SOMOS PROPUESTAS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Marzo de 2015

 

Cromoterapia: La vida en colores

Tonos para albergar, disfrutar y tornasolar la vida y ¿por qué no?, para sanar aquellos espacios del ser que anhelan un destello regenerador, que los colores son capaces de instalar y expandir.

Por Alejandra Vallejo Buschmann

 

El color que no te gusta es aquel que hará en ti un movimiento de cambio. El color que no tienes entre tus ropas es el que tus energías necesitan. El color que olvidaste es el que te puede develar algo nuevo. El color que te atrae tiene que ver con cómo resuenas con la totalidad.

Los colores son formas de energía que deambulan por el vasto universo, moviendo con sus ondas todo cuanto tocan. En nuestro territorio energético, le dan significado e identidad a cómo nos relacionamos y de qué manera vibramos en cada experiencia.

Nuestra aura es una paleta de múltiples tonalidades, colores que mutan y renacen de acuerdo a la cualificación que le imprimimos a nuestras vivencias y que hablan de lo que nos aqueja y de éxitos a nivel de conciencia.

Nuestros chakras se sostienen y expresan de acuerdo a la frecuencia de su color personal, alineados a las experiencias externas y a cada palpitación de nuestras señales interiores.

Cromoterapia: La vida en colores

Danza de matices

Nos movemos en colores, en una danza emocional y de matices que manifiesta y nos acusa de todo aquello que determinamos, en una inagotable secuencia de decisiones y sucesos. En nuestras vidas significan preferencias que lejos de ser básicas, afirman cómo resolvemos instancias, hechos y dónde están nuestras sintonías.

Podemos, entonces, usarlos de manera consciente para rescatar sus virtudes y recuperar bienestares perdidos.

He aquí las primeras sugerencias:

  • Para acceder a estados de quietud y calma, lo ideal son los tonos azules.
  • Si hay cansancio y falta de energía, el rojo es un aliado en la recuperación de éstas.
  • Para potenciar sanación, toda la escala de verdes nos impulsan a ella.
  • Para estimular la creatividad, los naranja abren espacios inéditos en abundancia.
  • Para centrar la mente y darle orden, amarillo es el color mental.
  • Para transformar acciones liberando su luz, violeta en todas sus gradaciones.
  • Para anclarnos a la paz y la gracia infinita, el blanco es su máxima expresión.

Cada color tiene su oscilación, y es este movimiento el que ayuda a equilibrar los nuestros, a través de correspondencia, asimetrías e intuiciones personales.

Colores para sanar

La Cromoterapia o Terapia de Colores es una simple y efectiva herramienta para abordar nuestros desequilibrios. Basta con rodearnos de los colores que intuimos para ir sutilmente reconquistando estabilidad.

Vestirlos ayuda, considerando que aquel color que no llevamos con frecuencia es aquel que precisa nuestra fachada humana. Y cuando no sabemos qué color vestir, es quizás porque aquellos colores que usamos habitualmente ya no están saciando nuestras necesidades y quizás es hora de renovar preferencias.

Decorar espacios con determinados colores hace que esas energías puntuales se instalen y acomoden en el entorno y, de este modo, llevarnos a nuevas condiciones energéticas. Observarlos en meditación logra que la vibración que cada uno de ellos posee se integre a nuestro ser, ayudándonos a armonizar.

Cada color tiene su oscilación, y es este movimiento el que ayuda a equilibrar los nuestros, a través de correspondencia, asimetrías e intuiciones personales.

Cromoterapia: La vida en colores

Paleta de múltiples tonalidades

A continuación, una síntesis de algunos de los colores más usados en sanación y sus virtudes:

Rojo: Fuerza, vitalidad. Ayuda en la recuperación de energías, sobre todo en personas débiles y cansadas. Aporta calor, potencia el movimiento y propicia la acción.

Color que favorece la expresión del coraje y el retorno al entusiasmo y a los impulsos vivificantes. Esta fuerza vital aborda desde las ganas profundas de retozar la vida abrazando una espiritualidad en procesión terrena, hasta los detalles más básicos que tienen que ver con el goce de la materialidad.

Nos apasionamos en rojo. Definimos intensidades y oportunidades de avance. Acelera nuestros ritmos, desde los experienciales hasta los orgánicos.

Es un color que nos hace visibles, nos pone el centro de la atención; por ende, es muy útil a la hora de abordar el avance en las dificultades en el ser protagonista, baja autoestima y falencias al relacionarse con el entorno.

Por el contrario, el exceso de rojo fomenta la discordia y la hiperactividad. No se recomienda en personas coléricas o testarudas.

Si hay demasiado rojo en la vida, se recomienda equilibrar con algo azul.

Nos movemos en colores, en una danza emocional y de matices que manifiesta y nos acusa de todo aquello que determinamos, en una inagotable secuencia de decisiones y sucesos.

Naranja: Creatividad, potencial artístico, inteligencia activa, combina actividad y pensamiento. Es un buen color para poner en movimiento nuestros dones y dar forma a nuestros anhelos representando entusiasmo, determinación e imaginación. Apoya la autoestima, nos genera seguridad y bienestar. A pesar de su intensidad, no entra en la frecuencia de la violencia como pasa con el rojo, sino más bien impulsa con fuerza a un movimiento activo, pero armónico.

Los niños sintonizan muy bien con su influencia, guiándolos al juego creativo y épocas de alegrías, risas y sanos revuelos.

Es un color de abundancia pues al afianzar nuestras creatividades, energía relacionada con la gratitud y la postura de apertura hacia la experiencia vital, nos hace ser imanes de nuestras aspiraciones como resultado de esta actitud de generación de motivaciones y, por ende, fomenta realidades para mover los tiempos hacia tiempos superiores.

Nos estimula en una amplia gama de circunstancias, apoyando con ello procesos mentales, físicos y emocionales.

Amarillo: El amarillo simboliza al sol y su luz que todo lo acoge. Representa la actividad mental, la inteligencia y la prosperidad. Indica condiciones óptimas para un perfecto funcionamiento de nuestra capacidad intelectual. Aporta seguridad en las decisiones, las que se toman con sabiduría y certeza debido a su pujante acción en los ámbitos de la mente superior, concreta y planificadora. Aporta sanación a niveles más sutiles debido a su correspondencia con la luz dorada, de más amplias vibraciones.

Opulencia es uno de sus enfoques, al propiciar el enraizamiento de nuestro poder personal, fuego interno en el que todo tiende a manifestarse y definirse.

Color espontáneo que nos anima a retomar el encuentro con olvidados empeños, al impeler la voluntad y la declaración de propósitos rezagados, marcando nuevos puntos de partida y animándonos a no ceder frente al bache de la experiencia compleja, sino más bien asirla con la fuerza que merece una ocasión de estipular méritos y honores.

En su brillante fulgor, puede quizás generar un poco de desasosiego, siendo poco oportuno para calmar y usar en espacios de descanso.

Verde: Señala el centro y el equilibrio. Apoya en dolores corporales, pues relaja y distiende. También sirve para calmar el sistema nervioso, por su gran capacidad de hacer entrar en un espacio de simetría total. Si la ansiedad agobia, es recomendable recurrir a los tonos verdes para permitir que la inquietud ceda paulatinamente refrescando el ser, renovando estímulos y deberes.

Color asociado a la naturaleza y, por defecto, a todas sus virtudes y conexión a instancias gratificantes. Representa fertilidad, lozanía, sosiego y estabilidad.

Al situarse en medio de la escala cromática, tiene la virtud de no enfriar ni calentar, de modo que nos lleva suavemente a los estadios de consonancia y ecuanimidad que reordena todo aquello que hemos alterado.

Sanación, bienestar; no por nada se le asocia a la medicina y los espacios sanitarios. El verde nos hace abordar las frecuencias de mejoría extraviadas, y lo hace de manera pausada, sin presiones ni estimulaciones que vuelvan a generar conflictos.

Verde esperanza, que une los registros de lo mal decidido, para reeditar y enmendar.

Azul: Seguridad, tranquilidad, serenidad. La mente puede penetrar en dimensiones más elevadas del ser, gracias a que el cuerpo vibra más lentamente. Este movimiento cadencioso nos ayuda a bajar todos nuestros niveles exacerbados, apoyando la recuperación de nuestras aptitudes.

Es un color muy espiritual, que nos habla de protección, que impulsa la voluntad como la capacidad de abrirnos paso entre la bruma kármica para volver a hacer las elecciones correctas y los actos de compensación. Nos conecta con la fe, desde el percibir la unidad como un medio más de situarnos en la trayectoria de transformación.

Asociado al cielo infinito y al mar profundo, este color nos habla de espacios de moderación y placidez. Nos conduce al sueño reparador, por lo que es óptimo para decorar habitaciones o ambientes de reposo.

En sus influencias creativas y comunicadoras, abre dimensiones de integridad y poder personal. Potencia la expresión oral priorizando claridad y consistencia en la verbalización, junto a la adecuada coherencia entre lo que decimos y sentimos con lo que enunciamos.

No se sugiere para personas decaídas o faltas de voluntad.

Violeta: Intuición, transformación, degradación de lo erróneo para elevar su huella. Transmutar y renovar, para no dejar rastro de los frutos reñidos con la senda de la ecuanimidad. Abrazando este color, toda baja vibración es elevada a su tono original.

Nos colma de la esencia espiritual, provocando cercanía con nuestra capacidad compasiva y todas las virtudes que nos alhajan, como hijos de un Creador magnífico.

Color asociado a las energías psíquicas, la sabiduría intuitiva, la independencia de lo mundano y la dignidad del alma.

Ha sido el resplandor de los nuevos seres que encarnan en esta patria planetaria, trayendo vientos innovadores, bríos fraternales y las enseñanzas del vivir desde el corazón mismo de nuestra inteligencia sobrehumana.

Representa magia y misterio. Espacio ceremonial. Cambios profundos y nuevos patrones para edificar los nuevos tiempos.

Rosa: apertura al amor. Evoca la amistad y la dulzura que vibra en nuestro territorio afectivo. Despliega el espacio que habita en nuestro corazón, donde reside la voluntad amorosa de ser individualidad y hermandad. Disuelve el dolor y los rastros de los traumas y experiencias desoladoras.

Es un color que protege en su vibración afectiva, ya que nada es más fuerte a esta resonancia que este color así origina. Atrae lo que deseamos, pues se le reconocen virtudes magnéticas asociadas a las suaves olas expansivas de la bondad. Suelta la amargura, la irritabilidad, las ganas de generar conflicto. Es un llamado a la ternura.

Blanco: espiritualidad, perfección, estados de pureza inmaculados. A través de él palpamos paz y el encuentro con la diafanidad de nuestras estancias más primorosas.

Barre con la oscuridad, externa e interna. Nos lleva al espacio más alto de quietud y afirmación de energías ordenadas y pulcras.

El blanco se asocia a la bienaventuranza, la bondad y la gracia divina. Sintonizamos con blanco y podemos acceder a todos los colores. Sintonizamos con blanco y nos ungimos con la claridad de las fuentes portadoras del destello del Altísimo. Sintonizamos blanco y tocamos las flores del jardín de Dios.

Llévalos contigo, contémplalos, vívelos, verás como te muestran una nueva manera de mantenerte en orden, sin ansiedades, en casa. 

 

*Alejandra Vallejo Buschmann. Terapeuta Holística y socia fundadora en Casa de Tara. Maestra de Reiki y Master Teacher Magnified Healing. Reflexóloga, terapeuta floral y canalizadora.

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