ELIGIENDO EL AMOR Publicado originalmente en la edición impresa de la revista en Noviembre de 2014

 

 

Experimentar un presente en dicha

Es demasiado común y frecuente encontrar una expresión de agobio en la experiencia cotidiana: ya sea que el trabajo o la situación familiar sobrepasa lo que uno puede tolerar, ya sea que la situación social nos tira para abajo y no nos deja libertad para planificar nuestra vida, o la situación económica condiciona nuestras decisiones y nos hace quedarnos en lugares que nos limitan y que por miedo a la incertidumbre no damos el salto del cambio, etc.

Isha

Isha

Maestra espiritual y embajadora de paz,
autora de ¿Por qué caminar si puedes volar?, Vivir para volar y El amor sobre todas las cosas, de Editorial AguilarFontanar.

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Yo me encuentro con las historias y preguntas de muchos que vienen a visitarnos a nuestros eventos y que buscan un cambio para encontrar un estado interno de amor, dicha y paz que transforme sus vidas en una experiencia regocijante y felizmente compartida, convirtiéndolos en actores pro-activos que aportan a la sociedad, a la familia y al mundo, en este ser ellos mismos.

Pero ¿qué ha sucedido cuando ésa no es la experiencia y todo nos pesa? Cuando niños, muchas veces nos asustamos, experimentamos miedo por el motivo que sea, y entonces nos desconectamos de lo que sentimos, quedando como en shock en algún nivel. Por ejemplo, si nos dicen que no debemos llorar, de algún modo nos alejamos hasta de la experiencia física, no experimentamos con totalidad, sino con una distancia que nos garantice que no sufriremos.

Esto persiste luego como hábito y entonces seguimos desconectados de lo que sentimos. Ahora, nada mejor que comenzar a estar presentes en cada momento, presentes en nuestra capacidad de sentir y conectados con nosotros mismos – que es en realidad la única manera de saber qué estamos sintiendo – y usar eso como guía de las decisiones y pasos a dar. Lo contrario es vivir como zombie, como autómata, sin tomar responsabilidad por la propia vida. También sucede, y esto lo he visto y sé el esfuerzo que se tiene que hacer para revertirlo, que algunas personas tienen adicciones que los desconectan, o realizan prácticas que los alejan de la experiencia clara y dichosa de estar presentes momento a momento con lo que sienten, con lo que piensan.

Solo tienes que estar presente, y así podrás sentir lo que sea que surja: si es tristeza y algo la disparó, podrás sentirla, dejarla fluir, y luego tendrás claridad. Si, por el contrario, es algo que te enoja, en vez de vomitarlo sobre la persona o situación, podrás mover la energía, la carga que hay detrás de eso, conectándote con lo que sientes. Para eso puedes elegir la forma más saludable que encuentres, como por ejemplo salir a correr dando un par de vueltas a la manzana, o tomando un almohadón y, bien pegado a la boca, sacar el grito desde tu pecho y más abajo, hasta liberar la presión que había en tu interior. Una vez que lo hayas hecho, que hayas descargado esa energía, tu mente discernirá con claridad. Después que haces de esto un hábito creativo, constructivo y saludable, tal vez se presente con otra luz el cómo llegaste hasta ese punto de tensión. Podrás ver las situaciones que necesitan cambio y que no habías podido percibir hasta ahora, porque tapabas la emoción y acarreabas la carga del pasado que te obnubilaba.

La vida es así, suceden cosas. Y mientras la transitas, llega un momento en que aparece un “Ya tuve suficiente”, un dolor profundo, ya sea porque tu pareja te dejó y esto mueve otras pérdidas pasadas, o porque perdiste tu dinero, o por una injusticia que alguien cometió, o por una enfermedad o algo que le ha sucedido a uno de tus hijos. Pero ahora aprendemos a vaciar la carga y, por ende, a conectarnos. Y entonces respondemos a lo que sucede en cada momento, sintiendo, y teniendo claridad si es que debemos actuar.

El cambio tiene que ser interno, y como consecuencia, vamos a percibir cambiado lo externo. Eso es hermoso, y te vas a sentir hermoso internamente, porque vas a poder ver la belleza, tu belleza.Esta es una invitación a descubrir el camino de vuelta a nuestra esencia verdadera, que es un lugar de dicha e inocencia. Y de ese encuentro con uno mismo, en forma natural emerge la dicha. Como consecuencia de ello, las separaciones que teníamos por el hecho de no sentir se sellan, y se van convirtiendo no sólo en cercanía, sino en mucho más: en unión. Y podemos entonces sentir pasión de vivir. Y de ahí emerge una nueva visión de vida, porque comenzamos a percibir las cosas hermosas, porque podemos mirar por esa ventana que ahora está limpia, y es magnífico ¿no? Si antes estabas desilusionado y un poco deprimido, ahora estás experimentando y viendo algo diferente, y emerge un “¡Ah, sí, que lindo!” Y en realidad, lo que estás viendo no ha cambiado, pero tu visión sí.

Para esto, el cambio tiene que ser interno, y como consecuencia, vamos a percibir cambiado lo externo. Eso es hermoso, y te vas a sentir hermoso internamente, porque vas a poder ver la belleza, tu belleza. Ahora bien, ésa es tu responsabilidad, solo tuya, y por eso estás leyendo esto, porque todo el mundo llega a este punto en algún momento de su vida. Y es un buen momento, porque es un momento de transformación.

Si al llegar hasta aquí vienen a tu mente situaciones o personas con las que un bagaje del pasado te mantiene separado, si hay ofensa o rencor, vas a saber y vas a poder sentir que eso que rechazas es una parte tuya que no estás abrazando, que no estás amando, y que posiblemente hayas creado eso una y otra vez. Ahora podrás elegir y decidir cambiar tu reacción, cambiar tu actitud, dejar pasar lo que antes era tensión automática que te llevaba a “hacerle la cruz” a alguien, o a un tipo de “vendetta”. Lo que haces es liberar el estrés interno, liberar el resentimiento, hasta que no quede nada allí. Si aún no has sanado esa separación, pero es algo que quieres cambiar, lo crearás con otra persona, y otra, y otra, hasta que finalmente lo puedas ver.

Experimentar un presente en dicha

Tienes que poner paz en eso internamente, abrazarlo en tu interior; si no, vas a seguir separándote, separándote, separándote… Es lo que hacemos, pero ¿qué pasa? Nada, lo creamos una y otra vez.

Así, mi invitación es: no podemos sentir separación, no podemos decir: “Amo esta parte de mi universo, sólo esta parte, esta otra ya no la amo tanto, pero no importa, no la necesito porque tengo esta parte que sí amo”. Tenemos que poder abrazar en amor todas las partes, pues cada una es un reflejo de nuestro propio interior. No estamos separados de nada, de nadie, somos una unidad humana cuya esencia vibra en puro amor incondicional, y así, sin duda, podremos lograr la paz. 

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