ELIGIENDO EL AMOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Agosto de 2014

 

 

 

Educar para la paz

Hace unos meses, y dada la severidad de las noticias relacionadas con los conflictos de jóvenes en escuelas, la violencia entre estudiantes, también con los adultos, y otros conflictos entre los niños que en toda América Latina se están mostrando, comenzamos a ofrecer nuestros servicios en muchos lugares, primeramente a padres y maestros, con resultados muy positivos. Por otro lado, quisimos ver cómo podíamos colaborar incluyendo nuestro Sistema en la vasta batería de herramientas que los docentes poseen, para lo cual comenzamos, de la mano de profesionales de varias áreas que nos asisten, el diseño de una propuesta educativa.

Isha

Isha

Maestra espiritual y embajadora de paz,
autora de ¿Por qué caminar si puedes volar?, Vivir para volar y El amor sobre todas las cosas, de Editorial AguilarFontanar.

www.isha.com

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Fue así como comenzamos a hacer contacto con muchísimos profesionales de la educación y autoridades de distintos países, que apasionadamente están intentando, sin cesar, entregar lo que sea necesario en pro del bienestar más elevado para todos.

De este modo nos encontramos con el reporte La educación encierra un tesoro, con el que, en el año 1996, la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI de la UNESCO marcó un hito en la historia, al establecer “análisis válidos para todos y… conclusiones también aceptables por parte de todos”, en cuanto a una nueva visión para la educación.

La iniciativa, liderada por Jacques Delors, llegó a identificar cuatro pilares que consideraron como ‘los fundamentos del aprendizaje que deben ser aplicados en la reorganización de la educación para enfrentar los retos del siglo XXI”. Estos cuatro pilares, que han sido aceptados ampliamente por la UNESCO como la base de la reforma educativa, son los siguientes:

Aprender a conocer: proveer las herramientas cognitivas requeridas para poder comprender mejor al mundo y sus complejidades, y establecer una base apropiada y adecuada para el aprendizaje posterior del estudiante.

Aprender a hacer: proveer habilidades que permitan a los individuos participar en forma efectiva en la economía global y la sociedad.

Aprender a convivir: entregar a los estudiantes los valores implícitos en los derechos humanos, los principios democráticos y el entendimiento intercultural, llevando así el respeto y la paz dentro de las relaciones humanas, a todos los niveles de la sociedad para permitir que los individuos y las sociedades puedan convivir en armonía.

Aprender a ser: aportar una educación que contribuya al desarrollo completo de la persona: mente, cuerpo, inteligencia, sensibilidad, apreciación estética y espiritualidad.

A todos nos enseñan a conocer y a hacer, y así estamos todos como maquinitas enfocados en lograr, lograr, lograr, adquirir, adquirir y adquirir, y nos perdemos en ello más y más. ¿Por qué? Porque nunca hemos aprendido ni nos han enseñado a ser ni a convivir. Y nos encontramos con que esto tiene vital importancia por ser el punto de partida de aquello que sentimos todos, seamos jóvenes, adultos o mayores. Y es esto lo que justamente nosotros compartimos con todo aquel que se acerca, y que ahora queremos hacer llegar a los pequeños, a los que están mucho más cerca del origen.

Hemos aprendido a pensar pero no a parar, a ejercitar la mente pero no a descansarla: el equivalente de manejar constantemente un auto sin darle el mantenimiento adecuado. El aprender a ser es esencialmente aprender a vivir consigo mismo: abrazar cada aspecto de uno mismo y aprender a ser testigo de la vida anclado permanentemente en el momento presente; esto es, aceptarnos tal cual somos. Y es esta autoaceptación la que conduce naturalmente a la aceptación de los demás. Es, de hecho, un precursor para la erradicación de la discriminación desde su raíz.

Sin este primer paso fundamental –la autoaceptación–, nuestra capacidad de celebrar la diversidad implícita en la vida humana permanecerá incompleta, ya que es imposible abrazar con sinceridad los aspectos de otro que uno rechaza en sí mismo.

Si el aprender a ser es efectivamente un aspecto necesario de la educación, entonces la introspección es fundamental en toda la educación, y va más allá del autoanálisis y la ponderación de valores y éticas, pues aunque éstos tengan su propia validez, corresponden más al primer pilar, aprender a conocer y, como mucho, son complementarios a la profunda indagación interior del aprender a ser. El hecho de ser en sí no involucra al intelecto sino a la conciencia. Así, la aplicación de la meditación como práctica sin creencias, te lleva a estudiar lo esencial en ti; es llegar a conocerte a ti mismo en el nivel más profundo.

Ya Platón dijo que “aprender es recordar lo que ya sabes”, y al ayudar a nuestros jóvenes a ‘recordar’ sus propios talentos innatos, los estamos empoderando para agregar su propia perspectiva e inspiración al cuerpo colectivo de logros humanos, en lugar de inconscientemente imitar las palabras y acciones de otros.

A través del aprender a ser, desarrollamos las capacidades que yacen más allá del intelecto: la capacidad de sentir, de estar presentes, de ser testigos de la mente, de escuchar nuestra intuición. Estas son las facetas preciadas de la existencia humana que, como sociedad, hemos pasado por alto o subdesarrollado, debido a que el sistema educativo no está fomentando adecuadamente estas cualidades.

Educar para la paz

Hemos aprendido a pensar pero no a parar, a ejercitar la mente pero no a descansarla: el equivalente de manejar constantemente un auto sin darle el mantenimiento adecuado.

Entonces, nuestra invitación es, aprovechando la capacidad natural que los niños tienen de conectarse internamente y cultivar el estar cómodos consigo mismos, disfrutar de sus momentos de ser y no hacer, que esta práctica poco a poco se convierta en una herramienta que naturalmente mantendrá un buen nivel de bienestar personal, en que la persona en desarrollo no caiga en altos niveles de estrés por las exigencias externas, no se pierda en una carrera que no le lleva a ningún lugar, especialmente en edad temprana.

Así, los cimientos de ese crecimiento serán cuidados en valores y experiencias que hablan de una verdadera riqueza y de un ser humano en conciencia, amando, disfrutando de sí y de su vida y cultivando una experiencia individual y colectiva de paz. 

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