SOMOS EXPRESIÓN Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Diciembre de 2014

Danza y música en sincronía con nuestro ser

Dar un espacio al arte en la vida transforma nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. En su trayectoria, los profesionales que dan vida a la Academia Pulso Danzamúsica han visto en sus alumnos este bello y enriquecedor proceso.

Por Carolina Montiel Iglesias

Desde 2004 la Academia Pulso Danzamúsica ha sido un punto de encuentro para quienes quieren aprender y perfeccionar sus conocimientos en música y danza. En su labor, introduce a los alumnos en la rigurosidad del trabajo artístico y también en el encanto de la práctica. Periódicamente realiza muestras de alto nivel que comunican los logros alcanzados, además de apoyar a obras independientes y participar en actividades relacionadas con el quehacer cultural de Santiago.

María Francisca Fuenzalida, bailarina y profesora de danza, con formación en Ballet y Danza Moderna, dirige la mencionada academia junto a Nelson Ortiz Sánchez, músico multiinstrumentista, compositor y profesor de Educación Musical.

“Todos podemos practicar danza o música, acondicionar nuestro cuerpo, nuestro oído y sentirnos vivos. Comenzar de cero e ir creciendo”. (María Francisca Fuenzalida, bailarina y profesora).

Desde los 6 años la danza ha sido el medio de expresión de la directora. Hoy, con una variada trayectoria en Chile y en el extranjero, tiene el convencimiento que “la danza crece junto a mí y se transforma, de la interpretación a la docencia”. Esto la motiva a “educar en el movimiento”. En tanto, la vocación de Nelson por la música surgió a los diez años, cuando aprendió a tocar guitarra. A los 19 años dio sus primeras clases, las que reafirmaron su ruta docente.

Con el tiempo, la Academia se ha consolidado como un buen centro de formación y de creación artística. Ha cosechado confianzas, por ejemplo, por el profesionalismo y la seriedad de su equipo. Entre las actividades que ha realizado hay galas de música y de danza, y eventos externos. A la Academia le interesan “los alumnos como personas y lo que puedan entregar desde sí mismos, no desde copias establecidas”, precisa María Francisca en este sentido.

Es así como se integran a las clases “niños con ganas de aprender, descubrir, jugar, entretenerse; jóvenes con interés de algo más profundo y serio, y adultos que ya son profesionales y que ven en la danza o en la música una herramienta en su formación profesional y personal”, añade la directora.

María Francisca Fuenzalida, directora de Academia Pulso Danzamúsica, en una presentación junto a sus hijas Belén y Amanda.
María Francisca Fuenzalida, directora de Academia Pulso Danzamúsica, en una presentación junto a sus hijas Belén y Amanda.

Crecer con movimientos y sonidos

Posibilidades de aprendizaje

La Academia Pulso Danzamúsica tiene tres escuelas en el área de danza. La infantil trabaja con niños entre 3 y 12 años, en formación clásica y moderna. La juvenil parte a los 13 años para quienes desean profundizar en técnica académica (ballet), danza moderna, danza contemporánea y pop jazz. También hay un preuniversitario que se inicia a los 16 años. El área de adultos es para público general, aficionados, principiantes e intermedios que quieren descubrirse en la danza.

En música, niños desde 6 años y adultos, en niveles principiante y avanzado, aprenden a tocar instrumentos. Se realiza, además, un trabajo especial de iniciación musical para niños desde 3 años y un programa especial de preuniversitario.

En términos generales, los cursos son un vehículo para acondicionar, generar equilibrio mental y físico, desarrollar destrezas, descubrir el cuerpo desde otro espacio y desarrollar consciencia postural, entre otros beneficios. La invitación, entonces, es a practicar desde cero o con experiencia, acondicionando nuestro cuerpo y oídos. “Las capacidades y aptitudes individuales son importantes, pero no es lo único. Quien está llamado a ser artista inevitablemente termina siéndolo, pero hay personas que necesitan un empujoncito y creer que es posible”, añade el director Nelson Ortiz.

Los directores de la Academia Pulso Danzamúsica explican que la danza nos ayuda a fortalecer nuestra autoestima, a reconocer y superar conductas destructivas, a sanar el cuerpo físico y a conectarnos con los planos energético y emocional. Por su parte, la música aporta a un desarrollo integral del ser humano.
“Los alumnos logran equilibrios emocionales, mantienen físicos sanos, llegan a pesos adecuados, disminuyen el estrés y alcanzan momentos de goce y de felicidad”, detalla María Francisca sobre la danza, y Nelson complementa que con la música se desarrollan aspectos positivos en “psicomotricidad, autoestima e integración social”, pues las artes tienden a la autoexpresión y al autoconocimiento.

 

Pero, estas formas artísticas ¿son valoradas en Chile? La percepción de los expertos es que no en todas sus dimensiones. María Francisca plantea que “la crisis educacional es también cultural, porque la sociedad en general tiene poco sentido de lo verdaderamente necesario que es consumir arte, leer, tocar un instrumento, bailar, pintar, expresar y reflexionar”. Nelson, por su parte, argumenta que vivimos una “cultura del envoltorio” en que “los artistas llegan a ser personajes inalcanzables y algunas obras contemporáneas inentendibles para la mayoría de la gente”, siendo que todo comienza dentro de nosotros.

Si accedemos al arte, podemos llegar a ser más reflexivos y críticos. “Aprender a desarrollarnos en este ámbito nos hace crecer como personas. Pulso enseña a los niños y a sus padres, a los jóvenes y a los adultos a ser creativos y a ser capaces de volver a sorprenderse”, dice María Francisca. Nelson destaca que “la cultura universitaria imperante en el país no da muchas opciones a quienes quieren ser solamente músicos o bailarines, atándolos cinco años al sistema. La formación que ofrecemos en nuestra academia intenta cubrir estas necesidades, tanto en lo personal como en lo social”.

En este sentido, hay un esfuerzo de la academia por llevar el arte a la ciudad, mediante intervenciones urbanas, como las del Festival 100 en 1 día, que aportan a un cambio de mirada sobre la interacción de las personas con las artes.

María Francisca Fuenzalida y Nelson Ortiz han compartido sus conocimientos con nuevas generaciones de músicos y bailarines. (Fotografía: Macarena Minguell).
María Francisca Fuenzalida y Nelson Ortiz han compartido sus conocimientos con nuevas generaciones de músicos y bailarines. (Fotografía: Macarena Minguell).

“La música y el arte tienden a la autoexpresión y, por  lo tanto, al autoconocimiento”. (Nelson Ortiz, músico, compositor y profesor).

Enseñar también es aprender

La Academia es guiada por un equipo de profesionales universitarios, artistas, intérpretes y creadores que comparten una visión de enseñanza integral con dos potentes pilares: todos podemos bailar y cantar, y todos tenemos algo que decir. Nelson remarca que en la educación artística es clave que los profesores dominen la materia y que se genere empatía entre ellos y sus alumnos.

Esfuerzo y perseverancia

María Francisca Fuenzalida relata que su escuela formadora fue el Centro de Danza Espiral, de los años 90, y que sus profesores de aula fueron Patricio Bunster, Joan Turner y Ximena Pino. Todos, “grandes maestros y una gran escuela que no sólo me enseñó el arte de la danza sino que me alimentó con cultura”, acentúa. Allí conoció a escritores, poetas, pintores, dramaturgos y músicos. Mientras que para Nelson Ortiz, parte de sus referentes son Beethoven, el jazz melódico, la música de tradición oral, el folclore, Violeta Parra, Víctor Jara y el educador musical Murray Schafer.

Los directores, a partir de sus experiencias y preferencias, dan cuenta del valor de los referentes en las etapas de formación artística. De esto se desprende que las conexiones que se van estableciendo en el camino fortalecen el aprendizaje de quienes se deciden a practicar técnicas y a explorar y difundir sus talentos. Lo crucial es dar el primer paso, “atreverse a probar y ver qué resulta. Sin miedo a nada, sólo dejarse llevar por una experiencia nueva”, dice María Francisca, y comprender que “es necesario perseverar y no rendirse tan fácilmente para seguir”.

Al respecto Kaikuse Bobadilla, profesor de iniciación en la música del violín, cree profundamente que el estudio del idioma de la música trae múltiples beneficios. Por ejemplo, incentiva la creatividad abstracta y, en paralelo, el desarrollo de técnicas por repetición.

Comparte que ha aprendido a establecer parámetros de calidad e ir creando experiencias personalizadas. “Pulso es una plataforma de despegue para los estudiantes de violín, y eso establece la necesidad de ir actualizando el panorama musical en la medida que el sonido folclórico (por costumbre) de las personas se desarrolla”, subraya.

Gabriel Faúndez, profesor de guitarra eléctrica, expone que la enseñanza de la música es importantísima para el despliegue de procesos cognitivos en niños y en adultos, y que, además, amplía la disciplina y la concentración. Como guía, aprecia poder encontrarse con diferentes casos de alumnos: “Algunos que ven la música como un hermoso hobby, mientras que otros quieren prepararse para el futuro”.

Pablo Bello, profesor de Improvisación y Contacto, indica que en danza contemporánea se dan beneficios físicos, porque al descubrir nuevas posibilidades corporales de movimiento, nos flexibilizamos, y a la vez, “nos preparamos muscularmente para ir más allá de los límites habituales y mentales relacionados con la capacidad de estar en una permanente búsqueda de nuevas posibilidades de relación con el mundo. Acá, cobran especial relevancia las actitudes lúdicas, de exploración, de respeto, de cuidado y de escucha”.

Daniela Palma, profesora de Danza Contemporánea, añade que las razones por las que los alumnos se acercan a la danza son variadas, como hacer ejercicio físico, relajarse y mejorar su salud. Mientras “algunos se entregan de cuerpo entero en la búsqueda de una trasformación, otros lo hacen por mera entretención”, señala, con énfasis en que todos estos motivos son válidos. Y es que más allá de las diferencias en atención, voluntad y compromiso con las que las personas abordan su aprendizaje, lo central es que adquieren “un conocimiento de sí mismas, desde (re)conocer el cuerpo olvidado, hasta ampliar capacidades expresivas”, manifiesta.

“La academia transmite a los alumnos la disciplina acompañada del amor que es necesario sentir por lo que se hace. La entrega para poder avanzar, la voluntad de seguir y querer estar, son valores muy importantes y las bases de su enseñanza”, finaliza. 

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