SOMOS PAREJA Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Marzo de 2015

 

Tantra y taoísmo: El reencuentro del sexo y el espíritu

La piel no es un límite para que nuestro espíritu se expanda. La sexualidad y la espiritualidad se fusionan cuando comprendemos que estos no son aspectos contrapuestos, sino complementarios y necesarios para experimentar el reencuentro de la fiesta de la unidad.

Por Carolina Montiel Iglesias

Hay conocimientos, como el tantra, que amplían la comprensión de la sexualidad. Milenios han marcado su enseñanza y expansión en el mundo, siendo zonas clave India y Tíbet.

La manera en que una persona puede practicar el budismo tántrico depende de su historia, de su karma y de su conexión con aquellos aspectos que le hagan sentido. Así lo explica Luciano Navarro (Konchok Lundup), practicante budista, astrólogo en la tradición tibetana, autorizado para dar enseñanzas de budismo, entre otras.

Cuenta que el tantra es una técnica yóguica que permite un desarrollo espiritual más rápido. Por ejemplo, técnicas como la calma mental o mindfullness permiten ir caminando a un destino, mientras que el tantra es como viajar en avión. El budismo, en general, y el tantra, como parte de éste, buscan que todos los seres salgan del sufrimiento o vivan en la completa felicidad. Por eso tiene como objetivo, para quienes lo practican en pro de logros espirituales, beneficiar a los demás, incluso antes que a ellos mismos.

Tantra y taoísmo: El reencuentro del sexo y el espíritu

Navarro detalla que el tantra budista se basa en que uno se visualiza como una deidad, por ejemplo Chenrezig, que representa el amor y la compasión. Esta deidad no tiene una existencia real, es sólo una imagen que representa la potencialidad del amor y de la compasión que todos los seres tenemos. “Al mismo tiempo que nos visualizamos, recitamos un mantra. Se requiere mucha concentración para no perder el hilo de la práctica. El resultado es que uno, desde el comienzo, practica como si estuviera iluminado. Uno no debe esperar a juntar mérito para ser un Buda. En esta técnica, uno practica como si en ese instante fuera un Buda”, dice.

Entre los distintos tipos de tantra, los más básicos sólo utilizan una visualización en la deidad. A medida que se avanza, el trabajo se va haciendo más complejo. “Los Altos Tantras utilizan técnicas yóguicas. En estas técnicas, manteniendo la visualización y la recitación de los mantras, se realizan ciertos ejercicios que permiten manipular las energías internas. Energías que en el día a día se manifiestan como odio, rabia, apego, sexualidad, etc. se transforman en sus opuestos”, según Luciano.

“La condición de la práctica del tantra es recibir una iniciación de un maestro calificado”, remarca. Comenta que además de la técnica es muy importante la visión: “Uno práctica para beneficiar a los seres, para ayudarlos a salir del sufrimiento, para encausarlos al logro de felicidad. Si se practica sin esta visión, el resultado no se obtendrá. Sólo será una pérdida de tiempo”.

Tantra y taoísmo: El reencuentro del sexo y el espíritu

Amor incondicional

Luciano puntualiza que “en el budismo, el amor es incondicional. Es decir, no está condicionado a que alguien me devuelva algo, como seguridad, confianza o fidelidad. En el tantra se aplica el mismo principio. Por ejemplo, cuando practicamos el tantra de Chenrezig, practicamos el amor incondicional o amor bondadoso”.

Cualquiera puede acceder al tantra. Aquí no importa el género, y los resultados se expresan según el esfuerzo personal de cada cual. Para comenzar la práctica del tantra en la tradición budista, se debe tomar refugio en el Buda, en sus enseñanzas y en los maestros y amigos espirituales que han desarrollado la espiritualidad. Luego, un maestro calificado debe entregar una iniciación, un permiso para realizar la práctica. Las iniciaciones no son secretas y se basan en los principios éticos de no robar, no matar, no mentir, no tener relaciones sexuales inadecuadas y no drogarse.

Quien que lo desee y cumpla las condiciones anteriores puede practicar el tantra. “Las técnicas sólo difieren en grado. En esencia, se toma una postura que básicamente son piernas cruzadas y espalda muy derecha. Esta postura permite que la respiración se realice cómodamente, llevando a más concentración. Luego viene la visualización y la recitación de mantra”, describe.

El tantra es uniforme, pues todos reciben las mismas indicaciones. Luciano apunta que las instrucciones -como la visualización y el mantra- dependen de cada tantra en particular y que “la postura, la intención de beneficiar a los demás y alguna otra enseñanza son generales a todas las prácticas”. Además, afirma que para practicar “uno debe tener una sadana, que es un librito que permite seguir una secuencia de recitaciones y plegarias”.

Tantra y taoísmo: El reencuentro del sexo y el espíritu

Más que contacto sexual

Tantra: ¿el placer es felicidad?

Luciano Navarro, practicante budista, asevera que sobre el tantra hay prejuicios que provienen de quienes lo utilizan “como una herramienta de placer individual, olvidando que es una herramienta espiritual”. Dejan, así, a un lado algo magnífico para desarrollarnos como seres humanos compasivos y amorosos. Ante esta distorsión, surge la duda sobre si estamos en condiciones, como chilenos, de entender el tantra. La respuesta es un sí rotundo, porque el tantra puede ser practicado por cualquiera que se acerque a sus enseñanzas con seriedad y no depende de las distintas culturas.

Manifiesta que toda técnica meditativa, de cualquier tradición espiritual, ya sea el Padre Nuestro en la tradición católica, el ruego a Shiva en la tradición hinduista o el tantra en la tradición budista, son caminos espirituales que buscan la felicidad. Tal tarea constituye un camino espiritual. “Está claro que el puro goce de los sentidos no es felicidad”, advierte y profundiza en que “el tantra es una herramienta que puede desarrollar el goce de los sentidos, pero ese no es su objetivo. El tantra es el camino rápido a la iluminación”.

Luciano diferencia que “el tantra sólo tiene connotación sexual cuando se practica alto tantra. El contacto sexual está al servicio del desarrollo espiritual. No tiene como objetivo aumentar el gozo sexual”, asegura. Aquí el amor tiene su espacio, pero no como lo solemos concebir convencionalmente, es decir, con “un compromiso de exclusividad con la pareja. Este condicionamiento es propio de Occidente y la cultura católica”. Más bien, el amor debe ser incondicional, sin compromisos, mutuamente respetuoso y con el deseo de que “el otro alcance rápidamente logros espirituales”.

En alto tantra, se visualiza con una consorte. También se puede practicar con una consorte física. En tal caso, la consorte es sagrada y no importa su edad o su cuerpo físico. “Sagrada significa no sólo respeto, sino aprecio amoroso. La consorte no necesariamente debe ser la pareja. Cualquier par de practicantes tántricos que tengan la autorización del maestro pueden practicar juntos. El amor es entonces fundamental para la práctica. Este amor es amor incondicional”, declara. Por ende, si un practicante serio realiza prácticas tántricas con consorte “allí hay contacto sexual y ese goce se pone al servicio del desarrollo espiritual”. Se utiliza entonces la expresión del “gran gozo”, pero no es mundano sino espiritual.

El tantra se puede practicar en solitario también. “En mi experiencia, después de haber vivido en retiro en India y Nepal por casi 4 años, todo el tantra que practiqué fue en solitario. La pareja no es condición para la práctica del tantra. Munchos monjes practican tantra y conservan sus votos de castidad”, cuenta. Subraya que el tantra “no tiene como objetivo conocer la propia sexualidad. La sexualidad está al servicio del desarrollo espiritual” y que “aquí espiritualidad es la búsqueda de la felicidad no sólo sensorial sino aquella que me lleva a ser mejor ser humano”.

El tantra puede desarrollar el goce de los sentidos, pero sobre todo es un camino a la iluminación, dice Luciano Navarro, practicante budista. (Fotografía: Carolina Montiel)
El tantra puede desarrollar el goce de los sentidos, pero sobre todo es un camino a la iluminación, dice Luciano Navarro, practicante budista. (Fotografía: Carolina Montiel)

La visión taoísta

Antonio Cordero, director del Centro Taoísta de Chile, explica que el taoísmo es una cosmovisión orientada al bienestar, con tres ramas: filosófica, mágica o religiosa (que considera la sexualidad, entre otras prácticas) y popular.

Bombardeo de mensajes sobre sexo

André Van Lysebeth, autor de Tantra el culto de lo femenino –un clásico sobre este tema-, de Ediciones Urano, plantea que “la sexualidad, reprimida desde hace unos dos milenios, con períodos de relajación” se ha desenfrenado, convirtiéndose en una obsesión. Por ello, “nuestra sociedad se hipersexualiza” con el impulso, por ejemplo, de mensajes publicitarios centrados en el sexo.

Por esto, el tantra en Occidente tiene un problema: es audaz, pero desinformado. Si bien hay reales interesados, temen caer en manos de charlatanes y en una especie de yoga sexual (o “acrobacias lúbricas”) sin profundidad. “Una información correcta es la mejor defensa”, afirma. La situación es aplicable a contenidos que encontramos, por ejemplo, en Internet.

A su juicio, los rituales en este lado del mundo deben adaptarse a nuestro modo de vida y respetar nuestras convicciones, especialmente las religiosas. “Si bien el tantra es un culto, no es una religión, y un ritual no es una ‘misa’ pagana, sino más bien la repetición de actos significativos destinados a liberarnos de la rutina cotidiana para acceder a las realidades supremas ocultas en nosotros mismos”, ilustra.

Con el sexo tántrico, resume Van Lysebeth, “la unión sexual será una fiesta en la que participarán todas las fibras, todas las células del cuerpo, la fiesta de la unidad reecontrada, el retorno al andrógino primitivo, la repetición, en tiempo real, del acto creador cósmico, la inmersión en el ananda, la felicidad”.

El taoísmo da cuenta del modo en que esencialmente funciona la realidad. No hay demiurgo, dios creador separado de la realidad que crea, sí una fuente primaria de toda la realidad que se caracteriza por integrar un movimiento bidireccional de expansión y de retracción, de aceleración y de desaceleración. Estas duplas, simultáneamente opuestas y complementarias, son categorías para describir el movimiento y el cambio, y se denominan yin y yang. El pulso bidireccional implica la coexistencia de opuestos que incluyen lo sexual, en sus aspectos masculino y femenino, generador y receptor, dinamizador y contenedor.

 

Cordero indica que la generación del bienestar sostenible y sustentable en la vida humana, la fusión con el Tao, es una gestión para la restauración del equilibrio e implica la recuperación de cualquiera de los dos polos que esté limitado, dañado o constreñido. Y sostiene que la relación de pareja es vista como un encuentro entre fuerzas de polaridades yin y yang: “Es un instrumento natural del que deriva no sólo la procreación física, sino una referencia metafórica al modo en que el universo completo funciona”. Por lo tanto, la visión sexual, la unión, tiende hacia la restauración del pulso en cada uno de nosotros y también como pareja de yin y de yang.

“Los opuestos necesitan encontrarse, porque ninguno existe separado del otro. Entonces, la idea del retorno al Tao es la de equilibrar yin y yang, y la pareja es una instancia en la que inmediatamente esa relación se da”, dice, con énfasis en que no sólo la sexualidad es un camino hacia la restauración del equilibrio, pues también son importantes técnicas respiratorias, nutrición, higiene, meditación, entre otros aspectos.

La búsqueda del bienestar, de la salud y de la longevidad se fortalece al reconstituir el equilibrio yin y yang. Como varón, la mujer es la contraparte natural del equilibrio de esa totalidad, y para la mujer, el hombre lo es. En el contexto taoísta, masculino y femenino, varón y mujer, son equivalentes y sus roles merecen igual importancia. Se trata de polos que se requieren el uno al otro para existir. El análisis, entonces, carece de una mirada excluyente o utilitaria del otro, porque el otro define mi propia existencia.

“La sexualidad es un sustrato de fondo que atraviesa todo el universo del pensamiento taoísta porque arranca y termina con las nociones de encuentro con lo diferente, con lo opuesto y simultáneamente imprescindible”, agrega. Un ser no existe al margen de otro ser y por esto hay una visión integradora y que supera con creces la sexualidad carnal. El encuentro sexual es sólo una de las múltiples técnicas que favorecen la circulación de la energía o vitalidad que hemos desequilibrado con nuestro propio estilo de vida.

Desde la perspectiva taoísta, la búsqueda del equilibrio no está circunscrita a lo que pasa en la cama. Depende, más bien, de una serie de decisiones con respecto a cómo estamos viviendo, cómo regulamos nuestra actividad y reposo, cómo nos alimentamos, etc. Lo ideal es ser conscientes de si estamos moviendo nuestra vida hacia un orden o si nos estamos alejando de tal dirección. Ello implica una introspección y, al mismo tiempo, una comprensión de los otros y del universo que habitamos.

Tantra y taoísmo: El reencuentro del sexo y el espíritu

El otro, un acompañante…

Si uno de los miembros de una pareja atraviesa por una enfermedad, por ejemplo, una depresión, la sexualidad implica un encuentro entre ambos y también una orientación del afectado hacia la comprensión de su proceso. El problema no se resuelve sólo con la aplicación de técnicas sexuales taoístas, porque la sexualidad es parte de un modelo transversal que no suele ser abordado a fondo en Occidente. De hecho, ante la pérdida del sustrato filosófico, han surgido en Internet informaciones que proponen técnicas sexuales que llevan hacia el desequilibrio, porque no tienen raíces ni un contexto conceptual o sociocultural.

Taoísmo: una ruta de la consciencia

En el taoísmo hay espacios meditativos, ejercicios respiratorios, técnicas de masaje y de auto masaje, consideraciones de tipo témporoespacial “como un feng-shui del sexo”. “Tenemos un timbre energético cuando venimos al mundo y eso nos marca de manera tal que no sólo resonamos de forma distinta con los distintos espacios y los distintos momentos sino que en este nuevo sistema que armamos en pareja”, cuenta Antonio Cordero, director del Centro Taoísta de Chile.

Las relaciones sexuales se transforman de momentos de goce a algo más estudiado (técnicas para la procreación de un hijo varón o mujer, técnicas para el incremento de la potencia sexual y la capacidad orgásmica, etc.). Así, cada miembro de la pareja puede alcanzar un estado personal de mayor bienestar y un espacio transversal de más realización y de más trascendencia.

La sexualidad en el taoísmo no se enfoca hacia una simple gratificación de los sentidos, sino que es una ruta hacia el desarrollo de la consciencia. “La espiritualidad y la sexualidad siempre están juntas potencialmente. Si se usa a alguien como objeto sexual hay una aproximación limitada y escueta del potencial que la relación de pareja tiene”, finaliza.

Revitalizar la vida sexual depende, a juicio de Antonio Cordero, de “la disposición que tenga la persona a invertir en su vida más allá de las horas de intercambio sexual con su pareja. La técnica sexual no existe al margen del modelo conceptual del taoísmo, que incorpora tanto lo que se hace de la puerta del cuarto hacia adentro como hacia afuera”.

 

Además, dice que la sexualidad está asociada a lo sensual y que por eso trasciende técnicas y posturas. “El yoga taoísta de la sexualidad no es como un Kamasutra chino. Hay posturas y técnicas, pero éstas se incorporan junto a la mirada de fondo. Los  elementos no están circunscritos a lo que pasa una vez que se produce el intercambio piel a piel. El equilibrio que se desarrolla en el acto sexual mismo arranca desde mucho antes y continúa mucho después”, sostiene, y enfatiza que esta comprensión de la vida se aleja de satisfacciones inmediatas, sin esperas y sin esfuerzos.

La mirada taoísta con respecto al amor es similar a la griega, pues distingue varios tipos: hacia el prójimo, hacia la divinidad, hacia la familia, hacia los amigos, hacia la pareja, entre otros. El amor, por lo tanto, se expresa en los vínculos, en el interés por relacionarse y encontrarse con los otros, no sólo con la pareja.

“El otro es un acompañante en el proceso de desarrollo espiritual. No rigen aquí criterios utilitarios de los demás. El espacio con el otro no es lo mismo que el espacio para mí usando al otro”, advierte y agrega que “con una mirada egotista y utilitaria, el otro adquiere en el mejor de los casos un rol de fondo, no de protagonista. En el taoísmo se requiere la inclusión del otro en cualquier proyecto de uno”. Lo que encontramos en Occidente generalmente es una sensualidad a ultranza, separada de una sexualidad que se desarrolla en un contexto más integrador.

En el taoísmo la sexualidad es como un instrumento trascendente hacia la fusión de todos los niveles de totalidad de los que participamos. La meta no es sólo que optimicemos nuestras habilidades amatorias sino que nos encontremos realmente con los otros, con quienes interactuamos, sin utilitarismos.

Si nos concentramos en el esquema yin y yang, notaremos que los roles se enriquecen tanto como los complementos de éstos. Hay, por ejemplo, una asociación entre  virilidad y enriquecimiento de la sensibilidad. En la mujer hay un incremento de la  sensualidad, capacidad de recepción y femineidad y también de la proactividad y de la capacidad de movimiento hacia el otro.

En conclusión, tanto en el tantra como en el taoísmo encontramos una visión que une profundamente la sexualidad y la espiritualidad. En el tantra la sexualidad se enlaza servicialmente al desarrollo espiritual y enfatiza la incondicionalidad del amor. Mientras que en el taoísmo la sexualidad requiere que se vea al otro, que se encuentre al otro. Tiene que ver con un espacio de fusión; por lo tanto, la pareja explora una sexualidad que alcanza a todos los espacios del vivir. 

En el taoísmo, la sexualidad no se centra sólo en la gratificación de los sentidos, más bien se encamina hacia el desarrollo de la consciencia. Así lo explica el director del Centro Taoísta de Chile, Antonio Cordero.
En el taoísmo, la sexualidad no se centra sólo en la gratificación de los sentidos, más bien se encamina hacia el desarrollo de la consciencia. Así lo explica el director del Centro Taoísta de Chile, Antonio Cordero.

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