SOMOS ENCUENTROS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Diciembre de 2013

    Federico Wolf: "La música nos reconecta con lo esencial"

Una conversación entretenida y profunda con un virtuoso de la guitarra y la voz, que utiliza la música como enfoque para interpretar la situación del ser humano contemporáneo.

Por Carlos Rold*

Fotografías: Ricardo Aliaga Bascopé  

Federico Wolf, “el Fede” para sus amigos, es un cantautor uruguayo radicado en Chile. Nació en Montevideo, pero se crió hasta los 13 años en un pueblito campestre del interior llamado El Sauce. Su madre cantaba en el coro de la iglesia, y fue un día, mientras la acompañaba, que el guitarrista de ahí lo descubrió y recomendó a sus padres que buscaran un buen profesor.

“Me crié de manera muy humilde. Mis padres hicieron un esfuerzo bárbaro y me llevaron a clases de guitarra. Tengo registros retinados en que me hacían entregar una carta al profe, él la leía y me decía ‘decíle a tu madre que no hay problema’, y era que no teníamos plata para pagar. Ese profesor era Washington Luzardo, uno de los principales exponentes del folklore y el canto popular uruguayo desde los 70. Algunos años después estuve en clases de canto con el reconocido tenor uruguayo José Luis Pomi”, nos comenta Federico.

Cuando llevaba tan sólo algunos meses en clases de guitarra, su padre lo subió por primera vez a un festival; tenía casi nueve años, y de ahí no paró más. Imbuido por un aire nostálgico, “el Fede” comenta: “Mi viejo sacrificaba horas de sueño para llevarme a los festivales. Para algunos es un error de enseñanza el que un padre no te exija. Mis viejos siempre tuvieron la delicadeza de preguntarme qué quería hacer yo con mi vida”. Y así, luego de tantos festivales, pasó a ser la figura más joven del ambiente folklórico uruguayo, y era invitado a programas de radio y TV como el niño que cantaba canciones populares.

En su adolescencia comenzó a viajar por el continente influenciado por un ímpetu “guevaresco”, porque quería conocer esta tierra, y estuvo un año recorriendo Latinoamérica. Llegó a Chile en 2002 y se quedó porque se enamoró de una mujer, la que fue su pareja durante algunos años.

La madurez que le entregó el viaje, trabajos hechos en Uruguay y grabaciones en Brasil, le generaron la necesidad de “inmortalizar”, nos narra. “Así salió lo que fue para mí la quinta estación del año, mi primer disco profesional, <Margarita Negra> en 2005.”

En 2004 obtuvo el segundo lugar en la competencia internacional del Festival de Viña, una experiencia de aprendizaje y clarificación personal: “Mucha gente que pasa por ahí se desvanece, porque carece de los recursos económicos necesarios para generar la maquinaria para permanecer allí arriba. Personalmente, me reafirmó hacia dónde quería ir con mi carrera. Estar ahí fue raro, porque el ambiente es muy plástico, todo androide, una velocidad que sentía innecesaria. Yo vengo del campo y hacía canciones bajo el árbol, así que todo eso era muy artificial y hostil para mí”.

“De todas maneras –continúa-, es bueno para mostrarse, porque es una ventana al mundo. Sirve, además, para saber qué es lo que uno quiere, cuál es la forma que uno desea como artista, una masividad plástica y poco libre, o un camino más propio. Los códigos de la TV son extraños; no importan las personas realmente, sino una imagen artificial que busca mantener una audiencia cautiva a toda costa, imponiendo una horma a seguir, y bueno, nunca sentí que eso era lo mío.”

En su trayectoria, Federico ha incursionado en la actuación y participó en las teleseries chilenas Pecados capitales y Ana y los Siete, también en cortometrajes nacionales y en la película brasileña Cuatrocientos contra uno. Asimismo, produjo algunas canciones y arreglos musicales para las teleseries Machos e Hippie. Ha realizado música para documentales y compuso el tema final para la película chileno-española A un metro de ti, canción con la que ganó el premio a la mejor canción de película en el Festival de Cine de Úbeda, España.

En esta conversación con revista Somos, descubrimos a un artista que siempre apunta a lo sencillo, a lo cercano, a lo que está ahí: “No hay que ir muy lejos para encontrar un ejemplo de alguien sincero y profundo –dice-. Para mí la sabiduría está en lo cotidiano.”

Federico Wolf, “el Fede”, músico uruguayo residente en Chile.
Federico Wolf, “el Fede”, músico uruguayo residente en Chile.

Conexión con lo divino

– ¿Cómo vives la música?

  • La música nos conecta con lo divino y sincera las emociones; nos saca de la horma, del traje y la corbata; nos detiene, nos reconecta con lo esencial y con ese aspecto interno, íntimo y luminoso que todos tenemos.

La música en mí es una herramienta de decantar y drenar permanentemente. Yo puedo escribir después que ordeno el corazón. Cuando logro un mínimo de orden emocional, puedo continuar con papel y lápiz; esto me permite ver desde otro plano, y bueno, ¡ahorras terapia y psicólogo! (risas).

La música nos conecta con lo divino y sincera las emociones; nos saca de la horma, del traje y la corbata; nos detiene, nos reconecta con lo esencial y con ese aspecto interno, íntimo y luminoso que todos tenemos…Estoy convencido de que durante nuestra vida nacemos y morimos muchas veces, y la música es un buen terreno para nacer; es mi terreno, es lo que me permite volver a la calma y entenderme como si estuviera fuera de mí, porque me da una visión amplia de la vida.

El arte que uno ejerce es su propio instrumento de auto-sanación. Aunque yo también me hago “balanceos”. El biomagnetismo y el reiki me han servido mucho. Estuve durante un año con una tendinitis severa, y la medicina tradicional no me ayudó mucho, porque no nos mide integralmente y sólo ataca el síntoma o el lugar específico de la dolencia, sin buscar la raíz de la enfermedad, que incluso puede estar en la infancia o en algún suceso significativo de la biografía personal.

Una amiga querida me ofreció sus servicios terapéuticos. Así que en una primera sesión, que fue larga porque le conté toda mi vida a través de preguntas de rebote, apareció la raíz de mi tendinitis y me sanó con biomagnetismo.

Retomando tu pregunta, creo que para el sistema económico no es negocio formar a las personas en las artes, porque eso es desarrollo humano, y el capitalismo necesita una masa dormida.

Las artes en general nos conectan; nos detienen en una flor, en la cordillera, en la luna llena; nos hacen conectar todo. El ejercicio de componer nos genera una amplitud para ver más allá de lo cotidiano.

– ¿Qué es lo que quieres para ti y tu música?

  • Reconocimiento, pero de la gente, del que escucha, un reconocimiento del sentimiento que hay detrás de mi música. Estoy entrando en recta para el cambio de folio, tengo 37, ya no fui un rockstar, quiero una vida tranquila que me permita desarrollar mi trabajo, tocar, viajar, pero que me dé una cuota de paz permanente, como un salvavidas; no quiero verme enrolado con sellos discográficos, así me siento un poco más libre.

Me gustan las cosas sencillas, lo simple de la vida, compartir un café con amigos relajadamente al aire libre y mirar el cielo mientras nos contamos historias y reímos, luego ir a dar una clase, y en la noche volver donde mi mujer después de ensayar, esto me hace feliz.

    Federico Wolf: "La música nos reconecta con lo esencial"

Desde la infancia

– Cuéntanos de tus colaboraciones con otros músicos…

-El haber comenzado bien pequeño a tocar la guitarra hizo que me escabullera en ambientes grosos de la música popular en Uruguay sin generar rivalidad, porque yo era un niño, entonces siempre andaba por todos lados y me acariciaban la cabeza. Recibí mucho cariño y enseñanzas por parte de los próceres del canto popular uruguayo de aquel tiempo, todos me veían a mí como el nene.

He compartido escenario con Luis Alberto Spinetta, Jorge Drexler, Joe Vasconcellos (quien ha grabado en mis discos e incluyó una canción mía en su nuevo disco pronto a lanzarse). He participado en recitales con Ismael Serrano y Nito Mestre. Acá he compartido con Magdalena Matthey, Francesca Ancarola, Alexis Venegas, Nano Stern, y muchos otros. Con muchos de ellos, además de la amistad, hay un reconocimiento mutuo.

– ¿En qué estás hoy?

  • Estoy tocando bastante con el formato banda (Federico Wolf Quinteto) y en solitario. Para lo que queda del año tengo varios conciertos en el Duoc, un par de recitales en el extranjero, estoy grabando mi tercer disco y en octubre pasado grabé mi primer DVD en vivo en la Sala SCD de Bellavista. En noviembre di un concierto en la Sala Master de la Radio Universidad de Chile, transmitido en vivo y en directo. Para el verano tengo una gira agendada por Argentina, Uruguay y Brasil.

La música en Chile

– ¿Cómo ves la situación actual de la música chilena?

  • La escena chilena se ha dado a una búsqueda bien impaciente, con algo de desesperación generada por los medios, de encontrar una nueva Violeta y un nuevo Víctor, y se ha tildado así a varios artistas: “el nuevo Víctor Jara”, “la nueva Violeta Parra”. Ha sucedido con Evelyn Cornejo, Pascuala Ilabaca, Camila Moreno, Manuel García y creo que esto es una tremenda mochila, e injusta, porque es imposible, no sólo porque dejaron muy alta la vara. Son personajes de un alto valor artístico y humano; si Violeta hubiese nacido en la India probablemente hubiese sido como la Madre Teresa de Calcuta, son demasiado grandes.

Estoy convencido de que durante nuestra vida nacemos y morimos muchas veces, y la música es un buen terreno para nacer… Por otro lado, esto ha servido para el surgimiento de un montón de músicos que llaman mucho la atención porque están haciendo un trabajo bastante bueno. Me gustan mucho Nano Stern y Javier Barría, que corresponde a otra camada y, además, su estilo es más cercano a lo alternativo; las letras de Evelyn Cornejo están muy interesantes y sabe ocupar cada segundo de música para lo que quiere decir.

También me pregunto por Hugo Moraga. Es lo máximo como cantautor, vigente desde los 80 en adelante; su música destroza el pecho, es una máquina, fue el primer músico chileno contemporáneo que me impactó con su belleza musical, pero no es masivo porque no es apoyado por los medios.

– ¿A qué crees tú que se debe esto?

  • El mal de acá es que las productoras y los sellos discográficos proyectan la música hacia Miami; ese el salto: México-Miami. En Uruguay, por ejemplo, el salto es Argentina-Europa, es otra corriente. Aquí hay poca cabida para la música con contenido. Los músicos chilenos que te mencioné tocan acá y viajan un poco, pero no son del hambre de las multinacionales, que tienen sus ojos y garras puestas acá; a esos grandes capitales no les interesa invertir en la música producida en Chile. Me da la impresión de que la otra ruta musical hacia Europa es más nutrida, hay más lugares donde tocar, te toman mucho más en cuenta en las radios, se valora el contenido, hay más público y es más leal a lo propio.

En Chile es raro lo que pasa: aquí se recibe a una estrella inglesa del rock y la gente está dispuesta a pagar entradas de altísimos valores, incluso millonarias, pero si un músico local hace un recital y quiere cobrar $5.000 la entrada, se está arriesgando.

Yo creo que esto también es generado por las multinacionales y los medios de comunicación que teledirigen la información; entonces, si nos meten reggaetón por todos lados y todo el rato, la masa finalmente responde a eso, y por verme a mí no querrán pagar ni una décima parte de lo que pagarían por ir a ver a un reggaetonero.

Masas adormecidas

– ¿Podría consolidarse en el país un mercado musical local potente?

  • Debido a la manipulación de los medios, es difícil, y más aún pensar en una industria musical de exportación. Por ejemplo, en relación al conflicto mapuche en el sur de Chile, allá están todos los días pasando cosas, pero los medios se abren cuando se quema una casa de algún empresario y culpan a los mapuches aunque no haya evidencias claras de la autoría real de ese acto. Y la puerta de los medios se cierra cuando las denuncias vienen de la gente mapuche.

Siempre ha existido el manejo de la información, los medios nos hacen ver lo que quieren. Aún hay muchos gringos que creen que EEUU ganó la guerra de Vietnam, y esto debido a numerosas películas de guerra que se hicieron en la época en las que ganaban los gringos.

Aquí, a diferencia de otros países, sucede que los medios de comunicación locales son una verdadera herramienta para mantener a las masas adormecidas consumiendo realitys y farándula, luego viene el noticiero en el que nos asustan, porque solo exacerban los actos delictivos y los conflictos bélicos internacionales para hacernos creer que lo mejor para las familias es estar bajo el brazo del gobierno de turno que los protegerá a todos.

Por lo tanto, no se dan muchos espacios ni posibilidades para que la gente se desarrolle musical o artísticamente o por la vía que prefiera, sino se busca guiar a todos hacia una homogenización temerosa y sumisa.

– ¿Crees que esto pueda superarse a corto plazo…?

  • En relación a esto, pero desde un punto de vista más global, siento que estamos muriendo como sociedad, y que la ambición y la avaricia están destruyendo a la Tierra. La música puede ser una herramienta más para entender esto, pero me parece que el proceso que nos toca es morir para volver a nacer; creo que hemos llegado a un punto irreversible.

Estamos al borde de la cascada y somos todos cómplices de una u otra forma. Creo que nos sobreestimamos. Vamos rumbo a que mañana nos levantaremos y la cadena se habrá roto. Nadie está proyectando a cien años, cada quien proyecta para sí y a lo más para sus hijos.

Necesitamos comenzar a proyectar un mundo libre, exuberante y saludable para los próximos siglos y para todas las generaciones que nos sucederán. 

 

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