SOMOS INSPIRACIÓN Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Marzo de 2014

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“Hembra es un aullido, un grito profundo del deseo de cambiar, de movernos, de evolucionar. Que nuestros genes tengan el espacio para hacerse conscientes y… ¿por qué no? iluminarnos y vivir en otro estado evolutivo”. Así de clara, directa y sensible es Isis Kraushaar, gestora, directora y protagonista del film.

Por Loreto de Nortdenflycht

Seis años tardó en salir a la luz pública. Tras un arduo trabajo, Hembra se convirtió en la primera película chilena privada que trata temas existenciales-espirituales estrenada en una gran cadena como es CineHoyts. Ha tenido funciones diarias en el Cine Arte Alameda y, a partir del 6 de marzo, estrena en la Cineteca Nacional.

Revista Somos conversó con Isis Kraushaar, una mujer de mirada penetrante y voz dulce, tranquila pero a la vez de mucho coraje y determinación.

– Entiendo que tu necesidad de escribir nació de un viaje a India. ¿Hubo alguna experiencia en particular que despertara tu interés?

  • Sí. Por primera vez viví de forma extrema la discriminación hacia las mujeres; sobre todo aquellas que no tienen casta son maltratadas en variados niveles. No se respetan sus derechos básicos, como su propia vida. Sentí mucha rabia al preguntarme: ¿Por qué hemos sido por tanto tiempo discriminadas, desalojadas de nuestro poder, persuadidas para que no usemos ese poder, y por qué nos temen tanto?

Cuando volví a Chile, sentí esta discriminación de otra manera, pero igualmente condicionadas como género femenino. Comencé a escribir el poema Hembra por necesidad. Fue un vómito, un aullido hacia mi género y hacia el género masculino.

– Te refieres al poder de la mujer… ¿Cuál o cuáles son estos poderes?

  • El poder de la mujer radica en su capacidad de dar vida, contenerla y renovarla. A través de su poder generador y protector, su labor va ligada directamente a mantener la especie humana, no sólo en lo físico y emocional, sino también esotérica y creativamente. Visualizo a la mujer como una guardiana del fruto de todo tipo de vida, en comunión con nuestra Madre Tierra.

¡Pero la mujer tuvo que ceder y callar mucho por sobrevivencia! Y nos desarraigamos de nuestra propia naturaleza. Me puse a investigar, leí libros de antropología para entender este acontecimiento, y encontré que la primera idea que existió de Dios fue de un ser femenino, por ejemplo.

– ¿Siempre estuviste interesada en los temas de la mujer?

  • Me intriga la mujer porque soy una. Hubo un tiempo, en mi primera juventud, en que había muchos misterios que yo no entendía y que nadie los podía contestar porque no sabía cómo expresarlos.

Vengo de mujeres contaminadas por la sociedad, aunque mis abuelas (materna y paterna) fueron salvajes para su época, transgredieron las normas sociales impuestas en esos años – 1910 aprox-. Mujeres libres internamente, artistas guardadas. Bailarinas que aprendieron a danzar con el látigo de una sociedad machista, cínica y conservadora que poco les permitía, pero ellas igual vivían lo que querían, a escondidas.

Creo que de ahí me viene una raíz femenina muy potente. Está en mis genes permitirme y, a veces, agresivamente. Y también he vivido en carne propia la discriminación de mujeres cercanas y desconocidas.

Hembra. (Fotografía: gentileza Hombra Films Producciones)
Hembra. (Fotografía: gentileza Hombra Films Producciones)

La película

– Tu película está basada en tres poemas: Capitalismo, Hereje y Hembra. Cuéntanos acerca de ellos…

  • Efectivamente. Capitalismo es un poema que habla, resumidamente, sobre el consumo extremo, en cómo hemos convertido el dinero en prioridad… El consumo nos consume, consumimos ideas condicionadas a intereses privados sin darnos cuenta…

Hereje es un poema de amor, fue una historia de mi vida en que viví la primera idea del amor de pareja de forma muy idílica, una ilusión, era el primer amor. Y luego, caer por las mismas rocas que subiste como agua. Hereje fue un despertar a entender que el amor está mucho más allá de la ilusión inicial. No fue un aterrizaje fácil. Se abrió un mundo que no conocía; fue bello, intenso y tan doloroso aprender y salir de esa ilusión, que me rebelé. Sacarlo de mí fue escribirlo…

Los creadores y artistas de nuestra generación tenemos una responsabilidad con nuestras creaciones y debemos aportar para la evolución de la humanidad de la cual somos parte. (Isis Kraushaar)

– ¿Y cómo llegas a Hembra, nombre de la película también?

  • Nace de la idea de expresar y entender, como masa, la responsabilidad que hemos tenido en construir la realidad que existe hoy. Qué valor y qué responsabilidad tiene el sentido femenino. Es develar una sociedad en que el dinero, y por ende, el poder es el verdadero Dios que rige. El consumo material nos mantiene aferrados a este sistema, y no lo vemos.

Hay que soltar la materia y el sistema totalmente destructivo; nosotras, las mujeres, lo permitimos ¡cuando somos puertas de vida! En una parte de la película se dice: “Hembra, brama, por favor”… ¡Bramemos, mujeres! Necesitamos hacer evolución.

Si nosotros, como individuos y como masa, no logramos dar un salto, la naturaleza va a reaccionar, porque somos parte de todo, estamos conectados energéticamente. Ha ocurrido muchas veces… desastres naturales, y no es sólo algo físico geográfico… ¿Adónde van todos nuestros pensamientos, nuestros sentires, nuestra ira, frustraciones? Esa es energía y tiene un punto de consciencia.

No podemos seguir siendo indiferentes en algo tan primordial. El crecimiento espiritual es el hambre de poder que buscamos en el lugar erróneo, y siento que Hembra es un grito interno a la masa anestesiada… ¡en la que me incluyo! El grito me lo doy a mí también…, me duermo igual.

Tenemos que comprometernos, involucrarnos directamente en nuestra propia evolución. Nos estamos autodestruyendo, y nos están destruyendo con nuestro consentimiento, ejemplos: permitirnos alcohol, cigarrillo, agua potable con flúor -que es un desecho tóxico-, smog, guerras, semillas transgénicas, el dinero, la desigualdad, la violencia, el genocidio por pensar de otra manera, la corrupción en variados y múltiples niveles, las mentiras al mejor postor, remedios que matan, la TV como arma de hipnosis colectiva, etc. ¿Por qué les seguimos creyendo a los que nos destruyen? ¿Qué nos falta para despertar?

Isis Kraushaar. (Fotografía: gentileza Isis Kraushaar)
Isis Kraushaar. (Fotografía: gentileza Isis Kraushaar)

El caldo de lo nuevo

– En ese sentido, ¿tu llamado es a despertar a través de lo instintivo, de lo femenino?

  • Sí. Tiene que ser así. El instinto está muy relacionado con lo intuitivo; nuestro ser interior siempre nos da señales y hay que abrirse a escucharnos desde adentro. Por otro lado, el instinto, la sangre femenina. Del óvulo viene la información de nuestros genes y de la vida, pero la sangre menstrual también contiene otros componentes invisibles, es un elixir que contiene la información de lo que sucede en el cosmos, y nosotras somos su filtro. Debemos colaborar para traspasar esta energía a la tierra, receptivamente, para dar paso a la evolución, que es un misterio. Y también a lo inconsciente.

Visualizo a la mujer como una guardiana del fruto de todo tipo de vida, en comunión  con nuestra Madre Tierra. (Isis Kraushaar)Las imágenes de Hembra son simbólicas, apuntan al inconsciente; por eso tardamos 6 años en realizar la película, porque cada imagen se trabajó para que fuera directo al inconsciente. Tal vez la mente racional no lo va entender de primera, pero tu mente irracional, tu lado inconsciente va a captar la simbología, y a eso aspiramos, a que esa parte de tu mente despierte, darle espacio.

En resumen, el concepto de Hembra es entrar en el inconsciente y desde ahí despertar lo femenino, en el misterio, y es aquí donde está el caldo de lo nuevo. La nueva consciencia cósmica.

– En tu película planteas que como mujeres estamos domesticadas…

  • Siento que en nuestro fuero más interno las mujeres somos ¡totalmente salvajes, libres!, en grados de libertad que podrían hacernos pasar por egoístas. Pero por siglos todo ha sido vivido de forma “subterránea”. Como tuvimos que aprender a sobrevivir, a callar para que no nos exterminaran, esta mujer salvaje pasó a ser un ser escondido secreto, subterráneo, y así tuvimos que domesticarnos hacia la energía masculina para poder seguir viviendo.

Con los años nos fuimos acomodando y esta “comodidad” y olvido trajeron grandes errores y vacíos, como la falta de aceptación a la vejez, por ejemplo, que ha creado un basarse e identificarse con las normas de una sociedad masculina, desequilibrada y descarnada con la energía femenina, permitiéndonos a veces llegar al extremo de la vanidad y la superficialidad absoluta con tal de ser aceptadas.

Sin un filtro interno de aceptación personal como base estamos a la deriva. Por ejemplo, la cirugía plástica es un manifiesto, querer ser aceptada a toda costa y como sea, aunque tenga que rajarme por completo. No critico a quien lo hace, lo tomo como un reflejo social, símbolo de haber cedido tanto nuestro poder.

¿Por qué estamos buscando afuera lo que por herencia cósmica está en nuestro fuero interno y nos pertenece? Tenemos tantos universos personales por descubrir que si nos permitiéramos entre nosotras experimentar nuestra propia naturaleza nos daríamos cuenta que cada mujer es una flor tan exótica y única en este universo, que sería un salto cuántico, no sólo para nosotras, sino para la humanidad, para nuestra Tierra. Sería un acto de amor profundo hacia la existencia. Un vuelco hacia la coherencia natural que fluye en todos.

(Fotografía: gentileza Hombra Films Producciones)
(Fotografía: gentileza Hombra Films Producciones)

El misterio de cada mujer

– ¿Cómo se hace ese vuelco?

  • Compartiéndonos. ¡Hay tanta mística, tanta alquimia disponible en los seres humanos! Y nos hemos dormido sin darnos cuenta del incalculable valor de nuestro espíritu individual y masivo. La envidia, la desconfianza, la competencia, ¡ya no más!

Cada una tiene lo suyo, cada una es una única flor y cada mujer es el secreto de la otra. El misterio de cada mujer es tan puro que no hay que contaminarlo con la idea de lo que la otra piensa de mí. Ser leales entre nosotras, permitirnos la soledad, el encuentro con una misma. Crear una relación consciente con la naturaleza. Retribuirle a través de símbolos, ritos, educando a nuestros hijos con consciencia existencial, personal y cósmica.

Ese es nuestro legado. Traspasarlo es nuestra tarea. Ahí está el trabajo interior. Despertar y despertarnos entre las hembras los hilos energéticos para sintonizarnos juntas con la energía vibratoria del planeta. Y para eso hay que hacerse cargo de uno misma.

– ¿Cómo ha sido la reacción de los espectadores ante este planteamiento?

-Ha sido variado. Hay mujeres y hombres que han manifestado mucha resistencia, y otros que me han felicitado por la propuesta. De cierta forma, yo sabía lo que venía, ya que quisimos ser espacialmente agresivos en la forma de comunicamos porque sentimos que estamos en un punto terminal, y es aquí y ahora donde tenemos que cambiar.

Entonces, dijimos, esto tiene que ser un grito y no un bálsamo o algo romántico para las mujeres y hombres que vean Hembra. Es una cachetada conceptual para reaccionar ahora. Es entrar directo a la herida individual y masiva. Hembra dice cosas que todos sabemos, pero que nadie quiere escuchar.

– Para terminar… ¿Cómo vives tu propia hembra?

  • La vivo con todos los colores. Paso de las oscuridades personales hasta la luz. Creo que la aceptación personal es lo primero y, después, perdonarnos. Al momento de ver mi oscuridad, que es vasta, me perdono todo. No dejo de aprender aunque mi ego me punce sin pudor. Enamorarse de uno mismo es el comienzo, y amarse es el potencial. Dejo que todos los colores que hay en mí se expresen. Me olvido de los patrones sociales, ya no les creo.

Aquí, dentro de mí, estoy en profundo, donde las tonalidades oscuras que tengo deben ser amadas, aceptadas sin juicio. Mientras no me falte el respeto a mí misma o al otro, puedo ir a variados lugares de mí misma libremente, aprendiéndolo hacer amorosamente. Así me lo vivo. 

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