DESARROLLO PERSONAL CREATIVO Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Mayo de 2014

 

 

La inclusión escolar

Una propuesta importante en los cambios en educación es la de la inclusividad, que se alza contraponiéndose a la discriminación, postulando que ningún colegio o liceo debiera negar acceso a quien quiera ingresar a él.

¿Qué sentido práctico tiene esta propuesta?

Eduardo Yentzen P.

Eduardo Yentzen P.

Guía de desarrollo personal, escritor y Director del proyecto Iluminar la Educación, de Fundación Chile Inteligente.

www.eduardoyentzen.cl

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No imagino que lo tenga en el segmento de los colegios particulares. Allí está negada la inclusión a poco más del 90% de las familias porque no pueden pagarlos. De hecho, el atributo que promueven es el contrario a ser inclusivo: son exclusivos. No me parece que, tal cual está hoy la sociedad, se pueda exigir inclusividad real a este tipo de colegios. Aquí la educación no se va a poder poner por encima de la estructura social real, y este sector va a seguir recibiendo al sector socioeconómico de más altos ingresos (recibe a 239.968 alumnos).

Atendamos entonces a ese cerca del 93%, a esa absoluta mayoría, repartida entre el sector municipal y el particular subvencionado.

Partamos por el que es estadísticamente el mayor (recibe a 1.722.506 estudiantes): el sector particular subvencionado.

Aquí la idea de inclusión se centra en eliminar el copago, de modo que un estudiante de familia pobre pueda acceder a él tal como puede acceder a un liceo. Esta medida hermanaría en inclusividad socioeconómica a los dos sectores, y conlleva por sí misma el fin del lucro.

Frente a esto, los establecimientos de este sistema que reciben copago están en la incertidumbre de lo que viene, si adaptarse o morir. Puede ser una campaña del terror o puede ser algo real el que ocurra una estampida de los sostenedores privados; y existe la incertidumbre de si puede haber una fluidez en el traspaso de los establecimientos a los municipios, frente a potenciales cierres relativamente masivos.

Dado esto, pienso que es legítimo considerar que una política pública con buena intencionalidad social puede generar un mayor o menor caos.

Es el ejemplo del Transantiago. Con el tiempo, el sistema tiene que mejorar y el usuario adaptarse, pero hay costos sociales intermedios fuertes.

¿Cuál es el cuidado razonable, si se quiere corregir un sistema?

El gran cambio en la época de Pinochet fue generar este sector particular subvencionado. Con ello le quitó, a fecha de hoy, más de la mitad de los usuarios al sector público, y generó espacios de emprendimientos vocacionales diversos, pero también posibilidad de lucro con la educación. Y lo que definitivamente produjo fue una discriminación socioeconómica o de clase, generando una educación de clase media diferenciada de una educación para los más pobres. Y quizás ni siquiera de mayor calidad, pero sí de status y de segmentación sociocultural y económica.

En educación, es interesante e importante una reflexión política sobre la relación de cercanías y distancias, complicidades y rivalidades, entre los grupos socioeconómicos medios y populares.

Dado este escenario, no logro pensar que sea razonable eliminar este sector de la educación. Es interesante e importante una reflexión política sobre la relación de cercanías y distancias, complicidades y rivalidades, entre los grupos socioeconómicos medios y populares. Es interesante considerar una estrategia que los acerque y los visualice con proyectos estratégicos comunes. Pero no podemos hacernos ciegos a que existe una tendencia preponderante hacia la diferenciación y hacia estar más altos en la jerarquía. De hecho, el discurso motivacional es hacia superarse, subir de nivel.

Creo que no es deseable que se homogenice este sector, trayéndolo masivamente de vuelta al sector público, sino que se utilice un criterio de ‘diferencia normal dentro de un cierto rango’ que analizo más adelante. Creo que tiene un valor rescatar la diversidad cultural que se expresa en la existencia de sostenedores diversos, y hay que concentrarse en que la oferta educacional de este sector sea lo más sana posible y prevenir al máximo una actitud indiferente a la calidad y proclive al lucro.

La inclusión escolar

Pasemos finalmente a la educación pública o municipal (del total de estudiantes, 1.460.320 están en esta modalidad) que es la que se supone la más inclusiva. Ello porque como nadie debe pagarla, permite el ingreso –desde la variable económica- a cualquiera.

Sin embargo, el planteamiento de que sea 100% inclusiva es cierto sólo desde lo legal y lo teórico, pero no en lo práctico. No sólo porque torciendo la mano a la normativa algunos liceos busquen generar selección para obtener mejores resultados en las pruebas estándar, sino porque los estudiantes que van a establecimientos particulares y particulares subvencionados han decido no postular a esa educación gratuita.

Es decir, se auto-excluyen.

¿Qué podemos postular entonces?

Pienso que necesitamos flexibilidad y creatividad para generar un criterio integral no igualizador del sector municipal y del particular subvencionado. Pienso que los dos sectores pueden convivir, buscando corregir gradualmente los vicios de ambos.

Para ello, debemos guiarnos por la sabiduría de la naturaleza, que no genera una igualdad rasa, sino una diferenciación que se da dentro de un rango. Y este concepto de ‘diferencia normal dentro de un cierto rango’ es una mirada posible para definir una ‘igualdad esencial’ que no actúe por nivelación a la manera de una ‘cama de Procusto’, pero que no se salga del rango pasado en el cual dejamos de vernos como iguales esenciales.

Esto invita en lo educacional –y, por cierto, en lo socioeconómico- a crear un rango de diferenciación entre un mínimo y un máximo que permita vivir la diferenciación a la vez que sentirnos en igualdad. O, de otro modo, que ese rango de desigualdad no genere impedimentos para realizar todo lo que cada ser necesita realizar, de modo que se centre en su realización y no en la competencia y la lucha contra el otro, que le quita y niega sus posibilidades. Sólo esto nos hará sentir a todos incluidos, y con ello lograremos una real vivencia de comunidad. 

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