SOMOS NUTRICIÓN Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Abril de 2014

 

Obesidad y salud, una mirada desde los determinantes sociales: ¿Podemos realmente elegir?

¿Cómo está siendo abordado en Chile uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI?
El programa gubernamental Elige Vivir Sano concibe la salud y la calidad de vida como un mero problema de conducta o “elección”, y no reconoce el efecto de las desigualdades sociales.

Por Isabel Díaz Medina

En nuestro país, el 39% de los mayores de 15 años tiene sobrepeso, y 300 mil personas padecen obesidad mórbida, según la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2011- 2012. El 27,1% de las niñas y el 28,6% de los niños entre 5 y 17 años supera el peso correspondiente a su edad. Esto nos ubica entre los 6 países con más obesidad infantil de la OCDE.

El 2013, por tercer año consecutivo, el SIMCE de Educación Física mostró la mala condición de nuestros escolares en este aspecto y el incremento de la obesidad infantil. Entre 2011 y 2012, la obesidad en octavo año básico, según el IMC, índice de masa corporal, subió de un 16 a un 18%; el sobrepeso, de un 25 a un 26%, y sólo un 8% de los escolares logró un nivel satisfactorio en actividad física.

Otro dato preocupante es que en las últimas dos décadas se ha producido un aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en las mujeres, siendo las de menor escolaridad las más afectadas. En Chile la carga de enfermedad está desigualmente distribuida. Tabaquismo, obesidad, sedentarismo, alcoholismo y ciertas patologías mentales afectan sobre todo a los sectores más pobres.

El problema es que las políticas sociales y de salud para la prevención de la obesidad tienden a centrarse casi exclusivamente en el individuo, restringiéndose a educar a las personas sobre los riesgos asociados al sobrepeso y a inculcar hábitos alimentarios más saludables.

Este tema fue abordado en el Seminario Alimentación y Salud, una mirada desde los determinantes sociales. ¿Podemos realmente elegir?, realizado en recientemente, en el Archivo Nacional, en Santiago, cuyo objetivo fue generar un espacio de reflexión, articulación y propuestas desde la sociedad civil en torno a esta problemática, entendiendo que la alarmante prevalencia en indicadores de obesidad y sobrepeso es consecuencia de la desigualdad y la injusticia social.

Obesidad y salud, una mirada desde los determinantes sociales: ¿Podemos realmente elegir?

¿Cinco porciones?

El modo de alimentarnos y el estado nutricional de mujeres, hombres, jóvenes, niñas, niños y adultas/os mayores dependen de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales en las cuales viven y trabajan las personas. Es deber del Estado generar las condiciones que permitan a las personas tener una vida digna y sana, resguardando el derecho a tener una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada y suficiente.

Así lo señala la antropóloga Susana Jiles, encargada de Nutrición de Fundación EPES, quien precisa que “es imperativo incorporar una mirada desde los determinantes sociales de la salud, con énfasis en enfoque de género, al momento de elaborar políticas públicas que apunten a disminuir el problema de obesidad, sobrepeso y aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles, las que tienen mayor impacto en la población más pobre, específicamente en mujeres, debido a la desigualdad en salud o mayor prevalencia de factores de riesgo”.

Se estima que Chile y México son los mayores consumidores de bebidas azucaradas en el mundo, lo que tiene directa relación con el síndrome metabólico: hipertensión, aumento de grasas en sangre y resistencia a la insulina.

Esto significa que abordar el tema de alimentación, obesidad y género, implica trabajar en varios niveles o dimensiones: social, cultural, económico y político. Para Susana, “no es suficiente con incrementar el acceso a través de la construcción de más centros de salud, si no se invierte y mejora la capacidad de los equipos de salud; si no se fortalecen las redes para la promoción y prevención en salud, y a la vez, se aumenten los recursos y voluntades que permitan disminuir las desigualdades sociales, mejorando las condiciones de vida de la población en su conjunto”.

Pasando por alto toda la evidencia de la epidemiologia social y los determinantes sociales de la salud, el gobierno de Sebastián Piñera desarrolló el programa Elige vivir sano, el que ha recibido fuertes críticas de especialistas en salud, e incluso se interpuso una querella criminal por fraude al fisco en contra de quienes resulten responsables de graves irregularidades financieras que afectarían al proyecto.

Para los especialistas, resulta una agresión simbólica promover una campaña que aconseja comer cinco porciones de frutas y verduras al día cuando una persona que recibe un sueldo mínimo no tiene posibilidad de consumirlos debido a su alto costo.

En Chile, el 86% come menos de 5 porciones de frutas y verduras al día, el 88,6% tiene una fuerte inclinación al sedentarismo, el que se eleva 93,0% en mujeres, mientras el consumo de tabaco asciende a 39,8 %, según la antes mencionada Encuesta de Salud. Pedirle realizar actividad física a alguien que trabaja 10 horas diarias y utiliza 2 horas más en transportarse hacia y desde el trabajo -para luego continuar trabajando en su hogar-, no sólo desconoce la realidad que esa persona vive, sino que además ignora la injusticia social que padece.

Alejandro Calvillo, sociólogo, doctorando en Filosofía de la Universidad de Barcelona, Director de la organización Poder del Consumidor de México. (Fotografía: Isabel Díaz)
Alejandro Calvillo, sociólogo, doctorando en Filosofía de la Universidad de Barcelona, Director de la organización Poder del Consumidor de México. (Fotografía: Isabel Díaz)

El poder de la industria alimenticia

La Ley 20.606, sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad, promulgada en 2012, señala que “la venta de alimentos especialmente destinados a menores no podrá efectuarse mediante ganchos comerciales no relacionados con la promoción propia del producto, tales como regalos, concursos, juegos u otro elemento de atracción infantil”. Asimismo, incorpora en su articulado una prohibición de venta de estos alimentos en establecimientos escolares. Éstos no podrán ser publicitados ni promocionados a menores de 14 años.

Sin embargo, el Reglamento del Ministerio de Salud para la Ley 20.606, en su definición de alimentos no saludables excluye categorías completas de productos con alto contenido de azúcar, sal y grasas de gran consumo por la población tales como cecinas, conservas, quesos, sopas, jugos en polvo, chocolates entre otras, desconociendo que la Ley establece su aplicación a todos los alimentos.

La Dra. Cecilia Castillo advierte que “es urgente para toda la población tener información simple, clara y veraz acerca de la calidad nutricional de los alimentos y una norma que realmente proteja a los niños de la publicidad abusiva de los alimentos no saludables”.

Alejandro Calvillo, sociólogo, doctorando en Filosofía de la Universidad de Barcelona, Director de la organización Poder del Consumidor en México, señala que su país y Chile tienen muchas similitudes respecto a la epidemia de sobrepeso y obesidad, sobre todo en los índices referido a los niños y niñas.

“Se estima – señala- que ambos países son los mayores consumidores de bebidas azucaradas en todo el mundo, lo que tiene directa relación con el síndrome metabólico, que es hipertensión, aumento de grasas en sangre y resistencia a la insulina”.

Calvillo añade que en México el sistema de salud pública colapsó como consecuencia de la diabetes, siendo la obesidad la principal causa de esta enfermedad, situación que debe ser una alerta para Chile. La diálisis ya no es cubierta por el sistema de salud pública en México, y la gente que la requiere se está muriendo. Los costos que se proyectan al 2017 para enfrentar el problema superan los recursos del sistema de salud público.

El experto internacional afirma que en México, Chile, Perú, Costa Rica y Uruguay se están adoptando medidas de regulación para enfrentar esta pandemia, pero se requiere una sociedad civil empoderada para hacer frente al lobby de las compañías: “Es importante la participación de la sociedad civil, porque está documentado que las compañías gastan miles de millones de dólares para evitar la regulación (…), lo han hecho en Europa en contra del etiquetado de alimentos, en Estados Unidos ante el impuesto a las bebidas azucaradas. Si no existe presión social, se va a imponer el interés de las empresas y no vamos a tener cambios en el entorno que está generando esta epidemia, conocido como <ambiente obesigénico>.”

Alejandro Calvillo señala que la mayor parte de la publicidad de alimentos dirigida a niños promueve productos que no son recomendables nutricionalmente, que contienen altas concentraciones de azúcares, grasas y/o sal. Un dato preocupante, puesto que ya entre los 2 y 3 años de edad se puede estar determinando el gusto por alimentos con altos contenidos de estos elementos. Y agrega que la publicidad afecta la elección de alimentos e influye en los hábitos de nuestras dietas; por tanto, no debe explotar la inexperiencia y credulidad de los niños.

Para Calvillo, entre las medidas económicas que estados como el chileno deben implementar están los impuestos a los refrescos, incentivos económicos a la producción y comercialización de frutas y verduras, y el establecimiento de porcentajes de alimentos en escuelas provenientes de huertos locales.

Obesidad y salud, una mirada desde los determinantes sociales: ¿Podemos realmente elegir?

No hay punto de encuentro

En esta misma línea, la pediatra Cecilia Castillo, Máster en Nutrición y Salud Pública del
Centro de Estudios del Consumo, sostiene que “las empresas se rigen por directorios que miden su éxito por el aumento de las ventas y las ganancias, mientras que en el área de la salud pública nuestro objetivo es resguardar los derechos de las personas por sobre los intereses económicos; por lo tanto, no hay punto de encuentro”.

Es urgente para toda la población tener información simple, clara y veraz acerca de la calidad nutricional de los alimentos y una norma que realmente proteja a los niños de la publicidad abusiva de los alimentos no saludables.“La responsabilidad social empresarial – agrega- es una forma de marketing. En los aspectos de definición de políticas públicas las empresas no deben participar, porque es como dejar a Drácula cuidando el banco de sangre. Se trata de un problema ético. ¿Cómo le vas a decir al señor empresario que debemos reducir el consumo de bebidas si él debe maximizar sus ventas?”

La Dra. Castillo afirma que para construir institucionalidad se requiere de ciertos principios, como transparencia, es decir sin conflicto de intereses de funcionarios, académicos o de organizaciones; participación ciudadana amplia, y ética, con respeto a las personas y no al dinero.

Se denunció que una fuente de financiamiento de Elige Vivir Sano proviene de empresas del retail y otras (Paulmann, Saieh, Luksic, Bofill) que, además de servir para quienes realizan las donaciones al obtener importantes exenciones tributarias, reciben propaganda gratuita gracias al gobierno. Una alianza público – privado que por ahora sigue fortaleciendo el poder de la industria de alimentos procesados y atenta contra la salud pública. No hay que olvidar que las personas con sobrepeso y obesidad tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como diabetes, hipertensión, patologías coronarias y accidentes cerebrovasculares; y tienden a morir más jóvenes. 

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