SOMOS SOCIEDAD Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo de 2014

 

Perico retoma la bicicleta

Con el boom económico de los ochenta, el actor Nissim Sharim representaba en un clásico comercial la aspiración del chileno promedio a liberarse de la bicicleta en pos de conseguir un automóvil. Hoy, la tendencia se revierte, y Perico pareciera volver a las dos ruedas.

Por Eva Débia*

La amplitud de conciencia sobre los efectos de una vida sana ha repercutido en el modus operandi de los chilenos. A la dieta balanceada, el reciclaje, el cuidado por la capa de ozono y la medición de la huella de carbono se suma la autosustentabilidad en todas sus formas. Por ello, la alguna vez mirada en menos bicicleta se ha transformado en un medio de transporte cada vez más utilizado por quienes postulan un estilo de vida más limpio, más sano, más libre.

El atochamiento de las grandes urbes ha sido un aliciente para retomar esta práctica; sin embargo, además del ahorro en tiempo, el uso de la bicicleta mejora el ánimo y entrega una serie de factores psicológicos colaterales. La sensación de libertad (plasmada en el clásico infantil Equilibrio Espiritual, cantado por Freddy Turbina, de 31 Minutos) y la aceptación social de este nuevo boom, complementan el ahorro de dinero y la práctica de ejercicio.

Perico retoma la bicicleta

Ventajas

De acuerdo a la urbanista Ana Matilde Valenzuela García, en su tesis El boom del ciclismo urbano (Pontificia Universidad Católica de Chile, 2013), “la eficiencia de la bicicleta como medio de transporte se alcanza para distancias entre los 5 a 7 km”. Así, siete kilómetros pueden ser cubiertos en 42 minutos de pedaleo suave y en apenas ocho minutos de pedaleo intenso.

“Cuando era muchacho, una vez perseguí el final del arcoíris en mi bicicleta y me impresionó encontrar que siempre retrocedía”. Allan Watts, citado en Bici Zen. Ciclismo urbano como camino, de Juan Carlos Kreimer. Editorial Catalonia. En el mismo material de investigación, Valenzuela enuncia que el uso de la bicicleta 30 minutos al día de forma moderada tiene beneficios significativos para la salud. Este medio de transporte es recomendable para la tercera edad, ya que “junto con la caminata, la bicicleta genera mejoras en la salud de adultos mayores”; además, “existe una asociación positiva entre el uso de la bicicleta y la disminución en niveles de triglicéridos, obesidad, presión arterial y niveles de insulina”, y “la actividad física derivada de la bicicleta reduce las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2”.

La vuelta a este medio de transporte no se remite sólo a nuestro país; de hecho, la realidad en los países llamados desarrollados demuestra sus múltiples ventajas y el cambio de prisma que implica convivir con su uso. En los Países Bajos, Suecia y Dinamarca, naciones donde la bicicleta es uno de los principales medios de transporte urbano, existe mucho menos obesidad que en otros países donde la bicicleta se utiliza menos, como Estados Unidos, Canadá y Australia.

El autor de Chile Bicicleta, Tito Matamala. (Fotografía: Eva Débia)
El autor de Chile Bicicleta, Tito Matamala. (Fotografía: Eva Débia)

Boom-boom

Si nos remitimos al uso masivo de la bicicleta, podemos afirmar que se generó tras la invención de la rueda neumática, a fines del siglo XIX. Si bien luego vivió un estancamiento, en cada época de crisis económica la bicicleta resurge cual ave fénix y es rescatada de bodegas y garajes, desempolvada, restaurada y puesta nuevamente en circulación y operatividad. Como Valenzuela comenta: “Un artículo de la revista Time estimó que en la época 1965-1975 la bicicleta volvía en ‘la más grande ola de popularidad en sus 154 años de historia’, vendiéndose por primera vez desde 1890 más de la mitad de la producción en adultos”.

Chile no está ajeno a esta realidad. En la actualidad, como explica Valenzuela, “Al igual que en muchas ciudades, Santiago viene experimentando una creciente conciencia hacia el transporte sustentable; en esta materia, el rol de muchos que conforman la demanda por la bicicleta ha sido parte integral de este boom. Nos referimos a aquellos grupos activistas que por diversos medios tales como paseos en bicicleta (o cicletadas), ferias e incluso charlas, dan a conocer las bondades de las dos ruedas y llaman a cada vez más sectores de la ciudadanía a usarla”.

Los ejemplos son muchos: los Furiosos Ciclistas, Happy Ciclistas, Arriba e la Chancha, Macleta (Mujeres Arriba de la Cleta), Retropedal, Bicicultura, Ciudad Viva, el colectivo LaBici… y podríamos seguir. El activismo de quienes han optado por hacer de su medio de transporte la bicicleta en el entorno urbano se hace oír cada vez más fuerte por las calles de nuestra capital.

Y cada una de estas instancias genera a su alrededor una serie de actividades que potencian el movimiento: ferias especializadas, puntos de encuentro, movilidad en redes sociales, cicletadas, marchas. ¡Ciclistas unidos, jamás serán vencidos!

Ciclovía en la playa de Tomé, Región del Bío Bío. (Fotografía: Eva Débia)
Ciclovía en la playa de Tomé, Región del Bío Bío. (Fotografía: Eva Débia)

Ciclovías

El monje y la bicicleta
En Internet circula un cuento, apócrifo tal vez, pero elocuente. Un maestro zen ve a cinco de sus discípulos regresar del mercado montados en sus respectivas bicicletas. Cuando llegan al monasterio, les pregunta por qué andan en bici. El primero responde: La bicicleta carga esta bolsa de papas. Estoy satisfecho de no haber tenido que cargarla sobre mis espaldas. El maestro lo elogia: Eres un muchacho inteligente. Cuando seas anciano no tendrás que andar encorvado como yo. El segundo responde: Amo observar cómo pasan árboles y campos mientras viajo en la bicicleta. El maestro dice: Tus ojos están abiertos y tú ves el mundo. El tercero responde: Al pedalear, el universo penetra en mi mente. El maestro dice: Tu mente funcionará con la perfección con que gira una rueda recién centrada. El cuarto responde: Pedaleando me siento en armonía con todos los seres. El maestro asiente: Estás recorriendo el sendero dorado. El quinto estudiante responde: Yo ando en mi bicicleta solo para andar en mi bicicleta. El maestro se sienta a los pies de él y le dice: Soy tu discípulo.
Publicado en Bici Zen. Ciclismo urbano como camino, de Juan Carlos Kreimer. Editorial Catalonia.

La planificación estructurada de elaborar rutas diferenciadas para los usuarios de bicicletas en nuestro país comienza tardíamente. En 1997, el Mideplan realiza el “Plan de ciclovías para Santiago”, y como macro estructura, esta historia culmina con el Plan Maestro de Ciclorrutas del Bicentenario. Suena lindo, claro está, pero la implementación de estos proyectos viales ha sido a lo menos deficiente e incompleta.

Es que pareciera que falta cultura vial en Chile. Los ciclistas usan la vereda o la calle, los peatones usan las ciclovías, y los automóviles estacionan en cualquier parte. No hay delimitación seria, ni desarrollo efectivo de deberes y derechos.

Según la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito, Conaset, pese a que el número de ciclistas activos ha aumentado ostensiblemente, la cifra de ciclistas fallecidos por accidentes de tránsito ha bajado en los últimos años. Podríamos considerar aquí la siguiente regla: mientras más ciclistas circulen en la calle, menos riesgoso se vuelve el pedaleo.

De acuerdo al estudio Accidentes de Tránsito de Ocupantes de Bicicleta y Consecuencias 2002 -2010, el 2002 en Chile hubo 175 fallecidos en accidentes de tránsito con participación de bicicletas. El 2012, hubo sólo 85 fallecidos. Sin embargo, este estudio contempla solo los decesos in situ, dejando fuera los casos en que la víctima fallece de forma posterior a raíz del accidente.

La organización Ciclistas con Alas nace precisamente en este marco. En 2012, el joven diseñador, editor de libros y ciclista Arturo Aguilera fue atropellado y asesinado por un conductor que iba en estado de ebriedad. La familia y los amigos decidieron hacer visible en Santiago el drama de los atropellos fatales, implementando una práctica realizada en el mundo entero: instalar en el lugar donde ocurrió el accidente una “bicianimita”, bicicleta pintada de blanco que es a la vez una denuncia, un llamado de alerta, un recuerdo y un símbolo de esperanza.

El éxito de Chile Bicicleta, del periodista Tito Matamala, lo ha llevado a su segunda edición.  (Fotografía: Eva Débia)
El éxito de Chile Bicicleta, del periodista Tito Matamala, lo ha llevado a su segunda edición. (Fotografía: Eva Débia)

Chile Bicicleta

El periodista, ilustrador y escritor Tito Matamala vive en Concepción. La madrugada del 27F, en 2010, agarró su bicicleta y partió entre los escombros y las réplicas a Chiguayante, en busca de refugio y calor humano, a la casa de unos amigos. Dada la emergencia y locura de los días posteriores al lamentable terremoto, Tito se apegó a este transporte como si fuera una extensión de su propio cuerpo, desempolvando emociones vinculadas a su infancia y adolescencia. Es que, claro, una vez que se aprende a andar en bicicleta, jamás se olvida.

Tan fuerte caló este reencuentro en el cronista del diario El Sur de Concepción, que decidió hacer un libro sobre ello. Se trata de Chile Bicicleta, una crónica de pedales y nostalgia (Edit. Aguilar, 2013), material que ya va en su segunda edición y que retrata de manera cómplice y amena diversas anécdotas vinculadas al siglo XX, a Chile y al mundo, y, por supuesto, a las bicicletas.

Matamala nos abrió las puertas de su casa para conversar sobre su libro y algunas experiencias vinculadas a tan noble vehículo. Lo entrevistamos para revista SOMOS, en su calidad de comprometido ciclista y hombre de letras:

– ¿Cómo surgió el libro Chile Bicicleta? ¿Y qué significa para ti este libro?

– En junio de 2012 presenté la idea a la gerenta de la editorial, Andrea Viu, y enganchó enseguida. Yo había vuelto a mi fanatismo de niño por las bicis, y era el momento justo en el país; todo convergió. Trabajé mucho en pocos meses, decenas de viajes a Santiago a entrevistar gente, hasta casi me fui a las pailas por la presión y la ansiedad, pero cumplí la meta de cierre, y en mayo de 2013 apareció la primera edición.

No sólo es mi libro más exitoso, con su segunda edición de febrero de 2014, sino mi libro más maduro, más personal. Fue una epifanía de la que, pese a reveses personales, todavía me da para celebrar todos los beneficios que me ha traído. Sólo en cobertura de prensa este libro supera a los demás míos juntos, que no son pocos.

El Parque Forestal, en pleno centro de Santiago, se llena de ciclistas y alegría los fines de semana. (Fotografía: Eva Débia)
El Parque Forestal, en pleno centro de Santiago, se llena de ciclistas y alegría los fines de semana. (Fotografía: Eva Débia)

Conciencia ciudadana

– ¿Por qué crees que en la última década se ha disparado el uso de la bicicleta?

– En los últimos años ha habido un crecimiento sostenido en la venta y el uso de la bicicleta. Creo que se debe a dos razones que se complementan: la moda, y la capacidad económica para adquirir una sin que sea una gran inversión.

Otros factores también inciden: pese a todas las dificultades, se impone cada vez más una conciencia ciudadana respecto del uso de las bicis, y sus ventajas para combatir la congestión vehicular y la contaminación. La bicicleta, además, va a acorde con una fijación moderna: la vida sana.

– ¿Cuál es tu tipo de bicicleta favorita?

Cuando se cruzan dos ciclistas, se saludan con los ojos, sin sacar la vista de adelante. Un segundo. A veces, un parpadeo fugaz. No necesitan conocerse. Ese último gesto es suficiente para corroborar eso que tienen en común y seguir adelante, cada uno en lo suyo.
(…) Los budistas juntan las manos delante del pecho e inclinan levemente el pecho y la cabeza. Así saludan a la naturaleza del Buda que hay en la otra persona (gassho). Al cruzarse con otro que viene pedaleando, el ciclista lo hace a través de esa mirada fugaz. Ese esbozo de sonrisa es su marca zen.
¿A quién saludaste? Al que iba en bici. ¿Lo conocés? No.
De Bici Zen. Ciclismo urbano como camino, de Juan Carlos Kreimer. Editorial Catalonia.

– Toda mi niñez está marcada por mi querida bici mini CIC 1970, la que ahora conservo como pieza de museo en mi cuarto. No tengo un tipo favorito, pues depende de la ruta que vaya a acometer. Por eso, dispongo de dos bicicletas hechas a mi medida por el artesano Alejo Gallegos: una rutera de aro 28, para correr en caminos pavimentados, y una MTB de aro 26 con la que suelo lanzarme montaña abajo a veces sin medir las consecuencias. Ambas son únicas y originales, con los mejores componentes del mercado.

Pensé en coleccionar bicicletas, pero carezco de espacio, así que debo contenerme. Sin embargo, mi actual objeto del deseo es una plegable inglesa de marca Brompton que vi en Santiago, una belleza de museo que cuesta casi el millón de pesos. Sería de puro mono, aunque la tentación es diabla.

– ¿Cómo evalúas la legislación vinculada a proteger los derechos de los ciclistas?

– No hay legislación, sino un conjunto de normativas que poca gente conoce y que casi nadie respeta. Estamos en una desventaja horrible, porque se nos obliga a desplazarnos por la calle o las carreteras, y los automovilistas no nos consideran. La cantidad de animitas de bicis que van a apareciendo en las ciudades es un signo de que nos jugamos la vida en cada pedaleo. No es necesario que una micro te atropelle para que te mueras; a la velocidad que pasan junto a uno en la autopista sólo basta con que “te topen” la punta de un manubrio y estás frito, sales disparado a decenas de metros de distancia.

La normativa dice, por ejemplo, que el ciclista tiene el mismo derecho que un auto a usar la calle, y que los automovilistas deben dejarnos un metro y medio de espacio cuando nos sobrepasan. En la realidad, yo compruebo cada fin de semana que no es así.
La normativa dice que el ciclista tiene el mismo derecho que un auto a usar la calle, y que los automovilistas deben dejar un metro y medio de espacio cuando sobrepasan a una bicicleta.

 

Algunas ciclovías: un chiste

– ¿Qué opinión te merecen las ciclovías del país?

– Las ciclovías por lo general están muy mal diseñadas, por gente de oficina que jamás se ha subido a una bici. La impresión es que sólo las construyen para cumplir. En Santiago, como es una ciudad grande, al menos vi varias ciclovías aceptables, alejadas de la vereda y no una parte de ella, lo que es común. En mi ciudad, el asunto sigue siendo un mal chiste: hay una ciclovía de tres cuadras en Barros Arana que no conduce a nada y no sirve más que para estacionamiento de automóviles.

La otra falla es la nula educación de los peatones, que insisten en ocuparla como espacio de ellos, lo que siempre es un riesgo. Por eso, entre atropellar por accidente a un cabro chico y su madre en la ciclovía o arriesgar la vida en una autopista llena de micros y camiones, prefiero lo segundo.

– ¿Qué bicicleta recomiendas a un principiante?

– Cada vez que alguien me pide que le recomiende una bicicleta, le digo que primero él debe saber para qué la va a usar. Lo típico es el amigo algo guatoncito que desea bajar de peso y piensa que saldrá a pedalear como ejercicio, pero esa bici corre el alto riesgo de terminar como percha de la ropa sucia con apenas una salida al año.

La variedad de bicis es amplia y, repito, la elección depende del uso y de la intensidad del uso que tendrá. No es recomendable comenzar con una de alta exigencia (como las dos mías), porque las lucas son muchas y no se aprovecha como se debiera. Lleguemos a un acuerdo: para el novato sugiero una bici de paseo de calidad media, pensando como meta un par de kilómetros de pedaleo el domingo. Luego, si se ve que funciona el hábito, que dan ganas de más, recién podría aspirar a un modelo más avanzado, más caro y más específico.

Con nombre propio

– ¿Cómo definirías la relación entre un ciclista y su bici?

-Un buen ciclista suele tenerle cariño a sus fierros, y más cuando esa bici te ha llevado lejos y ha cumplido las exigencias a las que es sometida. Es costumbre colocarle un nombre propio a la bici, como si fuese un caballo, y no mencionarla por su marca o tipo. Una de las mías se llama Cadillac, porque el cuadro es de aluminio pelado, sin más pintura que una laca protectora, y brilla con el sol. En la película El imperio del Sol, el muchachito protagonista veía un ataque de aviones Mustang P-51 y, extasiado, gritaba: “¡Cadillac del aire!” De ahí viene el nombre de mi bici.

Un buen ciclista no deja su bici a la intemperie en la noche, ni siquiera en un balcón del departamento. Merece tantos cuidados como una mascota: hay que protegerla del frío, la humedad y la lluvia.

– ¿Consideras que existe alguna diferencia entre el pedaleo en regiones y en Santiago?

-Reitero, en mi ciudad no hay ciclovías. Pero una ventaja, comparado con Santiago, es que tenemos cerca varias rutas relativamente seguras, algo parecido a vivir cerca del campo o la montaña. Ah, y por supuesto: nosotros al pedalear respiramos aire, no como los capitalinos, que respiran ceniza.

– ¿Cuán importantes son los accesorios de una bicicleta?

– Cada leserita que uno le pone a su bici significa peso, es decir, merma en el rendimiento. Pero no podemos obviar un juego de luces trasera y delantera, y una campanilla para espantar a los peatones de las ciclovías. Y un espejito pequeño para saber en qué momento la micro se nos viene encima en la carretera. Nada más.

– ¿Cómo te imaginas las bicicletas del 2050?

– Como un auténtico Cadillac del aire. 

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* Eva Débia, periodista

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