SOMOS NUTRICIÓN Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2014

El colesterol y las estatinas: ¿Alianza saludable o veneno encubierto?

El colesterol es clave para la vida, pero más de 60 años de estudios, creados en su mayoría por la industria farmacéutica, lo han popularizado como un fatal enemigo. Si bien niveles elevados son riesgosos, medicamentos mal administrados pueden envenenarnos. Expertos coinciden en que las estatinas (fámacos utilizados para disminuirlo) no son pastillas mágicas, y que el ejercicio y una balanceada alimentación sí pueden mejorarnos.

Por Carolina Montiel Iglesias

 

El cardiólogo Stephen Sinatra y el nutricionista Jonny Bowden en La verdad sobre el colesterol, de Editorial Urano, enfatizan que el colesterol es “tan importante que casi cada célula del cuerpo puede sintetizarlo”. No podemos vivir sin esta materia prima fabricada por el hígado, el cerebro y casi todas las células. Las enzimas lo convierten en vitamina D, hormonas esteroides (sexuales, estrés) y sales biliares para digerir y asimilar grasas.

“La mayoría de las compañías farmacéuticas financian sus propios estudios. Muchos de ellos, por no decir todos, no son más que tácticas de marketing disfrazadas de ciencia”.  (“La verdad sobre el colesterol”, Editorial Urano)

Pero si es tan importante ¿por qué nos resulta amenazante? A su juicio, hay “tanta información falsa sobre el colesterol” que la gente cree que es “malo y que cuanto menos tengamos, mejor”. Por el contrario, al enfocarnos en éste “hemos pasado por alto las verdaderas causas de las enfermedades al corazón: la inflamación crónica y persistente de las paredes vasculares; la oxidación de órganos y arterias por los radicales libres, el azúcar y el estrés crónico”. Por eso, detallan que solo es un problema cuando se oxida o daña, pues se adhiere a la pared de las arterias e inicia el proceso inflamatorio.

El colesterol y las estatinas: ¿Alianza saludable o veneno encubierto?

Reinas y villanas

Azúcar, blanca amenaza

El azúcar es el factor dietético más importante de las enfermedades cardiacas, “muchísimo más peligroso al corazón que las grasas”, según La Verdad sobre el colesterol. Ésta contribuye a la inflamación de las paredes arteriales; en grandes cantidades, eleva los niveles de insulina y esta hormona sube, a su vez, la presión arterial y el colesterol; además, junto a los carbohidratos procesados, incrementa los triglicéridos, importantes impulsores de riesgo cardiovascular.

Mejorar el estilo de vida en beneficio de la salud cardiovascular implica “no consumir en absoluto azúcares refinados, como azúcar blanca, arroz blanco y productos elaborados con harina de trigo blanca, más de dos o tres veces por semana”, dice Ivo Vukusic, médico dedicado al desarrollo de la Fenomenología Médica. Para quienes no quieren o no logran cambios “los fármacos representan una alternativa lamentablemente necesaria”. Un punto de partida es despedirse de las bebidas de fantasía y los jugos azucarados.

El libro de Sinatra y Bowden explica que las estatinas son una clase de medicamentos para reducir el colesterol que también se conocen como inhibidores de la HMG-reductasa. Además de beneficios (que las han mantenido en la cima médica tradicional), tienen comprobados efectos adversos, principalmente porque son producto de una industria que vela por sus intereses más que por los pacientes. Por ejemplo, estudios demuestran que reducen la coenzima Q10, un nutriente del corazón que al faltar puede causar dolor muscular, debilidad y fatiga. También, generan disfunciones sexuales y podrían aumentar el riesgo de cáncer y diabetes.

Una publicación hace 60 años dio origen a la “paranoia del colesterol”. Ancel Keys, investigador apenas conocido en la academia, creó la “hipótesis de los lípidos” que se traduce en una cadena: las grasas saturadas aumentan los niveles de colesterol y éste causa enfermedades cardiacas. “Es así de sencillo, pero no es cierto. Nunca se ha llegado a demostrar, por eso se sigue llamando hipótesis”, apuntan.

Con el tiempo le siguió una serie de estudios. Hay uno que es destacado especialmente por los autores: “Jupiter” (siglas en inglés de Justificación por el uso de estatinas en la prevención primaria: estudio de intervención para evaluar la Rosuvastatina). En 2009 hizo un seguimiento a 18 mil personas con niveles de colesterol normales o incluso bajos. “Los fabricantes del medicamento querían demostrar que los fármacos con estatinas ayudaban a prevenir las muertes incluso en pacientes con niveles normales de colesterol”, afirman.

Tal análisis fue promocionado como “la prueba de que debían cambiarse las pautas sobre el colesterol”. De paso, el estudio podría haber aumentado en millones el público objetivo del laboratorio fabricante (solo en Estados Unidos hay 30 millones de “consumidores” de estatinas). Sin embargo, investigadores de Harvard, entre otras entidades, reevaluaron a “Jupiter” y causaron impacto tras una publicación en Archives of Internal Medicine, que declaró: “el estudio es defectuoso” y “la posibilidad de que el estudio sea partidista nos preocupa mucho por los grandes intereses comerciales del mismo”. Su conclusión fue que “los resultados del estudio no confirman el uso del tratamiento con estatinas para la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares”. Golpe a la extendida idea de que las estatinas son óptimas para todos.

Alternativas sanas

Afortunadamente, hay alternativas a las pastillas mágicas. Sinatra y Bowden recalcan que “sustancias naturales como las vitaminas, los antioxidantes, los ácidos grasos omega 3 y muchos de los miles de compuestos que contienen los alimentos pueden mejorar la salud del corazón de una forma incluso más profunda”. También abordan el estrés: junto a una adecuada alimentación, el esfuerzo por vivir mejor la vida ayuda a la salud del corazón.

El estrés contribuye al desarrollo de todas las enfermedades conocidas, pues retrasa o impide la recuperación. Un exceso de sus hormonas puede crear alteraciones metabólicas e inflamación, favoreciendo padecimientos cardiacos. Sinatra cuenta que pacientes reducen -bajo mediciones- su colesterol cuando se sienten acompañados y respaldados en un entorno afectuoso. “El espectacular descenso (de hasta 100 mg/dl) confirma la idea de que el contacto emocional es bueno para el corazón”, asevera.

Hoy, aunque hay pruebas que invitan, al menos, a revisar su uso, las estatinas lideran en el área salud. Esto pasa, según La verdad sobre el colesterol, porque “médicos de cualquier parte del mundo recetan medicamentos que cuestan miles de millones de dólares para intentar impedir la síntesis natural (del colesterol)”. Su crítica dispara a una industria farmacéutica consciente de que estos fármacos prolongan la vida a una minoría de pacientes.

“Las investigaciones revelan que (salvo raras excepciones) los medicamentos con estatinas solo son beneficiosos para los hombres de mediana edad con una enfermedad coronaria en su historial”, exponen los autores.

Además, cuestionan los métodos con que se desarrollan las investigaciones: “Elegir uno o dos estudios que dan resultados positivos y ocultar el resto que no los dan es una táctica muy habitual de la industria farmacéutica”; “La mayoría de las compañías farmacéuticas financian sus propios estudios”; y “Los investigadores usan porcentajes, sobre todo porcentajes que hacen que los resultados parezcan mucho más impactantes de lo que son”.

A sus argumentos se suman voces en varios puntos del globo. En Chile, la agrupación Médicos Sin Marca ha sostenido que la promoción farmacéutica, al transmitir información sesgada cuyo propósito es aumentar las ventas, fomenta la prescripción irracional, y que una proporción significativa de los medicamentos recientemente introducidos al mercado son retirados del mismo por su peligrosidad dentro de un plazo de siete años.

“La dosis hace el veneno, y la dosis adecuada para una persona que no requiere estatinas es cero”. (Ivo Vukusic, médico)

Ejemplifica sus aseveraciones con una estatina introducida al mercado nacional en 2012, cuyo fabricante la promocionó con el eslogan: “La estatina que combina máxima eficacia clínica con un perfil de seguridad nunca antes visto”. El medicamento fue aprobado por la FDA en Estados Unidos y por la EMA en Europa, “claro que estos organismos (y esto no lo mencionarán los visitadores) aprueban prácticamente cualquier fármaco que supere en eficacia a un placebo. Así que lo que estas aprobaciones nos dicen de cada una de las estatinas comercializadas hasta la fecha es –básicamente– que son mejores que nada”.

En tanto, el Ministerio de Salud en su web oficial informa que los medicamentos que se utilizan de manera inapropiada se convierten en una amenaza para la salud individual y colectiva. También que estadísticas de la OMS muestran que en el mundo más del 50% de todos los medicamentos se recetan, se dispensan o se venden en forma inadecuada.

El cardiólogo Stephen Sinatra tiene más de 40 años de experiencia clínica. Es académico de medicina de University of Connecticut. (Fotografía: Gentileza Editorial Urano)
El cardiólogo Stephen Sinatra tiene más de 40 años de experiencia clínica. Es académico de medicina de University of Connecticut. (Fotografía: Gentileza Editorial Urano)
Jonny Bowden es nutricionista y máster en Psicología. Reconocido experto en temas de nutrición, pérdida de peso y salud. (Fotografía: Gentileza Editorial Urano)
Jonny Bowden es nutricionista y máster en Psicología. Reconocido experto en temas de nutrición, pérdida de peso y salud. (Fotografía: Gentileza Editorial Urano)
La nutricionista Carolina Estay recomienda no ingenir más de 300 mg al día de alimentos altos en colesterol. (Fotografía: Gentileza Duoc UC Valparaíso)
La nutricionista Carolina Estay recomienda no ingenir más de 300 mg al día de alimentos altos en colesterol. (Fotografía: Gentileza Duoc UC Valparaíso)

Saludable “sin pastillas”

Con respecto a los tratamientos para quienes tienen niveles alterados de colesterol, el médico Ivo Vukusic, dedicado a la Fenomenología Médica, explica que cualquier persona sobre 300 mg/dl requiere ser tratada, pero que no siempre es necesario usar fármacos para ello, por sus efectos adversos y costos asociados. Cambios de hábitos y mejoras alimenticias aportan a una mejor salud. Eso sí, quienes no estén dispuestos a comprometerse seguramente tendrán que tomar fármacos.

Plan de acción para llevar a la mesa

Para la salud del corazón, Stephen Sinatra y Jonny Bowden recomiendan minimizar el consumo de: bebidas gaseosas, energéticas y jugos de fruta azucarados; carbohidratos procesados (pastas, pan, arroz y cereales); grasas trans (cremas no lácteas para café, margarinas y sopas instantáneas); carnes procesadas y embutidos; aceites vegetales ultra manipulados (maíz, canola, soya). En general, contienen altas cargas de azúcar, que generan en la sangre cambios asociados a enfermedades cardiacas y presencia de ácidos grasos omega 6 proinflamatorios.

En tanto, sugieren comer: salmón, carne de granja y no de cría intensiva; verduras de hojas verdes, crucíferas (coliflor, brócoli), ajo, frutas cítricas con poca azúcar (pomelo, naranja), bayas (arándanos, frambuesas y fresas), frutos secos, legumbres, chocolate negro (mínimo 60% de cacao), cúrcuma, jugo de granada, vino tinto, té verde y aceite de oliva extra virgen.

A nivel macro, entre las propiedades de estos alimentos están su riqueza en omega 3, antocianinas y arginina; escasa o nula presencia de hormonas, esteroides y/o antibióticos; capacidad antiinflamatoria; tendencia a la baja de triglicéridos; ataque de la tensión arterial; inhibición de la oxidación del colesterol y reducción del riesgo de coágulos.

Consultado sobre si se ha “satanizado” el colesterol dice que no, pues publicaciones, profesionales serios y regulaciones reconocen su importancia como parte fundamental de las membranas de todas nuestras células. A su juicio, el problema radica en la adicción a los azúcares refinados (ver recuadro), parte importante de la dieta. “Este alto consumo de azúcares genera hiperinsulinismo y dislipidemia”, aclara. Si bien la responsabilidad podría recaer en la industria de alimentos y en organismos sanitarios, somos nosotros los que tenemos que impulsar cambios en pro de nuestro bienestar.

En este marco, el Dr. Ivo Vukusic plantea que las estatinas “están sobreutilizadas” y cuenta que en 2013 vio más de 50 casos de diagnóstico de fibromialgias producidas como efecto adverso de sustancias usadas sin indicación formal. El tema es complejo, pues la regulación del colesterol ayuda a reducir el riesgo de enfermedades, pero –en términos generales- “la disposición de la persona, nuestra cultura alimentaria, la formación y el tiempo de consulta del médico que diagnostica la situación solo permiten el espacio a regular con una ‘pastilla’ y toda su adversidad, que sin duda, es mucho menos mala que tener un infarto”.

Según el experto, “Las estatinas, como la gran mayoría de la medicina de supresión farmocoquímica de nuestra tradición médica occidental, son nocivas para un aspecto de nuestra salud, pero benéficas para otro”, además “no deberían ser recetadas si los niveles de colesterol son normales, en cuyo caso serían nocivas”.

Añade que “hay quienes usan estatinas indicadas por médicos, sin necesitarlas” y manifiesta que “la gran mayoría de quienes las toman dejarían de necesitarlas haciendo cambios en su estilo de vida, lo que genera la real sobreindicación”. En este contexto, “se ha generado un mercado negro y médicos vendedores de recetas”. Esto enturbia el uso de fármacos, pues bien administrados son una tremenda tecnología pero no la única solución para la salud.

Entonces, el uso inadecuado de estatinas, ¿las convierte en un veneno? “Sin duda, la dosis hace el veneno -dice el Dr.Vukusic-, y la dosis adecuada para una persona que no requiere estatinas es 0. Esto es así para el cien por ciento de los medicamentos”. De acá también se desprende lo perjudicial de una automedicación.

El colesterol y las estatinas: ¿Alianza saludable o veneno encubierto?

El profesional pone el acento en que “nadie sana solo, nadie sana a nadie, todos sanamos en comunidad”. Por eso, socializar y analizar eventuales irregularidades relacionadas con las estatinas nos empodera sobre nuestra salud desde una perspectiva integral. “La palabra ‘doctor’ viene de ‘docere’, que es el que instruye, enseña, el que muestra un hecho. En nuestra medicina, las estatinas deberían presentarse como la tremenda oportunidad que representan para sostener un proceso dañino mientras la persona modifica sus hábitos, y en esa línea, sus efectos adversos, como otra razón más para cambiar cuanto antes los aspectos de su estilo de vida que le hacen daño”.

En este enfoque, la Fenomenología Médica que el profesional promueve “busca agregar a nuestra tradición médica occidental contemporánea la importancia de la subjetividad desde su evidencia en las ciencias actuales y el aprendizaje de las tradiciones médicas de otras culturas y épocas”.

Otros expertos en salud también informan sobre el consumo de estatinas y dan cabida a hábitos saludables. Carolina Estay, docente de Técnico de Nutrición y Dietética en Duoc UC Valparaíso, detalla que “se recomienda que el consumo diario (de colesterol) sea de máximo 300 mg. Para tener una idea, dos yemas de huevo aportan aproximadamente 200 mg”. Si se excede el consumo, éste se puede depositar en las paredes de las arterias “y a medida que esto ocurre, reduce su calibre, dificultando la circulación sanguínea”, situación que se conoce como ateroesclerosis. En esta línea, las estatinas son muy usadas en dislipidemias y enfermedades cardiovasculares que tienen como sustrato una lesión ateroesclerótica. Actualmente hay seis de estos fármacos en Chile, unos de origen natural y otros sintéticos.

Como siempre, la conclusión parece resumirse en la palabra “consciencia”. Consciencia para decidir qué comemos, a quién o a qué le damos el poder de “sanarnos”, qué remedios ingerimos, qué nos producen estos y revisar –también en consciencia- qué hacemos para mejorar nuestros síntomas preocupantes y no amarrarnos de por vida a una pastillita supuestamente mágica. 

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