SOMOS ENCUENTROS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Junio de 2014

 

Una conversación con la maestra sufi Alex Warden: Develando el Sendero

Educadora y conferencista internacional, Alex Warden brindó, de visita en Chile, una charla sobre el Femenino Sagrado y la Conciencia Relacional de Unidad, y un taller de Sueños, que amorosamente dirigió. Revista Somos tuvo la oportunidad de dialogar con ella.

por Mónica De Simone Paoletta*

Se sienta cerca de un arbusto de romero, e inmediatamente llegan las abejas que sienten su presencia, impregnada de la Presencia. Me ofrece dulcemente chocolate y responde de manera pausada cada una de mis preguntas, bendiciendo con la mirada.

Es Alex Warden, maestra del Golden Sufi Center, la línea occidental de la tradición Naqshbandi, que de Medio Oriente pasó a la India, y en la actualidad, está conformada por personas de distintos credos religiosos: musulmanes, judíos, cristianos e hindúes.

Durante su visita a Chile, también presentó su libro El llamado de mi corazón (Nueva Mirada Ediciones), una joya del sendero sufi.

Revista Somos tuvo el honor de entrevistarla:

– Alex, cuéntame cómo sucedió en ti este despertar al Amor Consciente.

– Hace más de dieciocho años fui iniciada en la Orden Chistia de los sufíes de Inayat Khan; luego de estar con ellos tres años más o menos, pasé a estudiar con Llewellyn Vaughan- Lee, quien además de ser un místico sufi, es Doctor en Psicología Junguiana.

Anterior a eso había conocido dos grupos, uno inspirado en Idries Shah y otro en las enseñanzas de Gurdjieff. Digamos que desde que tengo uso de razón siempre supe que iba a buscar una vida que completase lo cotidiano con el significado de la espiritualidad, de modo que fui integrando instancias que me permitieron continuar el camino de mi alma, hasta llegar al lugar en que estoy en la actualidad.

– Entiendo la importancia central e irreemplazable que en este linaje le conceden al trabajo de sueños, combinando la antigua tradición con la psicología junguiana.

– Sí, los sueños son considerados como una forma de mensaje de uno hacia uno mismo, y cuando se empieza a trabajar a través de ellos, se transforman en una guía del alma.

A medida que uno va entendiendo e integrando ciertos aspectos de sí mismo, y a detectar ciertas enseñanzas que tienen que ver con su alma, ya está en el camino. Y en mi caso me vino muy bien, pues yo siempre tuve sueños que me guiaron o que marcaron ciertas experiencias o momentos importantes de mi vida. Y en verdad, mucha gente los tiene, lo que pasa es que a veces no hay una cultura de poder interpretar el sueño, entenderlo o asignarle la importancia que tiene.

Entonces, cuando conocí este camino me sentí completa, sentí que estaba despierta siempre; durante el día, y después a la noche, cuando dormía, también estaba despierta, porque podía tener acceso a todo este bagaje de conocimiento y de información que provenía de la vida onírica.

En nuestra orden también meditamos, pues la meditación ayuda a ir limpiando el psiquismo, de modo que también los sueños, a la larga, empiezan a volverse mucho más claros y a manifestar cuál es el proceso interno que se está viviendo. En nuestro sendero se dice que se trabaja desde arriba para abajo, en vez desde abajo para arriba; la energía del sendero va directamente al alma.

Durante su visita a Chile, Alex Warden, maestra sufi de origen argentino, residente hoy en Estados Unidos, compartió con los chilenos asistentes a su taller, sus experiencias místicas, su andar por el camino sufi y su conocimiento sobre sueños (Fotografía: Macarena Minguell).
Durante su visita a Chile, Alex Warden, maestra sufi de origen argentino, residente hoy en Estados Unidos, compartió con los chilenos asistentes a su taller, sus experiencias místicas, su andar por el camino sufi y su conocimiento sobre sueños (Fotografía: Macarena Minguell).

– Podrías explicarnos la función de los sueños en la comunicación con el alma individual?

– Se trabaja de abajo para arriba cuando se hace ejercicios, dietas, ayunos, cánticos, danza; estás trabajando el cuerpo, del cuerpo pasas a limpiar la emoción, de la emoción pasas a un momento en que eventualmente llegas a limpiar la mente y se da alguna conexión.

Nuestra orden trabaja al revés; lo hace directamente desde el alma hacia abajo, de modo que nosotros sólo seguimos las indicaciones del alma y muchas de ellas llegan a través de los sueños. Y no tenemos una estructura fija porque cada alma es particular.

El alma viene a aprender ciertas cosas, que muchas veces se manifiestan en los sueños. El proceso del alma es de integración de lo que uno es y de las diferentes partes de uno mismo. Y después hay un paso segundo, en que hay un vaciamiento de lo que uno no es.

-Entiendo que hay distintos tipos de sueños y que, en particular, los arquetípicos llevan más hacia la personalidad que hacia la esencia. ¿Es esta la razón de trascenderlos?

– Exacto, pues los arquetipos interrumpen el camino hacia el alma, y esto no es muy sabido. Hay veces que uno tiene sueños muy numinosos, muy arquetípicos, que pueden obnubilar el ego, entonces es importante tanto la integración como la discriminación.

En la antigüedad, el arquetipo era el nivel más elevado al que se podía acceder; hoy podemos ir más allá. Hoy debemos trascenderlo, para llegar al nivel más alto en este momento evolutivo. El arquetipo puede quitarte mucha energía y estancarte, pues te da una personalidad espiritualizada, y ahí está el peligro. Para que pueda vivir el alma a través de uno, el ego tiene que rendirse.

“El proceso del alma es de integración de lo que uno es y de las diferentes partes de uno mismo. Y después hay un paso segundo, en que hay un vaciamiento de lo que uno no es”.

Consciencia relacional

– Según cuentas en tu libro, es habitual en ti tener arrebatos místicos, en que tus límites se desdibujan, sintiéndote parte del todo. Recuerdo un pasaje en que fuiste agua, y afirmaste que somos seres multidimensionales. Me gustaría que nos explicaras -si es que estas experiencias se pueden explicar- cómo es ser todo y nada a la vez.

– Lo que ocurre es que somos todo porque estamos hechos de todo. Te lo voy a dar desde un punto de vista de afuera -porque la experiencia es diferente-, tratando de describir objetivamente lo que me pasó.

Nosotros estamos hechos de toda la sustancia del universo, no hay nada que no tengamos. Y hay una sola existencia única, el Espíritu único, y en ese sentido somos todo, porque no podemos no serlo, pues esencialmente todos tenemos una misma esencia.

Y luego, hay diferentes grados, distintas cualidades, pero en último sentido, hay uno solo, y eso es a lo que llamamos Espíritu, Dios, Existencia. Y hay experiencias que están más allá del ego que te llevan a ese conocimiento.

Cuando uno se individualiza, uno llega a la perfección de sí mismo a través de conocerse mediante el ego; separándose se hace especial, se perfecciona en un área, y al hacerlo, se conoce un aspecto de la realidad, y entonces nuestra alma adquiere una experiencia que después va al todo. Es como si uno ofreciera esa gota especializada al servicio de la totalidad, que por ende, empieza a conocerse a sí misma en detalle, pero la experiencia de la totalidad no incluye el detalle.

Y somos nada, porque venimos de la nada, de lo increado, y hay experiencias, también sin ego, que nos llevan también a ese lugar.

Hay estados que son como indefinidos, que son ambos, al menos es así como yo los experimento. Algunas veces, con sensación de absoluta nadidad, en que es un éxtasis total, pues cuanto más nos acercamos a la esencia, más unitiva es la experiencia, y las cosas que ocurren pueden ser como opuestos que se dan al mismo tiempo, tienes el todo y la nada.

– Y, cuando entras en estos estados y luego vuelves, ¿recuerdas todo? ¿O no recuerdas? ¿O no es necesario recordar?

– A veces no recuerdo nada, solamente vuelvo vacía; otras, vuelvo con una memoria final, con un conocimiento que tal vez no se hace consciente en el momento de volver, pero se va filtrando en la vida cotidiana.

Una conversación con la maestra sufi Alex Warden: Develando el Sendero

La copa vacía

– En el sendero sufi, el viaje no es acerca de nosotros, sino del Amor y del Amado, y de alguna manera, disolverse ahí. Así, si la unión y la libertad se ganan a través de la renuncia a uno mismo, ¿es entonces el propósito de la existencia más importante que la existencia misma?

-Sí, para mí es eso. Se espera que el alma empiece de a poco a desarmar la estructura egoica, las paredes que nos impiden la experiencia de la totalidad, la experiencia del Amado. Somos la copa vacía esperando ser llenada por el Amado.

Y esta transformación es muy sutil, porque es de adentro hacia afuera, es decir, nuestra vida externa sigue siendo igual, uno sigue haciendo las mismas cosas de siempre, pero empiezan a ocurrirnos cosas en la vida cotidiana.

Nuestro camino, en ese sentido, se llama el sendero del no esfuerzo, porque el esfuerzo está en contener las energías que recibimos, en aceptar las experiencias que nos dan, más allá de que sean agradables o desagradables, porque eso nos enseña, y también ahí entra el ego que se va entregando a las distintas circunstancias de la vida.

Vivir en los dos mundos

– En tu sueño de la cometa, una de las puntas debía ser atraída hacia la tierra, y la otra apuntar, hacia el vacío y permanecer libre de cualquier atracción…

– Sí, significa que el rol del místico es vivir en los dos mundos, es decir, en el mundo transparente del infinito, y en el mundo cotidiano. Y la no atracción significa que uno no se queda pegado en ninguno de los dos, tiene un pie en un lugar y otro pie en el otro.

Y creo que eso es lo más difícil de entender en el camino místico, pues uno de los problemas es que a veces las experiencias extrasensoriales más allá de la conciencia cotidiana son tan fuertes que, cuando uno vuelve, no puede contener esa vibración energética.

Parte del trabajo personal, entonces es, de a poco, ir conteniendo por cada vez más tiempo, y más integradamente esas vibraciones superiores, de modo que la consciencia cotidiana se empiece a transformar. Si no, el estado místico no sirve para nada, es como una borrachera.

Por eso, la función real de esas experiencias es proveernos de una vibración superior hasta quedar en un nuevo estadio de consciencia y no volver al anterior, de modo que permanezca transformada todo el tiempo, todos los días.

Porque lo cotidiano es Dios también, es la forma más densa de la divinidad. A veces los místicos tenemos dificultad para entender las cosas del mundo cotidiano como aspectos de Dios, como expresiones de lo divino, pero algo que pasa cuando la consciencia comienza a cambiar es que todo se transforma, y todo se transforma también en lo cotidiano, porque ambos son lo mismo.

– Hablando de lo sagrado y lo cotidiano, en algún capítulo del libro, citas el pasaje de Jesús, cuando visita a sus amigas Marta y María. Marta se afana en lo doméstico, y María se pone a los pies del maestro…

– Sí, tuve un sueño con respecto a eso: había una gran orquesta, y todos los estudiantes estaban cada uno preparando su instrumento y trabajando arduamente, y yo me daba cuenta que no había hecho nada, que no había preparado ningún instrumento, nada de nada, que lo único que sabía era que estaba perdidamente enamorada, eso era todo.

Y cuando lo conté, Llewellyn se mató de risa y me dijo: “No lo puedo creer, hiciste lo único que valía la pena”, y ahí contó la historia de Marta y María.

 

Una conversación con la maestra sufi Alex Warden: Develando el Sendero

Lo sagrado en lo cotidiano

– ¿Lo único que vale la pena entonces es estar enamorada de Dios? ¿En el mundo de lo cotidiano?

– Exacto. Mi maestro me dijo que escribiera todas mis experiencias, pues como él dice, hoy existen muchas mujeres místicas, pero no hay una forma de ser mística en el mundo cotidiano. La mística se quedó en un estado alejado del mundo, y hoy, esta nueva energía global hace que ya no podamos ir a ningún lugar a refugiarnos, pues el refugio está dentro de nosotros mismos.

– No hay que irse al Tíbet, ni hacer nada extraordinario…

– No. Lo sagrado está dentro del corazón y en la vida cotidiana, pero no hay mucha conciencia de esto, todavía. Es una nueva forma, y hay muchos caminos espirituales que todavía siguen aislándose, pues para ellos eso es todavía parte del camino.

Nuestro sendero trabaja de esta manera, y a mí me ayudó, porque coincide con que es realmente el movimiento de esta era; yo tenía dos hijos, así que fue muy bueno para mí poder reconocer a Dios en mi vida cotidiana, en los ojos de mis hijos, de mi marido, en la comida, en limpiar, en lo básico.

Y eso a veces a los místicos nos cuesta, porque las experiencias más allá del ego, cuyas vibraciones son tan poderosas, nos llevan a tender a darles más valor a ellas que a lo de todos los días.

Por ejemplo, cuando Jesús le hablaba a las grandes masas, les daba de comer, distribuía pan, creaba vino en una fiesta de casamiento; eran cosas básicas. Es decir, podemos alimentar el Espíritu a través de lo más cotidiano, de una comida, de un encuentro, de un caminar, de un regar una planta.

Eso sucede cuando el trabajo viene del alma, y cuando encuentra un vacío en nosotros, ella puede entrar. Esa es la razón de por qué el esfuerzo personal hasta un nivel es contraproducente a veces, porque es egoico, depende de uno, mientras que de este modo no depende de uno.

– Más te oigo y más me gusta…

– A mí también fue lo que más me gustó del sendero, porque yo venía de ver otras experiencias, en las que siempre estaba el esfuerzo personal, y cuando le pregunté a Llewellyn: “¿Qué tengo que hacer?”, me dijo: “Nada, vive tu vida, haz las meditaciones, estudia, y deja que las bendiciones vayan entrando”. Y listo.

– Abrir el corazón solamente…

– Abrir el corazón solamente. Y a veces eso es una entrega dura, porque hay momentos cuando el alma empieza a entrar, en que el ego empieza a sentir como que la vida se vacía de sentido y eso duele y cuesta.

“Se espera que el alma empiece de a poco a desarmar la estructura egoica, las paredes que nos impiden la experiencia de la totalidad, del Amado. Somos la copa vacía esperando ser llenada por el Amado”.

La noche oscura

– Sí, pero hay una resignificación, porque empiezas a sentir que ciertas cosas no tienen sentido, pero después todo tiene sentido, ¿no?

– Exacto, exacto. Pero a veces hay que pasar por ese período, al que se llama el desierto o la noche oscura, que es como decir adiós a algo antiguo, y estar en un espacio, que a veces son períodos largos, en que uno todavía no recibe lo otro, entonces es un espacio de espera que se hace duro… Y a veces uno lo quiere rellenar con cualquier cosa. (Risas).

– ¿Cómo puedo saber que mi alma está alineándose?

– Yo creo que en la vida, seamos místicos o no, siempre tenemos alguna experiencia en la que nos llega un entendimiento instantáneo que nos indica que donde estamos, estamos bien parados, o lo contrario, que donde estamos no es el lugar donde debemos estar.

Hay veces en que uno recibe por ejemplo, un mensaje o una visión o un sueño, y si nos sorprende completamente y si eso es algo que nunca imaginamos, es casi lo opuesto de lo que siempre pensamos, entonces, a eso hay que prestar atención.

Si, por el contrario, escuchamos una voz que nos dice que hagamos aquello que siempre quisimos o nos gustaría hacer, ahí yo dudaría, porque es muy probable que sea la voz del ego disfrazadita.

Es muy simple, lleva muchas palabras tal vez definirlo, pero es como una gota de conocimiento, en que de golpe entendemos algo profundamente.

– Y finalmente, ¿cómo podré saber que estoy alineada con Dios, con el Todo, con el Gran Espíritu?

– Cuando puedas recordar. Cuando recuerdas, perteneces. Y cuando perteneces, no importa dónde estés, no importa…, somos… estamos. 
*Mónica De Simone Paoletta, Licenciada en Literatura U. de Chile, post grado en Estética U. Católica de Chile. Master Reiki Usui y Karuna,tarotista diplomada en Escuela Quirón. Hace más de 15 años trabaja con el Sagrado Femenino. Escribe en su web Haciendo Sagrado lo Cotidiano y para el portal virtual de El Mercurio, Guioteca Alma.

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