SOMOS UNO Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2013

El camino de los sueños: Más allá de la interpretación

Dormimos durante un tercio de nuestra vida y cada noche tenemos sueños. A pesar de toda la investigación realizada al respecto, aún no está completamente clara la función de este proceso y sus posibilidades. Esta es una pequeña invitación a enriquecer las oportunidades del viaje de cada noche a ese mundo más allá de nuestros cinco sentidos.

Por J. Cristóbal Juffe V.

Cada noche hacemos el ritual, casi automáticamente, de prepararnos para entrar en el más alterado de los estados de consciencia: Nos ponemos en posición horizontal en un ambiente con la mayor deprivación sensorial posible (en oscuridad, silencio y tranquilidad), nos cubrimos con ropa apropiada -pues sabemos que bajará nuestra temperatura corporal- y nos acomodamos según nuestras preferencias -de espalda, de lado, boca abajo o en posición fetal-, listos para ingresar a un viaje impredecible.

Más que ninguna droga, ejercicio o práctica, el soñar nos lleva a un estado de consciencia completamente alterado: Cambio de identidad y de la continuidad del espacio y el tiempo, rompemos las leyes de la física, podemos conversar con personas que ya han muerto, tener experiencias extracorporales y situaciones que ocurren fuera de la lógica a la que estamos acostumbrados en la vigilia. Podemos cumplir nuestras más oscuras fantasías, incluso aquellos deseos que nos negamos a aceptar que están ahí, a la vez que podemos enfrentarnos a nuestros peores miedos, momentos en los que lo único que queremos es despertar.

Pero siempre, a la mañana siguiente, despertamos. Y, sin importar lo extraña que haya sido la situación, continuamos con nuestra vida normal, muchas veces sin reparar en el contenido de nuestros sueños. Lamentablemente, muchas veces ni siquiera los recordamos.

Sabemos que el dormir es necesario, pero no sabemos bien por qué, ya que el cerebro no descansa mientras dormimos, sino que tiene diferentes tipos de actividad. Pareciera que estos estados alterados no solo son beneficiosos para nuestra vida, sino también necesarios para nuestro equilibrio mental. Sin embargo, como sociedad, tendemos a darle muy poca importancia a esta dimensión de nuestra existencia.

El camino de los sueños: Más allá de la interpretación

Deseos y miedos

Cuando hablamos de sueños, tenemos dos posibles acepciones para la palabra: La referida a las experiencias oníricas mientras dormimos (sueños oníricos) y la que hace alusión a nuestros deseos conscientes (sueños deseos):

Recetas para sueños vívidos

Es muy común que durante algunos periodos de nuestra vida no recordemos nuestros sueños. Existen técnicas para ir mejorando paulatinamente esta capacidad. La primera es contar con un espacio adecuado para dormir que nos permita llegar a los estados más profundos de sueño.

Si nuestra habitación está al lado de una calle ruidosa o está expuesta a otras condiciones que interfieren en nuestro dormir, es recomendable utilizar tapones para los oídos y/o anteojeras.

Además, es aconsejable mantener en el velador un cuaderno que sea exclusivamente para anotar los sueños; de esta forma, antes de ir a dormir se puede intencionar la capacidad de recordar los sueños repitiéndose varias veces la instrucción: “Voy a recordar los sueños de esta noche”.

Finalmente, existen sustancias naturales y artificiales que nos pueden ayudar a tener sueños más vividos:

Valeriana: Una planta que se da en América del Norte, pero cuyo extracto se puede encontrar en farmacias especializadas en hierbas.

Vitamina B6.

Melatonina: Una hormona producida naturalmente por nuestro cuerpo, pero que se puede adquirir en su forma sintética.

“Sueño con una casa en la playa”.

Pareciera que son dos significados diferentes; sin embargo, desde la mirada de la psicología moderna, los sueños oníricos serían el reflejo de nuestro inconsciente, es decir, se basa en la teoría de que nosotros, como individuos, nos encontramos divididos entre una parte que reconocemos y aceptamos, y una serie de deseos y temores que se encuentran escondidos de nosotros mismos, para poder funcionar en el día a día.

En los sueños, estos contenidos inconscientes se expresarían a través de diferentes mecanismos, como una forma de comunicación entre nuestras partes divididas. Así, la interpretación de estos sueños nos ayudaría a integrar los contenidos inconscientes a nuestra vida consciente.

Por otra parte, debemos reconocer que los sueños deseos están influidos directamente por nuestro entorno cultural y social. Muchas veces lo que deseamos no tiene relación con nuestras necesidades y deseos más profundos, sino que son solo una expresión de lo que la sociedad espera que deseemos.

Por ejemplo, en el fondo, puedo necesitar ser querido, contenido, abrazado y aceptado, pero es muy posible que desde el entorno cultural lo exprese como deseo de éxito, de poder, de dinero, para obtener “lo que yo quiera” sin tener que pedírselo a otro. Por lo tanto, es muy probable que esos sueños deseos tengan a la base un simple miedo al rechazo.

Por lo tanto, existiría una brecha entre nuestros deseos más profundos, que se expresan muchas veces en los sueños oníricos, y nuestros sueños deseos, que generalmente responden más a un “deber ser” o a nuestros temores inconscientes. Nuestros conflictos actuales tienen que ver con la diferencia entre estas dos realidades.

Por lo tanto, más allá de la simple interpretación, los sueños pueden ser considerados como una forma de conexión con nosotros mismos, como un espacio que tenemos cada noche para caminar hacia la profundidad de nuestro interior, para afrontar aquello que realmente necesitamos y queremos, y por lo tanto, con aquello que realmente podría llevarnos a la felicidad y a la plenitud, tanto desde la vida individual como desde el entorno social.

“Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan  y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas  al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.” – del poema Ciudad sin sueño de Federico García Lorca.

Sueños lúcidos

A todos nos ha pasado alguna vez, especialmente en las pesadillas, de tener un momento de lucidez durante el sueño, en el que decimos “Esto no puede ser real, debo estar soñando”. Ese atisbo de consciencia de vigilia en el mundo onírico es lo que se conoce como sueño lúcido.

Las corrientes psicológicas que interpretan los sueños como contenido inconsciente, defienden que los sueños lúcidos serían una intromisión de los mecanismos conscientes en el sueño y que, por lo tanto, más que facilitar la comunicación entre las diferentes partes de nuestro aparato psíquico, este tipo de actividad bloquearía la expresión de nuestro inconsciente.

Por otra parte, hay miradas, principalmente desde las tradiciones orientales, que defienden la idea de que no existe “una realidad”, o sea, que tanto la actividad onírica como nuestra vida en vigilia serían dos caras de una misma moneda en la que todo es simplemente ilusión, y por lo tanto, buscan permanecer en un estado de contemplación consciente tanto en la vida despierta como en el soñar.

De esta manera, los sueños lúcidos serían una forma más de meditación y de contemplación.

El camino de los sueños: Más allá de la interpretación

Soñemos juntos

Existen múltiples experiencias de sueños oníricos compartidos, donde personas en diferentes lugares participan en un mismo sueño lúcido, reuniéndose en este espacio “fuera de la realidad”. Si bien los estudios que se han realizado al respecto no han logrado obtener pruebas concluyentes, por lo menos reconocen la posibilidad de los sueños compartidos.

En este sentido, son muy interesantes los experimentos realizados por Daniel Oldis, quien, a partir de un monitor de ondas cerebrales conectado a Internet, ha logrado desarrollar un sistema que permite registrar la actividad cerebral durante el sueño para que cuando el sujeto ingrese al estado REM (cuando se producen los sueños), la máquina pueda enviarle una señal, por ejemplo una luz, que es percibida sensorialmente y que llega hasta el soñante como un recordatorio de que está en un sueño.

Esto es posible ya que, a pesar de que estamos en un estado fuera de nuestros sentidos, de todas formas podemos percibir las señales. Seguramente a todos nos ha pasado que comenzamos a escuchar el despertador mientras soñamos, integrándolo a nuestro sueño. Asimismo, una luz de un color específico se puede ver a través de los párpados cerrados y sirve como señal para tomar consciencia de que estamos soñando e iniciar un sueño lúcido.

Oldis propone una red social de sueños a través de Internet, en la que diferentes personas conectadas mientras duermen pueden iniciar sueños lúcidos de forma sincronizada, para llegar a tener sueños compartidos. Esto se produce cuando dos personas ingresan al sueño REM simultáneamente; entonces, el sitio web coordina que la señal de “lucidez” sea enviada al mismo tiempo a ambos soñantes.

Además, existen en Internet comunidades dedicadas a participar en experiencias de sueños compartidos, sin la necesidad del uso de monitores de ondas cerebrales, sino que simplemente poniéndose de acuerdo en los horarios de sueño para ver luego si han logrado generar esta experiencia telepática de comunicación.

El experto Daniel Oldis propone una red social de sueños a través de Internet, en la que diferentes personas conectadas mientras duermen pueden iniciar sueños lúcidos de forma sincronizada, para llegar a tener sueños compartidos.

Materializar los sueños

Dragon Dreaming

Es un método desarrollado en Australia, inspirado en los conocimientos de la teoría del caos, la teoría de sistemas y de la complejidad, así como en la sabiduría de las culturas originarias de ese país.

Está orientado a la implementación de proyectos creativos, colaborativos y sostenibles que tengan como base la consciencia sobre la conexión existente entre todas las formas de vida y, por lo tanto, busca implementarse en base a la cooperación y la responsabilidad para promover una transformación cultural hacia la paz.

El sistema se compone principalmente de cuatro fases: Soñar, planificar, actuar y celebrar, teniendo como base tres criterios para que un proyecto pueda ser viable: Que apoye al crecimiento personal, que contribuya a la construcción de comunidades y que esté al servicio de la Tierra.

Más información en:

www.dragondreaming.org

Además de los sueños compartidos como experiencias oníricas en conjunto, con grupos y comunidades se puede trabajar la experiencia de visualizar sus sueños, ya sean éstos sueños deseos u oníricos.

 

Un ejemplo interesante de esto es la metodología organizacional del Dragon Dreaming (Ver recuadro) que, a través de cuatro fases, permite llevar a cabo proyectos grupales. La primera fase comienza justamente con la posibilidad de soñar en conjunto la realidad que deseamos, considerando nuestra posición actual y proyectando nuestros deseos colectivos para generar una nueva realidad.

Es este sentido, nuevamente los sueños son entendidos como una forma de proyección, pero no solo de forma individual, sino como una conexión entre los miembros de la comunidad que, en la medida que nuestro sueño se vuelva más claro y definido, más cerca estaremos de poder plasmarlo en nuestra realidad.

Las culturas originarias que practican el “buen vivir” han definido doce saberes esenciales para la vida plena. Entre ellos se encuentra el Suma Samkasiña, que quiere decir “saber soñar”, comprendiendo que todo empieza desde el sueño y, por lo tanto, éste es el inicio de la realidad. Así, a través del soñar podemos percibir una realidad que aún no existe y, por lo tanto, soñar abre la posibilidad de proyectar la vida.

Sanar

Los sueños lúcidos, además de abrir la posibilidad de experimentar conscientemente el mundo onírico, han demostrado tener capacidades curativas. En experiencias documentadas, los sujetos reconocen haber tenido sueños lúcidos en los que han realizado acciones específicas para curar dolencias físicas o emocionales que han producido sanaciones de forma espontánea.

En primera instancia, esto es difícil de creer, porque muchas veces vemos el cuerpo como una máquina que, si está averiada, es por tener una “pieza” rota o dañada; sin embargo, la evidencia empírica ha demostrado que es nuestra forma de habitar el cuerpo la que provoca la manifestación de enfermedades, y la mejor prueba de ello han sido las experiencias de personas que tienen personalidades múltiples, esto es un trastorno poco frecuente en que una persona tiene más de una personalidad, con rasgos diferentes entre sí, que básicamente es como si dos o más personas compartieran el mismo cuerpo.

Entre estas experiencias se han identificado casos en que las diferentes personas tienen o no diferentes enfermedades: El caso más común es el de las alergias, en que una personalidad puede ser alérgica a una sustancia mientras que la otra no. También se han encontrado casos de personas que tienen diferentes niveles de problemas a la vista, de manera que una personalidad puede requerir de lentes para ver de lejos, y la otra puede ver perfectamente; e incluso se ha documentado un caso de una persona que en una de sus personalidades sufría de diabetes mientras que en la otra no.

Lo anterior, más allá de lo anecdótico, es una demostración de que la forma de habitar nuestro cuerpo es la principal causa de nuestro estado de salud, lo que también abre la posibilidad de que la curación espontánea de enfermedades a través de experiencias como los sueños lúcidos sea posible.

Alejandro Jodorowsky, en su libro Psicomagia, se introduce en el tema de los sueños lúcidos llamando a cuestionarse sobre las características mismas de la realidad, ya que en un principio insta a controlar los sueños conociendo sus reglas, pero luego invita a que controlemos nuestra realidad en vigilia bajo las mismas reglas, explicando que incluso los actos de psicomagia corresponden a actos de significación que responden a las mismas características que la interpretación de los sueños, es decir, buscando el significado personal de los actos y aplicados a nuestros propios deseos y temores no reconocidos.

El camino de los sueños: Más allá de la interpretación

Más allá de la vida

Yoga del sueño

Tenzin Wangyal Rinpoche, lama de la tradición Bön del Tíbet, comparte con nosotros múltiples técnicas para hacer de la experiencia del soñar un espacio de trabajo de nuestra consciencia, transformando el dormir en un acto de meditación y realización.

Su libro El yoga de los sueños, publicado en español por editorial Grijalbo, abarca el tema de forma muy completa, tanto para principiantes como para personas con experiencia como meditantes.

En las tradiciones espirituales tibetanas, especialmente en el budismo, se conoce como “bardo” al periodo entre una vida y la siguiente. En el Libro tibetano de los muertos se describen diferentes estados o momentos en que el ser desencarnado tiene diferentes oportunidades de encarnar y, en la medida en que resista la ansiedad y/o el miedo de encarnar rápidamente, podrá acceder a una encarnación más elevada.

 

El libro llama justamente al trabajo de meditación, indicando que esta práctica será la que permitirá al ser desencarnado pasar por los diferentes estados para alcanzar una encarnación plena.

Dentro de las corrientes tibetanas, la antigua tradición Bön, anterior al budismo, mantiene la práctica de los sueños conscientes como una forma de meditación hacia la plenitud de la consciencia y que, a la vez, sería una forma de practicar la presencia del ser más allá de sus cinco sentidos, lo que serviría como un entrenamiento para el bardo.

Por su parte, la ciencia moderna ha demostrado que en la mayoría de las muertes existe una actividad cerebral posterior a la detención del corazón y del resto del cuerpo. De esta manera, habría alrededor de 15 minutos en que el cerebro seguiría funcionando mientras se “apaga” progresivamente. Este estado debería ser bastante parecido al de los sueños, y su duración subjetiva, al igual que ocurre en el caso de los sueños, puede ser mucho mayor al tiempo “real” de quince minutos.

Un tercio de la vida

Sin importar el significado que le demos a los sueños, es relevante aceptar que estas experiencias “fantaseadas” o “imaginadas”, sea cual sea su naturaleza, son vividas como experiencias reales mientras las experimentamos y, por lo tanto, las consecuencias de las emociones y percepciones en nuestra vida son reales, ya que nuestro cerebro no diferencia entre la realidad lúcida y la soñada: Todas estas experiencias generan consecuencias en nuestra vida.

Sea cual sea el sentido que le demos a los sueños, estos forman parte importante de nuestro proceso. Pasamos un tercio de la vida soñando y como sociedad, en general, se le entrega poca importancia a este rico y desconocido mundo onírico.

Todas las noches tenemos oportunidades infinitas en el mundo de los sueños, un espacio completamente cotidiano pero aun mayormente desconocido. No sabemos cuáles son las verdaderas posibilidades de nuestros estados de sueño; lo que sí sabemos es que el sueño es una ventana a nuevas realidades, que pueden ser inicialmente fantaseadas pero que se pueden llegar a materializar.

Y, quizás, el mejor camino para descubrir las posibilidades del mundo onírico sea soñándolo. 

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