SOMOS NUESTROS CUENTOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Enero de 2014

Cuentos para el crecimiento:  Compartir palabra a palabra

 

Los cuentos se adaptan, en forma y contenido, a quien los escucha. Es por ello que la tradición oral no pierde vigencia con el tiempo y nos encanta, abriéndonos múltiples mundos posibles, ya sea solo para alimentar la imaginación o para ayudarnos en nuestro camino de crecimiento.

Por J. Cristóbal Juffe V.

La tradición oral fue la primera forma de externalizar el conocimiento que se dio en nuestro planeta, lleva miles de años y al día de hoy sigue siendo la manera más utilizada de compartir conocimientos, experiencias y emociones.

La magia de los cuentos se da en la posibilidad de conocer nuevas realidades, otras posibilidades y personajes que, de una u otra manera, reflejan los vaivenes de la vida humana. Tanto la forma como el contenido se adaptan a quien los escucha, de manera que es una forma de conocimiento inclusiva y grupal.

En muchas tradiciones que se mantienen en la actualidad, los cuentos son una de las principales formas de entregar conocimiento, sabiendo que es quien escucha (o lee) el que tiene el potencial de crecer a partir de la semilla entregada por la narración.

Por ello, y pensando en el periodo de vacaciones, en que debería sernos más fácil encontrar un pequeño espacio con las personas que más nos importan, hemos realizado una pequeña compilación de cuentos como camino de crecimiento y como motivación de la imaginación.

Los invito a leerlos a modo de juego, inspirado en El Juego de los cuentos de Jorge Bucay.

Instrucciones

  1. Reúnase con una o más personas bajo la consigna de escuchar estos cuentos y reflexionar sobre las inquietudes personales.
  2. El jugador piensa en un dilema, duda o problemática que lo afecte o le preocupe en la actualidad. Si lo desea, puede decirlo en voz alta; de esta manera, en la parte del análisis, será posible que los otros jugadores participen mejor.
  3. Identifique el tipo de vivencia que representa el problema escogido, seleccionando alguna de las vivencias del cuadro 1.
  4. Del cuadro 2, escoja entre los cuatro colores el que mejor represente la emoción asociada al problema elegido.
  5. Mire la letra elegida en el cuadro 1 y luego el número del color seleccionado en el cuadro 2. Busque el número de cuento correspondiente en el cuadro 3.
  6. Usted o alguno de los otros jugadores debe leer el cuento en voz alta, imaginando que este cuento llega de la mano de algún sabio interno que trae un mensaje exclusivo para usted.
  7. Luego, puede compartir con los otros jugadores y reflexionar, con especial cuidado de no hacer juicios sobre la situación expuesta.

Cuadro 1, 2 y 3

Cuento 1

El emperador de la China

De Marco Denevi

Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver.

Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado del difunto emperador.

—¿Veis? —dijo—. Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador.

El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.

 

Cuento 2

Un ciego con luz

Cuento de origen desconocido

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo.

El amigo lo mira y de pronto lo reconoce… Se da cuenta de que es Guido, el ciego del pueblo.

Entonces, le dice: – ¡Guido, si tú no ves! ¿Qué haces con una lámpara en la mano?

Entonces, el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. ¡La Luz! La luz la llevo para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí.

Cuentos para el crecimiento:  Compartir palabra a palabra

 

Cuento 3

El aliento divino

Antigua leyenda hindú

Hubo un tiempo en que los seres humanos que vivían sobre la tierra eran dioses. Pero fue tanto lo que pecaron, que Brahma, el dios supremo, decidió castigarlos privándolos del aliento divino. El gran dios, muy disgustado, decidió esconder dicho aliento en un lugar donde no pudieran encontrarlo y emplearlo nuevamente para el mal.

Escuela de cuenta cuentos

Desde el año 2010 la fundación Mustakis cuenta con una escuela gratuita de Cuenta Cuentos que busca el desarrollo de capacidades en torno a la narración oral y que realiza cursos en diferentes partes del país, orientados a todo público, para aprender a contar cuentos dirigidos a los más pequeños.

El programa busca enseñar a los narradores -a través de técnicas lúdicas- el desarrollo vocal, perfeccionamiento de estructura dramática, precisión gestual y corporal, incorporando la creatividad en todo el proceso.

De esta forma la fundación busca el rescate de las tradiciones, invitar a soñar y a la vez fomentar la lectura y la imaginación en adultos, niños y niñas.

Más información en:

http://www.escuelacuentacuentosmustakis.cl/

Los otros dioses sugirieron ocultarlo en lo profundo de la tierra. Brahma respondió:

-No, porque el ser humano excavará y lo encontrará.

Le sugirieron, pues, hundirlo en el fondo del mar.

-Tampoco- dijo Brahma-, porque el ser humano aprenderá a sumergirse y allí también lo encontrará.

-En la montaña más alta- propusieron otros.

-No- insistió el gran dios-, porque un día el ser humano subirá a las montañas y recuperará el aliento divino.

Los otros dioses se dieron por vencidos, incapaces de imaginar un lugar en donde el ser humano no pudiera encontrarlo.

Entonces dijo Brahma:

-Escondámoslo dentro del ser humano mismo; jamás pensará en buscarlo allí.

Así lo hicieron y, a partir de ese momento, oculto en el interior de cada ser humano existe algo divino. Desde entonces, el ser humano ha recorrido la tierra, ha bajado a los océanos, ha subido a las montañas buscando esa cualidad que lo hace semejante a Dios y que lleva en su interior.

 

Cuento 4

Nada que hacer

De Cuentos para contar y pensar Vol. I, editorial Maitri

Érase una vez un hombre que murió y se encontró de pronto en un lugar hermosísimo, rodeado de todo lo que lo que podía desear. Un sirviente, vestido con una elegante tenida blanca, se le acercó y le dijo:

– Puede elegir lo que más le agrade, los manjares más deliciosos, lo que más le guste…

El hombre, fascinado, pasó largos meses durmiendo días enteros, divirtiéndose de mil maneras en noches interminables, comiendo lo que se le antojaba, bebiendo los licores más exquisitos. Pero un buen día empezó a sentirse hastiado de todo eso. Apenas vio aparecer al sirviente, se le acercó y le dijo:

– Estoy harto de divertirme y nada más. Necesito hacer algo útil. Denme algo que hacer, cualquier cosa, lo que quieran.

El sirviente lo miró con tristeza, movió la cabeza de un lado a otro y le respondió:

– Lo siento señor. Pero eso es lo único que no podemos darle. Aquí no hay nada que hacer.

El hombre se quedó mudo unos segundos y luego respondió irritado:

– ¡Qué horror! ¡Bien podría estar en el infierno!

Y el sirviente le respondió, cortésmente como siempre:

– ¿Y dónde cree usted que está?

La magia de los cuentos se da en la posibilidad de conocer nuevas realidades, otras posibilidades y personajes que, de una u otra manera, reflejan los vaivenes de la vida humana.

 

Cuento 5

Lo correcto y lo incorrecto

Cuento de la tradición budista zen

Cuando el maestro Bankei efectuaba sus semanas de meditación cerrada, asistían discípulos de todas partes de Japón. Durante una de estas reuniones, un alumno fue sorprendido robando. El incidente se comunicó a Bankei con la petición de que el culpable fuera expulsado, pero el maestro ignoró la denuncia.

Más tarde, el alumno fue sorprendido en un acto similar, y de nuevo Bankei hizo caso omiso de la cuestión. Esto enfureció a los otros discípulos, que redactaron una carta pidiendo la expulsión del ladrón. Además, señalaban que, de lo contrario, dejarían el grupo.

Cuando Bankei leyó la petición, llamó a todos a una reunión.

— Ustedes son hermanos sabios—les dijo—. Saben lo que es correcto y lo que es incorrecto. Pueden ir a otro lugar para estudiar si quieren, pero este pobre hermano ni siquiera distingue el bien del mal. ¿Quién se lo va a enseñar? Voy a mantenerlo aquí, incluso si todo el resto se va.

Un torrente de lágrimas bañó el rostro del hermano que había robado. Todo deseo de apropiarse de lo ajeno había desaparecido de su corazón.

 

Cuento 6

Capítulo XXIII,

de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

-¡Buenos días! -dijo el principito.

-¡Buenos días! -respondió el comerciante.

Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.

-¿Por qué vendes eso? -preguntó el principito.

-Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

-Lo que cada uno quiere…

“Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría suavemente hacia una fuente…”

 

Tanto la forma como el contenido de los cuentos se adaptan a quien los escucha, de manera que es una forma de conocimiento inclusiva y grupal.

Cuento 7

Música para la vaca

Cuento de Mou Zi

Un día, el célebre músico Gong Mingyi tocó una melodía clásica ante una vaca; ésta continuó pastando como si nada. “No es que ella no la oiga, es que mi música no le interesa”, se dijo el intérprete. Se puso entonces a imitar con su instrumento el zumbido de las moscas y el mugido de los terneritos. Al instante, la vaca paró la oreja y, balanceando su cola, se acercó para escuchar hasta el final la música, que, esta vez tenía un significado para ella.

 

Cuento 8

Hablar y escuchar

De “La oración de la rana”, de Anthony de Mello

Un anciano solía permanecer inmóvil durante horas en la iglesia. Un día, un sacerdote le preguntó de qué le hablaba Dios.

— Dios no habla. Sólo escucha — fue la respuesta.

— Bien… ¿y de qué le habla usted a Dios?

— Yo tampoco hablo. Sólo escucho.

 

Cuento 9

El diente de león

Cuento de origen desconocido

Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que, en dicho césped, crecía una gran cantidad de “dientes de león”. Y aunque trató de librarse de ellos por todos los medios, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin, escribió al Ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho. Y concluía la carta preguntando:”¿Qué puedo hacer?”

Al poco tiempo, le llegó la respuesta:

— Le sugerimos que aprenda a amarlos.

Cuentos para el crecimiento:  Compartir palabra a palabra

 

Cuento 10

¿Quién puede hacer que amanezca?

De “¿Quién puede hacer que amanezca?”, de Anthony de Mello

Un discípulo le preguntó a su maestro:

— ¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la iluminación?

— Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.

— Entonces, ¿para qué sirven los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?

— Para estar seguro de que no estás dormido cuando el sol comience a salir.

 

Cuento 11

Selma

De Jutta Bauer

Cuando me di cuenta que el asunto no tenía solución, me dirigí a la Gran Cabra…

– ¿Qué es la felicidad?

Para responderte, te contaré la historia de Selma, la oveja…

Érase una vez una oveja que cada mañana al amanecer comía un poco de hierba, al mediodía enseñaba a hablar a los niños, por la tarde hacía un poco de deporte, después volvía a comer hierba, al anochecer charlaba un poco con la señora González y por las noches dormía a pierna suelta.

Al preguntarle: ¿Qué haría si tuviera más tiempo?, dijo: Al amanecer comería algo de hierba, al mediodía hablaría con los niños, después haría un poco de deporte, comer… y al atardecer me gustaría charlar un poco con la señora González, sin olvidar un sueño profundo.

-¿Y si le tocara la lotería?

-Bueno, comería mucha hierba, preferentemente al amanecer, hablaría mucho con los niños, después haría un poco de deporte, por la tarde comería hierba, al atardecer me gustaría charlar con la señora González, después caería en un sueño profundo y dormiría a pierna suelta.

 

La persona que escucha (o lee) el cuento es quien tiene el potencial de crecer a partir de la semilla entregada por la narración.

Cuento 12

El camello sin cuerda

Un cuento sufi

Una caravana que iba por el desierto se detuvo cuando empezaba a caer la noche.

Un muchacho, encargado de atar a los camellos, se dirigió al guía y le dijo:

-Señor, tenemos un problema. Hay que atar a veinte camellos y sólo tengo diecinueve cuerdas. ¿Qué hago?

-Bueno -dijo el guía-, en realidad los camellos no son muy lúcidos. Ve donde está el camello sin cuerda y haz como que lo atas. El se va a creer que lo estás atando y se va a quedar quieto.

El muchacho así lo hizo. A la mañana siguiente, cuando la caravana se puso en marcha, todos los camellos avanzaron en fila. Todos menos uno.

-Señor, hay un camello que no sigue a la caravana.

-¿Es el que no ataste ayer porque no tenías soga?

-Sí, ¿cómo lo sabe?

-No importa. Ve y haz como que lo desatas, si no va a creer que sigue atado. Y si lo sigue creyendo no caminará.

 

Cuento 13

Piensan siempre lo contrario

Un cuento sufi

Un discípulo le preguntó a Hejasi:

— ¿Qué es lo más divertido de los seres humanos?

Y el sabio respondió:

— Piensan siempre lo contrario. Tienen apuro por crecer y después lamentan la infancia perdida. Pierden la salud para tener dinero y después pierden el dinero para tener salud. Piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente y, así, no viven ni el presente ni el futuro. Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido.

 

Cuento 14

La búsqueda

De “El tarot de la transformación” de Osho, 46: La Búsqueda.

Rabindranath Tagore, el poeta, había estado buscando a Dios durante millones de vidas. Le había visto algunas veces, a lo lejos, cerca de una estrella, y empezaba a ir en esa dirección, pero cuando llegaba a la estrella, Dios se había ido a otra parte. Pero él siguió buscando y buscando —estaba determinado a buscar el hogar de Dios— y la sorpresa de sorpresas fue que un día llegó a una casa en cuya puerta estaba escrito: «Casa de Dios».

Imagina su éxtasis, comprende su alegría. Subió corriendo las escaleras y estaba a punto de llamar a la puerta cuando su mano se quedó congelada de repente. Había tenido una idea: «Si por causalidad ésta es la verdadera casa de Dios, entonces ya he acabado, mi búsqueda se ha acabado. He llegado a identificarme con mi búsqueda, no sé hacer otra cosa. Si se abre la puerta y encuentro a Dios, la búsqueda se acaba. ¿Y entonces qué?»

Empezó a temblar de miedo, se quitó los zapatos y descendió los preciosos escalones de mármol. Tenía miedo de que Dios pudiera abrir la puerta aunque él no había llamado. Y a continuación se puso a correr tan rápido como nunca antes. Pensaba que había corrido detrás de Dios todo lo rápido que podía, pero ese día corrió como nunca, sin mirar atrás. El poema acaba: «Sigo buscando a Dios. Sé dónde está su casa, por eso la evito y busco por otros lugares. El desafío es muy grande, la emoción es muy grande, y mientras busco sigo existiendo. Dios es un peligro: seré aniquilado. Pero ahora ni siquiera temo a Dios, porque sé dónde vive. Por eso, evitando su casa, sigo buscándolo por el universo. Y en lo más profundo de mí sé que no busco a Dios; mi búsqueda es para nutrir mi ego».

 

Cuento 15

Amor

De “La enfermedad como camino”, de Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke

Un hombre llamó a la puerta de la amada. Una voz preguntó: “¿Quién es?” “Soy yo”, respondió él. Y la voz dijo: “Aquí no hay sitio suficiente para mí y para ti”. Y la puerta siguió cerrada. Al cabo de un año de soledad y añoranza, el hombre volvió a llamar a la puerta. Una voz preguntó desde dentro: “¿Quién es?” “Eres tú”, respondió el hombre. Y la puerta se abrió. 

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