HACIA EL CAMBIO PERSONAL Y SOCIAL Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Enero de 2014

 

¿Qué es la Asamblea Constituyente?

Producto de su historia reciente, Chile se ha acostumbrado a varias situaciones bastante anómalas. Diecisiete años de dictadura –en que obviamente no se podía opinar de casi nada- y, como herencia, una constitución “validada” en forma fraudulenta y en extremo estrecha en cuanto a la participación de los ciudadanos en los destinos del país.

Alejandro Celis Hiriart

Alejandro Celis Hiriart

Psicólogo transpersonal, místico y comunicador.

www.transformacion.cl

Facebook: Instituto Expansión 

Twitter: @alecelish

Las reformas que se han hecho desde entonces han sido sólo cosméticas, y sigue siendo una constitución muy poco democrática, en que la participación directa de la gente es casi nula. Existe mucho descontento, pero al parecer –dado que casi la mitad del país no vota- no hay mucha claridad respecto a cómo cambiar las cosas. Por supuesto, aquellos que se benefician de este estado de cosas han intentado que todo siga igual, y ya sabemos que éstos se encuentran en todo el espectro político.

Éste no es sólo un tema de los partidos: la madurez psicológica de cada persona implica hacerse cargo de su vida en todos los planos. No es responsable ni maduro dejarle “a otros” la tarea de decidir cómo queremos vivir, qué tipo de educación o medicina queremos tener, las leyes que nos rigen, qué control hay de abusos de todo tipo y una serie de otros aspectos que afectan nuestra convivencia y vida cotidiana. Por ejemplo, a pesar de la reciente inauguración del hospital de La Florida y de otros que se hallan en construcción, ¿qué le parece el estado de la salud estatal? La mayoría de los hospitales que se hallan en construcción están en la Región Metropolitana… ¿Hace cuánto tiempo no se invierte en serio en salud estatal en regiones? ¿Acaso no hay dinero para eso? Este es el tipo de asunto en que debemos tener opinión y poder de decisión.

Esto no ocurre sólo en Chile: en Argentina, en EEUU y en Francia, por ejemplo, han elegido gobernantes que no representan las aspiraciones más profundas de la gente: Obama resultó más imperialista que Bush, y Hollande es un socialista de pacotilla, tal como Lagos o Bachelet. ¿Cómo ocurrió? Por falta de cultura cívica, porque no nos damos la molestia de informarnos para decidir a cabalidad por quién votar, porque nos desligamos del asunto y no votamos –el colmo de la irresponsabilidad- o porque no tenemos ninguna esperanza verdadera de que las cosas cambien.

¿Quizás estos dubitativos y “rebeldes” reaccionen cuando un determinado gobierno decida colocarles –por ley- un chip en la cabeza para localizarles? Sinceramente, creo que la abstención no produce nada, excepto quedarnos tal como estamos, y que la clase política nos dirija como le dé la gana.

Al final de la primera vuelta presidencial, Marco Enríquez-Ominami declaró que en segunda vuelta su candidata no era ninguna de las del duopolio, sino la Asamblea Constituyente. No está solo en este propósito.

Independientemente de quienes sean elegidos por criterios superficiales -como Bachelet, por ejemplo-, las cosas están cambiando, pues somos muchos los que no pensamos dejar nuestros destinos de manera irresponsable en manos de nuestros gobernantes. Protestaremos y denunciaremos hasta el cansancio, a pesar de los intentos gubernamentales por adormecer y anestesiar los anhelos de una sociedad realmente justa y humana.

Al final de la primera vuelta presidencial, Marco Enríquez-Ominami declaró que en segunda vuelta su candidata no era ninguna de las del duopolio, sino la Asamblea Constituyente. No está solo en este propósito. Un 6.1% de los votantes marcaron “AC” en la primera vuelta presidencial 2013, lo que es un éxito si se piensa en el nulo apoyo oficial a la iniciativa y en el riesgo de perder el voto… y ya con más seguridad, un 10.3% marcó esa petición en la segunda vuelta en diciembre.

A pesar de que personas ultraconservadoras que se benefician de la situación actual –como el presidente de la DC, Ignacio Walker, el “socialista” Escalona y la UDI completa- amenacen con las penas de infierno si el país se inclina por esta posibilidad, la Asamblea es un proceso profundamente democrático. Implica que la Constitución no sea redactada por un grupillo de “expertos” –como Jaime Guzmán, que nos dejó clavados con esta porquería profundamente antidemocrática-, sino que sea la gente quien elija de manera libre quiénes la redactarán, y que el resultado sea de nuevo plebiscitado.

¿Qué es la Asamblea Constituyente?

Wikipedia define así la Asamblea Constituyente: “Es una reunión nacional de personas del pueblo con el objetivo específico de formar las nuevas reglas que regirán la relación entre gobernantes y gobernados, así como del funcionamiento y distribución del poder, fundamento de su sistema político y social, en ejercicio inalienable de una autoridad soberana ( ) sin más límites que los que fijan el interés nacional y la civilización”. Uno de los ejemplos más conocidos es la que llevó a cabo el presidente Hugo Chávez en Venezuela, pero se han realizado procesos similares en Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, España y Bolivia.

Ya sea que usted simpatice o no con Hugo Chávez, el proceso que éste siguió fue impecable y profundamente democrático: en su campaña electoral propuso llamar a una Asamblea Constitucional mediante referéndum público -algo casi desconocido en Venezuela en aquel momento-. El proceso que luego siguió Chávez fue, primero, plebiscitar la idea de hacer la Asamblea Constituyente. El referéndum se hizo el 25 de abril de 1999, y fue un éxito aplastante, con 88% de votantes que apoyaron la propuesta. Con este resultado, llamó a postular para formar parte de esta Asamblea. Se presentó gente común, así como miembros de grupos tribales indígenas. El 25 de julio de 1999 se eligieron los miembros que compondrían la Asamblea.

De los 1171 candidatos que se presentaron a la elección, alrededor de 900 eran antagonistas de Chávez, pero a pesar de esto, sus partidarios lograron otra victoria electoral aplastante, obteniendo 125 asientos (95% del total), incluyendo los pertenecientes a grupos tribales indígenas, y la oposición obtuvo sólo 6 asientos.

El resto es historia. Quizás por primera vez, el pueblo venezolano decidía las normas bajo las cuales deseaba vivir. Nosotros –tan orgullosos de lo “civilizados” que somos- aún no lo hacemos. 

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