia, y puede emplearse una serie de objetos intermediarios, como máscaras”, explica Karin.

Psicodrama:  Sanar desde la acción

Roles y personajes

La especialista indica que “el primer rol que poseemos inherentemente a nuestra existencia corresponde a nuestro vínculo de hijos, y luego van saliendo el de hermano, nieto, sobrino, etcétera. Cada quien desarrolla durante su vida una serie de roles, y en el caso del psicodrama, el protagonista va armando un escenario y una escena que incluso puede contemplar personajes que no necesariamente él haya vivenciado o experimentado, como tener hermanos en el caso de los hijos únicos”. Es posible, de esta forma, identificar ciertos personajes y reconstruir las relaciones con ellos; por ejemplo, si el vínculo con la madre siempre fue frío o tenso, es posible recodificar eso y darle una nueva lectura, mediante la representación y el juego de roles.

De acuerdo a lo anterior, lo importante supera el contexto del mero protagonista: “Es esencial el hecho de que todo el grupo tiene resonancia frente a las figuras y las situaciones, y desde la experiencia personal cada sujeto aporta para que la vivencia escénica se resuelva; de esta manera, los distintos hilos que se ponen en juego toman forma”. Karin indica que el protagonista “elige al elenco y luego puede salir e intervenir de alguna forma. Puede ‘rematrizar’, reparar las situaciones, y así resignificar la experiencia tal y como fue congelada en la memoria psicoafectiva del sujeto, dejándola rígida y generando daño”.

Respecto de los tópicos a trabajar en las sesiones, que nunca debieran durar menos de dos horas y media, Romero comenta que “si bien la temática general está preestablecida -ya sea un mito, una contingencia o un macro tema como la familia, por ejemplo-, la especificidad del tema se acota en el momento, y siempre es el grupo el que decide quién será el protagonista”.

Frente a la responsabilidad del director y terapeuta, Karin comenta que “es él quien guía y vigila, complementando la información que el protagonista va entregando sobre la escena, y dejando que decida quién representará a cada personaje relevante para la historia. Es importante tratar ciertos temas con mucho cuidado; el director debe tener especial atención sobre ciertas puertas que no pueden abrirse, y no hacer cierre, sobre todo en experiencias traumáticas importantes y especialmente si solo se va a realizar una sesión”.

En el psicodrama se recrea el mundo interno y externo, como un juego permanente, en el que hay temas de la vida o experiencias que se trabajan en relación a diversas heridas internas.

Espectro emocional

El proceso a seguir dentro de cada sesión psicodramática tiene varios pasos bastante definidos. En primer lugar, existe una situación llamada “caldeamiento”, que corresponde a una serie de ejercicios físicos tendientes a incrementar el clima de confianza y potenciar la energía del grupo. Luego, se decide participativamente tanto el protagonista como la escena que se representará, delimitando la situación.

Una vez establecido el marco general, el protagonista elige a los actores que complementarán su escena, delimitando el espacio, los objetos y las dinámicas relacionales, todo realizado por el protagonista pero siempre contando con la supervigilancia y guía del director.

La dramatización en sí consiste en la acción que involucra a todos los elementos, que busca vivenciar y tomar conciencia del drama puesto sobre el tapete. Es la representación de la escena y, en la medida que se realiza, el director hace uso de diversas técnicas para explorar las distintas facetas de la experiencia del protagonista, lo que puede incluir la participación en la escena del propio protagonista.

El psicodrama es una técnica de sanación terapéutica que combina tres elementos: el teatro, la psicología y la sociología.De esta forma, se puede trabajar todo el espectro emocional del protagonista: sus sentimientos, polaridades, ambivalencias, emociones reprimidas, culpas, resentimientos, temores, planes, esperanzas de vida, etcétera. Así, se consigue el desbloqueo emocional de la carga afectiva relacionada a la escena, una catarsis de integración, un insight dramático, con la intervención posterior del director para hacer consciente las resignificaciones pertinentes: a este proceso se le denomina “rematrización”, un giro vivencial e intelectual que abre nuevas posibilidades de relación con la realidad.

El cierre de esta experiencia corresponde al “sharing” o compartir, en que el grupo completo comparte las vivencias personales generadas a raíz de la dramatización. Esta etapa resulta crucial, ya que permite configurar que el proceso ya no es del protagonista que realizó la dramatización, sino que fue sólo un agente catalizador del conflicto grupal.

En Chile

Esta tendencia de sanación ha asentado raíces en nuestro país. Actualmente, se realizan una serie de talleres, seminarios y diplomados dirigidos tanto hacia quienes buscan terapia como a quienes deciden capacitarse en la materia para ser monitores y terapeutas. Pedro Torres Godoy es uno de los precursores en Chile, y es uno de los fundadores de Edras, organismo donde se hacen diversas intervenciones grupales.

Junto a lo anterior, está la Escuela de Psicodrama de Concepción, dirigida por la especialista Natividad Valdivia, y el Centro de Estudios de Psicodrama de Chile, liderado por la especialista Gloria Reyes.

La última versión del Congreso Iberoamericano de Psicodrama acaba de realizarse en Argentina entre el 1 y el 5 de mayo, y está proyectado que en dos años más, la convención que reúne a los principales exponentes de esta dinámica a nivel hispanohablante se desarrolle en Chile. 

Dejar respuesta