DESARROLLO PERSONAL CREATIVO Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Febrero de 2014

Para dar en el blanco en educación

La flecha de Zenón nunca llega al blanco, porque está medida y mediada por la mente. La flecha de Cupido en cambio apunta al corazón, y aunque a veces falla, cuando da en el blanco realiza el bien deseado.

¿Cómo lograr que el sistema educacional apunte al corazón?

Eduardo Yentzen P.

Eduardo Yentzen P.

Guía de desarrollo personal, escritor y Director del proyecto Iluminar la Educación, de Fundación Chile Inteligente.

www.eduardoyentzen.cl

[email protected]

Se anuncia para pronto un nuevo currículum que regirá de séptimo básico a segundo medio –ciclo que corresponde a una suerte de ‘plan común’ de la media, para cuando ésta vuelva a ser de seis años de duración, lo que también estaría ad portas- y que optaría por el desarrollo de habilidades más que por incorporar muchos contenidos de modo de ‘no sobrecargar a las escuelas’.

Complementariamente, se plantea que el aprendizaje de las disciplinas se lleve a conceptos centrales y no a sus detalles. Así, en ciencias naturales se aspira a que se logre un aprendizaje de ocho ideas nucleares a la base de los conocimientos de biología, física y química. En historia, se unifican las de Europa y América. En lenguaje se busca un aprendizaje de análisis de textos, y así.

Me parece que esta es una orientación muy correcta. Pero debemos llamar la atención a que al declarar -como de pasada- un propósito de no sobrecargar a la escuela, debemos hacernos cargo de la necesidad de evaluar la carga que el Ministerio y los sostenedores imponen. Cabe considerar que una de las principales fuentes que alteran un sistema –y a una persona- es la de una sobrecarga desmedida.

Esto me permite proponer una reflexión sobre el nivel de carga académica deseable para la mejor vida en el espacio escuela, dentro de los requerimientos de proveer un aprendizaje.

¿Será posible plantear una carga curricular reducida a un punto que permita incorporar otros aprendizajes –manuales, corporales, de desarrollo personal-, y también explorar otras modalidades de aprendizaje, y así tomar en serio lo de la formación integral y lo del cuidado de la convivencia escolar?

Krishnamurti ya lo decía a comienzos de los 50: no puede haber un aprendizaje sano desde la base del miedo. Y el miedo está a la base de la selección por competencia.Yo he estado conociendo distintas escuelas, y veo una desmotivación por las disciplinas, y por las formas en que se imparten. Por cierto que no es generalizado, pero tiene una importante extensión. Y esto que no desean es de lo que está lleno el tiempo escolar.

Esta realidad no es una falla de los profesores ni una falta de los alumnos. Cuando converso con los estudiantes desde un acercamiento ‘existencial’, ellos muestran toda la profundidad de pensamiento que se requiere para cualquier aprendizaje. Pero al preguntarles: “Ya que tienen que estar en la escuela, ¿qué les gustaría aprender?”, la pregunta los sorprende, nadie se las ha formulado, ellos no lo han pensado, y no imaginan que podría haber una conexión con el aprendizaje desde el deseo de aprender.

Ahora bien, lo fundamental para generar aprendizaje de calidad es despertar el deseo de aprender. Y esto pasa por una conexión emocional con el aprendizaje.

Una primera vía para ello es lograr que el aprendizaje sea ‘interesante’, ‘estimulante’. Esto se puede lograr hoy, a través, por un lado, de la información disponible en internet, y por otro, de la guía de un adulto motivado por el aprendizaje y con una relación de calidez con el estudiante. Para que el docente sea un guía de las búsquedas de los temas en la red, se requiere de una transformación -no-amenazante, sino estimulante –de los docentes. Y este proceso requiere de tiempo al interior del tiempo en la escuela.

Mar14_019

La otra vía de conexión emocional con el aprendizaje ocurre cuando se logra conectar un proyecto de vida deseado por el joven con los aprendizajes necesarios para ello.

Cuando un estudiante pregunta en clases: “¿Y para qué me sirve esto?”, esa pregunta tiene toda la validez del mundo. Saber la conexión, el valor, la importancia que tiene un aprendizaje para su proyecto de vida es un derecho del estudiante y genera el motor del deseo de aprender.

Aquí no corresponde la respuesta: “Tiene que importarte”, seguido del sermón de por qué tiene que importarle. Debemos partir del hecho real de que no le importa, y de que eso tiene una base real legítima, y buscar el camino para que le importe.

Si ya hemos dejado atrás la ley de que “la letra con sangre entra”, deberemos concluir que hoy, sin el interés –sin la motivación emocional- del estudiante, la letra entonces ya no va a entrar.

Sin conexión emocional con el aprendizaje, y sin disponer del autoritarismo para obligar a aprender, no formaremos bien a las nuevas generaciones, no habrá mejoramiento en la calidad del aprendizaje.

Hoy las pruebas estándar aplicadas a los estudiantes se vinculan a intentos por obligar el aprendizaje, a través de hacer que de ellas se desprendan las posibilidades de seguir ascendiendo en los estudios superiores. Es el uso de la competencia como fuerza de obligación en reemplazo al autoritarismo. Pero todos sabemos ‘la angustia del estudiante frente al pelotón de fusilamiento de la PSU’. Krishnamurti ya lo decía a comienzos de los 50: no puede haber un aprendizaje sano desde la base del miedo. Y el miedo está a la base de la selección por competencia.

Por eso es que proponemos concebir un aprendizaje anclado en el deseo de aprender. Esta es la dirección para subir verdaderamente la calidad de la educación, de modo que la flecha de Cupido reemplace a la de Zenón, y llegue al blanco. 

Dejar respuesta